Por qué no hay final a la vista para la guerra en Gaza (Análisis)

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(CNN Español) —  ¿Cómo terminan las guerras? La incursión israelí en Rafah, ciudad del sur de Gaza donde actualmente se refugian más de un millón de palestinos, en el marco de un potencial alto al fuego temporal que podría haberse firmado en los últimos días en El Cairo, deja poco espacio al optimismo.

Israel ha argumentado que los términos de dicho acuerdo —aceptado por el grupo extremista Hamas el 6 de mayo— están “lejos” de satisfacer sus necesidades, pero el interrogante no deja de ser urgente en Gaza, tras más de 200 días de los ataques del 7 de octubre: el Ministerio de Salud del enclave afirma que los muertos por los bombardeos y las incursiones israelíes ascienden a casi 35.000, y los heridos a más de 78.000, cifras que CNN no puede confirmar de forma independiente. Varias organizaciones de asistencia humanitaria afirman que más de un millón de personas en el enclave están al borde de la inanición, enfrentando la que consideran una hambruna inminente. Hay, además, 132 rehenes, aunque algunos de ellos podrían haber muerto por los mismos bombardeos o por decisión de alguno de los grupos que los tienen bajo su control. Por último, el conflicto ha salpicado al resto de la región con el intercambio de ataques precisos y anunciados entre Israel e Irán, los cruces casi cotidianos en la frontera con el Líbano, donde opera Hezbollah, y los ataques de los hutíes a embarcaciones comerciales en el mar Rojo “en venganza” por la ofensiva en Gaza.

Aunque la enumeración podría ser suficiente, lo cierto es que un análisis de lo que sucede dentro y fuera de Israel arroja pocas esperanzas de un cambio de rumbo, y la retórica de los altos funcionarios israelíes no da muestras de que algo pueda cambiar en el corto plazo.

¿Qué podría llevar al fin del conflicto desatado por el ataque de Hamas a Israel y la toma de rehenes en octubre y que ya ha dejado decenas de miles de muertos en Gaza por las operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel? Numerosos analistas coinciden en que, hasta el momento, no hay factores dentro o fuera de Israel que puedan condicionar el curso del conflicto.

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Tensiones dentro de Israel

La falta de avances para la devolución de los rehenes en poder de Hamas ha empeorado un clima ya caldeado dentro de Israel. Hasta los ataques del 7 de octubre, las manifestaciones se sucedían semana tras semana por una decisión del Gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu de intentar limitar los poderes de la Corte Suprema, la cual fue calificada por sus detractores de golpe judicial.

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“Ese episodio desató protestas transversales en la sociedad israelí, de las que participaron desde exvotantes del Likud (partido de la ultraderecha) hasta partidos de izquierda o de centroizquierda, debido a que cercenaba la legitimidad democrática”, explicó en una conversación con CNN Ignacio Rullansky, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella especializado en Medio Oriente.

israelíes protesta

Decenas de miles de israelíes se manifiestan con las familias de los rehenes contra el primer ministro Benjamin Netanyahu en Tel Aviv, exigiendo un acuerdo inmediato sobre los rehenes y elecciones generales, en Tel Aviv, Israel, el 6 de abril. (Crédito: Matan Golan/Sipa/AP)

Después del 7 de octubre son los familiares de los rehenes quienes encabezan las manifestaciones exigiendo “cualquier acuerdo” que logre el regreso de sus seres queridos. Los rehenes son una herida profunda en la sociedad civil en general, que se suma a las 1.200 personas asesinadas ese día en un ataque sorpresa de Hamas que no tiene precedentes históricos, y que explica un trauma cuyas consecuencias podrían perdurar y cristalizarse en el apoyo a la guerra.

Entonces, aunque el descontento con el Gobierno de Netanyahu es un fenómeno generalizado en Israel, según Rullansky, pareciera existir un consenso en que ese malestar de la sociedad israelí no es una amenaza para la continuidad del Gobierno ni para sus objetivos militares. Por sobre el enojo con el gabinete prevalece la conmoción por el 7 de octubre, lo que otorgaría una sólida base de sustentación al actual Gobierno.

“Las manifestaciones, que se celebran en varias ciudades y con cierta regularidad, y que van en aumento, son un fenómeno contenido por la guerra. En algún sentido, la sociedad israelí compró la agenda de destruir a Hamas a través de una guerra. Esto no significa que en algún momento no le vaya a pasar la factura al Gobierno, y específicamente a Netanyahu, por la falla de seguridad y otros problemas, pero creo que para eso tiene que terminar el ruido de las armas”, coincidió, en una conversación con CNN, Ezequiel Kopel, especialista en Medio Oriente y autor de los libros “Medio Oriente, lugar común” y “La disputa por el control de Medio Oriente”.

Para él, no hay actualmente un deseo de paz en la sociedad israelí y la mayoría cree que este es un conflicto que se soluciona por la fuerza: “Desde los ataques del 7 de octubre, entre la población se ha desatado un tribalismo virulento —digo tribalismo y estoy teniendo una mirada benévola, porque es mi pueblo—. Pero creo que el miedo ha despertado una reacción muy virulenta y que esto tendrá costos a futuro para la propia identidad israelí”.

Los palestinos desplazados llegan en un camión con sus pertenencias para refugiarse en un campamento de tiendas de campaña después de regresar a Khan Younis, en el sur de Gaza, el jueves 9 de mayo. (Crédito: AFP/Getty Images)

Sobre este último punto, Kopel aclara: “Es muy grave que el pueblo que fue víctima de un genocidio hoy pueda ser acusado de cometer un genocidio. Que el país que fue creado como un refugio ante el horror hoy este siendo acusado en tribunales internacionales de ser responsable de ese horror”.

Sudáfrica presentó en enero un caso contra Israel en la Corte Internacional de Justicia de la Haya, acusándolo de haber violado las obligaciones establecidas bajo la convención de Ginebra en su guerra contra Hamas en Gaza. El tribunal ordenó a Israel a “tomar todas las medidas” prevenir un genocidio respecto. Israel rechazó firmemente la acusación, Netanyahu la calificó de “acusación falsa” y el secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, dijo que el caso “carece de mérito”.

Pese a las manifestaciones, Netanyahu tiene mayoría social en Israel y mayoría estrecha en la Knesset (el Congreso), pero sólida: 64 escaños de 120, gracias a una coalición formada con aliados —partidos de ultraderecha y religiosos ortodoxos—, que no están particularmente incómodos con la guerra en Gaza, por lo que no tendrían motivos para abandonarlo. A diferencia de coaliciones anteriores encabezadas por Netanyahu, donde había partidos de centro con distintos discursos en relación con el conflicto palestino-israelí, el Gobierno actual tiene históricamente la composición más conservadora y religiosa de las lideradas por el premier, quien ya ocupó el cargo entre 1996 y 1999 y de 2009 a 2021.

A eso se le suman los pocos parlamentarios de tendencia electoral incierta (que pueden cambiar de un lado del espectro político al otro entre una elección y la siguiente) y una izquierda muy minoritaria, dentro de la cual el pacifismo es aún más minoritario. Todo eso configura un escenario en el que—tanto Kopel como Rullinsky coinciden— es improbable que las tensiones dentro del país empujen al Gobierno a revisar sus planes para la guerra en Gaza. Sobre las manifestaciones por los rehenes, Netanyahu ha llegado a decir que son “inútiles” y que “contribuyen a las demandas de Hamas”.

El rol de Estados Unidos

Un cambio de rumbo no pareciera posible desde adentro de Israel por el momento, por lo que muchos especialistas miran ahora más allá de las fronteras, puntualmente a Estados Unidos, al que ven arrinconado.

Es la visión de Ariel González Levaggi, miembro del comité de Medio Oriente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), quien dijo a CNN: “Que funcionarios estadounidenses digan que su país apoya la llamada solución de dos Estados en el conflicto palestino-israelí, y que después el país vete una resolución que iba exactamente en ese sentido en el Consejo de Seguridad de la ONU demuestra que hay razones que exceden la retórica. Incluso molesto e incómodo con algunas de las acciones de Israel, EE.UU. parece actuar como si no tuviera alternativas”.

Desde el Departamento de Estado argumentaron entonces que “el Estado palestino” no se lograría con “acciones prematuras en Nueva York”, en referencia a la sede de las Naciones Unidas y que, en cambio, eso dependería de una negociación con la parte israelí.

La política estadounidense no ha estado exenta de ambivalencias. El 25 de marzo, Estados Unidos permitió por primera vez, con su abstención, una votación que exigía un alto el fuego en Gaza. La novedad fue que en el pasado EE.UU. había vetado todas las iniciativas similares en el consejo. Tanto Israel como Hamas incumplieron la resolución. Y esta semana, en la que fue una de las decisiones más duras para con su aliado, Biden dijo que EE.UU. no enviaría más municiones a Israel si el país avanzaba en una incursión en Rafah, lo que generó enojo entre altos funcionarios israelíes, que ratificaron que seguirán con sus planes para el sur de Gaza.

Es posible que la ambivalencia de Washington tenga que ver con que, de acuerdo con una encuesta reciente del Pew Reaserch Center, cada vez es más grande la porción de los estadounidenses que tienen poca o nula confianza en Netanyahu, con 53% a principios de abril.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, camina con el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, en el cruce fronterizo de Kerem Shalom con Gaza, en el sur de Israel, el 1 de mayo de 2024. (Foto por EVELYN HOCKSTEIN/POOL/AFP vía Getty Images)

Con las elecciones presidenciales en el horizonte —el país vota en noviembre—, esos datos son problemáticos para los planes de reelección de Biden, quien actúa como una contención limitada de Israel: después de intentar desescalar las tensiones entre su aliado e Irán, sus funcionarios han trabajado intensamente por evitar una ofensiva terrestre en Rafah, sin éxito, y cuestionado la decisión de Israel de bloquear a la cadena Al Jazeera, también sin resultados, entre otras medidas.

“Biden necesita mostrar un cambio de rumbo porque está muy desprestigiado en el Partido Demócrata. Aunque la posibilidad de un regreso de Trump a la Casa Blanca podría reforzar su candidatura, lo cierto es que entre la juventud mayoritariamente identificada con el progresismo y con la cultura woke que hizo causa común no solo con los palestinos sino incluso con las acciones de Hamas, el nivel de rechazo al presidente es extremo”, dice el profesor Ignacio Rullansky.

Para el académico, Biden se encuentra presionado por sus dos blancos. Tiene dificultades para contener la política de Netanyahu en Gaza, pero también para sostener la simpatía (y el voto) de unas bases demócratas —generalmente jóvenes y educadas— que se han ido moviendo hacia la izquierda del espectro político. Según encuestas de Gallup, 2023 y 2024 fueron los primeros años en los que el porcentaje de demócratas que simpatizan mayoritariamente con los palestinos supera al los que favorecían mayoritariamente a Israel.

“Más allá de las elecciones, la situación es preocupante debido a las tensiones desatadas en los campus universitarios. Hay mucho fuego cruzado entre quienes alegan que su libertad de expresión está siendo cercenada y quienes afirman que son víctimas de antisemitismo y, en efecto, hay un aumento de esto último. Esto pone en riesgo la convivencia democrática en EE.UU. y va a ser un problema para quien sea que gobierne post elecciones”, explicó.

Las protestas propalestinos se extienden por las universidades de Estados Unidos

Las protestas propalestinos se extienden por las universidades de Estados Unidos

“El sistema internacional está a punto de colapsar”

Los organismos de la comunidad internacional también han estado en el ojo de la tormenta durante los meses de guerra, pero por diferentes motivos, que abarcan desde acusaciones de parcialidad, hasta impotencia y parálisis política.

En enero de este año, Israel acusó a la Agencia de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas (UNRWA) de tener entre sus empleados a participantes de los ataques del 7 de octubre, lo que desencadenó una ola de suspensiones al financiamiento de la organización. Los empleados apuntados por Israel fueron despedidos de la agencia, que sufrió una seria campaña de desprestigio y vaciamiento, ahora parcialmente revertida. Hasta el momento, Israel no ha presentado pruebas de participación alguna de los empleados de la UNRWA en los ataques, pero su relación con las Naciones Unidas se encuentra en mínimos históricos.

La secretaria general de Amnistía Internacional, Agnes Callamard, afirmó durante una entrevista reciente que “el sistema internacional está a punto de colapsar”. “No solo se están cometiendo violaciones a la ley internacional, sino que aquellos que están cometiendo esas violaciones lo justifican. Eso implica que buscan imponer que la ley internacional no significa nada o que están más allá de ella”, agregó.

Durante la misma entrevista, Callamard se refirió al que considera vaciamiento de la Convención de Ginebra, del Convenio sobre Genocidio, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a la “inutilidad” del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. “Tenemos una Corte Internacional de Justicia que podría estar jugando un papel, pero sin embargo sus disposiciones están siendo ignoradas”, añadió.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reúne sobre la situación en Oriente Medio, incluida la cuestión palestina, en la sede de la ONU en la ciudad de Nueva York el 18 de abril de 2024. (Foto de ANGELA WEISS / AFP)

Con todo, la influencia de los organismos multilaterales como el Consejo de Seguridad de la ONU y su Asamblea General no han sido determinantes, en general, en la evolución del conflicto palestino-israelí.

Para Ariel González Levaggi, el debilitamiento de los organismos internacionales no es nuevo, sino que tiene “al menos tiene 20 años”. “De hecho, el quiebre del sistema multilateral data de la invasión a Iraq de 2003, aunque hubo momentos de cierta recuperación”, explicó.

“En general, en el Consejo de Seguridad no hay acuerdos producto del enfrentamiento entre EE.UU. y China y, en particular, hay falta de voluntad y de capacidad de los actores externos para frenar lo que está ocurriendo en Gaza y para lograr el regreso de los rehenes”, añadió.

¿Cómo se termina esta guerra?

Si no son las tensiones internas, ni la presión de aliados u organismos internacionales, ¿podría la victoria de uno de los bandos cerrar el conflicto?

Presentar la recuperación de unos 1.000 prisioneros palestinos como una victoria, “sería pobre, considerando los niveles de destrucción y muerte en Gaza”, dice Rullansky. “Por supuesto, el problema es que Hamas ha demostrado que esos costos podrían ser para ellos perfectamente aceptables”.

Pero más allá de las declaraciones, es probable que Hamas resulte debilitado militarmente y, más importante, que no tenga futuro como representante legítimo de los palestinos, opina el especialista. Por eso, añade, su mayor victoria radica en instalar la causa palestina en la agenda nuevamente, e incluso en cosechar la simpatía de amplios sectores de la juventud educada en países del mundo.

“Los objetivos de Hamas son opacos. Después del 7 de octubre, posiblemente lo que se buscaba era la liberación de prisioneros palestinos, la frustración de una normalización de las relaciones entre Israel y los países árabes —sobre todo con Arabia Saudita, que sigue en pie—, y poner a Israel en una posición imposible, que es lo que vemos hoy: un creciente desprestigio internacional por una incursión militar que es, a todas luces, inconducente”, explicó Rullansky.

Un hombre, sentado sobre escombros, reacciona mientras los palestinos llevan a cabo una operación de búsqueda y rescate tras un segundo bombardeo del ejército israelí en el campo de refugiados de Jabalia, en Gaza, el 1 de noviembre de 2023. (Crédito: Ali Jadallah/Anadolu/Getty Images)

Un hombre, sentado sobre escombros, mientras los palestinos llevan a cabo una operación de búsqueda y rescate tras un segundo bombardeo del ejército israelí en el campo de refugiados de Jabalia, en Gaza, el 1 de noviembre de 2023. (Crédito: Ali Jadallah/Anadolu/Getty Images)

¿E Israel? No solo no ha recuperado a la totalidad de los rehenes, sino que la enorme mayoría de quienes regresaron a sus hogares lo hicieron a través de las negociaciones y no por la vía militar, lo que plantea los límites de la actual ofensiva para ese fin. La incursión terrestre en Rafah constituye el último de sus objetivos militares en Gaza, aunque discursivamente altos funcionarios han hablado de “la eliminación total de Hamas”, un propósito difícil de alcanzar. No solo porque la mayoría de los principales dirigentes de Hamas parecen haber eludido los ataques —incluido el máximo líder, Yahya Sinwar—. Sino porque, según los analistas, es probable que la ofensiva militar favorezca la emergencia de discursos aún más radicalizados entre la población del enclave.

Con todo, el problema radica en cuáles son sus propósitos. Los analistas consultados coinciden en que, más allá de los objetivos militares, hay una ausencia en la retórica del gabinete israelí en relación con los objetivos políticos para terminar el conflicto. Según ellos, tampoco hay una idea de qué hacer con los territorios palestinos.

“Con la incursión en Rafah los objetivos militares de Israel estarían cumplidos. En ese punto surge la pregunta sobre si Netanyahu quiere terminar el conflicto o, en todo caso, cuál sería la solución para Israel. Creo que Netanyahu no busca una solución, sino más bien una ‘administración’ del mismo”, dijo Kopel. Esto es aún más evidente luego de que las IDF tomaran el lado palestino del cruce de Rafah con Egipto, y del fin de las conversaciones en El Cairo. Israel argumenta que lo acordado está lejos de lo que se había elaborado originalmente, ya que la propuesta de Hamas exige el fin de la guerra, lo que, según dijo a CNN un alto funcionario estadounidense, representa una línea roja para Netanyahu.

Además de la negativa de Israel a un alto al fuego permanente , Rullansky indica, al igual que Kopel, que no parece haber claridad en el gabinete israelí sobre qué hacer el día después: “Es una de las críticas que la sociedad civil le hace al Gobierno. El problema es que, desde hace 20 años, ante la ausencia de una solución política en relación con cómo enfrentar a grupos extremistas, se fue imponiendo la autoridad militar por sobre la política, o una combinación de los discursos políticos y de los militares. Cuando los políticos no saben qué hacer, la elite militar aparece con sus soluciones”.

Consultados sobre la alternativa de la administración del conflicto, varios citaron la expresión “cortar el césped”, en referencia a la política israelí en Gaza. La idea es que el césped siempre crece, así que se busca mantenerlo a raya con incursiones esporádicas, más o menos contundentes. “Pero sucede que el 7O [7 de octubre] echó por tierra esa administración. El esquema se desequilibró. Por eso Israel no tiene una salida clara a este conflicto; y son muchos años de ausencia de estrategias políticas”.

Con información de Ivana Kottasová, Abeer Salman, Christian Edwards, Becky Anderson y Jeremy Diamond, de CNN. 

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