El deseo (incumplido) que Howard Carter confesó a ABC

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«Fue el momento de mi eureka», reconoció Howard Carter a Rafael Villaseca cuando el periodista de esta casa le entrevistó en 1924. El egiptólogo inglés, de cuyo nacimiento el 9 de mayo de 1874 se cumplen 150 años, se encontraba en Madrid, invitado por el duque de Alba para dar unas conferencias sobre su famoso descubrimiento de la tumba de Tutankamón, y ABC mantuvo una larga conversación con él en el palacio de Liria. El coloquio sobre su vida y su trayectoria estuvo salpicado de anécdotas y detalles, pero también de un significativo silencio.

«Confidencialmente, dándole toda su emoción y su lirismo», escribió Villaseca, Carter fue narrando cómo «todo cambió en un instante» el 4 de noviembre de 1922. Su incansable búsqueda de la tumba del faraón niño en el Valle de los Reyes por fin se vio aquel día recompensada. «La novedad la advertí al ir hacia las obras, sorprendido por un silencio de interrupción. Mis hombres habían descubierto el primer peldaño de la escalera y aguardaban mis órdenes». El arqueólogo les animó a continuar y él mismo se puso a desescombrar «febrilmente» con el pico los escalones que llevaron a la primera puerta tapiada de la tumba.

«Otros momentos, el de la visión deslumbradora de la antecámara y el de la entrada a la cámara sepulcral me produjeron una emoción tal vez más bella, pero no tan victoriosa», aseguró.

Carter, que hacía pausas «de inteligente narrador», describió su deslumbramiento ante los tesoros de la antecámara de Tutankamón y aseguró que ningún otro monumento funerario como la cámara sepulcral le hizo experimentar con tanta solemnidad «el sentimiento del sueño de la muerte».

Aún no se había abierto la última tapa del féretro que guardaba la momia del faraón cuando Carter visitó España. «Creo que representará un muchachito de 18 o 20 años, y es probable que sus manos guarden un libro precioso y revelador, que será tal vez el mejor tesoro que nos legue su tumba», especuló entonces sin conocer todavía la magnífica máscara de oro de Tutankamón, la pieza más conocida de todo el arte egipcio.

Avanzada la conversación, el periodista le preguntó si tenía otros proyectos arqueológicos. «Sí. La excavación de dos tumbas más de faraones«, respondió Carter. Pero a la siguiente pregunta lógica de cuáles eran las sepulturas que soñaba encontrar, el egiptólogo sonrió »sin querer entrar en otros pormenores sobre este asunto«. »Años más tarde, filtró a la prensa su intención de buscar la tumba de Alejandro Magno en Alejandría, pero no hay constancia de que llevara a término aquella empresa«, señalan Myriam Seco y Javier Martínez en su libro ‘Tutankhamón. Howard Carter en España‘. Y «habló en alguna ocasión de Cleopatra«, añade Seco a ABC. La ubicación de ambos enterramientos sigue siendo un misterio.

El descubridor de la tumba de Tutankamón se despidió con palabras de agradecimiento por las atenciones que había recibido en España. «Madrid es una de las ciudades más bonitas de Europa. Además, como después de la Arqueología nada me interesa tanto como la pintura, Madrid y Toledo me han proporcionado ratos inolvidables. Con tan buen cicerone como el duque de Alba, he pasado las mañanas en el Museo del Prado, del que con razón están ustedes orgullosos». Carter donó los clichés y películas que había utilizado en sus conferencias al comité hispano-británico que presidía el duque de Alba para que se pudieran divulgar los hallazgos en capitales de provincia. «Van ustedes a tener una larga temporada de Tutankamón en España», auguró.

Tras la gran repercusión de estas primeras conferencias, el conde Gimeno tradujo al castellano el primer volumen de las memorias de Carter sobre ‘La tumba de Tutankamón’ que publicó en 1923. Se difundieron por primera vez en España en 18 fascículos en la revista ‘Blanco y Negro’ en 1925 y 1926.

Tres años después, en junio de 1928, Carter realizó su última visita a España y volvió a llenar los teatros con sus conferencias. Su amistad con el duque de Alba perduró hasta la muerte del egiptólogo, en 1939.

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