¿Qué fue de lo ‘hipster’? O cómo TikTok, la ideología y la adultez lo erradicaron

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Seguro que recordará que hace ya algunos años las barberías empezaron a extenderse como una plaga de hongos y con ellas las barbas y los bigotes en punta; pero también las camisas de cuadros o piñas hawaianas para ellos y el estilo cincuentero para ellas. Todos eran muy de Apple y clase media, solían estudiar carreras de humanidades y fueron llenando los barrios céntricos de las ciudades de bicis, tiendas de segunda mano, vinilos, cerveza artesanal, magdalenas de colores y gente con gafas de pasta, aunque nunca sabremos si de verdad eran miopes.

Aquel movimiento de jóvenes (entre la veintena y la treintena larga) fue el de los ‘hipsters’, personas por lo general apolíticas (o nihilistas) que en esencia sentían terror a pertenecer a la masa, huían de lo popular y querían diferenciarse del resto a través de sus gustos para formar parte de una ‘élite’ que llevaba camisetas de bandas británicas como The Smiths o The Cure y había visto toda la filmografía de directores como Wes Anderson. A los ‘hipsters’ les encantaba lo ‘retro’, lo ‘vintage’, en plena explosión de internet. Lo que fue sucediendo con toda aquella gente obsesionada con ser alternativa es que se volvieron tan predeciblemente únicos que dejaron de serlo. De hecho, justo en el momento en que usted empezó a ver leñadores con sombrero por todas partes, los ‘hipsters’ estaban condenados a la extinción al convertirse en lo que más odiaban: algo común.

¿De verdad han muerto, simplemente se hicieron mayores o han mutado en otra cosa? Antes de preguntar a ‘hipsterólogos’ de referencia y antiguos miembros de la tribu, este periódico se desplazó al barrio de Malasaña para hacer la prueba del algodón. Pues hay que recordar que aquel fenómeno no se entiende sin los barrios urbanos en los que se desarrolló: Malasaña fue su epicentro en la capital, como lo fueron Gracia en Barcelona, Williamsburg en Brooklyn, Shoreditch en Londres o Kreuzberg en Berlín.

«¿’Hipster’? Me suena bastante poco, ¿tiene que ver con desatarse?», cree un estudiante de periodismo de 21 años. «Lo primero que se me pasa por la cabeza es asociarlo con lo ‘hippie’», opina su amigo. «Pienso en trajes disco, gente bailando en una discoteca», se arriesga a decir un universitario que pasa la tarde en la plaza del Dos de Mayo. El ‘hipster’ es un ente desconocido para los miembros de la generación Z a los que preguntamos y para encontrar una respuesta correcta hay que buscar un DNI a partir de 25 años: «Yo lo relaciono con grupos un poco esnob, con estar por encima intelectualmente. Gafas, bigotes falsos, estampados de galaxias… Yo diría que a partir de 2017 lo dejé de ver tanto».

Imagen principal - Arriba, el crítico musical y periodista Víctor Lenore, autor del libro 'Indies, hipster y gafapastas: crónica de una dominación cultural' en una barbería de Malasaña, uno de esos lugares emblemáticos de un movimiento ya caduco. Abajo: Manuel Romero, abogado y músico: en pleno apogeo de lo 'indie' vestía pitillos y camisetas de grupos como Joy Division. Hoy, traje con raya diplomática.
Imagen secundaria 1 - Arriba, el crítico musical y periodista Víctor Lenore, autor del libro 'Indies, hipster y gafapastas: crónica de una dominación cultural' en una barbería de Malasaña, uno de esos lugares emblemáticos de un movimiento ya caduco. Abajo: Manuel Romero, abogado y músico: en pleno apogeo de lo 'indie' vestía pitillos y camisetas de grupos como Joy Division. Hoy, traje con raya diplomática.
Imagen secundaria 2 - Arriba, el crítico musical y periodista Víctor Lenore, autor del libro 'Indies, hipster y gafapastas: crónica de una dominación cultural' en una barbería de Malasaña, uno de esos lugares emblemáticos de un movimiento ya caduco. Abajo: Manuel Romero, abogado y músico: en pleno apogeo de lo 'indie' vestía pitillos y camisetas de grupos como Joy Division. Hoy, traje con raya diplomática.
LA ‘ÉLITE’ CULTURAL
Arriba, el crítico musical y periodista Víctor Lenore, autor del libro ‘Indies, hipster y gafapastas: crónica de una dominación cultural’ en una barbería de Malasaña, uno de esos lugares emblemáticos de un movimiento ya caduco. Abajo: Manuel Romero, abogado y músico: en pleno apogeo de lo ‘indie’ vestía pitillos y camisetas de grupos como Joy Division. Hoy, traje con raya diplomática.
TANIA SIEIRA

Los que rondan o superan la treintena tienen más o menos clara la definición, pero ninguno se identifica como tal y ahí surge otra de las paradojas del movimiento: el ‘hipster’ siempre son los otros. Es decir, puede uno estar hablando con un excompañero de la universidad que en 2015 presumía de su refinado gusto musical, hacía fotos Polaroid y se compró un tocadiscos… que lo negará: «No, bueno, gracias por pensar en mí, pero no me considero lo suficientemente ‘exhipster’». Quizá porque el término adquirió un cariz peyorativo al surgir una especie de caricatura de lo ‘indie’ o porque alguien que se cree diferente nunca reconocerá que forma parte de una moda, cuesta dar con perfiles que se sientan cómodos con la etiqueta. «Sí, vale, la gente siempre me ha dicho que era un moderno», concede Manuel Romero, que aparece por el bar en el que hemos quedado con un traje de raya diplomática y corbata. Trabaja en un importante bufete de abogados, pero en otro tiempo fue ‘hipster, ‘hipster’ de manual, incluso líder de un grupo con el que todavía se desquita dando algún concierto. Antes, este malagueño vestía pantalones pitillo a diario y le podías ver con su camiseta de rigor de bandas como Joy Division. «En mi caso, todo fue una cuestión musical. Me acuerdo de empezar a ir en Málaga al Village Green, un bar que llamábamos ‘de los modernos’ y te ponían los temas que querías escuchar… Blur, The Strokes, Los Planetas… Te sentías parte de algo y eso te hacía pasarlo bien. Esa dinámica continuó durante unos años de mi vida, fue un momento en el que determinados sitios o determinados gustos me causaban rechazo. De alguna forma te sentías superior culturalmente a otras personas… pero con el tiempo aprendes que escuchar un artista no te hace necesariamente más interesante», relata este antiguo ‘hipster’ –aunque se le escapa que puedes conocer mucho de una persona por su ‘playlist’–.

Alienación consumista

Con ese rechazo hacia un tipo de gustos, Romero da en el clavo con la descripción que el crítico musical Víctor Lenore hizo del movimiento en su libro ‘Indies, hipsters y gafapastas: crónica de una dominación cultural’ que, en 2014, año de su publicación, causó cierto revuelo en el mundillo ‘underground’. Les mandó al paredón.

El ‘hipsterismo’, dice, fue una especie de alienación consumista narcisista donde pensábamos que nada de lo que se había hecho culturalmente en España antes que nosotros tenía valor y que para tener una cultura sustancial había que mirar fuera. «Nos creíamos cosmopolitas y éramos cosmopaletos», sintetiza Lenore. Es decir, el ‘hipster’ no lo era tanto por sus gustos, sino por renegar de lo que consumían el común de los mortales.

Pero para entender la defunción del ‘hipster’ hay que hablar de política, de lo ‘woke’. En palabras de Lenore, el ‘gafapastismo’ y la política siempre tuvieron relaciones tortuosas: «En los noventa, cuando empieza a surgir el movimiento, hablar de política era considerado de mal gusto porque era una cosa como de gente pobre. Nosotros éramos estéticamente superiores y por eso preferíamos hablar de lo bonita que era la distorsión de una guitarra o de lo guay que era tal festival al que íbamos a Barcelona todos los veranos».

En Estados Unidos, han fechado el apogeo de lo ‘woke’ con los estertores del movimiento ‘hipster’ y, aunque es difícil establecer una relación matemática entre ambas tendencias, la realidad es que el ‘hipster’ canónico no era ningún activista ideológico, sino que lo que de verdad le preocupaba era «molar». Si comentaba cuestiones políticas, lo hacía desde una posición cínica, más bien irónica, con distancia. Podía ojear el ‘Manifiesto Comunista’, pero lo hacía desde un emblema capitalista como Starbucks. «Creo que cuando éramos jóvenes modernos la política no era tan importante, no era el elemento central que definía nuestras identidades. Ahora la gente guay, la gente que está posando en Tik Tok tiene un marcado componente ideológico, muchas veces activista», opina nuestro ‘indie’ reconvertido en abogado.

Imagen principal - María, hoy madre de dos niñas, se reconoce como parte de aquella estética 'retro' que tuvo sus años de esplendor
Imagen secundaria 1 - María, hoy madre de dos niñas, se reconoce como parte de aquella estética 'retro' que tuvo sus años de esplendor
Imagen secundaria 2 - María, hoy madre de dos niñas, se reconoce como parte de aquella estética 'retro' que tuvo sus años de esplendor
lLA MATERNIDAD ANTES QUE EL VINILO
María, hoy madre de dos niñas, se reconoce como parte de aquella estética ‘retro’ que tuvo sus años de esplendor
TANIA SIEIRA

Porque, además, lo ‘hipster’ hay que entenderlo en un contexto temporal concreto: si había comenzado en los años noventa, la crisis del 2008 coincide con su momento de mayor esplendor y tal fue su éxito que en 2015 lo ‘hipster’ se había vuelto ‘mainstream’ (ese término que ellos tanto rechazaron y que se refería a lo popular). El ‘hipster’, con su camisa abotonada hasta el último botón y su gorrito de pescador, hasta salió en uno de los vídeos de campaña de Mariano Rajoy. Pero, a la vez, convivía con el movimiento de los ‘Indignados’ (15M en España), que transformó las preocupaciones de los jóvenes. Según Lenore, aquel esnobismo cultural terminaría mutando en esnobismo político. Pero aún hay otras dos variables que explican el ocaso del ‘gafapastismo’ y la primera es sencilla: aquellos modernos se hicieron mayores, tienen que ir a trabajar todos los días y algunos hasta han sido padres. María, que ha cumplido los 40, no lo oculta: «El último concierto al que fui fue en 2019, embarazada de mi primera hija. Era de Vetusta Morla, por cierto», cuenta a ABC desde un parque y bajo la atenta mirada de Matilde, su segunda niña, de dos años. María es profesora de yoga (una ocupación muy popular dentro de la tribu) pero es al ver sus fotos de hace diez años cuando uno comprende por qué sus conocidos piensan en ella al mencionar lo ‘hipster’: discotecas ‘indies’, tatuajes, cortes de pelo creativos, filtros ‘vintage’ en Instagram… Todo encaja. Porque precisamente fue Instagram (cuando no se podían subir vídeos), junto a otras redes sociales como Tumblr o Pinterest donde lo ‘hipster’ encontró su caja de resonancia.

«Entonces lo importante era compartir lo que consumías culturalmente, como las películas o los discos que decían algo de tu personalidad, hacerte fotos en sitios guays y subirlas… Ahora lo que buscan los jóvenes es tener muchos ‘me gusta’ y llegar a ser ‘influencer’ desde su cuenta de TikTok», opina la investigadora en moda y tendencias Esther Yance, que también es estilista. Lo ‘underground’, sentencia, «ya no mola».

Llegó la música urbana y la hegemonía de lo latino por encima de lo británico y hay quien opina que las nuevas generaciones son «culturalmente más sensatas» o con menos prejuicios. Lo positivo es que, personas como Irene, psicóloga de 30 años que quiso ser ‘indie’, hoy se ríe de todo aquello: «Cuando se llevaban las gafas de pasta me daban envidia los que no veían bien. Y ahora, que soy miope, prefiero las lentillas». De ‘hipster’, al final, se sale.

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