La llamada de Biden y Netanyahu llega en medio de extremas tensiones mutuas y presiones políticas

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(CNN) — La llamada programada para el jueves entre el presidente Joe Biden y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no solo pondrá a prueba la cada vez más agria relación entre ambos líderes.

También pondrá de manifiesto una flagrante contradicción en la política estadounidense respecto a la guerra de Gaza, un conflicto que puede suponer una amenaza existencial para las carreras políticas de ambos.

Aunque Biden está expresando su creciente frustración por la forma en que el líder israelí está llevando a cabo la campaña militar y su impacto en la población civil —incluida la muerte de siete trabajadores humanitarios en Gaza esta semana—, los fundamentos del apoyo incondicional de Estados Unidos a Israel no están cambiando. Y al mismo tiempo que la Casa Blanca exige cambios en los procedimientos israelíes para proteger a los civiles, advirtiendo que un asalto previsto a Rafah podría causar un desastre humanitario, la administración está avanzando hacia la aprobación de una venta de aviones de guerra F-15 a Israel por US$ 18.000 millones, según dijeron fuentes a CNN esta semana.

La llamada Biden-Netanyahu se producirá también en medio de nuevos temores en Washington de que las acciones de Israel puedan desencadenar la conflagración regional que Biden ha estado desesperado por evitar. El ataque del lunes contra altos cargos iraníes en Siria, que Estados Unidos atribuye a Israel, ha suscitado promesas de represalias, que podrían poner de nuevo en peligro a las tropas estadounidenses en la región.

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La conversación también tendrá lugar en momento en que ambos líderes están sometidos a una enorme presión interna y en medio de indicios de que sus prioridades políticas son irreconciliables. Biden necesita imperiosamente que la guerra termine para calmar la ira entre los progresistas que amenaza su debilitada coalición política de cara a las elecciones de noviembre. Pero Netanyahu puede necesitar prolongarla para evitar unas elecciones que muchos líderes estadounidenses creen que perdería. No es imposible que la crisis acabe expulsando a ambos de sus cargos.

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Un telón de fondo tenso para una llamada vital

Es habitual que Biden mantenga conversaciones telefónicas de tono duro con líderes mundiales; por ejemplo, el martes habló con el presidente Xi Jinping, que encabeza la nueva superpotencia rival de Estados Unidos, China. Pero la conversación con Netanyahu tiene el aspecto de un momento crítico tanto para Medio Oriente como para la propia presidencia de Biden.

El telón de fondo de la llamada es la furia de Estados Unidos por la muerte de siete cooperantes de World Central Kitchen en un ataque israelí en Gaza. La tragedia llevó a Biden a declararse “indignado” y, en un lenguaje inusualmente directo, acusó a Israel de hacer demasiado poco para proteger a los civiles y a los trabajadores humanitarios en el devastado enclave.

Sin embargo, al mismo tiempo, y a pesar de la creciente presión nacional e internacional para que Biden haga más por constreñir a Israel, la Casa Blanca insiste en que no ha habido ningún cambio en su política de apoyo a su aliado en su respuesta a los ataques terroristas de Hamas.

“Ningún país debería tener que vivir al lado de una amenaza que es verdaderamente genocida como lo ha sido Hamas”, dijo el miércoles el asesor de comunicaciones de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby. “Así que, aunque no ocultamos el hecho de que tenemos ciertos problemas con algunas de las formas en que se están haciendo las cosas, tampoco ocultamos el hecho de que Israel va a seguir contando con el apoyo estadounidense en la lucha que están llevando a cabo para eliminar la amenaza de Hamas”.

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El comentario de Kirby sugiere que la retórica endurecida del presidente no vendrá acompañada de medidas destinadas a cambiar el enfoque de Israel.

Pero la política estadounidense parece cada vez más ineficaz y contradictoria consigo misma.

No hay pruebas de que los meses de señales de creciente frustración con Netanyahu y los llamamientos a Israel para que haga más por proteger a los civiles estén teniendo algún impacto. Por su parte, la estrategia estadounidense de presionar para que se establezca un nuevo alto el fuego y Hamas libere a los rehenes israelíes ha dado pocos resultados concretos. Y la muerte de los trabajadores humanitarios en un ataque de Israel amenaza con interrumpir una línea vital necesaria para mitigar la hambruna en el enclave gobernado por Hamas.

La desconexión de la política estadounidense fue resumida por José Andrés, fundador de World Central Kitchen, en una entrevista con Reuters el miércoles. “Es muy complicado de entender. (…). Estados Unidos va a enviar a su Armada y a su ejército a realizar labores humanitarias, pero al mismo tiempo las armas proporcionadas por Estados Unidos (…) están matando a civiles”, afirmó.

La arriesgada posición de Biden

Los acontecimientos de las últimas semanas sugieren que, o bien Biden carece de influencia sobre Netanyahu, o bien no está dispuesto a utilizarla.

Los ataques terroristas de Hamas contra Israel en octubre, que mataron a 1.200 personas y desencadenaron la guerra, fueron atroces e hicieron que muchos judíos sintieran que la existencia de Israel estaba amenazada. Pero los críticos de Israel se preguntan ahora si la ferocidad de la respuesta contra una organización que utiliza a civiles como escudos humanos está justificada tras la matanza de más de 30.000 palestinos, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.

Algunos demócratas han pedido al presidente que imponga límites al uso de armas de fabricación estadounidense por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel. Pero Biden, el más firme defensor del Estado judío de los últimos presidentes estadounidenses, se ha negado a hacerlo. Pero la falta de voluntad de Netanyahu para escuchar a Biden y sus recientes pasos para estrechar lazos con los republicanos en el Capitolio están empezando a poner en duda la autoridad del presidente como socio principal en una de las alianzas más estrechas de Estados Unidos.

Para Israel, el apoyo estadounidense es ahora más crucial que nunca. La muerte de los cooperantes, algunos de los cuales eran ciudadanos de Reino Unido, Australia y Canadá, ha distanciado aún más a Israel de naciones en general amigas. El primer ministro británico, Rishi Sunak, dijo a Netanyahu, por ejemplo, que la situación en Gaza era “cada vez más intolerable”. El creciente aislamiento de Israel puede explicar las rápidas declaraciones de Netanyahu y otros altos funcionarios admitiendo que el ataque a los cooperantes fue un error. Esto supuso un cambio con respecto a la forma en que Israel ha manejado la muerte de muchos civiles palestinos.

En Estados Unidos, Biden está pagando un alto precio político por su indulgencia con Netanyahu. El martes, en Wisconsin, casi 48.000 votantes de las primarias presidenciales demócratas registraron un voto de protesta contra su gestión de la guerra, tras una muestra similar de disconformidad en las primarias de Michigan. Biden solo venció al expresidente Donald Trump por unos 20.000 votos en Wisconsin en 2020, y el estado podría decidir quién gana en noviembre.

Los esfuerzos de la Casa Blanca por aliviar la exposición política del presidente están resultando contraproducentes. El martes, el Dr. Thaer Ahmad, un médico palestino-estadounidense que tiene la intención de regresar a Gaza para tratar a las víctimas de la guerra, abandonó una reunión con el presidente. Otra doctora, Nahreen Ahmed, que también participó en la sesión de escucha en la Casa Blanca, afirmó que Biden desestimó la preocupación de que su posición política pudiera verse perjudicada por la guerra, incluso entre los votantes negros. Y añadió que también se centró inicialmente en los ataques de Hamas. “En cierto modo volvió sobre ello y dijo: ‘Saben, escucho lo que todo el mundo dice, pero piensen en los jóvenes que murieron el 7 de octubre’. Y en cierto modo desestimó los más de 30.000 muertos en Palestina”, dijo.

La Casa Blanca dijo que Biden “dejó claro que lamenta la pérdida de todas las vidas inocentes en este conflicto”.

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La coalición de Netanyahu se acerca al abismo

Biden no está solo en su situación riesgosa desde el punto de vista político. La coalición de extrema derecha de Netanyahu se tambalea. El miércoles, Benny Gantz, rival de Netanyahu y miembro del gabinete de guerra, hizo un llamado a que se celebren nuevas elecciones en septiembre. Esto siguió a las mayores manifestaciones contra el líder israelí desde el comienzo de la guerra. Las protestas están siendo avivadas por familiares de más de 100 israelíes retenidos como rehenes o en paradero desconocido en Gaza, que le acusan de hacer muy poco para llevarlos a casa. Netanyahu también se enfrenta a una polémica sobre las exenciones del servicio militar para los asistentes a escuelas religiosas ortodoxas, que amenaza con dividir su coalición.

Antes de la muerte de los trabajadores humanitarios, el gobierno de Biden se enfrentaba a otra crisis luego de un ataque en Damasco en el que, según Irán, murieron dos altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Biden ha trabajado frenéticamente desde octubre para impedir que la guerra se extienda. Los ataques estadounidenses en Iraq, Siria y Yemen en respuesta a los ataques de las milicias respaldadas por Irán contra las fuerzas estadounidenses y el transporte marítimo internacional solo han tenido un éxito parcial. Y el ataque contra lo que Irán dice que era un consulado diplomático en Damasco, técnicamente suelo iraní, amenazó con inflamar aún más el polvorín de Medio Oriente.

Tratando de contener las consecuencias, Estados Unidos comunicó directamente a Irán que no estaba implicado y que no tenía conocimiento previo del ataque contra la Guardia Revolucionaria Islámica, una organización que ha apoyado una vasta red de fuerzas en Medio Oriente que amenazan a Israel, incluida Hamas.

Hasta el momento, no se han materializado los temores que desde hace tiempo se albergan de que las tensiones entre Israel e Irán puedan desbordarse. Y los enfrentamientos de menor nivel entre las FDI y proxies iraníes, como Hezbollah, con sede en el Líbano, se han mantenido por debajo de un umbral que desencadenaría hostilidades más preocupantes que podrían arrastrar a Estados Unidos a una mayor implicación en la guerra.

El riesgo ahora, sin embargo, es que Irán se sienta obligado a responder con mayor contundencia debido a la visibilidad y el simbolismo del ataque de Damasco. En ese sentido, Israel parece estar poniendo a prueba directamente las propias líneas rojas de Irán.

El ataque a Damasco también aumentó la presión política interna sobre Biden desde dentro del Partido Demócrata. “El pueblo estadounidense no quiere una guerra con Irán. No queremos que Israel intensifique una guerra con Líbano. No queremos que entren en Rafah y maten a civiles”, dijo el diputado Ro Khanna a CNN el lunes. “Esto podría ser una guerra regional, y les diré una cosa… Republicanos, demócratas, independientes, nadie quiere a Estados Unidos enredado en otra guerra en Medio Oriente”, dijo el demócrata de California.

En Washington existe la preocupación de que Irán pueda responder utilizando a sus grupos asociados contra los estadounidenses. Después de que tres miembros del personal estadounidense murieran y decenas más resultaran heridos en un ataque contra un puesto de avanzada estadounidense en Jordania en enero, la administración contraatacó con una serie de ataques contra afiliados iraníes en Iraq y Siria.

Pero algunos observadores estadounidenses creen que las opciones de Irán son limitadas.

“Se ha tendido una trampa en cierto modo”, dijo Mark Esper, que fue secretario de Defensa de Trump. “Si actuaran directa y explícitamente contra objetivos estadounidenses o israelíes, entonces se arriesgan a provocar una guerra regional mucho más amplia que ciertamente no quieren y probablemente tampoco queremos en este momento”, dijo Esper a Jake Tapper de CNN el martes. “Así que tienen que tener cuidado, pero creo que volverán a intensificar los ataques a través de sus proxies”.

La situación sigue siendo profundamente incómoda para Biden, para quien cada acontecimiento en Medio Oriente supone un recordatorio de que los acontecimientos que no puede controlar plantean un grave y creciente riesgo para sus esperanzas de un segundo mandato.

Y Netanyahu, que se enfrenta a su propio momento político existencial, no parece dispuesto a ayudar.

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