La moda del por qué no te callas de Oriente al que Occidente no puede responder

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¿El enésimo “bofetón” público de Oriente, tras una nueva denuncia de las contradicciones e hipocresías, a Occidente? Los mandatarios de eso que ahora se llama sur global se han acostumbrado a subirse a un púlpito con su contraparte europea y sacudirle un rapapolvo por su diferencia de juicio ante situaciones similares. Ucrania y Gaza son ahora ese espejo. El último ejemplo se vivió en Berlín, donde el anfitrión, el canciller alemán Olaf Scholz, escuchó al primer ministro malasio, Anwar Ibrahim, desmontar, a juicio del asiático, las incongruencias alemanas y de sus socios en el tablero internacional.

“No se puede encontrar una solución si se ve un hecho particular y se borran 60 años de atrocidades. La solución no es solo liberar a los secuestrados. ¿Qué pasa con los asentamientos? ¿Qué pasa con el comportamiento actual de los colonos? ¿Qué pasa con la toma de tierras, de derechos, de dignidad, de sus hombres, mujeres y niños? ¿Por ellos no hay preocupación? ¿Dónde hemos arrojado nuestra humanidad? ¿A qué se debe esta hipocresía? ¿Por qué está ambivalente y selectiva actitud sobre una raza y no la otra? ¿Esto es por su color o por qué tienen otra religión? Por supuesto que no puedo aceptar el hecho de que se discutan solo los hechos que afectan a un particular incidente y a una víctima, olvidando las decenas de miles de víctimas de la catástrofe de Nakba en 1947-1948″, soltó Anwar cuando fue preguntado por si condenaba el ataque de Hamás en territorio de Israel y si exigía la liberación de los secuestrados.

El malasio insistió en llevar la narrativa a un entorno más global y más largo en el tiempo. “Lo que rechazo firmemente es esta narrativa, esta obsesión, como si todo el problema comenzara y terminara el 7 de octubre (día del ataque de Hamás). No comenzó el 7 de octubre ni terminó el 7 de octubre. Comenzó cuatro décadas antes y continúa a diario”, dijo para luego añadir: “Nos oponemos al colonialismo, al apartheid, a la limpieza étnica o al despojo de cualquier país, ya sea en Ucrania o en Gaza. No podemos borrar los 40 años de atrocidades y despojo que han provocado la reacción e ira del pueblo”.

Antes, el canciller alemán, que había abogado por un alto el fuego humanitario durante el Ramadán y dejado claro que Israel es un socio de su Gobierno, había manifestado con un tono más conciliador: “No es una novedad que tenemos puntos de vista diferentes (…), pero coincidimos en que debe llegar más ayuda humanitaria para Gaza. Y ese es nuestro mensaje claro a Israel, que tiene todo el derecho de defenderse contra Hamás, aunque una ofensiva terrestre contra Rafah no la consideramos adecuada”.

La diferencia de posturas es evidente, la forma en que afrontarlas es lo que empieza a ser significativamente distinto. Anwar, en una posterior entrevista con la agencia alemana DPA, aseguró sobre esta polémica divergencia: “Yo no compro esta propaganda. Nosotros vemos luchadores por la libertad. Occidente ve terroristas”.

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No es esa una postura nueva, es algo público que el Gobierno de Malasia siempre ha repetido y que secundan otras muchas naciones. Malasia es solo un ejemplo de posicionamiento que se repite por el globo. El pasado 7 de noviembre, un mes después de los ataques de Hamás, el primer ministro dijo en el Parlamento de su país: “Continuamos nuestras relaciones con Hamás, antes y ahora. Y no consideramos ni castigamos a Hamás como organización terrorista”.

En Alemania, sin embargo, matizó algo esas palabras y dijo que “mantenemos relaciones con el brazo político de Hamás, no el militar”. ¿Hay diferencia entre ambos? ¿La masacre del 7 de octubre fue una decisión del ala militar y no del ala política? ¿Los luchadores por la libertad entran en casas particulares, matan a cientos de civiles y secuestran a decenas de personas?

El foco de esta narrativa emerge ante la evidente diferencia que Occidente está haciendo de dos ataques militares que afectan a la población civil de Gaza y Ucrania. La Franja se está demoliendo con un ataque masivo israelí ante el silencio de Estados Unidos y aliados europeos que se muestran, eso sí, preocupados por que no sufra la población. ¿Cómo no se sufre ante un bombardeo y bloqueo masivo?

Hay voces desde todo ese sur global que tachan de hipócrita la postura occidental. El propio Amwar, en una reciente conferencia en la Universidad Nacional de Camberra, en Australia, le dijo a la platea: “¿Por qué, por ejemplo, Occidente es tan vociferante, vehemente e inequívoco en la condena de la invasión rusa de Ucrania, mientras permanece en absoluto silencio sobre el implacable derramamiento de sangre infligido a los hombres, mujeres y niños inocentes de Gaza?”.

La reprimenda, que tiene detrás siglos de opresiones y conquistas que pesan como una losa sobre las naciones colonizadoras europeas, de la que algunos sacan a Rusia pese a ser un miembro destacado de ese club, suele ser ampliamente aplaudida en los países de origen. La retahíla de ejemplos similares de mandatarios de países africanos, asiáticos y latinoamericanos que mandan callar a Occidente por su cinismo, no para de ensancharse. Sin embargo, ¿no practica el mismo cinismo el sur global en sus posicionamientos?

Amwar no solo habla de apoyar a Hamas, algo que podría haberle afeado Scholz bajo el argumento de que los sucesos del 7 de octubre no parecen los de unos luchadores por la libertad, sino que se muestra preocupado por lo que sucede en Ucrania, solo que ahí no señala tan claramente al agresor y aboga solo por un diálogo y esfuerzo que deben hacer ambos: “No podemos elegir a nuestros vecinos, pero podemos elegir vivir en paz con ellos. Y la paz no puede lograrse sin el cese de las hostilidades por parte de todas las partes”, dijo el pasado 23 de septiembre en un discurso ante la Asamblea de la ONU.

Esa laxa visión crítica es compartida por una buena parte de países orientales que votan en la ONU ciertas resoluciones condenatorias de la invasión, otros se abstienen o votan en contra, pero sin modificar sus relaciones diplomáticas, económicas y políticas con el país agresor. ¿No se parece eso mucho a lo que hace Occidente con Gaza?

El pasado 10 de febrero, con motivo de un nuevo aniversario de las relaciones diplomáticas entre Rusia y Malasia, el embajador ruso en Malasia, Naiyil Latypov, publicaba un comunicado que reprodujo el periódico Straits Times que acababa así: “Consideramos a Malasia como uno de nuestros socios confiables gracias a su posición neutral en los asuntos internacionales y su voluntad de construir relaciones igualitarias y mutuamente beneficiosas, a pesar de la presión del llamado Occidente colectivo“.

Muchos países de ese sur global han manifestado públicamente su pesar por las víctimas civiles y la ocupación militar de un estado soberano, Ucrania, a la vez que mantienen sus relaciones diplomáticas y económicas intactas con la nación agresora, Rusia. Una postura legítima, pero que se puede considerar tan cínica como la de las naciones occidentales que muestran su pesar por la catástrofe humanitaria que está ocurriendo en Gaza y siguen comerciando o vendiendo armas a la nación que la lleva a cabo. A Europa se le exige que se posicione firmemente contra la invasión de Gaza y el conflicto palestino, ¿al sur global no se le puede exigir lo mismo con Ucrania?
El pasado 20 de diciembre, el Gobierno de Malasia anunció que prohibía la entrada en sus puertos de barcos con bandera israelí o que quieran hacer escala en su viaje a Israel. “El Gobierno malasio ha decidido restringir y desautorizar a la compañía naviera israelí ZIM para atracar a cualquier puerto malasio“, indicó Anwar.

Una medida que, sin embargo, no aplica a los petroleros rusos. “Varios petroleros cargados en puertos rusos tampoco tienen destino final todavía, por lo que el total real de envíos de fueloil en marzo desde Rusia a Singapur y Malasia podría ser mucho mayor que un millón de toneladas“, señalaba la agencia Reuters en marzo de 2023 en una pieza titulada Las exportaciones de fueloil de Rusia en marzo a Singapur y Malasia alcanzaron niveles récord para el comercio.

Esa es en todo caso una posición legítima de un Gobierno, el de Kuala Lumpur, que no tiene ni porque apoyar las restricciones occidentales ni posicionarse del lado de Ucrania, pero ¿podría el canciller Scholz haberse colocado al lado de Amwar en el estrado y haber soltado un discurso hablando del doble rasero moral de Malasia, y el sur global, que critica el colonialismo e imperialismo y, sin embargo, tiene una postura ambivalente ante la invasión de Ucrania? ¿Podría hacerlo sin desatar una tormenta en la que se le acusara de justamente colonialismo e imperialismo por atreverse a abrir la boca?

Parece evidente que hay un hartazgo de las naciones en desarrollo ante el doble rasero moral de Europa y EEUU, pero en sus denuncias muchas incurren en exactamente esa misma hipocresía de ver víctimas de primera y de segunda. Para Alemania, según Malasia, los muertos ucranianos pesan más que los palestinos. ¿Para Malasia los de Ucrania y Palestina pesan lo mismo?

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