Tiros, llamas, asfixia: reconstrucción parcial del ataque en el Crocus City Hall de Rusia

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“Dios mío, esto es un horror, esto es un horror”, solloza una voz en ruso, fuera de cámara. En las imágenes, pixeladas por la poca luz, se pueden ver varios bultos oscuros, tendidos en el suelo e inmóviles, entre los cristales rotos de la entrada al complejo Crocus City Hall, una sala de conciertos, restaurantes y tiendas en la periferia de Moscú. Son los cadáveres de algunas de las más de 133 víctimas mortales (según el último balance ofrecido por los medios rusos) del peor atentado que ha sufrido Rusia en su propio suelo en dos décadas.

Pero, a diferencia de entonces, las imágenes de lo ocurrido —grabadas por teléfonos móviles, retransmitidas y propagadas en redes sociales— permiten hacer casi una reconstrucción en directo que antes dependía de las explicaciones de las fuerzas de seguridad. En sus manos queda la investigación de la autoría y motivación, ensombrecida en este caso por el historial de Rusia y su propio presidente, Vladímir Putin. Pero por el momento, esta es la reconstrucción (parcial) de lo que pasó este viernes 22 de marzo, a partir de vídeos e imágenes en abierto. Algunas de ellas, recogidas en este artículo, pueden ser perturbadoras.

Pocos minutos antes de las 20.00 horas en Moscú (17.00 en España). La sala de conciertos Crocus City Hall (Krasnogorsk, ciudad satélite al noroeste de la capital rusa) va a acoger un concierto de la banda de rock ruso Picnic. Según la página de venta de entradas casi habían logrado un sold out. La capacidad de la sala es de hasta 6.200 espectadores, según la agencia rusa TASS, aunque no queda claro cuántas personas había en su interior en el momento del ataque. También es viernes por la tarde y el Crocus City Hall acoge otros espectáculos, atrayendo a adultos, niños y familias.

Los primeros vídeos empiezan a emerger. Todos recogen los mármoles grisáceos y las luces propias de centro comercial de la entrada del Crocus City Hall. Se oyen disparos, y la gente empieza a moverse más deprisa, inquietas. Algunos se ocultan tras las columnas. La cadencia de los disparos aumenta, y la gente empieza a correr. Acaban de entrar en el edificio al menos cinco hombres armados y vestidos de militar. En algunos de los vídeos recogidos se llega a apreciar algo del aspecto de los atacantes: con barba y gorras, que empiezan a disparar nada más entrar en el edificio. La facilidad con la que entraron apunta a que entre las víctimas iniciales estarían los guardias de seguridad del edificio.

Según van avanzando, disparan indiscriminadamente. En una escena recogida en un vídeo grabado desde un piso superior, se puede ver cómo los terroristas empiezan a disparar a un grupo de civiles que, ante el avance de los atacantes, quedan atrapados en una esquina, sin poder huir de las balas, que rompen los cristales en mil pedazos.

Entonces entran en la sala de conciertos. Es cuestión de apenas unos minutos. Las luces aún no se habían apagado para abrir paso a los músicos, y parte del público todavía estaba colgando sus abrigos en el pasillo antes de encontrar sus butacas cuando irrumpen en la platea al menos tres hombres armados. Empiezan los disparos, la gente se agacha tras los respaldos. En un vídeo grabado desde uno de los palcos laterales se oye el pam, pam, pam de las armas (algunas estimaciones iniciales hablan de armas automáticas o semiautomáticas, como una ametralladora) y el destello de los estallidos.

Entonces se desató la verdadera trampa mortal, el incendio. Los atacantes lanzaron cócteles molotov en el interior de la sala de conciertos, que prendieron en los asientos. Según se aprecia en vídeos compartidos en redes sociales, las llamas empezaron a lamer las paredes, pero sobre todo, la sala se llenó de un humo tóxico. Según el relato del reportero de Ría Novosti, los que estaban en el pasillo se tumbaron primero en el suelo, para intentar ocultarse de los terroristas, y tras unos 15 o 20 minutos empezaron a salir arrastrándose.

Según recoge el medio ruso Meduza, varias de las salidas de emergencias y de incendio fueron bloqueadas o cerradas desde fuera. Según un canal de noticias de Telegram ruso, los servicios de emergencias que accedieron al edificio a la mañana siguiente encontraron hasta 14 cadáveres en una de las escaleras de emergencia. Otros cadáveres (28) fueron encontrados en los baños del auditorio. Según la reconstrucción de las llamadas de las víctimas a emergencias, habrían logrado refugiarse en el baño al poco de comenzar el tiroteo, pidiendo que los rescataran de la sala, bloqueada. En esas mismas llamadas, afirmaban que estaba entrando humo en los cubículos.

Según una recopilación de Meduza, muchas de las víctimas no habrían muerto por herida de bala, sino por inhalación de humo, intoxicación por dióxido de carbono, o asfixia.

Ha pasado ya una hora, y fuera, los helicópteros sobrevuelan el cielo nocturno sobre el Corcus City Hall. Cada 30 segundos vierten agua sobre el tejado. El incendio en la sala de conciertos es tan fuerte que, finalmente, se desploma el techo. Según fuentes anónimas al canal ruso BAZA, se calcula que más de 200 personas todavía permanecían encerradas dentro en el momento del derrumbe. Aunque los servicios de emergencia ya han podido acceder al recinto y están llevando a cabo las tareas de rescate.

Para entonces, varios de los terroristas habrían logrado huir de la escena, presuntamente en algún tipo de vehículo (coche o furgoneta) blanca. Esa misma noche, cuando las noticias del atentado ya habían dado la vuelta al mundo, el Estado Islámico, a través de su agencia de noticias Amaq, publicaba un comunicado en el que la organización terrorista reclamaba la autoría del atentado. Lo cual encajaba a primera vista con el método empleado durante el ataque: muy parecido a la masacre de la sala Bataclan, en París, en 2015, y a la del Teatro Dubrovka.

Con 133 víctimas mortales (que podrían subir en las próximas horas), se trata del peor atentado terrorista ruso en los últimos 20 años en su propio suelo: en 2015, una presunta bomba a bordo derribó el vuelo 9268 de Metrojet que hacía la ruta Sharm El Sheij (Egipto) – San Petersburgo con 224 personas a bordo. En aquel entonces, se apuntó a otra rama del Estado Islámico, la de la provincia del Sinaí (Wilayat Sina).

A partir de aquí, las imágenes en abierto publicadas casi en directo dejan paso a las que dan las fuerzas de seguridad. A lo largo del sábado, el FSB ruso ha anunciado la detención de al menos 11 personas, al menos cuatro de ellas en la región de Bryansk. Según el servicio de inteligencia, intentaron escapar “avanzando en coche hacia la frontera ruso-ucraniana”. El servicio de inteligencia afirma además que, tras cometer el ataque terrorista, los delincuentes planeaban cruzar la frontera ruso-ucraniana y supuestamente “tenían contactos adecuados en el lado ucraniano”.

En un vídeo publicado por Margarita Simonyan, directora del canal RT, se puede observar el interrogatorio de uno de los detenidos. En el vídeo, un hombre, que se presenta como Fariduni Shamsiddin (aunque no se puede apreciar del todo bien, por el audio) yace boca abajo en el suelo. Según su relato, habría llegado a Rusia el pasado 4 de marzo desde Turquía y alguien sin identificar le habría contactado por Telegram para participar en el atentado a cambio de unos 500.000 rublos (4.900 euros). “Disparé a la gente por dinero”.

“Dios mío, esto es un horror, esto es un horror”, solloza una voz en ruso, fuera de cámara. En las imágenes, pixeladas por la poca luz, se pueden ver varios bultos oscuros, tendidos en el suelo e inmóviles, entre los cristales rotos de la entrada al complejo Crocus City Hall, una sala de conciertos, restaurantes y tiendas en la periferia de Moscú. Son los cadáveres de algunas de las más de 133 víctimas mortales (según el último balance ofrecido por los medios rusos) del peor atentado que ha sufrido Rusia en su propio suelo en dos décadas.

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