El cáncer: cinco letras para un solo tormento (OPINION)

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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura. Reside en Santiago de los Caballeros 

Cáncer es una palabra que por su letal connotación ningún ser desearía verla asociada a su cuadro patológico, no importa el grado de agresividad de esa terrible enfermedad. «El cáncer es cáncer», diría un hombre del pueblo.

Es cierto que todos los cánceres no son iguales. Es cierto que dependiendo del órgano afectado un cáncer resulta más agresivo y mortal que otro. Es cierto que no es lo mismo combatir este mal cuando inicia que cuando su proceso de desarrollo ya está muy avanzado. Es cierto que en nuestro país, por ejemplo, son muchas las personas públicas y no públicas (Roberto Santana, Milagros Germán …) que han logrado controlar o impedir el avance del mal que nos ocupa, y desarrollar así una verdad normal.

Todo eso es cierto, pero no menos cierto es que sea quien sea: sacerdote o pastor , católico o evangélico, ateo o creyente, médico o sicólogo, chofer o general de brigada, marxista o ultraderechista, en fin, el edificio espiritual se le derrumba a todo aquel que tiene que escuchar de su médico la inesperada y desagradable noticia de «Tu estudio salió con un tumor maligno», o directamente, «Tú tienes cáncer».

Hace nueve años , a Luis Nicolás , un viejo amigo y excompañero de estudios, su médico le notificó eso: «Tú saliste con un problemita o células malignas en la próstata que debemos corregir». Luis Nicolás no respondió. El impacto de la noticia amarró sus palabras. El especialista continuó:

«No debes darle mucha mente ya que el grado de malignidad : Adenocarcinoma de próstata Gleason 6(3+3) de tu caso es el más bajo y, por ende, el más fácil de corregirDe esto tú no vas a morir», terminó.

Luego de coordinar todo lo relativo al procedimiento quirúrgico que se le indicó, Luis Nicolás abandonó el consultorio «con el ánimo en el suelo», y días después se le vio en otro consultorio :el del siquiatra. Por primera vez, me cuenta mi amigo y casi hermano, se vio obligado o sintió la necesidad de recibir ayuda sicológica.Y me cuenta también, que gracias al calor y apoyo que en su momento recibió de su familia, el padecimiento resultó  menos traumático.

Finalmente, a  mi amigo, meses más tarde, se le practicó una cirugía para eliminar las células cancerosas. El procedimiento no resultó del todo exitoso, razón por la cual tuvo que sustituir al médico tratante y demandar los servicios de dos reconocidos oncólogos de la ciudad donde reside. Gracias al tratamiento de estos galenos, el mal fue definitivamente eliminado.

A pesar de la recuperación, sin embargo, Luis Nicolás se ha transformado en sicólogo de sí mismo, vale decir, se comporta como si nada le sucediera: charla, comparte normalmente y hasta baila si hay que bailar; pero cuando al margen del bullicio se reencuentra consigo mismo, las cinco letras de la palabra «cáncer» parecen apagar la luz de su aparente alegría. De una alegría que no siempre está presente interiormente, aunque exteriormente o hacia afuera refleje todo contrario.

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