La sociedad europea cree que Ucrania no puede ganar la guerra, pero no está dispuesta a perder

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Cuando se cumplen dos años de la invasión rusa, tan solo un 10% de los europeos cree que Ucrania puede ganar la guerra. Ello dibuja ya un gran reto para los políticos de la UE en un año macroelectoral con paradas clave en Bruselas y Washington: articular un discurso menos triunfalista y definir cuáles son los parámetros aceptables hacia una paz justa. Una encuesta difundida por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés) deja dos evidencias que se dan la mano sobre el ánimo en la opinión pública europea en torno al conflicto vecino. Predomina la poca fe en un triunfo de Kiev sobre el campo de batalla, pero las calles desean que se continúe apoyando al país, especialmente si Donald Trump aterriza de nuevo en la Casa Blanca.

Ucrania llega al segundo año de invasión en un momento complicado. Sus tropas se han retirado de Avdivka por falta de munición, el Congreso de Estados Unidos continúa bloqueando un macropaquete financiero, la población dentro y fuera de sus fronteras comienza a acusar la fatiga, la atención mediática y política se ha desviado a la guerra de Gaza, los tambores resuenan anunciando un posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y la popularidad de Volodímir Zelenski está menguando.
En este contexto, la percepción de las calles comunitarias está experimentando una metamorfosis hacia el pesimismo.

A su paso hace unos días por Kiev, Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, afirmó que “hay que ganar la guerra y ganar la paz”. El problema es que ahora los europeos no saben cómo hacer una ni otra. La UE acaba de aprobar un vital salvavidas financiero para Ucrania por valor de 50.000 millones de euros, pero no es suficiente. No tiene la capacidad de llenar el vacío de Estados Unidos, especialmente en materia de armamento. Por el otro lado, en Bruselas han relegado cualquier referencia o decisión sobre la paz futura a Ucrania. Limitándose a defender el plan de paz de diez puntos elaborado por los equipos de Zelenski. Pero sin pillarse los dedos a la hora de delimitar parámetros o líneas roja.

Desde el inicio de la guerra, en los pasillos de Bruselas nunca se ha contemplado otro escenario que no sea el triunfo de Ucrania. Al principio lo hacían con escepticismo, pero pronto se fue transformando en esperanza a medida que los ucranianos resistían y repelían los ataques de uno de los Ejércitos más grandes del mundo. Dos años después, con las líneas del frente encasilladas, el sondeo Guerras y elecciones: qué pueden hacer los líderes europeos para mantener el apoyo de la opinión pública a Ucrania —realizado en Alemania, Austria, España, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Rumanía y Suecia— concluye que los mandatarios europeos tienen que cambiar de tono. “Los líderes de Ucrania y sus aliados deben encontrar una nueva forma de defender la continuidad del apoyo público a Ucrania. Este debería asentarse sobre una realidad en la que se deje claro que los europeos no quieren que Rusia gane, pero en la que tampoco se sienten particularmente heroicos”, recoge el documento.

Los autores demandan una postura realista y no ingenua ante una opinión pública “crecientemente escéptica” con las posibilidades de que Kiev gane la guerra. Y el primer movimiento para rebajar la gestión de las expectativas y evitar un batacazo mayor en el futuro pasa por definir qué es una victoria, qué es una paz justa, cuál es la base para una paz sostenible y cuáles son los límites aceptables. “Para que Europa siga apoyando a Ucrania, los líderes de la UE deben cambiar su forma de hablar de la guerra. Nuestra encuesta revela que la mayoría de los europeos quieren evitar a toda costa una victoria rusa, pero tampoco creen que Ucrania pueda recuperar todo su territorio. El argumento más convincente para una opinión pública escéptica es que la ayuda militar a Ucrania puede permitir alcanzar una paz duradera y negociada que beneficie a Kiev, en vez de una victoria de Putin”, analiza Mark Leonard, el coautor y director fundador del ECFR.

La radiografía de la investigación devuelve una imagen de claroscuro. Por un lado, la opinión pública acusa un pesimismo sobre el resultado de la guerra. No existe un estado de ánimo heroico. De hecho, solo un 10% anticipa un triunfo militar de los ucranianos, percepción que se refleja incluso entre los polacos, grandes simpatizantes de la causa que defienden sus vecinos, donde solo el 17% confía en una victoria de Kiev.

El escenario que se impone (37%) es la creencia de que el fin de las hostilidades llegará solo a través de “un acuerdo de compromiso”. Pero en el otro lado, sí se mantiene la petición y el compromiso de la ciudadanía para mantener el apoyo a Kiev porque hay algo que no ha cambiado y es compartido desde los despachos hasta las calles: el deseo de que Vladímir Putin no cante victoria. Sobre el cómo llegar ahí existen diferencias: Polonia, Portugal y Suecia expresan una clara preferencia por apoyar a Ucrania para recuperar su territorio; mientras que en Austria, Grecia, Hungría, Italia y Rumanía se decantan por presionar a los ucranianos para que se sienten a dialogar. En Francia, Alemania, Países Bajos y España están más divididos.

Apoyo a Ucrania; escepticismo con Trump

Otra de sus revelaciones destaca que el huracán Trump está teniendo un impacto importante a la hora de modelar cómo se concibe el devenir de la guerra a ambos lados del Atlántico. Y lo hace incluso antes de su nominación como candidato oficial del Partido Republicano para las elecciones de noviembre. El 43 % de los europeos piensa que un segundo mandato de Trump perjudicará la situación de Ucrania sobre el terreno y, en esta línea, el 41 % aboga por qué la UE debería “aumentar” o “mantener” el volumen actual de ayuda a Ucrania, Trump decide enterrarla definitivamente. Las diferencias, eso sí, son abismales: mientras que el 43% de los suecos creen que la UE debería llenar el vacío de Estados Unidos si llega ese escenario, en Grecia solo lo pide el 7%.

En la batalla del relato, tanto Trump como Putin están proyectándose como los defensores de la paz, responsabilizando a Ucrania de no querer sentarse en la mesa. Pero lo cierto es que el presidente ruso está donde quería estar: perpetuando el conflicto, ganando tiempo y aliados por el camino, convirtiéndolo en una guerra de guerrillas, mientras espera que el apoyo transatlántico comience a decaer y sus sociedades acusen la fatiga. La presión de la opinión pública puede tener tanto efecto a la hora de concluir las guerras como los propios desarrollos sobre el terreno. Una de las esperanzas de la UE era que la sociedad rusa se volviese en masa contra la guerra, algo que no ha terminado de consumarse en medio de un clima de represión creciente.

Ahora es el Kremlin el que aguarda para tomar ventaja con el hastío entre sus oponentes. Moscú quiere crear la imagen de que su apuesta es la de la paz de cara a las elecciones europeas de junio y las norteamericanas de noviembre. “El gran peligro es que Trump y Putin —que ha dejado entrever que estaría dispuesto a negociar— intenten caracterizar a Ucrania (y sus partidarios) como defensores de ‘la guerra eterna’ mientras se arrogan el papel de defensores de la paz”, afirma Ivan Krastev, coautor y presidente del Centro de Estrategias Liberales.

Hungría, la excepción

Esta estrategia de blanqueamiento también tiene eco en el seno europeo de la mano del húngaro Viktor Orbán, quien lleva dos años torpedeando el apoyo y las ayudas a Ucrania bajo el pretexto de que él solo quiere la paz. “El nombre de la paz es el de Donald Trump”, ha afirmado el primer ministro magiar a través de la red social X. La sociedad del país no ha sido ajena a esta narrativa. Mientras que el 56 % de los entrevistados por él afirman que se sentirían “bastante decepcionados” o “muy decepcionados” si Trump regresase a la Casa Blanca, la excepción es Budapest, donde lo estima el 31%. De hecho, el partido de Orbán, el Fidesz, es la única formación importante de la UE en la que sus participantes piden por mayoría un regreso del republicano a la Casa Blanca.

Cuando se cumplen dos años de la invasión rusa, tan solo un 10% de los europeos cree que Ucrania puede ganar la guerra. Ello dibuja ya un gran reto para los políticos de la UE en un año macroelectoral con paradas clave en Bruselas y Washington: articular un discurso menos triunfalista y definir cuáles son los parámetros aceptables hacia una paz justa. Una encuesta difundida por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés) deja dos evidencias que se dan la mano sobre el ánimo en la opinión pública europea en torno al conflicto vecino. Predomina la poca fe en un triunfo de Kiev sobre el campo de batalla, pero las calles desean que se continúe apoyando al país, especialmente si Donald Trump aterriza de nuevo en la Casa Blanca.

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