Sunak mantiene vivo su polémico plan migratorio, pero no sus principios: ¿todo vale para gobernar?

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Igual que pasó con David Cameron y Theresa May, el actual inquilino de Downing Street, Rishi Sunak, podría pasar a ser una víctima más de su propio partido. Desesperado por encontrar una medida que una a las distintas tribus ‘tories’ que solo tienen en común el Brexit, se ha aferrado ahora a una controvertida política que no puede implementar y que ha mancillado lo único que tenía a su favor: la promesa de que era mejor, más constitucionalmente correcto y menos imprudente que los dos primeros ministros que le precedieron (el caótico Boris Johnson y la fugaz Liz Truss).

El líder ‘tory’ ha sobrevivido este martes por la noche a la votación más importante de su mandato con su polémico plan para mandar a Ruanda a los solicitantes de asilo llegados por vías irregulares. Pero el oxígeno no está garantizado por mucho tiempo. Para principios del próximo año, la bomba de aire podría recargarse o vaciarse por completo, acabando con su carrera política cuando lleva poco más de un año en el Número 10.

Tras días de máxima tensión y serias amenazas de rebelión, Sunak ha conseguido mantener vivo, de momento, su controvertido proyecto de ley migratorio, pese a la abstención del núcleo duro de la formación. La Cámara de los Comunes aprobó por 313 votos a favor frente a 269 en contra la segunda fase de tramitación del proyecto de ley. Una diferencia de apenas 44 votos para una votación que se había convertido, en la práctica, en una moción de confianza sobre su gestión ante una de las cuestiones que más preocupa al electorado y sobre la que Sunak, según los sondeos, ha perdido el control y sus principios. El suicido acontecido este martes de uno de los solicitantes de asilo alojados, el ‘Bibby Stockholm’ ha incrementado la controversia en torno al ‘barco prisión’ atracado en Dorset.

Hoy por hoy, Sunak sigue como líder `tory´. No obstante, queda mucho recorrido aún en Westminster para aprobar el proyecto de ley plan Ruanda y el núcleo duro amenaza con actuar si no se incluyen enmiendas para endurecer la que es una de las medidas más controvertidas de la era post Brexit.

Después de que el Tribunal Supremo considerara “ilegal” el plan para mandar al país africano a los inmigrantes ilegales —la pieza central de la actual legislatura— Sunak ha cerrado un nuevo pacto con Kigali con modificaciones para asegurar que “las personas desplazadas a Ruanda no correrán el riesgo de ser devueltas a un país donde su vida o su libertad se vean amenazadas”.

El proyecto de ley ha sido redactado explícitamente para contradecir la sentencia del Tribunal Supremo, dictada el 15 de noviembre, de que Ruanda no es un país seguro. A fin de contentar al ala moderada de sus filas, se deja abierta la oportunidad para que los inmigrantes presenten impugnaciones legales contra su deportación basándose en circunstancias individuales.

Pero, a fin de contentar al ala dura, el Gobierno confía en poder evitar que los tribunales nacionales adopten medidas cautelares que arruinen los vuelos, ya que se establece un listón muy alto para que una reclamación tenga éxito. El ministerio del Interior cree que el 99,5 por ciento de las impugnaciones no saldrán adelante.

Con todo, la amenaza de medidas cautelares desde Estrasburgo ha llegado al propio equipo de asesoramiento legal del Gobierno a advertir que solo hay un “50 por ciento en el mejor de los casos” de posibilidades de permitir que los vuelos puedan efectuarse. El nuevo proyecto de ley daría a los ministros poder para ignorar una orden judicial provisional del Tribunal Europeo de Derechos Humanos —que ya bloqueó en verano de 2022 el primer vuelo previsto—. Y hay serias dudas sobre si esto violaría las obligaciones de Reino Unido bajo la Convención Europea de Derechos Humanos.

Sunak ha insistido en que cumplirá con las obligaciones internacionales, pero también confía en que ignorar las órdenes provisionales de Estrasburgo no constituiría un incumplimiento. “No permitiré que un tribunal extranjero bloquee estos vuelos”, señaló en un intento de calmar a los rebeldes del ala dura quienes, en última instancia, piden sacar al Reino Unido del convenio histórico de 1950.

El primer ministro quiere que el primer avión salga con destino a Ruanda en abril, antes de las elecciones generales. Sería un símbolo de haber “recuperado el control” de las fronteras, gran promesa del Brexit, pero nada está garantizado. Su supervivencia política depende de encontrar el difícil balance para contentar a todas las tribus de su partido. De momento, el plan Ruanda, más que para transferir personas, está transfiriendo solo dinero. Los pagos al país africano ya superan los 290 millones de libras.

En definitiva, la inmigración —o más bien su incapacidad para gestionarla— se ha convertido en gran Talón de Aquiles para un primer ministro que asumió el cargo con la promesa de restaurar el decoro procesal del Gobierno, pero que ahora está dispuesto a ignorar las órdenes judiciales provisionales del Tribunal Europeo de Derechos Humanos

¿Es posible que la formación se esté planteando cambiar nuevamente de líder? Es algo que comienzan a comentar con cada vez más frecuencia los analistas. A priori, podría parecer descabellado teniendo en cuenta que queda solo un año para las elecciones generales, o incluso menos, porque se podrían adelantar a mayo de 2024. Con todo, teniendo en cuenta el modus operandi de los conservadores, no se puede descartar ningún escenario.

Desde 2010, cuando llegaron al Gobierno, han pasado ya hasta cinco mandatarios por la mítica puerta negra del Número 10. Las filas conservadoras no tuvieron reparos ni siquiera para forzar la salida de Boris Johnson, el mismo que les consiguió una mayoría abrumadora en los últimos comicios y ejecutó el Brexit. Por lo que no les va a temblar el pulso ahora con Sunak, quien ni siquiera ha pasado el examen de las urnas, ya que se convirtió en primer ministro por proceso de primarias en las que los afiliados no tuvieron ni voz ni voto.

Con una ventaja de más de veinte puntos de la oposición laborista, los ánimos entre los conservadores están por los suelos. Están dispuestos a hacer lo que sea para dar un vuelco a los sondeos. Pero todo apunta al fin de una era.

Igual que pasó con David Cameron y Theresa May, el actual inquilino de Downing Street, Rishi Sunak, podría pasar a ser una víctima más de su propio partido. Desesperado por encontrar una medida que una a las distintas tribus ‘tories’ que solo tienen en común el Brexit, se ha aferrado ahora a una controvertida política que no puede implementar y que ha mancillado lo único que tenía a su favor: la promesa de que era mejor, más constitucionalmente correcto y menos imprudente que los dos primeros ministros que le precedieron (el caótico Boris Johnson y la fugaz Liz Truss).

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