El plan de Israel para cerrar Cisjordania bajo 7 llaves: “Somos los siguientes”

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Hace décadas que acceder a pueblecitos palestinos como Hares o Beita, rodeados de asentamientos israelíes en el corazón de Cisjordania, es una auténtica odisea. Pero desde el inicio de la guerra en Gaza, esta tarea es todavía más difícil. Al menos para los palestinos. El Ejército israelí ha tomado las carreteras de los territorios ocupados y ha blindado las 279 colonias judías que hay en el territorio, consideradas ilegales por la comunidad internacional. Además del muro de separación y los checkpoints habituales, el trayecto que separa Jerusalén de Hares está ahora salpimentado de nuevos controles de las fuerzas de Tel Aviv, carreteras cortadas a los árabes, barreras y alambre de espino.

Muchos accesos a Israel están completamente cerrados a los trabajadores palestinos. “Es solo una pequeña muestra de todo lo que estamos sufriendo en Cisjordania desde el inicio de la guerra”, explica a El Confidencial el activista palestino Issa Souf, en su casa de Hares. “Israel está aprovechando la guerra de Gaza para acelerar la ocupación en Cisjordania“, afirma.

El impacto emocional que ha supuesto para Israel la masacre perpetrada por Hamás en el sur del país, en la que 1.200 personas fueron asesinadas, junto con el temor a que los palestinos de Cisjordania pudieran levantarse contra los colonos y el Ejército, ha llevado al Gobierno de Benjamin Netanyahu a aumentar el control sobre el territorio. También ha hecho que, en represalia, algunos habitantes de los asentamientos agredan a sus vecinos árabes. Hasta la fecha se han producido, como mínimo, 92 ataques contra comunidades árabes, según Human Rights Watch.

“Estamos solos ante las agresiones. Nuestro Gobierno lleva cinco años sacando armas de la circulación, pero Itamar Ben-Gvir [ministro de seguridad israelí, ultraderechista y partidario de los asentamientos] está armando a los colonos. Y cuando nos atacan, el Ejército no hace nada. Es más, los protegen”, afirma Souf, que lleva 35 años trabajando por la paz y la liberación de Palestina desde la no violencia. “Nacimos para vivir, no para luchar. Necesitamos una solución política al conflicto”, afirma.

Desde el inicio de las hostilidades entre Hamás e Israel, más de 217 palestinos cisjordanos han muerto en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad o en agresiones perpetradas por colonos. El año 2023 ya estaba siendo el más sangriento en dos décadas en Cisjordania, con 192 muertos antes del 7 de octubre, 40 de ellos menores. Unos 30 israelíes también habían muerto a manos palestinas antes del inicio del conflicto.

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En total, antes y después del ataque de Hamás, más de 14.500 palestinos han muerto en Cisjordania, Israel y especialmente en Gaza, y unos 1.300 israelíes han perdido la vida. “Cada gota de sangre que se pierde, en cualquiera de los dos bandos, se pierde para toda la humanidad“, opina Souf, postrado en una silla de ruedas desde 2001, a causa del disparo de un soldado israelí.

Asentamientos y expulsiones

Más allá del aumento de la violencia y de las dificultades de movimiento, la guerra de Gaza ha servido de pantalla de humo para incrementar el número de asentamientos en Cisjordania, uno de los principales impedimentos para la paz y la creación de dos estados, según las organizaciones de derechos humanos. El año 2023 ha supuesto un récord histórico en cuanto a la construcción de colonias en la zona, coincidiendo con el Gobierno más conservador de la historia de Israel. Según cifras de la organización Peace Now, desde principios de año, el ejecutivo de Netanyahu ha legalizado 22 asentamientos que anteriormente se consideraban “puestos de avanzada”, considerados ilegales por la propia legislación israelí. En los siete primeros meses del año, se legalizaron más construcciones de estas características que en todos los años anteriores estudiados por el grupo.

El Ejecutivo, que incluye partidos de extrema derecha y religiosos, también ha avanzado la tramitación para crear nuevos asentamientos, y ha aprobado la construcción de más de 12.800 nuevas viviendas en territorio ocupado. Además, ha anunciado que quiere legalizar el polémico asentamiento de Homesh, que Israel se comprometió a desmantelar en 2005, como parte de su “plan de retirada unilateral” de la Franja de Gaza. Actualmente, en Cisjordania viven unos 700.000 colonos, en medio de cerca de 3 millones de palestinos.

Defienden su presencia en Cisjordania, a la que se refieren con los nombres bíblicos de Judea y Samaria, por motivos religiosos y nacionalistas, argumentando que todo el territorio entre el río Jordán y el Mediterráneo debe pertenecer a los judíos. “Mi familia lleva en Hares muchas generaciones. Estamos aquí por derecho histórico y de nacimiento”, defiende Issa Souf. Sin embargo, sostiene que judíos y árabes pueden vivir juntos y en paz. “El problema no son los judíos, es la mentalidad colonial”, añade.

Desde el inicio de la guerra, en Cisjordania también han crecido los desplazamientos forzados de palestinos, según denuncian las oenegés. Un informe del director de Human Rights Watch para Israel y Palestina, Omar Shakir, indica que entre enero de 2022 y agosto de 2023, un total de 1.105 palestinos, incluidas cuatro comunidades enteras, se vieron obligados a abandonar sus hogares a causa de la violencia de los colonos y los obstáculos para acceder a sus tierras.

Casi la misma cantidad (1.014 personas) han sido desplazadas desde el 7 de octubre. “La situación en Cisjordania va cada día a peor. Los colonos ya tenían sus sueños y planes de expansión, y simplemente los están llevando a cabo”, afirma Souf. El activista sostiene que, desde el inicio del conflicto, “los colonos intuyen que la solución de los dos estados está sobre la mesa”, y por esa razón “quieren cambiar el escenario”, para llegar a esa posibilidad con un mayor territorio bajo su control.

Ahogo económico

Toda esta situación está teniendo un gran impacto económico en Cisjordania. Antes del 7 de octubre, uno de cada cinco palestinos en esta zona trabajaba de forma legal o ilegal en Israel, aportando unos 2.337 millones de euros extras a la economía palestina, que representa un 20% del PIB de Cisjordania. Muchos de estos palestinos han perdido su trabajo desde entonces, o no pueden acceder al territorio israelí a causa de los bloqueos.

Según la Organización Internacional del Trabajo, Cisjordania ha perdido el 24% de su empleo, unos 208.000 puestos de trabajo. Además, el 72% del comercio palestino se realiza con Israel y buena parte de estas transacciones se han detenido. Paralelamente, Israel ha dejado de enviar dinero a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), pese a que los acuerdos con el Gobierno palestino le obligan a entregar los impuestos que recauda sobre los trabajadores palestinos, y sobre las importaciones y exportaciones palestinas. En total, unos 176 millones de euros mensuales. Esto ha hecho que la ANP esté teniendo muchos problemas para pagar a sus funcionarios, muy numerosos en el país.

“Nuestra economía se basa principalmente en dos cosas: los sueldos de la ANP y los palestinos que tienen trabajo en Israel. Y ninguna de las dos cosas está funcionando”, explica Issa Souf, que añade que muchos campesinos palestinos están teniendo problemas para acceder a sus cultivos. Es el caso de la familia Hamayel, de Beita, que explica que no han podido recoger sus aceitunas a causa del bloqueo. “Y si fuéramos no podríamos trabajar porque pueden venir los colonos”, añade Fathi, el patriarca.

La agricultura es otro de los sectores más importantes para Palestina. Según el Centre for Economic Policy Research (CEPR), entre 100.000 y 800.000 familias de Cisjordania viven directamente de la recogida de la aceituna, aunque en algunos momentos del año el sector emplea hasta el 90% de los trabajadores. El turismo, otro ámbito clave especialmente en ciudades como Belén, también ha frenado de golpe. “Esto es peor que la pandemia”, explica por teléfono Bassem Giacaman, que tiene una tienda de souvenirs cerca de la Basílica de la Natividad. “La mayoría de tiendas, restaurantes y hoteles han cerrado”, añade.

En su casa de Beita, los Hamayel indican también que muchos vecinos han dejado de ir a trabajar para evitar problemas. “Mucha gente no está yendo a trabajar por miedo. Todo el mundo intenta gastar lo menos posible para ahorrar”, asegura Fathi. También temen incursiones militares. El 30 de octubre, un hombre y su mujer resultaron heridos en una operación israelí para detener al hijo de ambos.

Los Hamayel tuvieron una experiencia similar en 2022. “Los soldados entraron por la noche y detuvieron a nuestro hijo Orhan por haber protestado contra la ocupación”, asegura Fathi. Orhan pasó varios meses en “detención administrativa”, sin juicio, y fue finalmente liberado sin cargos. Hasta el 1 de octubre, Israel había arrestado a 1.264 palestinos y los había puesto bajo “detención administrativa”. El número más alto en 30 años. Desde el 7 de octubre, esta cifra ha aumentado hasta los 2.070.

Para la familia Hamayel, lo que sucede en su pueblo y en toda Cisjordania desde el inicio de la guerra en Gaza es un “castigo colectivo” de Israel contra todos los palestinos. “Si alguien de entre los cinco millones de palestinos comete un error, los cinco millones somos castigados”, afirma Orhan, en referencia al ataque de Hamás. El joven, que perdió un ojo y una mano a causa de un presunto explosivo israelí que apareció en su casa tras una redada en febrero de este año, considera que el conflicto no tiene solución posible. Su condición física, que le impide trabajar, y la situación en Gaza y Cisjordania, le hacen ser pesimista. “En la Franja saben que es su final, que pueden morir en cualquier momento. Aquí solo nos queda esperar. Somos los siguientes“, se lamenta.

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