Von der Leyen, la transatlántica: la poderosa e inesperada aliada de Biden para China

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Cuando Ursula von der Leyen fue nominada presidenta de la Comisión Europea por los líderes en julio de 2019 muchos se preguntaron por qué habían apostado por una desconocida ministra alemana que sufriría para obtener la aprobación de la Eurocámara. ¿Era un intento de Emmanuel Macron, presidente francés, y Angela Merkel, canciller alemana, para reducir el carácter político de la Comisión Europea? ¿Una manera de tener al brazo comercial de la Unión totalmente bajo control con una figura con poco peso? Hubo muchas teorías en Bruselas durante los meses siguientes. Lo que pocos podían prever es que Von der Leyen acabaría siendo una pieza fundamental en la estrategia americana por intentar alinear a Europa con su postura respecto a China.

Pero eso es lo que ha ocurrido. Cuando Estados Unidos tiene que buscar un aliado poderoso en Europa para intentar influir sabe dónde tiene que mirar: a la decimotercera planta del edificio Berlaymont, en el corazón de Bruselas (Bélgica), donde Von der Leyen tiene su despacho y donde hizo construir un despacho para estar totalmente volcada en el trabajo. La alemana, que comenzó su mandato con torpeza, demasiado centrada en los eslóganes y sin saber bien qué batallas escoger, supo leer bien la situación a partir del inicio de la pandemia, y ha asumido un rol de liderazgo tanto en la compra de las vacunas como después en el apoyo a Ucrania ante la guerra de agresión de Rusia que le ha hecho ganarse el apoyo de los líderes europeos y de la inmensa mayoría de la Eurocámara, aunque dentro de su partido, el Partido Popular Europeo (PPE) consideran que está en ocasiones más alineada con Los Verdes o los socialdemócratas que con los democristianos.

Von der Leyen ha sabido tener olfato político, ha sabido ver cuáles eran sus opciones y ha sabido escoger bien sus aliados. Y ese olfato también dejó clara una idea: por mucho que Macron, su gran padrino entre los Veintisiete, tenga la esperanza de hacer real en el corto plazo la idea de la “autonomía estratégica” respecto a Estados Unidos, lo cierto es que Europa depende por completo de Washington en la mayoría de frentes. Y lo que ha demostrado la guerra en Ucrania es que también depende de Estados Unidos para su seguridad.

Y la presidenta de la Comisión Europea ha decidido surfear esa ola. Ha buscado resolver los conflictos comerciales con Estados Unidos abiertos en el pasado, y cuando han surgido conflictos mayores, como la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de la administración de Joe Biden, que muchos socios europeos sospechaban que podía acelerar la desindustrialización de sus economías, ha jugado el papel de apaciguadora en Europa, intentando obtener algunas concesiones de la Casa Blanca mientras calmaba a los Veintisiete. De hecho, Von der Leyen defendió el IRA como un esfuerzo para avanzar en el desarrollo de la economía verde que venía a completar los esfuerzos que está realizando la Unión Europea, una respuesta radicalmente distinta a la que esperaban algunos socios, como Francia. En la guerra de Ucrania, Von der Leyen ha sido una aliada importante de Biden y la política exterior americana empujando a la acción a los socios europeos.

Como parte de la respuesta a la guerra en Ucrania, Von der Leyen también ha participado en un giro de la política europea en la que la idea de la “Europa de la defensa” ha quedado apartada ante la obviedad: EEUU sigue siendo el garante de la seguridad europea a través de la OTAN. Así lo reconoció la Unión Europea en la última declaración conjunta con la Alianza Atlántica firmada en enero.

Joe Biden, presidente americano, junto a Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (Reuters)

La política china

Para Estados Unidos una prioridad absoluta es la política europea hacia China, el gran rival de Washington, el elemento que vertebra toda la política exterior americana. Hasta ahora la Unión Europea ha sido muy vaga, evitando alinearse con las posturas de sus socios transatlánticos. Los gigantes europeos, Alemania y Francia, creen que el choque entre EEUU y China no es algo que les incumba, que les va a empobrecer y que no es una prioridad. Para Europa central y del este, que ven a la Casa Blanca como el garante de su seguridad ante Rusia, la situación es diferente, y creen que hay que alinearse con los americanos.

Pero de nuevo, en este asunto los americanos han encontrado en Von der Leyen a su mejor aliado. La alemana se ha convertido en un auténtico “halcón” en esta cuestión. Nadie en la alta política europea ha empujado por un endurecimiento de las posiciones respecto a Pekín como ha hecho la presidenta de la Comisión Europea en los últimos meses. A finales de marzo, Von der Leyen dio un discurso con el que pretendía inaugurar una nueva política europea hacia China. La presidenta señaló que “el objetivo claro del Partido Comunista chino es un cambio sistémico del orden internacional con China en el centro”, y que trataba de construir un mundo en el que “los derechos individuales están subordinados a la soberanía nacional”.

Von der Leyen no iba tan lejos como para solicitar a los socios que procedan a un “desacoplamiento” de la economía China, como persigue Estados Unidos, pero sí señalaba la necesidad de “reducir riesgos” y advertía de “la fusión explícita de China de sus sectores militar y comercial”. Era un mensaje más que bienvenido por parte de la administración americana, que cuenta ahora con una poderosa aliada que ha ganado influencia en la política europea y que claramente apuesta porque Europa se alinee más con las visiones de Washington. Poco después, Bruselas ha presentado su primer plan de seguridad económica pensada para hacer frente a la influencia china.

Pero no todos los líderes europeos están contentos con este giro. Ni Francia ni Alemania disfrutan cuando un presidente de la Comisión Europea trata de forzarles a un cambio de posición, y de hecho, Emmanuel Macron presentó resistencia, haciendo declaraciones a las pocas horas que ensombrecieron el discurso de Von der Leyen y dejaron claro que París no comparte la visión americana sobre China, especialmente en lo que se refiere a Taiwán.

Von der Leyen durante una rueda de prensa en Bruselas. (Reuters)

El futuro de Von der Leyen

La alemana se ha alineado tanto con Estados Unidos y ha cosechado una relación tan buena con Biden y su equipo que su nombre ha empezado a circular en los pasillos de la Alianza Atlántica como una posible sustituta para el actual secretario general de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg, cuyo mandato expirará en octubre de 2024, aunque a su sucesor habrá que elegirlo en principio en primavera de ese año, para confirmarlo en una cumbre de líderes en julio. Por ahora Von der Leyen ha negado estar interesada por el puesto, pero eso no ha hecho que los rumores desaparezcan, promovidos por diplomáticos de los distintos socios de la Alianza.

Para algunos sería un movimiento extraño. ¿Por qué apartar a Von der Leyen de un segundo mandato al frente de la Comisión, donde en su lugar probablemente apareciera un presidente o presidenta más alineado con la visión francesa y menos proamericano, para ponerla al frente de una organización que es, por naturaleza, proamericana, como es la OTAN? Una posible respuesta tiene nombre y apellido: Donald Trump. Si el líder populista vuelve a ocupar la Casa Blanca hará falta un secretario general de la OTAN con mano izquierda, que sepa manejar la situación como supo hacerlo Stoltenberg durante la era Trump.

¿Vasallaje?

Para los críticos el alineamiento de Von der Leyen con muchas posturas americanas es un reflejo del proceso de “vasallaje” de Europa hacia Estados Unidos que se está produciendo por la pérdida de competitividad, de poder económico y militar frente a Washington, especialmente acelerado a partir del 2008, y que se ha terminado de consolidar tras la guerra en Ucrania. “El vasallaje no es una política inteligente para la próxima era de intensa competencia geopolítica, ya sea para EEUU o para Europa. La alianza con EEUU. sigue siendo crucial para la seguridad europea, pero confiar plenamente en un EEUU distraído e introspectivo como elemento esencial de soberanía condenará a las naciones de Europa a convertirse, en el mejor de los casos, en geopolíticamente irrelevantes y, en el peor, en un juguete. de superpoderes”, escribían en abril Jeremy Shapiro y Jana Puglierin, del think tank European Council on Foreign Relations (ECFR).

Todos en la Unión Europea saben que una segunda era Trump, o de algún líder similar, es muy posible. Fueron en los años del anterior presidente americano cuando más circularon mensajes a favor de la “soberanía” europea y de la “autonomía estratégica” de la Unión, lejos de los círculos académicos o de los cercanos a París. La apuesta de Von der Leyen puede ser válida mientras Biden esté en la Casa Blanca, pero es arriesgada a largo plazo. Francia ha tomado una dirección clara, y no es la de alinearse con Washington. Las últimas decisiones del Elíseo dejan claro que Macron pretende apuntalar una política de autonomía respecto a Estados Unidos, como demuestra que París haya frustrado el fichaje de una americana por parte de la vicepresidenta de la Comisión Europea, Margrethe Vestager, para un cargo de responsabilidad en la dirección general de Competencia.

Cuando Ursula von der Leyen fue nominada presidenta de la Comisión Europea por los líderes en julio de 2019 muchos se preguntaron por qué habían apostado por una desconocida ministra alemana que sufriría para obtener la aprobación de la Eurocámara. ¿Era un intento de Emmanuel Macron, presidente francés, y Angela Merkel, canciller alemana, para reducir el carácter político de la Comisión Europea? ¿Una manera de tener al brazo comercial de la Unión totalmente bajo control con una figura con poco peso? Hubo muchas teorías en Bruselas durante los meses siguientes. Lo que pocos podían prever es que Von der Leyen acabaría siendo una pieza fundamental en la estrategia americana por intentar alinear a Europa con su postura respecto a China.

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