Lo que el PP y el PSOE pueden aprender de Willy Brandt: la cultura del pacto alemana

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Para una buena parte de los votantes socialistas -y probablemente de los conservadores- la posibilidad de que el PSOE gobierne junto al PP es impensable. Sobre todo, tras una campaña en la que Alberto Núñez Feijóo ha puesto casi como único objetivo “derogar el sanchismo” y a sus secuaces independentistas.

Los resultados del 23-J son cristalinos: los españoles no quieren a la ultraderecha y huyen de los que se acercan demasiado a ella. Y han restado mucho apoyo a los nacionalismos, no sólo al más radical de Vox, sino también al catalán. Por eso han dado el voto mayoritario a los dos grandes bloques de centro-derecha y de centro-izquierda (ocho millones al PP y más de siete millones y medio al PSOE).

Entre los sistemas parlamentarios europeos, el más parecido al español es sin duda el alemán. Aunque este último es más eficiente al depositar el poder de los estados federados o Länder (algo inferior en competencias al de las autonomías españolas) en la segunda cámara, el Bundesrat.

El faro alemán

En Alemania ha habido tres “grandes coaliciones” entre democristianos (la CDU con su partido hermano de Baviera CSU) y socialdemócratas (SPD). Las tres ediciones estuvieron bajo la batuta conservadora. Las más recientes las dirigió la canciller alemana, Angela Merkel. La primera, la más traumática, se firmó en diciembre de 1966. Estuvo encabezada por el canciller Kurt Georg Kiesinger, democristiano que había pertenecido al hitleriano partido NSDAP hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. “Todos los caminos de la izquierda llegan a Moscú”, vociferaban los democristianos.

Fue el socialdemócrata Willy Brandt, hasta entonces exitoso alcalde de Berlín (en la ciudad dividida y bajo la tutela militar de rusos, estadounidenses, ingleses y franceses) el que impulsó este acuerdo de coalición, junto con Herbert Wehner, un excomunista convertido a la socialdemocracia. Los conservadores ninguneaban sistemáticamente a Brandt, al que apelaban de “emigrante traidor”, porque, perseguido por los nazis, se había exiliado en Noruega durante la guerra.

El ex corresponsal de la guerra civil de España (cubrió como periodista el levantamiento de Franco y la tragedia que siguió) no tuvo mucha comprensión al principio en las filas socialdemócratas por la idea de la gran coalición. Intelectuales de izquierda de la época como Günter Grass o Heinrich Böll le acusaron de pactar con el diablo, de “maniobrar en las tinieblas”. El SPD estaba al borde de la división, cuatro grandes federaciones en los Länder pedían una convención del partido para impedir la coalición. Los estudiantes gritaban en la calle el “desgarro” que una Grosse Koalition suponía para la incipiente democracia, donde los jueces, los diplomáticos, los catedráticos habían servido en gran parte con los nazis y seguían en sus puestos. El nazismo estaba vencido en el campo de batalla, pero no en las cabezas.

Los conservadores ninguneaban sistemáticamente a Brandt, al que apelaban de “emigrante traidor”

Se pensará que el SPD no tenía alternativa. Pero la tenía, pactar con los liberales del FDP (partido que hasta que los Verdes crecieron era la única bisagra de las dos grandes formaciones alemanas). O ir a otras elecciones.

Lecciones para España

Muchos socialistas españoles creen que una gran coalición a la española hundiría al PSOE. También lo juzgaban así los progresistas alemanes entonces. Brandt aceptó ser vicecanciller y responsable de Exteriores. El SPD salió reforzado de esa primera Grosse Koalition que consiguió algunas reformas importantes mediante una política económica keynesiana. Brandt se auparía como estadista internacional, y se convertiría en 1969, en la siguiente legislatura, en el primer canciller socialdemócrata de la posguerra.

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Un gran pacto entre el PSOE y el PP permitiría abordar reformas más ambiciosas hacia un Estado federal más eficiente que reduzca las desigualdades y que afronte la amenaza climática y una nueva ley electoral.

Contra lo que se cree en España, Alemania no tenía una “cultura del acuerdo”. La aprendió con su ejercicio. Porque por encima de los intereses de los partidos está el Estado y la democracia. Salvaguardarlos es la tarea de sus líderes políticos. “No somos escogidos (por los dioses). Somos elegidos (por los ciudadanos)”, dijo Brandt al jurar su mandato.

Para una buena parte de los votantes socialistas -y probablemente de los conservadores- la posibilidad de que el PSOE gobierne junto al PP es impensable. Sobre todo, tras una campaña en la que Alberto Núñez Feijóo ha puesto casi como único objetivo “derogar el sanchismo” y a sus secuaces independentistas.

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