Israel Galván se convierte en madre e hijo a la vez en su nuevo espectáculo, ‘Dream’

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«No me gusta bailar». La frase, viniendo de Israel Galván, no puede más que provocar una incrédula sonrisa en quien la escucha, más aún cuando el artista sevillano se encuentra en capilla de su nuevo espectáculo, ‘Dream‘, que se estrena el próximo 17 de mayo en el Teatro Español.

Israel Galván dice que ‘Dream’ «es un espectáculo en el que no bailo». Natalia Menéndez, su compañera de aventuras en este proyecto, matiza sonriente: «Sí que baila… A su manera, claro». Una manera que le ha llevado a ser, desde hace tiempo, una de las grandes figuras de la danza española y uno de esos artistas que, empleando el tópico, «no deja indiferente a nadie». «Israel es muy libre y muy atrevido, siempre está al borde del abismo de la creación y con ganas de hacer cosas nuevas. En este sentido me recuerda a Enrique Morente, con el que trabajé hace años».

Fue Natalia Menéndez quien pensó en el artista sevillano para una creación sobre la relación materno-filial. «El podía ser un hombre y una mujer, una madre y un hijo…» A Israel Galván le atrajo la propuesta. Siempre en permanente búsqueda, bailar la palabra, algo que nunca había hecho, le atrajo. «Las colaboraciones con otros artistas es la mejor manera de seguir aprendiendo y enriqueciéndome», asegura el bailarín.

Así surgió ‘Dream’ (anagrama de ‘Madre’), un espectáculo en el que Israel Galván cuenta con la guitarra y el cante de María Marín, la percusión de Antonio Moreno y los vientos de Juan Jiménez Alba, además de la voz de Paquita Cobos Gil.

Las grandes madres de la tragedia griega -Medea, Hécuba, Clitemnestra…- se asoman a este espectáculo, que no tiene una línea argumental ni quiere contar una historia. «Es una suerte de sensaciones -aclara la directora-; no se quiere argumentar, sino bucear acerca de esa relación materno-filial». «A mí me gusta, más que crear una coreografía, me gusta crear un monstruo, una criatura… Que tenga los brazos de Pina Bausch y el cuerpo de Farruco».

«No es teatro, ni danza, ni flamenco, pero es todo ello al mismo tiempo», dice Natalia Menéndez

De hecho, dice Natalia Menéndez, «Israel consigue ofrecernos distintas madres e hijos y no saber por momentos quién es quién». Se juega con esa dualidad, con esa indefinición. «Yo, que soy hombre, soy madre, como en la película ‘Psicosis‘. Siempre le he querido ‘robar’ cosas a la mujer en el baile».

Dice Natalia Menéndez que en este espectáculo «surge la pregunta sobre cuánto tenemos de animales y cuánto tienen los animales de nosotros. En el escenario se trabajan sonidos nuevos, cotidianos, infantiles unidos a materiales opacos, translúcidos, viscosos, ruidosos… para ir de lo más ligero a lo más profundo del inconsciente».

«El proceso de investigación y ensayos -explica la directora- ha concluido en una creación muy especial que no es teatro, ni danza, ni flamenco, pero que es todo ello al mismo tiempo. Un espectáculo que habita el escenario; donde se crea algo extrañamente familiar, es una celebración, un ritual, una ceremonia del hijo que celebra y huye de la madre atenta y violentada».

La presencia de Paquita Cobos Gil tiene una particularidad. No es una actriz, sino una abogada «que expondrá a través de reflexiones mitos como Medea, Hécuba, Clitemnestra… y los relaciona con ciertos animales cuyas hembras matan a sus crías o se entregan por ellas».

¿Por qué una abogada real? Lo explica Israel Galván: «El tono que emplean los abogados en los juicios es muy particular. También su psicología. Tienen sus trucos, su filosofía. Y la voz de la abogada que defiende a estas madres está tratada en este espectáculo como instrumento musical»

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