‘Euphoria’, tiroteos y supuestas hijas secretas: ¿qué está pasando entre Drake y Kendrick Lamar?

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Los fans del rap americano llevan sorprendidos desde el mes de abril; quizá por felicidad y gratitud, o quizá por hastío y aburrimiento; lo único claro es que lo que está pasando en las altísimas esferas de la escena musical no está dejando indiferente a absolutamente nadie (ni siquiera a las autoridades).

Drake y Kendrick Lamar, quizá dos de los raperos más importantes del siglo XXI, llevan ya varias semanas sumidos en una pelea musical, lo que en los terrenos del rap se llama beef.

Grosso modo, esto no es otra cosa que un intercambio de versos, una confrontación, entre las canciones de uno y otro. Normalmente, esto se ha hecho cuando ha existido una rivalidad histórica entre dos artistas o colectivos, sin embargo, el caso de Drake y Kendrick Lamar está alcanzando cotas altísimas por enfrentar dos formas diferentes, aunque idénticas en su fondo, de entender la música: la pureza y el negocio; las formas y el éxito; el (supuesto) underground y lo mainstream.

Drake y Lamar no necesitan presentación en ninguna casa, pues son de los más reconocidos del mundo (aunque quizá más el primero). Drake, rapero canadiense sitiado en Toronto, es quizá uno de los artistas más virales de la historia (ya ha superado en números uno a Michael Jackson).

Tras una relativamente exitosa carrera como actor, se sumergió en el mundo de la música consiguiendo, con el paso de los años, algunas de las canciones más vendidas y bailables de la escena, arrollando en todas las listas de éxito del mundo, entregas de premios y alfombras rojas. Su discurso ha sido siempre ultracapitalista, enorgulleciéndose de su modelo de negocio comercial y su poco pudor a la hora de huir de los discursos clásicos del rap (la calle, la pobreza, la delincuencia).

Brooklyn Tech Support

Kendrick Lamar, por otro lado, es quizá su némesis. Con un menor alcance que Drake, pero también unos números millonarios, el californiano es una de las piezas claves de la lírica del rap americano. Sus letras, siempre finas e incontestables, son algunas de las mejores que se han compuesto en su género en los últimos años, lo que le ha consagrado como uno de los mejores escritores de la historia del rap.

Siempre al filo de la calle y la reivindicación, Lamar ha patinado durante toda su carrera por lo que podríamos llamar rap social; siempre ha tenido un discurso de clases muy marcado, además de una visión emancipadora de la cultura negra. De hecho, sus buenas letras y su increíble ojo para analizar la realidad afroamericana en los Estados Unidos le llevaron a ganar un premio Pulitzer en 2018 por su álbum Damn, un galardón cuya categoría musical apenas suele trascender por otorgarse casi siempre a compositores de ópera y músicas académicas.

Aunque estos dos artistas pueden considerarse antitéticos, durante un tiempo tuvieron cierta relación; de hecho, al inicio de la carrera de Lamar, quien empezó algo después que Drake, llegaron a colaborar en algún tema, pero esta relación se vería truncada en 2014, cuando Lamar ya le tiró alguna pullita a Drake en Control (Drake no respondió a esta primera canción, de hace ya diez años, porque aseguró que entraba dentro de la sana competición musical).

En 2023, sin embargo, todo se empezó a torcer. En For All Dogs, el último álbum de estudio del canadiense, Drake invita a cantar a J. Cole (un rapero con también muy buenos números), quien en el tema First Person Shooter se refiere a Drake, Kendrick Lamar y él mismo como el equipo de los tres grandes, the big three.

Aun siendo un elogio, esto no le sienta nada bien a Lamar, quien aprovecha el nuevo álbum de Future (otro de los gigantes norteamericanos, hablamos de 64.000.000 de oyentes mensuales solo en Spotify) para decir en la canción Like That que el dinero importa mucho, pero lo que realmente cuenta es el respeto, y ni Drake ni J. Cole lo tienen. Al californiano, desde luego, le sienta como una auténtica patada que le equiparen con el de Toronto.

Este movimiento, el de menospreciar a Drake en un disco de Future, es muy reseñable, pues Future tiene casi una docena de colaboraciones con él: que un colaborador invitara a Kendrick Lamar a tirar beef a Drake en su propio álbum dejaba claro que rompía completamente las relaciones con el de Canadá (si bien es cierto ya que había rumores de enfados entre ellos desde hacía tiempo).

Con esta jugada, la guerra fría entre Drake y Kendrick Lamar iba tensándose aún más, pues artistas de la talla de Future o J. Cole (además del productor Metro Boomin, con otros 64 millones de oyentes mensuales), iban alineándose en uno u otro bando; que la guerra fuera directa, a cañonazo limpio, era solo cuestión de tiempo, y así es como fue.

El rapero Kendrick Lamar posa con sus premios MTV.
El rapero Kendrick Lamar posa con sus premios MTV.
MIKE NELSON / EFE

El 13 de abril, Drake respondió a la canción de Future y Kendrick con Push Ups, un tema en el que intentaba elevar el conflicto a una escala industrial metiendo en el ajo a artistas como Travis Scott o la mismísima Taylor Swift (quien tiene que ver en la historia mucho más de lo que parece).

En Push Ups, Drake tilda a Future de traidor, mofándose de que sus únicos números uno fueron gracias a sus colaboraciones (cosa que es cierta: Future solo ha conquistado el top 1 en temas junto a Drake). A Kendrick, por otra parte, lo tacha de hipócrita, pues le recrimina que vaya de purista, de representante de la música negra, cuando ha colaborado con gente como Maroon 5 o Taylor Swift, lo que achaca a un mal contrato discográfico del ganador del Pulitzer (en los mentideros del rap, se dice que Lamar firmó su contrato muy joven, por lo que fue engañado con los repartos de royalties y ahora tiene que colaborar con artistas más grandes para cumplir con los porcentajes de su sello).

En ese momento, la guerra ya es total, con otros artistas como The Weeknd, enemigo íntimo de Drake, o 21 Savage, otro rapero americano, metidos en el conflicto; sin embargo, el de Toronto no se queda quieto y saca otro vídeo en su cuenta de Instagram, Taylor Made Freestyle, en el que dobla mediante una inteligencia artificial la voz del fallecido Tupac, ídolo absoluto del rap, y pide a Kendrick Lamar que le responda. Y vaya si le respondió.

Hay una frase, atribuida apócrifamente a Santa Teresa de Jesús, que dice que “se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas”, y esto fue lo que le pasó a Drake: Kendrick Lamar respondió finalmente en una canción, Euphoria, y todo se terminó de complicar.

Publicado el 30 de abril, en este tema, que consiguió colarse en el número uno de las listas americanas – cosa que Drake no lograría con ninguna canción de esta guerra, por lo que él mismo pierde en su propio terreno de juego –, Kendrick desmonta al canadiense con maestría y finura, sin perder en ningún momento las formas y asegurando que es su mayor hater: “odio cómo andas, cómo rapeas y cómo vistes; odio todo de ti”, cantaría. El título de la canción, muy efectivo y polémico, vendría por la exitosa serie Euphoria, de HBO, pues Drake es uno de sus productores ejecutivos. Lamar también recriminaría la apropiación que Drake hizo durante años de artistas americanos de ambas costas, la Este y la Oeste, para ganarse así el respeto de la calle y los reales.

Como esto no fue suficiente para el rapero, el 3 de mayo volvería a echar más leña al fuego con 6:16 in LA, un tema que es pura violencia y descontrol, y donde le recuerda a Drake que si él quiere, puede llevar esa guerra dialéctica a las calles (la portada del single es el guante que se usó como prueba para condenar por asesinato a OJ Simpson).

Por supuesto, el canadiense no pudo doblegarse ante este nuevo ataque, por lo que sacó el mismo día Family Matters, tema bastante largo, de unos siete minutos, en los que Drake asegura que Lamar es un activista fracasado que no ha conseguido nada; además, asegura también que el rapero californiano es un maltratador que golpeó a su mujer en varias ocasiones e incluso que tuvo que contratar a un gabinete de crisis para asegurar que el caso nunca saliera a la luz.

Con las cosas así de calientes, Kendrick tardó nada más que media hora en responder con Meet The Grahams, una canción epistolar – para que luego digan que el urbano no recupera géneros literarios extintos – en los que escribe a toda la familia de Drake, desde sus padres hasta su hijo, acusándolos de haber concebido a un inmaduro y un depredador sexual – han sido muy comentadas en la industria musical y las redes las relaciones que ha tenido el canadiense con chicas mucho menores que él –; además, asegura que Drake acabará en la cárcel por delitos sexuales de toda índole. A modo de puntilla del asunto, Lamar finaliza la canción diciendo que obviando a Adonis, su hijo reconocido, Drake tendría una hija más, con la cual no tendría ninguna relación y estaría desatendida (este rumor ha cogido fuerza porque sí es cierto que Adonis, quien tiene ahora ocho años, fue ocultado durante bastante tiempo por ser fruto de una relación del canadiense con una trabajadora sexual).

Como a Lamar esto le parecía poco, inmediatamente después sacó Not Like Us, tema que sería poco reseñable, pues continúa por la estela de las acusaciones sexuales, si no fuera por la portada: el grafismo del single es ni más ni menos que una foto aérea de la mansión de Drake, ubicada en las afueras de Toronto, en la que superpone avisos del registro de delincuentes sexuales (en Estados Unidos y Canadá, este registro es público y puede consultarse por un mapa de proximidad, tal y como Google Maps).

La última bala de esta pelea fue The Heart Part 6, un tema bastante mediocre de Drake en el que simplemente desmiente todas las acusaciones. Además, también asegura que lo peor está por llegar. 

Portada de 'Not Like Us' en la que se muestra la dirección de Drake
Portada de ‘Not Like Us’ en la que se muestra la dirección de Drake
Apple Music

A nivel musical, la cosa se ha quedado aquí, sin embargo, este cinco de mayo, la Policía de Toronto reportaba que uno de los guardaespaldas de Drake había sido ingresado de gravedad tras haber recibido varios balazos en el pecho.

En las imágenes, que han sido difundidas por varios medios locales, se ve la mansión de Drake acordonada (la misma que señaló Lamar en la portada de su tema) y a varios agentes recopilando pruebas por la zona. Aunque la Policía no ha confirmado que este altercado tenga que ver con el beef entre raperos, sí ha asegurado que se sabe poco del motivo del tiroteo, más allá de que alguien intentó entrar en la mansión (tampoco han confirmado si hay detenidos), y que las autoridades están perfectamente al tanto del conflicto vigente.

Esta disputa, que no ha acabado aquí, puede llevar a cualquier lugar. En el mundo del rap, no sería la primera vez que lo que empieza en un beef acaba en tragedia, pues los raperos Tupac y Notorius BIG, ídolos y pioneros del género, fueron asesinados tras sumergirse en peleas dialécticas que acabaron involucrando a pandillas callejeras. 

De momento, de lo que se tiene certeza es que esto no es solo una tiradera entre dos archimultimillonarios, sino que es un conflicto por entender la música desde varios prismas: mientras Lamar ha intentado mantenerse siempre fiel a los principios del rap, es decir, a la denuncia social, el respeto y el estatus callejero, Drake lo único que ha querido es hacer números. Esto parece más una pelea entre modelos de negocio que entre solo dos artistas.

Además, ese posicionamiento de los diferentes artistas de la escena alrededor de uno u otro de los raperos, como si fuera una guerra fría entre joyas y G-Wagons blindadas, demuestra que el bando mayoritario es el de Lamar: la mayoría de los grandes se han ido posicionando contra Drake, quien siempre ha sido acusado de déspota y acaparador (parece que los demás le tienen ganas).

De momento, la historia sigue. 

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