De la exquisitez de Talavante a la fascinación por Roca Rey: éxito para las mayorías

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También se debatió en Jerez de la Frontera sobre aquello de las minorías y las mayorías del ministro podemita, aunque más armados de prudencia que en el tendido 7 de Las Ventas –«Urtasun, nos vas a comer los h… por detrás», decía un controvertido cartel que rápidamente circuló por la autopista digital–. Las minorías, representadas por la suprema exquisitez de Talavante y la solera de Pablo Aguado, se vieron desintegradas bajo la mayoría aplastante de Roca Rey, que en una lección de suprema heterodoxia conquistó a toda la plaza, sin ningún tipo de distinción o dudas. Se habían desatado los tendidos en el quinto con el solo de trompeta del pasodoble Nerva, al que siguieron unos mareantes circulares desde la pala del pitón, una fea voltereta y una estocada en toda la yema. Tuvo aquello tantos matices discutibles como indiscutible fue la sugestión del público, entregado ante el ídolo peruano.

Y fue de minorías lo de Talavante porque en una de sus obras más entregadas de la temporada, sin comunión con el toro, aunque roto de su cintura y desatado de pasión, sólo logró conectar a través de unas reolinas finales. Del artista incomprendido al recurso del triunfador. Y más minoritario fue lo de Aguado, bajo un silencio sepulcral, de los que matan, tras dar muerte al tercero. Que también se reinventó, aunque ya en el siguiente toro. De la íntima inspiración al arrebato provocador. De Jandilla, aún más minoritaria bajo el paraguas de la terna, también cabe decir que, sin haber lidiado la mejor de sus corridas, regaló posibilidades a los tres toreros. El conjunto orejero y el dinamismo de la tarde avalan al ganadero.

También habían sido los tendidos una minoría cuando, con cinco minutos de retraso, se mandó a iniciar el paseíllo. Diez minutos después se había llenado de pululantes la plaza de toros de Jerez. Y a las 19.16 horas saltaba al ruedo Dirigente, el primero de Jandilla. Construido hacia arriba, con una preciosa estrechura en su encornadura. Pocos vieron el recibo de Talavante, entre mecidos y lentísimos lances. Aún seguía el gentío de pie, con media plaza por acomodar. Se peleaban en el sol mientras en el ruedo se agigantaba el torero. Alejandro Magno, entre gaoneras: marcaba primero hacia su espalda y casi en el embroque viraba la trayectoria. Lentísimas. Aún no se había lucido la cuadrilla cuando ya estaba Talavante con la espada sobre la muleta plegada. Fue ésta una faena introspectiva, enfocada hacia su ánimo, sin pensar en la condición del animal. Tenía rota su cintura y le ponía con su cuerpo todo el compás que le faltaba a este Dirigente, tan noble como desrazado. Y la gente, por desgracia, no se enteró hasta unas apretadas reolinas.


Cambio de mano de Roca Rey al segundo de Jandilla


Paco Martín

Cuando a las 19.42 horas salió Preceptor –un coloradito de talla anovillada, sin ningún remate y sin categoría en su tipo– la plaza ya estaba abarrotada. Tendidos made in Roca, que saltó espoleado tras el suceso de Talavante. Aunque el esfuerzo no siempre sirva para vencer al talento. Y bajo la lupa talavantista, todo eran carencias. Más espeso en sus formas, llegó pronto el primero de los tres desarmes de su tarde. Se movía con codicia este segundo de Jandilla, aunque anduviese huérfano de ritmo. Ajustado entre series, unas más limpias que otras, no estalló hasta una noria final. Como estallaron los tendidos con la guasa del presidente, el mismo que tanto había tardado en asomar el pañuelo blanco tras el paseíllo y que tan rápido ordenó tocar el primer aviso, con Roca Rey ya cuadrado en la suerte final.

Más cuerpo traía Reyes, el castaño chorreado tercero, de Pablo Aguado. Salió frenado entre lances. Más templadas parecían las formas del torero, crecido de pulso –también en el sexto–, como elevado tras el reconocimiento de su tierra. Apenas salió de las tablas con la muleta, demasiado precavido frente al viento. Con su figura rezumando solera, que parecía estimulado casi en la cara del toro aunque pronto se apagó, como se esperaba en ese terreno.

Fue Villano, el sexto, el más proporcionado de la tarde, con la armonía delantera del primero y con la reducida altura de ninguno. Un toro manso que se volcaba con talento en la muleta. Huidizo en su principio, que tardó en retener Roca. Fue con éste quinto cuando sonó la trompeta y… dos mayoritarias orejas. En cambio, otro estilo más minoritario y torero se vio en el sexto, con unos extraordinarios ayudados por alto de Pablo Aguado, que sin perder su estilo buscó el arrebato y la conexión con los tendidos. Con el mismo pinchazo y la misma estocada, la plaza ahora sí se tiñó de blanco. Del silencio demoledor a la alegría postrera. Hay que apretarse.

  • Plaza de Toros de Jerez de la Frontera.
    Viernes, 10 de mayo de 2024. Segunda corrida de la Feria del Caballo. Lleno en los tendidos. Se lidiaron toros de Jandilla, desiguales en su presentación, nobles y justos de raza. Destacó el manso encastado quinto y el lote de Pablo Aguado.
  • Alejandro Talavante,
    de verde botella y oro. Estocada (dos orejas); pinchazo y estocada (ovación).
  • Roca Rey,
    de tabaco negro y oro. Aviso antes de pinchazo y estocada (oreja); aviso antes de estocada (dos orejas).
  • Pablo Aguado,
    de sangre de toro y oro. Pinchazo y estocada (silencio); pinchazo y estocada (oreja).
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