Un futuro de tullidos | Opinión de Rebeca Marín

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Les recomiendo la serie The Arquitecth. Una distopía crítica con el ultracapitalismo al que nos dirigimos inexorablemente. En ella aparece una mujer en la calle esperando a su hija y un policía quiere multarla porque está prohibido estar en la acera parado sin consumir, si desea disfrutar del espacio público tiene que gastar dinero. 

El otro día volví de Valencia tras la Semana Santa y quise ir al baño en la estación del AVE. La única forma era pagando un euro, si no, era imposible contar con un baño público. Ahora las terrazas quieren cobrar más caras las mesas que tienen mejores vistas, esas ubicadas en plena calle, en el espacio público que pagamos todos con nuestros impuestos y que quieren cobrarnos todavía más caro. Un espacio público que, poco a poco, se ha ido cediendo a la hostelería, hasta invadir nuestras aceras e impedir, muchas veces, que podamos pasar caminando. Ese mismo espacio que ha ido mermando en pro del turismo desmedido, vendiéndose al de fuera en detrimento del de dentro. Calles y parques, donde bancos y fuentes escasean, me refiero a los bancos para sentarse, de los otros sí tenemos de sobra, para sacar dinero y poder pagarnos una botella de agua para paliar la sed.

Si piensan en que un día nos cobrarán por, simplemente, pasar por la calle, acuérdense de la idea que se ha valorado en Sevilla de cobrar por atravesar la Plaza de España. La serie termina con una pareja que se corta un dedo para así cobrar una indemnización y poder afrontar la hipoteca de su vivienda. Total, tienen 9 dedos más, pero nunca podrán acceder a una vivienda de otra manera. No teman, no les he hecho un spoiler, el final lo conocemos todos, un futuro mutilado, lleno de tullidos.

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