Hugo Margenat

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Escribimos por nuestro dolor y por el dolor de lo demás. Escribimos por nuestra alegría y por la de otros. Pero también escribimos por el imperativo naturalmente profundo, más allá de nuestra percepción externa, que hay en el Mundo.

Hay un grito lejano que busca expresión. No es voz de la conciencia. Es la vibración intima de lo innominado. Vibra el Cosmos, vibro yo, vibras tú.

El poeta es un médium, un vehículo, una antena. Es el instrumento de toda la pasiones humanas y misterios divinos que buscan expresar la esencia de la Psiquis Universal. La poesía es un mundo de diversidades unidas, en otras palabras es uni/verso”.

Quien así escribe es Hugo Margenat, a quien se le ha dedicado el 13avo. Festival Internacional del Libro, auspiciado por el Instituto de Cultura de Puerto Rico, un poeta sorprendente, a quien desconocía, de quien dice Juan Antonio Corretjer que “ha dejado escrita una obra profundamente revolucionaria. Y la ha dejado escrita en la forma poética cara a sus antípodas: los artepuristas de la constante inhibición. El, en cambio, se dio y todo. Y porque se dio todo, queda para siempre”.

Margenar murió a los 23 años, y dicen los que saben que “se murió porque había terminado su obra entre nosotros….Estaba hecha…y ahí tiene nuestra juventud obra a la que venir a aprender, a aprender poesía, a aprender vida, pasión, fiereza, poderío, patriotismo, aposicionamiento.” (Ibidem)
“Poeta, patriota y luchador incansable por la libertad de Puerto Rico.

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Nació en San Juan el 10 de Octubre de 1933 y murió el 7 de abril de 1957. Líder estudiantil en la Universidad de Puerto Rico, cofundador de Acción Juventud Independentista, y vicepresidente de la Federación de Universitarios Pro Independencia. Precursor de la poesía política puertorriqueña que definió la generación del 60. Entre sus libros se encuentran Lámpara Apagada, Intemperie, Mundo Abierto y Ventana hacia lo Ultimo”.

El gran poeta Matos Paoli celebra su poesía mística, y hoy la juventud boricua redescubrre este poeta prácticamente desconocido para quienes participamos en este Festival Poesía en la Isla de la Simpatía, de Juan Ramón Jiménez. Al conocerlo experimenté la misma conmoción que al encontrar a Julia de Burgos en las calles de Nueva York y volví a esperanzarme, porque de la juventud dependerá siempre el futuro de la humanidad, aunque hoy parezca que el neofacismo vuelve a arropar el mundo.

Hermosa la reacción de los niños y niñas dominicanos en Barrio Obrero y doquiera que descubren que su isla envió a una poeta. Sus abrazos reconfirman el poder de la palabra como pasaporte universal al cariño, ese recurso tan escaso en cierta intelectualidad dominicana, y en las oficinas de la mediocridad.

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