¿Por qué Occidente no entiende al presidente que bucea para captar votos?

19

El primer ministro indio, Narendra Modi, a sus 73 años, se colocó el pasado 26 de febrero una escafandra y se sumergió, junto a algunos cámaras, en las aguas del océano Índico. Allí, con su bandera india visible en su enorme escafandra, juntó sus manos y rezó en el sumergido templo perdido hindú de Gujarat. “He vivido unos momentos que recordaré toda mi vida. He buceado dentro de las profundidades del mar para vislumbrar la antigua ciudad de Dwarka (ciudad sagrada del hinduismo) del dios Krishna (…) He sentido su magnificencia y su divinidad en mi corazón“, dijo en las profundidades. Luego, cuando ya salió a la superficie y le retiraron la escafandra, soltó de nuevo mirando a la cámara que “más que valor, he tenido fe”.

El acto supone un gesto más de un Modi que, según muchos analistas, ha decidido romper ya sin disimulos con la tradición secular india. Los padres de la independencia, como Jawaharhal Nehru, o su hija, Indira Gandhi, intentaron siempre mantener un cierto secularismo consagrado en la Constitución que hoy parece diluirse a pasos agigantados. Desde la llegada al poder de Modi, el hinduismo ha empezado a estar muy presente en la vida pública del país. Ahora, a unas semanas de empezar las elecciones democráticas más grandes del planeta, las demostraciones públicas de fe se han situado en el epicentro de la contienda electoral y mezclar rezos con votos es una rutina.

En un acto que muchos consideraron otro guiño de Modi a los ultraconservadores sectores hinduistas, el primer ministro fue a consagrar el Templo hindú de Ram en el estado de Uttar Pradesh, en la localidad de Ayodhya. El templo se ha levantado sobre los cimientos de una mezquita arrasada por hinduistas radicales en 1992 que clamaban que aquel era originalmente un lugar sagrado hindú. Que el mandatario de un país en el que viven más de 200 millones de musulmanes acuda a una ceremonia de ese cargado valor simbólico se ha visto como un giro histórico. ¿Populismo? ¿Un nuevo estado religioso?

La figura de Modi es compleja de entender para Occidente. La mayoría de medios le dibujan como un populista autoritario, lo que contrasta con la enorme popularidad de la que goza en su país y que le ha convertido repetidamente en los últimos diez años en el mandatario con más apoyo popular de todo el planeta. ¿Qué no se entiende?

“Parte de la prensa occidental está anclada en la imagen de Modi de los sucesos de 2002 de Gujarat y no ha podido salir de ahí. Sin embargo, él ha avanzado como persona, digamos que como marca, y ha agregado muchas dimensiones. Dimensiones de inversión, de ser un líder con visión para los negocios, un estadista… Tenga en cuenta que el 27% de los musulmanes vota por el BJP en Gujarat. Todo eso es Modi también. Incluso ha añadido la dimensión internacional con el éxito del G-20 celebrado en el país”, explica a El Confidencial Amitabh Tiwari, analista político indio.

Los sucesos de Gujarat a los que se refiere el investigador fueron unos graves disturbios ocurridos en aquel estado gobernado entonces por Modi. Una turba hindú atacó a la minoría musulmana, ocasionando centenares de muertos. Se le acusó al hoy mandatario indio de haber alentado los ataques, lo que le llevó incluso a tener ​prohibida durante años su entrada en los Estados Unidos.

“Creo que las críticas a la India y a Modi provienen de sectores liberales de Occidente, incluidos académicos y medios de comunicación, que han señalado la calidad decreciente de la democracia y los rasgos autoritarios mayoritarios en la India. Sin embargo, apenas hay críticas por parte de los estados o gobiernos occidentales, incluido Estados Unidos”, responde por su parte Ronojoy Sen, analista e investigador del Instituto de Estudios del Sur de Asia de la Universidad Nacional de Singapur.

Hay desde luego un punto de ruptura evidente entre el análisis de la política desde la visión local y desde la visión exterior. Modi parece una figura que fuera de India no se termina de entender. El desgaste político de diez años de Gobierno no le afecta. Las encuestas le dan de nuevo una aplastante victoria. Su marcado hinduismo, según los sondeos, funciona. “El 42% de los encuestados manifestó admirar a Modi por su decisión de inaugurar un gran templo dedicado a la deidad hindú Ram en Ayodhya”, asegura la agencia Reuters.

¿Hay un problema de coexistencia religiosa en India alentado por el Gobierno de Modi? “El hinduismo es claramente la religión más liberal del mundo. No hay una réplica de la India, donde coexistan tantas religiones, en ningún otro lugar. El cristianismo, los musulmanes, los sijs… y muchas otras religiones coexisten en la India. Y han estado viviendo felices durante mucho tiempo. Ahora, si nos fijamos en el período posterior a la independencia, el porcentaje de población hindú en Pakistán e incluso en Bangladesh, los dos países que se separaron de la India, está en un severo declive. Sin embargo, ese no es el caso de la India. Eso no es posible sin el espíritu del secularismo. Por tanto, la India es un país bastante secular. Los musulmanes viven aquí en paz incluso después de la llegada del Gobierno actual. Incluso, si comparamos datos de disturbios o incidentes religiosos, eso también está disminuyendo. No ha aumentado”, señala Tiwari.

¿Entonces por qué tantas personas con las que yo he hablado estos últimos meses, pertenecientes a esas minorías religiosas, me han manifestado que se sienten perseguidos por el actual Gobierno? “India es un país con muchas castas. El Congreso Nacional Indio (CNI) gobernó India durante más de 50 años. Lo que la mayoría de los hindús sienten ahora es que los votos se estaban dividiendo por castas, lo que favorecía al centrista CNI que gobernaba apaciguando a las minorías y dividiendo el voto hindú. El BJP en 2014 cambió eso y convenció a la mayoría hindú de que no puede seguir viviendo, como dictaban las minorías. Esto ha desembocado en una polarización, como sucede en todo el mundo, ayudada de las redes sociales. Este Gobierno, digamos, no pretende contentar a la minoría como sucedía con los gobiernos anteriores. El BJP ha encontrado su éxito en convencer a la mayoría hindú de tomar el control”, explica Tiwari.

Una opinión parecida tiene el profesor Ronosoy Sen que explica que “la religión o el nacionalismo religioso es uno de los principales factores detrás del éxito del BJP. En estas elecciones, la cuestión del templo de Ram probablemente desempeñará un papel importante durante la campaña electoral. Por supuesto, la economía, los planes de bienestar y la creciente influencia de la India en los asuntos internacionales también son factores que atraen a votantes”.

¿El marcado hinduismo de Modi es una amenaza para el secularismo constitucional? “El nacionalismo hindú agresivo sí es una amenaza. Sin embargo, debemos señalar que el secularismo indio nunca ha tenido un estricto muro de separación entre religión y Estado. Pero dicho esto, no hemos visto nada parecido a la implicación del Estado en cuestiones de religión como vimos durante la reciente consagración del templo de Ram“, concluye Sen, autor de un libro donde trata esos temas titulado Articles of Faith.

El análisis de esta campaña es interesante para poder vislumbrar el futuro político que se impondrá en la que quiere ser la próxima superpotencia. Lo que funciona se copia, y la carta de zarandear el hinduismo parece vencedora. “Muchos partidos regionales y el propio CNI han optado por disminuir la presencia de las minorías en sus candidaturas. Se han dado cuenta de que no pueden hacer política sin el apoyo de ese 80% de la población hindú“, explica Tiwari.

“Desde innumerables visitas a templos hasta el estudio de los Upanishads y el Gita (textos sagrados hindús), Rahul Gandhi, líder del CNI, ha tratado de pulir sus credenciales hindúes desde 2014. En el proceso, ha intentado replicar los mensajes del BJP sobre su ‘hinduidad’ política, pero sin mucho éxito”, señala un artículo del periódico India Express que habla de ese intento de giro del líder opositor para no regalar al BJP todo el voto nacionalista.

El Congreso, en todo caso, se negó a acudir a la inauguración del Templo de Ram, lo que el BJP ha usado para acusarle de partido “anti hindú”. Desde el partido opositor se defendían recordando que “la religión es una cuestión personal”. ¿Lo es realmente? No parece que eso sea así en la actual India ni que vaya a serlo en un futuro próximo. El mandatario buceador ha encontrado una fórmula, que entremezcla patria y credos en un país que no para de crecer económicamente. La receta parece invencible.

Quizá no es que los sectores académicos y mediáticos occidentales no entienden a Modi, quizá la brecha sea que la mayoría de los indios le entienden perfectamente y sencillamente apoyan sus decisiones.

El primer ministro indio, Narendra Modi, a sus 73 años, se colocó el pasado 26 de febrero una escafandra y se sumergió, junto a algunos cámaras, en las aguas del océano Índico. Allí, con su bandera india visible en su enorme escafandra, juntó sus manos y rezó en el sumergido templo perdido hindú de Gujarat. “He vivido unos momentos que recordaré toda mi vida. He buceado dentro de las profundidades del mar para vislumbrar la antigua ciudad de Dwarka (ciudad sagrada del hinduismo) del dios Krishna (…) He sentido su magnificencia y su divinidad en mi corazón“, dijo en las profundidades. Luego, cuando ya salió a la superficie y le retiraron la escafandra, soltó de nuevo mirando a la cámara que “más que valor, he tenido fe”.

Leave A Reply

Your email address will not be published.