Una región alemana requiere “reconocer el Estado de Israel” para conceder la nacionalidad

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Hace unos días, el estado alemán de Sajonia-Anhalt incluyó una prerrogativa para obtener el pasaporte alemán: todos los solicitantes de asilo deben firmar una declaración que avale el derecho de Israel a existir. En Bélgica, la Oficina de Inmigración belga ha agilizado los trámites para revocar la nacionalidad de los niños con padres palestinos nacidos en el país. Estos dos ejemplos muestran cómo poco a poco las ramificaciones del atentado de Hamás y la posterior invasión israelí de Gaza tocan ya las oficinas de inmigración en Europa.

Demostrar conocimientos sobre la historia, la cultura, el funcionamiento de las instituciones o jurar la Constitución son condiciones sine qua non a la hora de recibir la ciudadanía alemana. Pero a partir de ahora, cualquier persona que registre una solicitud para obtenerla en el estado de Sajonia cuenta con un requisito más: comprometerse a “condenar cualquier acción en contra de la existencia del Estado de Israel”. Los atentados de Hamás del 7 de octubre no solo dejaron en shock y bajo trauma al pueblo israelí, sino que, tras el peor ataque contra judíos desde la Shoá, también han reavivado los fantasmas del Holocausto en Alemania.

“Condenar cualquier acción en contra de la existencia del Estado de Israel”

“Todo aquel que quiera obtener nuestra nacionalidad debe ser consciente de la responsabilidad histórica especial que tiene Alemania. Puede no ser el caso en otros países de la UE, pero sí es el nuestro. No es suficiente con decirlo, hay que avalarlo con hechos“, ha detallado Tamara Zieschand, ministra de Interior de Sajonia, en declaraciones a la cadena alemana Deutsche Welle. En Berlín, la defensa de Israel no es negociable. Es una cuestión de Estado nacional. Incluso existe una palabra para ello: Staatsräson. La ambición del democristiano Reiner Haseloff, ministro-presidente sajón, es extrapolar esta medida al conjunto de las 16 regiones, aunque en última instancia se trata de una decisión de cada Lander. Sajonia fue, precisamente, el estado en el que hace cuatro años se produjo un intento de atentado en la sinagoga de Halle durante la festividad del Yom Kipur, un evento que conmocionó a toda la población. Es también la región donde la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) se encuentra a la cabeza en todas las encuestas.

Ahora será el Tribunal Constitucional el llamado a dirimir si es una medida legal. Por lo pronto, fuera de las filas de la CDU, la iniciativa ya levanta polvo entre la clase política, que alega amenazas a la libertad de expresión. Varios son los políticos pertenecientes a los tres partidos del Gobierno —socialdemócratas, verdes y liberales— que han expresado sus preocupaciones por que la decisión azuce las tensiones sociales o aumente la polarización en unas calles agitadas y divididas. Durante el primer mes de guerra, los episodios antisemitas en el país se dispararon un 320% en comparación con el mismo periodo del año anterior, según una estimación revelada por Rias.

“Doble castigo para las víctimas”

El diario belga l’Écho revelaba la semana pasada que la Secretaría de Estado de Asilo e Inmigración había incrementado las notificaciones a las familias palestinas residentes en Bélgica, advirtiéndoles de que las autoridades eliminarán del registro nacional a sus hijos, revocándoles el carné de identidad. Unas cartas que llegaron con más volumen a las regiones de Amberes, Lieja, Bruselas y Flandes.

La medida arriba con las tensiones sobre la guerra en Gaza a flor de piel. Aunque las autoridades belgas han desvinculado la decisión de la contienda, el diputado Nabil Boukiki ha denunciado que “se trata de un doble castigo para las víctimas de la guerra” y ha pedido al Ejecutivo que lidera Alexander de Croo que ponga fin a esta práctica. “Las cartas de la Oficina de Inmigración a los municipios para retirar la nacionalidad a los palestinos que tienen hijos es lo más deleznable que he leído desde el inicio de mi mandato. Abyecto, ilegal, incomprensible”, ha reaccionado el diputado Simon Moutquin a través de la red social X.

La ONU ha denunciado que Gaza se ha convertido en “un cementerio” de niños. Tras el 7 de octubre, día del atentado de Hamás en suelo hebreo, han perdido la vida en la Franja más de 7.000 niños. “Tiene que haber alguna alternativa de combatir a Hamás, debe haber moralmente una alternativa a la muerte de tantas personas inocentes, entre ellos, tantos niños. Lo que estamos viendo no es algo que podamos justificar desde el punto de vista de la necesidad de erradicar a Hamás“, denunciaba el martes Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, desde el pleno de Estrasburgo.

Una de las justificaciones que airea la Oficina de Inmigración belga es que la población palestina que vive en la UE se asienta en Bélgica con el objetivo de tener hijos y beneficiarse de la reagrupación familiar. Los palestinos constituyen la tercera nacionalidad que más solicita asilo en Bélgica. La medida está siendo muy polémica. Legisladores, organizaciones de derechos humanos o abogados están alzando la voz contra ella. Alegan que la Oficina de Inmigración no tiene competencias a la hora de dirimir quién puede o no obtener la nacionalidad. Con el pueblo palestino, se añade otro elemento. Bélgica no reconoce a Palestina como un Estado independiente y soberano. Por lo tanto, revocar la nacionalidad de los niños palestinos se traduciría en convertirlos en apátridas. Un escenario que podría entrar en conflicto con la legislación belga o con las convenciones internacionales de los menores.

Las primeras reacciones de miembros del Gobierno no se han hecho esperar. “Los niños palestinos nacidos en Bélgica nunca deberían convertirse en apátridas. Tienen derecho a la protección. Especialmente ahora que hay guerra en la tierra natal de sus padres”, ha reaccionado la viceprimera ministra, Petra De Sutter, que es una de las voces dentro del Ejecutivo más firmes con la respuesta de Israel en Gaza.

En los dos meses de guerra, han fallecido más de 18.000 palestinos en la Franja, según las autoridades del enclave. Entre el 60% y el 70% son civiles. “La nacionalidad belga de los niños nacidos de padres palestinos no se les puede quitar cuando Gaza es arrasada por los bombardeos. En tiempos de guerra, no hay objeciones al derecho de protección de los niños palestinos. Hay una realidad administrativa, pero el interés del niño está por encima”, ha afirmado De Sutter en declaraciones a Radio 1.

Durante los primeros compases de la guerra en Tierra Santa, Borrell ya advirtió del peligro de que la contiende derive en un conflicto entre el mundo musulmán y el cristiano. Una mezquita de Bruselas amaneció esta semana con un hueso de cerdo junto al cartel “regalo para los musulmanes” y las autoridades reconocen que los actos de islamofobia se están multiplicando.

Hace unos días, el estado alemán de Sajonia-Anhalt incluyó una prerrogativa para obtener el pasaporte alemán: todos los solicitantes de asilo deben firmar una declaración que avale el derecho de Israel a existir. En Bélgica, la Oficina de Inmigración belga ha agilizado los trámites para revocar la nacionalidad de los niños con padres palestinos nacidos en el país. Estos dos ejemplos muestran cómo poco a poco las ramificaciones del atentado de Hamás y la posterior invasión israelí de Gaza tocan ya las oficinas de inmigración en Europa.

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