Alemania recoge cable (eléctrico): el partido de Merkel pide resucitar la energía nuclear

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En una de sus últimas entrevistas como canciller de Alemania, Angela Merkel defendía uno de los legados más importantes de sus 16 años de mandato: acelerar el cierre definitivo de las centrales nucleares del país. “Sigo creyendo que, a largo plazo, la energía nuclear no es una forma sostenible de producción de energía”, afirmaba en julio de 2021 a Associated Press. También tenía claro que se trataba de una decisión irreversible y que ningún gobierno futuro daría marcha atrás al apagón de los reactores alemanes. “La suerte está echada”, sentenciaba.

Sin embargo, poco más de dos años después de su salida del poder, el partido de Merkel ha manifestado oficialmente su deseo de revertir el fin de la energía nuclear en el país. La Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) ha presentado este lunes el primer borrador de su nuevo programa político, que sustituirá al último, publicado en 2007, y que se titula “Vivir en libertad. Conducir a Alemania hacia un futuro seguro”. El documento de 70 páginas plantea, junto a otras medidas como el endurecimiento de la política migratoria o el impulso de la cultura alemana, la necesidad de resucitar los reactores del país, los cuales fueron apagados definitivamente por el actual Gobierno de Olaf Scholz el pasado 15 de abril.

Alemania no puede prescindir actualmente de la opción de la energía nuclear“, sentencia el documento. Aunque el partido sigue defendiendo la ampliación significativa de las energías renovables, considera que éstas no serán suficientes para lograr un suministro energético seguro y asequible. “Por lo tanto, nuestro país seguirá necesitando diversas tecnologías cuando no haya viento y el sol no brille”, incluyendo la nuclear.

La CDU cristaliza así un cambio en su postura que había cobrado impulso desde el progresivo cierre del grifo de gas ruso hacia Europa que precedió al inicio de la invasión a gran escala de Ucrania ordenada por Vladímir Putin. Confrontada con la práctica desaparición de su principal suministro energético, Berlín ha tenido que hacer malabarismos y afrontar dolorosos recortes en su producción industrial para surfear la crisis. Durante este proceso, numerosas figuras destacadas del CDU, de su aliada conservadora Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) y del Partido Democrático Libre (FDP, miembro de la coalición de Gobierno) han pedido una reversión de la eliminación gradual de la energía nuclear. Sin embargo, el partido democristiano seguía sin posicionarse oficialmente al respecto.

Como explica a El Confidencial Thomas Pellerin-Carlin, director del Programa Europa del Institute for Climate Economics (I4CE), el debate interno en el seno de la CDU respecto a la energía nuclear no supone una novedad. “Antaño, la posición mayoritaria dentro de la CDU era que los beneficios económicos de mantener en funcionamiento las centrales nucleares superaban el coste electoral”, señala el experto en materia energética. “Por ejemplo, en 2010, la CDU apoyó el aplazamiento de 5 a diez años del cierre de algunas centrales nucleares, pero la propuesta fue retirada en 2011 después de que el accidente de Fukushima movilizara nuevamente al público alemán contra la energía nuclear”, recordó.

El giro del partido durante la era Merkel, especialmente tras la calamidad japonesa, no fue una sorpresa. El movimiento contra la energía nuclear ha sido, durante décadas, uno de los movilizadores más potentes de la opinión pública germana. Uno que, pese a suponer la razón de ser del Partido Verde, cuenta con una considerable transversalidad política. “Hay una parte de los votantes alemanes de centroderecha que tienden a votar por la CDU o por los Verdes. Una hipotética posición pronuclear de la CDU corre el riesgo de alienar a esos votantes”, señala Pellerin-Carlin.

Pero el nuevo cambio de rumbo también viene de la mano de un derrape similar entre las preferencias de los votantes alemanes. En una encuesta publicada por la emisora ​​pública ARD el pasado mes de abril, poco antes del cierre de los últimos tres reactores nucleares en activo del país, alrededor del 59% de los encuestados afirmaba que se trataba de una decisión incorrecta, mientras que solo un el 34% la respaldaba. Entre los votantes del CDU/CSU, las cifras llegaban a un 90% de rechazo, según otros sondeos anteriores.

Un futuro todavía lejano o inexistente

La postura energética de los democristianos, no obstante, tardará tiempo en transformarse en políticas concretas y es posible —incluso probable— que nunca lleguen a cuajar. En primer lugar, la CDU debería ganar las elecciones que se celebrarán dentro de dos años (probablemente en septiembre de 2025) y después encontrar socios de coalición que también apoyen el retorno de la energía nuclear. Los liberales del FDP son los aliados más evidentes en esta materia, pero las últimas encuestas muestran a este partido por debajo del umbral del 5% necesario para estar representado en el Bundestag. La única formación restante es Alternativa para Alemania (AfD), pero, como indica el analista de I4CE, “pensar en un partido de extrema derecha codirigiendo un gobierno alemán es una hipótesis difícil que va mucho más allá del factor nuclear”.

También existen importantes limitaciones económicas. Incluso si el reinicio de algunas de las plantas existentes resultara viable, el costo sería elevadísimo. Muchos de los trabajadores alemanes que eran empleados de una central nuclear ya han encontrado otro trabajo o se han jubilado, por lo que traerlos de vuelta requeriría de una renegociación salarial que multiplicaría los costos operativos. Por otra parte, la construcción de nuevos reactores en el país requeriría de un compromiso político que iría mucho más allá de una sola legislatura pro nuclear, dado que supone un compromiso que se extenderá durante décadas.

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El retorno de la Alemania nuclear, por lo tanto, sigue siendo uno lejano o inexistente. El mismo lunes en el que se ha anunciado el cambio de postura de la CDU, el ministro de Energía de región de Baja Sajonia, Christian Meyer, emitía el primer permiso de desmantelamiento de la central nuclear de Grohnde, que antaño fue la más productiva del planeta y que cerró sus puertas el 31 de diciembre de 2021. “La central nuclear de Grohnde no volverá a funcionar nunca más y ahora será desmantelada pieza por pieza”, afirmaba el político del Partido Verde. “La energía nuclear es cara, no es necesaria y el problema de los residuos nucleares aún no está resuelto”, agregó. Mientras el debate crece, los reactores callan.

En una de sus últimas entrevistas como canciller de Alemania, Angela Merkel defendía uno de los legados más importantes de sus 16 años de mandato: acelerar el cierre definitivo de las centrales nucleares del país. “Sigo creyendo que, a largo plazo, la energía nuclear no es una forma sostenible de producción de energía”, afirmaba en julio de 2021 a Associated Press. También tenía claro que se trataba de una decisión irreversible y que ningún gobierno futuro daría marcha atrás al apagón de los reactores alemanes. “La suerte está echada”, sentenciaba.

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