Santiago enamora

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Más bien, te enamoras de ella, la Ciudad Corazón. “…estás siempre latiendo latiendo”. Sus calles primigenias suben y bajan partiendo de una colina monumental, florida y entusiasta, como sus primeros años de luchas y glorias restauradoras. Primaverales, encantadores en tanto canteras de ensueños.

Embrujo en medio de redes montañosas, desafiantes y acogedoras. Verdes, azules, infinitas. Senderos devenidos en cerros presumidos, como los de Gurabo, emprendimiento de la serpenteante, dulce y alegre ruta que nos lleva a un feliz e inevitable encuentro con la Novia del Atlántico.

Del otro lado, escarpadas elevaciones salpicadas de múltiples corrientes de agua que te acercan y te dejan en Jánico, Baitoa o San José de las Matas, indistintamente.

Lugares obligados, como Bader y un par más, salvan ese sentido de pertenencia que rescata lo que hay de auténtico y natural en cada uno de nosotros. Pocos sitios atesoran aún este valor.

Particularidades tales que destacan méritos en esta nuestra capital económica. Estirpe, flor y nata, de una casta productiva cuya trascendencia va más allá de renglones puntales, como el tabaco -relevantes muestras del apogeo que resalta los roles productivos de Tamboril y Villa González-, con sus altamente competitivas marcas cigarreras.

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No podemos perder de vista sus originales lugares concéntricos donde confluyen culturas, religiones, autoridades y la singular cotidianidad de esta “campiña cibaeña bañada por las aguas de un Yaque dormilón”. 

Muestra reveladora de la preservación de una hidalguía y estirpe activa y presente en Santiago de los 30 Caballeros.

La primera de América. Casco antiguo que preserva cualidades pueblerinas, acaso provincianas, que se prolonga por toda la urbe en su aire apacible, -tranquilo- y cálido a la vez. Ajeno a prisas y presiones propias del modernismo y las demandas económicas de las grandes ciudades.

 Pasarela en coche puede ser todavía un poema, una experiencia irrepetible. Humana, como no ha dejado de ser, Santiago sigue “latiendo latiendo como un corazón”.  Razones de más para enamorarte y dejarte atrapar.

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