Inteligencia artificial y la puja por el dominio mundial

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La inteligencia artificial (IA) se coló en este 2023 en la cotidianidad de la humanidad. No hay tema o coyuntura en el que no haya estado presente un término que si bien tiene una aproximación positiva por todo lo benéfico que significa hoy y a futuro para diferentes industrias y aspectos de nuestra vida, tiene un halo de incertidumbre y tufillo de que algo no está bien.

Estamos hablando de tecnologías ‘generativas’ que se lanzaron hace un poco más de un año y que durante todo el 2023 detonaron ante la maravillosa promesa de “hacer cosas como si fueran mentes humanas”.

La inteligencia artificial generativa es capaz de crear contenidos en texto, audio y video, basada en modelos básicos predeterminados que además aprenden a medida que se usan e interactúan con humanos.

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El estado actual del desarrollo de esta tecnología aún cuenta con una amplia incidencia humana de supervisión, en tanto los algoritmos requieren de guía precisa, de que les delimiten y detallen muy bien requerimientos (lo que se denomina prompt) para generar las respuestas y contenidos.

Es deber de las naciones democráticas liderar el desarrollo de la IA frente a China y Rusia. Quien domine esa tecnología, controlará al mundo

Gracias a la infraestructura de procesamiento en la nube, la inteligencia artificial generativa, como ChatGPT, la más famosa, es capaz de responder solicitudes a velocidades impresionantes. Puede incluso ‘actuar’ como experta en un tema, asumir el rol de una profesión, a la hora de responder.

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Y eso es lo que tiene maravillado al planeta entero: la fastuosa velocidad en la que ChatGPT, por ejemplo, puede analizar más de 300.000 millones de palabras para generar un texto; o que Stable Difusión contrasta más de 10.000 millones de parámetros para crear imágenes a partir de pedidos en lenguaje natural, por mencionar apenas dos de las más populares plataformas de inteligencia artificial generativa.

Pedirle a una pantalla que haga algo sin necesidad de líneas de código, sino como se lo diríamos a un amigo en nuestro lenguaje natural es la magia central de la IA.

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Inteligencia Artificial

Inteligencia Artificial.

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iStock

Este escalón del desarrollo de la inteligencia artificial proviene de la madurez de otras tecnologías como el big data y la nube.

Impresionante y potente, sí, pero aún básica y lejana del verdadero miedo que se ha tomado al planeta entero: ¿qué tan cerca estamos de la inteligencia artificial general, esa sí similar a la humana, capaz de funcionar, pensar y decidir de manera autónoma? ¿Supondría dicha tecnología, por tanto, un peligro para la supervivencia de la humanidad, como lo han dicho incluso expertos que ayudaron a desarrollar los algoritmos actuales?

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De la ‘singularidad’ a ‘Skynet’

En términos precisos, las primeras ideas de que una tecnología pudiera emular la inteligencia humana nacieron en la Segunda Guerra Mundial. Específicamente, cuando Alan Turing logró con ayuda de un algoritmo matemático descifrar el código nazi de comunicaciones, detallado en la famosa película El código enigma.

En los años 60 se acuña el concepto de inteligencia artificial y se crean los primeros programas capaces de responder en lenguaje natural.

Para los 60 y 70, con los primeros computadores, y el concepto de grandes centros de datos en los 80 y 90, se logró la tecnología de procesamiento suficiente para que naciera, por ejemplo, Deep Blue, de IBM, la primera inteligencia en lograr cosas maravillosas como batir a campeones mundiales de ajedrez.

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Elon Musk

Elon Musk.

A hoy, el poder de la tecnología ha habilitado una potencia computacional suficiente para lograr tecnologías capaces de procesar millones de datos y crear respuestas altamente precisas en milisegundos.

La revolución encontró en DeepMind, la primera empresa realmente exitosa de tecnología de inteligencia artificial y origen de la gran disputa que hoy existe entre líderes tecnológicos, gigantes digitales y países enteros por dominar no solo el prominente negocio que será la inteligencia artificial, sino la utopía de querer controlarla y evitar las apocalípticas previsiones de que algún día superará al ser humano y las máquinas se irán contra sus creadores.

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Fue en 2010 cuando se formó la compañía DeepMind. Sus creadores tenían la fe de que su tecnología salvaría al mundo del cáncer, el cambio climático y otros grandes problemas, al tiempo que lograrían mitigar los riesgos y peligros de la inteligencia artificial.

Fue Google la que se quedó con la empresa tras duras pujas y exigencias de sus creadores: que nunca se usara la tecnología para fines militares y que estuviera fiscalizada por una junta independiente de expertos técnicos y éticos, la cual sesionó una única vez.

Elon Musk invirtió en DeepMind, pero sin control o decisión. Sus desavenencias con Larry Page de Google se hicieron profundas: el de Tesla vaticinando apocalipsis, Page diciendo que exageraba. En las primeras demostraciones de DeepMind a través de AlphaGo, la primera máquina de IA, generaron las primeras grandes preocupaciones: ¿puede la IA destruir millones de empleos o incluso afectar la subsistencia de la humanidad?

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CEO

Largy Page.

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iStock/ EFE

Nace el concepto de ‘singularidad tecnológica’, que habla del momento en que los humanos sean superados por máquinas inteligentes que pueden ser incluso combinaciones biológicas: personas a las que se les incorpora un chip que les hace más inteligentes y fuertes.

Producto de la pelea entre Elon Musk y Larry Page de Google nace Open AI en 2015, junto a Sam Altman, empresa dueña de ChatGPT, entre otras, y que en días pasados vivió una novela digna de serie de Netflix por el mismo tema: las diferencias entre un CEO (Altman) que quiere un desarrollo más libre y sin tanta restricción de las tecnologías versus una junta directiva que lo despidió porque quiere fiscalizarlo todo para asegurarse de que los riesgos de la tecnología estén controlados por encima del dinero.

Ahí va la pelea entre los cerebros y expertos de la inteligencia artificial: entre ‘catastrofistas’ o ‘especistas’, que pretenden un desarrollo en extremo controlado de la tecnología y que jamás atente contra la especie humana; y del otro lado los ‘evolucionistas’, que insisten en que se puede controlar y cuidar el avance de una tecnología, pero al tiempo hacerlo a gran velocidad para que cumpla con su misión de solucionar los grandes problemas y enigmas de la humanidad.

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ChatGPT

Producto de la pelea entre Elon Musk y Larry Page de Google nace Open AI en 2015, junto a Sam Altman, empresa dueña de ChatGPT,.

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Archivo EL TIEMPO

IA y geopolítica

La lucha por los riesgos de la inteligencia artificial tuvo su peor momento en marzo de este año cuando expertos del tamaño de Elon Musk y Steve Wozniak, cofundador de Apple, pidieron en una carta que se considerara detener el desarrollo de ChatGPT4 por unos meses mientras se analizaban sus implicaciones y sobre todo se revisaba y acordaba un plan de control ético del avance de estas tecnologías.

En mayo, por su parte, el llamado ‘padrino de la inteligencia artificial’, Geoffrey Hinton, abandonó Google mientras advertía de importantes riesgos de tecnologías “que se hacían más inteligentes que nosotros” y del descontrol de plataformas que podrían alentar la desinformación en internet y “destruir” millones de empleos.

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Eric Schmidt, expresidente de Google, señaló en ese momento que la salida de Hinton fue una exageración mediática y que, al contrario, la inteligencia artificial generará una saga de nuevos empleos y necesidades de talento humano.

Estas preocupaciones por el impacto negativo que podría tener la inteligencia artificial se han elevado al campo geopolítico. Desde las dudas por la pérdida de empleos, pasando por las discusiones alrededor de la propiedad intelectual, hasta graves señalamientos de que podríamos estar alentando a plataformas que luego condenarían al futuro y subsistencia misma de la humanidad, han sido motivo de discusión e iniciativas multilaterales que apuntan al control de las naciones sobre la tecnología.

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Un artículo del experto Jeongki Lim publicado por las Naciones Unidas, reconoció el inmenso potencial y beneficio que significará la IA para el desarrollo y bienestar de la humanidad, no sin antes reconocer que “existe un malestar inherente al hecho de interactuar con un objeto inanimado que actúa como un ser humano. Cuando miramos caras sintéticas generadas por IA surge una reacción invariablemente negativa conocida como ‘valle inquietante’ que confunde nuestro sentido de lo que es real”.

La entidad multilateral ha llamado a “incluir la voz de la comunidad global” en el desarrollo de la inteligencia artificial, toda vez que si impacta a todo el mundo, pues entonces todo el mundo debe tener espacio en su consolidación.

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Boda mujer e IA

La artista afirma que no busca remplazar las relaciones convencionales

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Instagram: @hybridcouples

El presidente Joe Biden a finales de octubre emitió una orden ejecutiva que conmina a las empresas, todas vinculadas con la promoción de esta tecnología, a hacer parte de una gran política nacional de gestión, monitoreo y control del desarrollo de la IA.

Se exige transparencia e información precisa de avances, pruebas, experimentos y revisión de productos antes de lanzarse al mercado, con la intervención de varias agencias del Gobierno que tienen la misión de crear ‘salvaguardas’ que garanticen a la humanidad ‘un botón de apagado’ de la IA en caso de riesgo.

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Europa, por su parte, justo la semana pasada, comenzó las reuniones ordenadas por el Consejo con el Parlamento y la Comisión y ya existe un primer borrador de acuerdo con las que serán las primeras normas de control y gestión del uso de la IA en los países de la Unión.

El documento indicará los límites en su aplicación, uso, los campos donde se esperan ayude a mejorar la salud, combatir el terrorismo y optimizar el bienestar. También dónde no debe aplicarse y cómo evitar un descontrol que ponga en riesgo a los ciudadanos.

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Pero ¿China, Rusia o Corea del Norte también están desarrollando sistemas de inteligencia artificial? En abril de este año, en una reunión en Dublín sobre ciberseguridad, se escucharon voces de preocupación refiriéndose a este tema.

El secretario de Estado de Seguridad británico, Tom Tugendhat, señaló que “es deber de las naciones democráticas” liderar el desarrollo de la IA frente a China y Rusia. Según él, Vladimir Putin tiene “un interés estratégico en la IA y ha dicho que quien domine esa tecnología, controlará al mundo”.

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China, dijo Tugendhat, “con sus vastos centros de datos y su feroz determinación es un rival fuerte” en la carrera por el liderazgo de la inteligencia artificial, tecnología que será determinante en materia de dominancia global.

La inteligencia artificial, el personaje internacional del año sin duda en este 2023, nos plantea un futuro enigmático: prometedor en cuanto a avances y maravillosas soluciones, pero también un vacío y miedo de saber si la humanidad está, tal vez, forjando a su verdugo del futuro.

JOSE CARLOS GARCÍA
EDITOR MULTIMEDIA
EL TIEMPO

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