Besando secuestradores: lo que el (no) síndrome de Estocolmo de los rehenes de Hamás te dice sobre la guerra

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Una chica se despide antes de subirse a la parte trasera de una furgoneta lanzando un beso al aire mientras sonríe. Otra mujer, tras ella, regala varios abrazos y copia los movimientos de la joven. Así lo hacen al menos otras seis personas más. ¿Una cálida despedida entre amigos? No, son imágenes de la liberación de rehenes de Hamás —secuestrados tras el ataque del pasado 7 de octubre sobre suelo israelí— antes de partir de vuelta a casa con los equipos del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) a través del Paso de Rafah, en la frontera con Egipto.

Tras siete días de tregua entre los combatientes de las Brigadas de Ezzeldin Al-Qassam, el brazo armado del Gobierno de la Franja de Gaza, y las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés), los bombardeos y los combates en la Franja de Gaza han vuelto al curso establecido en estos 51 días de combates. Durante esta pausa, se han liberado más de 100 prisioneros como parte del acuerdo entre los dos bandos y otros 140 rehenes permanecen cautivos en Gaza. Desde el lado israelí, se han excarcelado a 150 palestinos imputados por su relación con Hamás y otros grupos extremistas.

Qatar, Egipto y Estados Unidos, que han desempeñado un papel clave como mediadores, buscaban prolongar la tregua más días. Sin embargo, Israel ha reanudado su feroz ofensiva, destinada a aplastar a Hamás. Así ha sido: Israel ha atacado más de 200 objetivos del gobierno palestino, tan solo durante el día de ayer.

“Las IDF rescatarán a nuestros rehenes, desmantelarán a Hamás y lo harán minimizando el daño a los civiles”, dijo el teniente coronel Richard Hecht. Pero hasta que en la mesa de negociaciones no se vuelva a acordar una nueva tregua, ningún rehén más será liberado.

Un hecho anecdótico en esta fugaz tregua han sido las muestras de afecto de los rehenes hacia los miembros de las Brigadas de Ezzeldin Al-Qassam, identificados con una cinta verde atada a la cabeza y fusiles de asalto. ¿Síndrome de Estocolmo? Más bien una estrategia de comunicación militar y política. En el milenario libro militar El arte de la guerra (Sun Tzu) la lección número 42 explica las ventajas de tratar a los prisioneros con respeto. “Los soldados enemigos deben saber que si los capturas los tratarás bien y que incluso pueden beneficiarse de cambiar de bando”. En este caso, no han sido tropas apresadas, sino civiles. “Gánate una buena reputación por tu trato justo a los prisioneros de guerra”, continua el escrito.

Israel, al contrario, ha protagonizado numerosas imágenes vejando, golpeando y amedrentando a prisioneros palestinos de Cisjordania y Jerusalén. En muchos de estos videos se puede ver como los soldados de las IDF colocan banderas israelís sobre sus presos y les obligan a cantar canciones en favor del Estado hebreo. Además de numerosas pruebas de violencia física difundidas en los canales de Telegram afines a las fuerzas israelís.

En esta derrota narrativa se empiezan a buscar culpables. Una de las críticas que se ha despertado dentro del Gobierno de unidad nacional, decretado de emergencia y presidido por Benjamin Netanyahu, ha sido la caída del Ministerio de Información durante la batalla de Israel por la opinión pública en el escenario mundial. Los miembros reconocen que es precisamente durante tiempos de guerra cuando Israel ha carecido de una coordinación adecuada para las relaciones públicas después de que Netanyahu creara un ministerio para la saliente Galit Distel-Atbaryan. También pusieron en duda al Ministerio de Relaciones Públicas de Israel y su manejo durante la guerra en curso con Hamás y reconocieron que el plan de relaciones públicas no funcionó como se esperaba.

La guerra por la opinión pública

En la guerra por la opinión pública y narrativa en la que se han involucrado ambos bandos, cada imagen, acto y gesto cuenta. Una de las estrategias que se han utilizado por parte de Hamás es retratar los innegables crímenes contra la población civil cometidos por las IDF. Gracias a estas imágenes se contextualiza la violencia de Israel sobre Palestina, lo que conlleva la pérdida de apoyos internacionales, como las divisiones internas que se han producido en las últimas semanas por parte de los funcionarios estadounidenses sobre el apoyo o no a Israel.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, que se reunió el jueves con el primer ministro israelí y otros altos funcionarios en su tercera visita a la región, dijo que si Israel reanuda la guerra y actúa contra el sur de Gaza para perseguir a Hamás, debe hacerlo “de conformidad con el derecho internacional humanitario” y debe tener “un plan claro” para proteger a los civiles. Dijo que los líderes israelíes entendieron que “los niveles masivos de vida civil y la escala de desplazamientos que vimos en el norte no deben repetirse en el sur”.

La liberación de rehenes es una de esas estratagemas, no sin que las muestras de cariño sean verídicas: “Creo que los rehenes dan esas muestras de afecto porque los han tratado bien. Mientras caían las bombas durante tres semanas seguidas, sus captores los han protegido, han cuidado de ellos… y eso crea quieras o ni quieras un cierto afecto”, explica a El Confidencial, un analista en estrategia de comunicación, que ha preferido no revelar su identidad. “Es una reacción humana tras un shock traumático. Han estado años escuchando que Hamás era el demonio y ahora están vivos gracias a ellos”.

Por su parte, Israel ha proporcionado pruebas gráficas y testimonios que contrarrestan la versión de Hamás. La hija de Aviva Siegel, que fue devuelta del cautiverio, asegura: “Mi madre pasó 51 días de infierno. Sé que no volvió como siempre”. El gobierno israelí también añade sobre los testimonios de los rehenes liberados que han regresado traumatizados y que han pasado estos casi dos meses sin medicinas, sin duchas, sin cambiarse de ropa, casi sin comida, mientras los terroristas les prohibían hablar.

En este rompecabezas de emociones y testimonios, certificar cuál de los dos está en lo cierto es complicado. No por dudar de las dos versiones, que cualquiera de ellas puede ser cierta, sino porque ambos bandos desde que comenzó el conflicto han cruzado afirmaciones en numerosas ocasiones, como en el caso del Hospital Al-Shifa, en el que murieron más de 400 personas, según el Ministerio de Sanidad, controlado por Hamás.

Una chica se despide antes de subirse a la parte trasera de una furgoneta lanzando un beso al aire mientras sonríe. Otra mujer, tras ella, regala varios abrazos y copia los movimientos de la joven. Así lo hacen al menos otras seis personas más. ¿Una cálida despedida entre amigos? No, son imágenes de la liberación de rehenes de Hamás —secuestrados tras el ataque del pasado 7 de octubre sobre suelo israelí— antes de partir de vuelta a casa con los equipos del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) a través del Paso de Rafah, en la frontera con Egipto.

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