El laboratorio de ideas francés para luchar contra la inflación

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¿Ha tenido la desagradable impresión de que algunos productos que compra en el supermercado traen menos cantidad? No es solo una sensación, de hecho, tiene un nombre “Shrinkflation” (reduflación): es una práctica de marketing que consiste en enmascarar la subida de los precios de los productos reduciendo las cantidades en envases similares al mismo precio de venta. El gobierno francés se dispone a prohibirla a través de un proyecto de ley que presentará en octubre.

“Es una estafa, es indignante”, declaró el ministro de Economía, Bruno Le Maire, el jueves 7 de septiembre, refiriéndose a la “shrinkflation”. “Recibes menos y pagas más. Esto siempre ha existido, pero la práctica se está multiplicando. Es inaceptable”, insistió.

“Habrá una disposición que obligue a los fabricantes a mostrar la reducción del contenido de forma muy visible cuando mantengan el mismo envase“, aseguró el jueves. Los supermercadistas parecen de acuerdo. El director general de Carrefour, Alexandre Bompard, anunció que “a partir del lunes” sus tiendas expondrían productos con “shrinkflation” con la indicación “Este producto ha visto reducido su envase y aumentado su precio”.

Carburante a pérdida

Otra de las pistas estudiadas por el gobierno para combatir la inflación es el carburante. Tras la limitación del precio de la gasolina y del coste en el surtidor para seguir el ritmo de la inflación, el Gobierno ha roto un tabú que tiene 60 años: permitir la venta a pérdida durante seis meses.

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“Entrará en vigor a principios de diciembre, espero que el 1 de diciembre, porque el proyecto de ley (sobre las negociaciones comerciales entre productores y distribuidores) será examinado por la Asamblea Nacional a principios de octubre“, declaró el lunes en France 2 el ministro de Economía y Hacienda, Bruno Le Maire.

La venta por debajo del coste está prohibida en Francia desde 1963 y dista mucho de contar con un apoyo unánime, aunque se ha planteado en varias ocasiones como forma de hacer frente a la inflación.

Si se adopta la medida, la cuestión será saber cuántas estaciones de servicio se acogerán a ella, ya que es difícil imaginar que las estaciones independientes vendan su principal fuente de facturación con pérdidas, a diferencia de los supermercados, que utilizan la gasolina para atraer clientes a sus estanterías.

Cocina en las escuelas

Menos consensual aún para combatir la inflación es la iniciativa de la ministra delegada francesa a cargo de las Pymes, el Comercio y la Artesanía, Olivia Grégoire, quien se dijo ser favorable a que vuelvan las clases de cocina en la escuela para luchar contra la inflación.

“Creo (…) que debemos enseñar a cocinar productos en bruto de nuevo para evitar comprar ‘preparados’, más caros”, dijo Grégoire al periódico Sud-Ouest, respondiendo a una pregunta sobre la inflación y sus consecuencias en las familias. “Es necesario que las clases de cocina vuelvan a la escuela”, agregó en esta entrevista publicada el sábado, reivindicando la “pequeña cocina de la vida cotidiana”.

Los precios de los alimentos siguen siendo uno de los principales impulsores de la inflación en Francia, según las últimas cifras del jueves del instituto de estadística (11,2% el mes pasado en ritmo anual). Las palabras de la ministra provocaron fuertes reacciones en la izquierda. “Ni siquiera tengo ganas de reírme”, reaccionó el líder del Partido Socialista, Olivier Faure en X (antes Twitter), denunciado el “desprecio social en lugar de justicia” del gobierno.

“Ante la escasez de agua potable, tome clases de cata de vinos”, bromeó por su parte el líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon en la misma red social.

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