Una cápsula del tiempo revive la historia perdida de los judíos españoles

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«Creo que lo correcto es intentar liberarla aunque solo Dios conoce la vía más correcta. El último acuerdo con la perversa fue para septiembre-octubre y no nos concede ni una hora más». De esta forma tan directa y literaria apremiaba el poeta hebreo Halfon ben Natanel en el siglo XII a los miembros de su comunidad para rescatar a una joven judía que había caído cautiva en un territorio en disputa entre cristianos y musulmanes. El texto habla del coste del rescate, de las fechas y hasta del malintencionado carácter de quien la mantenía presa. Si entonces no había tiempo que perder, hoy es todo aquel tiempo el que se ha perdido por completo.

Esta instantánea de otro tiempo, de otra España y de una cultura que se evaporó sin apenas dejar rastro forma parte de la valiosa colección de textos sobre los judíos andalucíes que se ha salvado hasta la actualidad gracias a una particular cápsula del tiempo: una guenizá que sus responsables se olvidaron de vaciar durante 900 años. Estos habitáculos son frecuentes en todas las sinagogas y cementerios judíos y se usan para depositar los documentos de carácter sagrado que ya no se van a emplear, pero tampoco se pueden destruir según la tradición judía.

Concretamente, la carta del poeta y otros escritos proceden de una sinagoga de El Cairo, donde a finales del siglo XIX dos investigadoras británicas encontraron cerca de 200.000 manuscritos sobre la vida cotidiana de los judíos en Al-Ándalus que estaban guardando polvo en silencio. Siguiendo en eso una larga tradición británica, gran parte de estos textos desgajados acabaron en Cambridge debido a circunstancias sin aclarar.

El día a día de un pueblo perdido

«Nuestra exposición pretende introducir al público en el mundo andalusí, que no es lo mismo que la época castellana de las juderías o de sinagogas posteriores, como la de Córdoba o la de Granada. Hablamos de una época de la que apenas sabemos nada y donde, por ejemplo, la casa de un judío en la Córdoba de los Omeya no se diferenciaba en nada de la de un cristiano o un musulmán», explica José Martínez Delgado, que es el comisario de una exposición en el Centro Sefarad-Israel que, bajo el título ‘La Edad de Oro de los judíos de Alandalús’, reconstruye el día a día de este pueblo desperdigado por la Península.

El catedrático de la Universidad de Granada lleva dos años traduciendo algunos de los documentos de este cementerio de palabras y combatiendo con datos los rocosos mitos que rodean a esta comunidad. «Tenemos que dejar de hablar de la España de las tres culturas, porque en Al-Ándalus solo había una: la musulmana. Lo que tenían otros simplemente eran opciones fiscales que se respetaban más o menos», apunta.


Carta del siglo XI de una mujer judía pidiendo ayuda para su enfermedad


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Cartas entre mercaderes, informes judiciales, listas de la compra, contratos de matrimonio, testamentos, cartillas infantiles, promesas de regalos entre hermanos… La colección que hoy pertenece en buena parte a la Universidad de Cambridge no alberga grandes documentos sobre empresas militares ni correspondencias entre personajes señeros, sino fragmentos de la vida cotidiana de las comunidades judías del Mediterráneo durante los siglos X, XI y XII, cuando Al-Ándalus estaba considerada el corazón mundial de esta cultura. «Hablamos de la Córdoba de los Omeya y durante las taifas de los tres grandes núcleos urbanos donde gozaban de más influencia: Granada, el puerto de Almería, por el comercio; y Lucena, que era el gran centro académico», destaca Martínez Delgado sobre un racimo de historias donde a veces falta el desenlace.

Voces de ultratumba

No en vano, todo el esplendor económico y cultural terminó abruptamente con la llegada de los fanáticos almohades en el siglo XIII. La intransigencia de este grupo de invasores hizo que las minorías religiosas en territorio musulmán fueran prácticamente exterminadas. «Cuando el pacto fiscal llegó a su fin, los sefardíes dieron por destruido su mundo y lo lloraron en poemas que hoy conservamos. En su éxodo se convirtieron en difusores del legado andalusí por todo el mundo y se adelantaron a la Escuela de Traductores de Toledo en lo de acercar la cultura musulmana a Europa, si bien ellos realizaban la traducción del árabe al hebreo y no al latín», considera Martínez Delgado. Muchos abrazaron el martirio, mientras otros huyeron hacia el norte de la Península Ibérica, la Provenza, Italia o Egipto. La época más brillante de los judíos españoles había terminado. Los que se quedaron se fusionan con los judíos castellanos que siglos después iban a ser expulsados por los Reyes Católicos. «Esa es otra historia que merece una exposición por derecho propio», aclara el comisario.

Además, una de las paredes de la exposición de entrada gratuita, que inaugura sus puertas este 15 de septiembre hasta marzo, está dedicada a textos escritos en lengua árabe por autores judíos. Valiéndose de este idioma, los judíos de Al-Ándalus podían comunicarse libremente con sus hermanos de Palestina, Egipto, Siria e Irak y acceder a la literatura y la ciencia de todo Oriente Próximo sin que su religión fuera un obstáculo. Un proyecto conjunto del Trinity College de Dublín y la Universidad de Cambridge pone en valor el mestizaje que respiran los manuscritos entre las ideas cristianas, musulmanas y judías. «Aquí hay una gran historia donde se ve la práctica del idioma en cada momento y el intercambio entre escrituras muy distintas», asegura Ben Outhwaite, uno de los responsables de esta investigación.

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