Christian Nodal, la estrella mexicana que quiere darse a conocer en España: «Tatuarse la cara duele»

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Christian Nodal es una estrella en México, pero en España, todavía, no lo conocen. En Spotify tiene casi 20 millones de oyentes mensuales, pero la gente, por Gran Vía, sigue su curso sin regalarle una mirada cómplice de reojo, un interesante ejercicio para curar el ego. Saben, aún así, que alguien es: tanto el séquito que le acompaña como el rostro tatuado son dos atributos que hacen girar 180 grados el cuello de algunos transeúntes. Tiene 23 años, una gira por andar y canciones con Maluma, Romeo Santos, Maná, Tini y toda una ristra de esos cantantes super famosos que los de cuarenta para arriba no alcanzan a poner nombre. Ni muchos de veintitantos, les confieso. Tiene, en realidad, un territorio a conquistar con una cosecha de letras de su propia autoría.

«Disfruto mucho del proceso de entrar en un país en el que no conocen mi música. Disfruté entrando en Estados Unidos, Costa Rica, Guatemala… Siembras algo que empieza a crecer rápidamente. Es lindo que te paren por la calle, pero también disfruto del anonimato que experimento acá, aunque estoy acostumbrado: en Argentina, donde resido, tampoco me conocen. Comer sin hacerte fotos es otro privilegio».

La primera vez que cantó en público ocurrió mucho antes de este estrellato en el que anda envuelto: «Primero debuté en la escuela, con cinco años. Estaba nervioso, no me sabía bien la letra y mi mamá me la soplaba. Lo siguiente fue en Tijuana, ante 8.000 personas, habiendo cantado solo en familia y con los compañeros de clase. La práctica hace al maestro, aún así prefiero estar en la cocina, con las canciones. Para salir, doy brincos y conecto conmigo mismo para recibir energía. No tengo manías. Brincar ayuda».

Bondades y desventajas de la cultura española

La primera vez que actúo en suelo español, no obstante, fue en 2017. Lo hizo junto a Bisbal en el Wizink Center, donde el 20 de mayo vuelve en solitario con las entradas agotadas desde hace semanas. Como ve, anónimo en realidad somos más usted y yo que él. «Me gusta la cultura española: su comida, la seguridad… Y la música: soy fan del Porta. Esto lo digo como rareza, porque sé que se retiró durante diez años, después volvió hace tres y ahora no suena demasiado. Además de Alejandro Sanz, Rosalía, Tangana… Lo que hacen ellos con la cultura española es parecido a lo que hago yo con la mexicana. Me siento muy identificado con esta oleada. De pronto, a una canción bellísima le incorporas elementos de hoy y a la gente joven le encanta. Le añades cositas, pero eso ya estaba hecho», explica.


Christian Nodal


tANIA SIEIRA

«Mis referentes, entre otros dentro de este género norteño, han sido Ariel Camacho y Joan Sebastian. Además de la música que escuché en casa, pues mis padres, tíos y hermanos son músicos y desde niño me han dado clases. Es curioso que a muchos de los que escuché de pequeño no les pongo nombre, pero les cogí la onda. Eso es la raíz. Crecer con un sonido».

Lo que le llama la atención de España, no obstante, es bien distinto. Aquí el técnico de sonido es una de esas pocas figuras que si no quiere subir más el reverb puede hablar con cierto desdén a las superestrellas, tantas que ha visto pasar. «En México somos muy cálidos para hablar. Aquí un taxista te dice que cierres la puerta así con aspavientos. Yo estoy hecho a la calma. Tengo que acostumbrarme a que no es falta de respeto, sino cuestión de ritmos». Seguramente el de taxista es ese otro título que permite un tono áspero hacia los intocables. Y la ventanilla, niño, no se puede bajar.

Entre sus aficiones, se resarce en obviedades: escuchar tal, compartir con los amigos… ¿Y duele tatuarse la cara?, le pregunto. «Sí, muchísimo. Tatuarse la cara duele, pero todo lo demás también». Le cuento una anécdota de un amigo que se tatúo el muslo para que los padres no le pillaran. Y le pregunto, claro, por sus padres, ya que a sus 23 años apenas le queda hueco entre el ojo y la oreja para más tinta. Entonces florece lo bajuno: «Esta es otra afición. Quiero abrir un estudio en Los Ángeles. Mi sueño es ser tatuador, de momento solo he practicado borracho con los amigos. Ellos te pueden decir que no soy bueno».

Como los viandantes de Gran Vía aún no le conocen, tal vez ‘Botella tras botella’, que guarda relación con lo que comentaba arriba, podría servir de puerta de entrada. También ‘Adiós amor’ y ‘No te contaron mal’. Nodal vive como se tatúa: deprisa. Por eso va llenando los aforos al mismo ritmo que la piel. Cuando se presentó en la industria cara y butacas estaban vacías, pero ambas se fueron poblando entre desamores y andanzas. Dice, en una de sus canciones, que lo hace «’pá’ cubrir los besos» que le dejaron. Compone, por tanto, por la misma razón que se clava agujas en la frente, aunque espera trascender más allá de la carne.

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