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Palermo sobre Maradona: «Dios aún existe»

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Fútbol Internacional El exfutbolitas escribe en ‘Theplayerstribune’ sobre sus vivencias con Diego

Martín Palermo y Diego Armando Maradona, con la selección argentina.
Martín Palermo y Diego Armando Maradona, con la selección argentina.
Gustavo Ortiz

Martín Palermo escribe en Theplayerstribune una carta abierta en la que cuenta en primera persona lo que sitió al enterarse de la muerte de Diego Armando Maradona. Un magnífico relato que le da pie par explicar cómo conoció a Maradona y todas sus vivencias junto al astro argentino.

«Cuando escuché la noticia, inmediatamente le mandé un mensaje a un periodista amigo que sabía que era cercano a él. «¿Es verdad?». Me respondió: «Sí…». Y en ese momento, uno no… no puede creerlo. O sea… uno se acuerda la cantidad de veces que Diego estuvo en situaciones parecidas, en las que estaba en el hospital y se multiplicaban rumores sobre su muerte, y entonces pensaba: «No, no puede ser, solamente es lo que están diciendo. Probablemente no sea nada». Y al final realmente no era nada. Maradona siempre se recupera. Maradona siempre sobrevive. Había pasado tantas veces. Entonces pensás Esta es sólo una más. Pero después la noticia sobre su recuperación nunca llega.

Me agarró mucha ansiedad a medida que seguía esperando. Incluso le mandé un mensaje a Claudia, su ex mujer, para saber si era cierto. Dijo que sí. Y aún así no lo terminás de creer. Tu mente se rehúsa a aceptarlo. Para mí, Diego siempre iba a estar ahí. Estaba seguro de que iba a llegar a los 100 años».

«Nunca pensé que me iba a hacer tan cercano a él tan cerca como finalmente fui. Nada más conocerlo en persona fue un sueño hecho realidad. La primera vez fue cuando yo jugaba en Estudiantes y fuimos a jugar contra Boca en agosto de 1996. Los dos éramos capitanes, así que nos juntamos en el círculo central. Después del sorteo, tomé coraje y le dije: «Diego, cuando termine el partido, ¿me darías tu camiseta?» Debo haber sonado como un pibe fanático… ¡y lo era! Y esto es lo que pasó: ganamos el partido, metí dos goles, y cuando terminó el partido mandé al utilero a que me buscara la camiseta. Diego me la mandó».

«Todavía siento que fue una bendición haber podido jugar con él al lado en los últimos meses de su carrera. Obviamente no estaba en la plenitud de su momento de esplendor de los años 80 -el Diego del Napoli, bueno, era otro Maradona. Pero igual te asombraba. Llegaba al entrenamiento y era como si todo se paralizara, y nosotros nada más mirábamos lo que hacía con la pelota, o nos quedábamos viéndolo con la boca abierta mientras clavaba otro tiro libre al ángulo. No exagero para nada: literalmente Diego podía poner la pelota donde él quisiera.

Todo ese periodo con Diego pasó muy rápido. Fueron apenas unos meses, y ahora, mirando atrás, quizás tendría que haberlo disfrutado más».

«Nunca pensé que volveríamos a trabajar juntos. Menos me imaginé que tendría la posibilidad de ir a un Mundial con él. No había jugado para la Selección Argentina desde 1999. Y en 2008, cuando yo tenía 34 años, me lesioné los ligamentos de la rodilla derecha. En ese momento ni siquiera sabía si iba a volver a jugar al fútbol.

Pero me recuperé a principios de 2009, y para entonces, por una de esas raras cosas del destino, Diego se había hecho cargo de la Selección Nacional. Y después empezó a apoyarse en los jugadores que estaban en el fútbol local, y no sólo en los que venían de Europa. Y entonces, me llamó. No había jugado por una década con la camiseta argentina y de repente Diego me empezaba a dar partidos. Así llegamos a la parte final de las Eliminatorias para el Mundial, y yo me di cuenta de que podía ser parte».

Así que ahí estamos, jugando contra Perú en Buenos Aires, y diluvia. Es un clima bíblico. Hacemos un gol. Gracias a Dios, está todo dado para ganar 1-0. Y después llega el empate de Perú antes del final. Desastre. Estábamos terminados. Game over. Chau Mundial. La gente se empieza a ir del estadio, como loca, enojada. Y Diego, que había sido muy criticado en la prensa por sus tácticas, por llamar a un delantero viejo que todos creían terminado… ahora también está listo.

Pero en tiempo de descuento, ganamos un corner. La pelota llega al área y me queda de frente, para que la toque rumbo a la red. Gol. Empiezo a correr como un loco, con todos los compañeros que me persiguen. El estadio explota. Diego también se manda corriendo al campo, se tira de cabeza y aterriza en el pasto mojado. Qué momento. ¡Qué noche! «.

Sabía que no iba a estar entre los titulares. Tenía 36 años cuando fui a Sudáfrica, y en el plantel había jugadores como Lionel Messi y Carlos Tevez, así que lo entendía. Pero en el último partido del grupo, contra Grecia, ya estábamos clasificados para la siguiente ronda, y Diego me puso en los últimos 10 minutos. Fue mi primer partido en un Mundial. E hice un gol. Lo hice con mi familia en la tribuna: mi hermano, mi hijo mayor, mi mujer. Fue uno de los momentos más felices de mi carrera, y otro de los que conectó muchos puntos. Sentí como si mi carrera hubiera llegado a completar un círculo. Jugar para Diego fue muy especial».

No sé cuándo voy a enfrentarme con la realidad. Quizás en algún momento tendré que aceptar que Diego se fue, del mismo modo en el que tuve que aceptar la muerte de mi hijo. Voy a tener que cruzar ese puente y decirme: «No está acá. No lo voy a ver nunca más. Pero todavía no llegué a ese punto. Es demasiado doloroso, demasiado surrealista. Para mí, Diego todavía está ahí. Dios aún existe. Y de algún modo, siempre estará».

Fuente: Marca https://www.marca.com/futbol/futbol-internacional/2021/02/25/6037b100e2704e099d8b461b.html

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