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Adiós a Johnny Pacheco, el ‘visionario de la salsa’

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Toda mi juventud en el barrio obrero de Cali crecí bajo el sonido de la flauta de Johnny Pacheco con Acuyuyé, Agua de clavelito, Pita Camión y Vuela la paloma. La primera vez que lo vi fue en la famosa discoteca El Corzo, en Manhattan (EE. UU.), acompañado por Casanova, el cantante de su orquesta. Yo estaba en una mesa al frente de la tarima, con Larry Landa, Humberto Corredor, Mario Alfonso Escobar y Rafael Araújo Gámez, y no lo podíamos creer: estábamos al frente del ídolo que nos enseñó a bailar la pachanga y que murió ayer a los 85 años por cuenta de una neumonía.

Pacheco fue mucho más que un músico. Fue un visionario. En compañía de Jerry Masucci crearon el imperio de la salsa. Fueron los responsables de que los músicos latinos estuvieran en todas las tarimas del mundo. Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Celia Cruz, Pete ‘el Conde’ Rodríguez y Rubén Blades, entre otros, sonaron bajo su batuta. Los dirigía con su cuerpo y sus movimientos rítmicos y con una gigantesca variedad de expresiones, pero sobre todo, logró que hicieran música bajo su sello.

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Nace Fania All Stars

Pacheco puso primero su nombre en el mundo discográfico con el sello Alegre Récords, de Al Santiago, con una producción titulada Pacheco y su charanga. Pero al año siguiente, Pacheco y Jerry Masucci, decidieron crear el sello Fania. Y ahí empezó la leyenda.

“Conocí a Johnny Pacheco en 1963, en una fiesta cerca de la playa de Long Island. Fue en ese momento que me enteré de que era un músico famoso”, contaba Jerry Masucci. “Nos hicimos amigos y me convertí en su abogado. Pacheco aportó su música y empezó a contactar a otros grandes músicos de la época. Después de pasar el boom del boogaloo, contra el cual se armó una conspiración, Larry Harlow y León Gast, un director de cine, me propuso un documental sobre Nuestra cosa latina, para captar la explosión social de la población latina en Nueva York, incluyendo la presentación de Fania All Stars en un concierto”.

Masucci habló con Ralph Mercado sobre la idea de filmar la Fania en el Chetaah un jueves por la noche. El 26 de agosto de 1971, cinco mil jóvenes llenaron el recinto. Dos años después presentaron a las Estrellas de Fania en el Yankee Stadium. Asistieron 44.000 espectadores. En la decisión de este nombre, que venía de antes, mucho tuvo que ver el diseñador gráfico Izzy Sanabria, hombre de confianza del sello para darles identidad a las portadas de los discos. Y desde entonces, la salsa fue un fenómeno imparable.

Sin Pacheco yo no estaría en la música, todo se lo debo a la decisión de publicar mis temas

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En agosto de 1980, fui a Barranquilla, auspiciado por Larry Landa, para asistir al primer concierto de Fania All Stars en Colombia, con la idea de hacer un libro biográfico con Celia Cruz. Lamentablemente tuvimos muchos problemas en el tránsito hacia Barranquilla. En la escala en Medellín, el avión tuvo una demora de tres horas. Fernell Franco, el gran fotógrafo colombiano, cuya obra hoy está en los principales museos del mundo, me acompañó porque intentábamos que el libro tuviera una fuerte presencia de fotos. Cuando llegamos a Barranquilla, atrasados, nos fuimos derecho para el estadio Romelio Martínez, sin tener cómo entrar. Compramos dos boletas de una localidad cualquiera, a punta de un carné de periodista llegamos a la tarima, convenciendo a periodistas y soportando bolillazos. Por fin nos encontramos con Larry Landa, quien autorizó que subiéramos a la tarima, todo un privilegio, y vi el concierto al lado del empresario, a un metro de Pupi Legarreta. El público se enfureció porque la Fania promocionaba el nuevo álbum y no tocaba las canciones más pegadas. Tiraban latas de cerveza a la tarima. Pacheco se enfureció, paró la orquesta, amenazó con irse y Celia Cruz, hábilmente, cantó Bemba Colorá sin haberla ensayado.

Salimos entre un cordón de policías, detrás de Pacheco y Larry Landa, pero cuando el cordón se terminó, nos enfrentamos al público totalmente indefensos. Pacheco se asustó y se puso histérico. Por fin apareció el socio de Larry Landa en Barranquilla en su carro y montamos ahí a Pacheco y se lo llevaron para el hotel.

Al día siguiente desayunamos en el Hotel Golf, en la suite de Larry Landa, con casi toda la Fania presente. Héctor Lavoe llegó con un guardaespaldas o asistente que lo ayudaba a vestirse. Lavoe se sirvió un jugo de naranja y mirándome, sonriendo, me dijo:

–Chico, el problema de la Fania es que hay mucha estrella y poco cielo.

La Fania se embarcó para Bogotá, en un concierto que terminó con disturbios, y yo tomé el avión con Celia Cruz, Pedro Knight y Fernell Franco, después de haber recibido la aceptación para hacer el libro. De una vez, empezamos a grabar.

El concierto de Cali fue el mejor de la gira. Pacheco decidió tocar todo lo clásico y darle gusto al público. Fue apoteósico y el remate se llevó a cabo en el hotel Petecuy, en la carrera 10 de Cali, tocando el Conjunto Clásico, haciendo descarga con algunos de los músicos de la Fania. Pacheco vino a la mesa y la noche terminó en un embale inolvidable en una descarga compartida con los músicos. Terminó subido en la mesa frenético y feliz.

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Johnny Pacheco

Pacheco nació en 1935, en Santiago de los Caballeros (República Dominicana).

La flauta

Juan Azarías Pacheco Kiniping, Johnny Pacheco, nació en Santiago de los Caballeros en la República Dominicana en 1935. Su padre, Azarías Pacheco, también era músico y tuvo tres bandas, una de ellas llamada la Orquesta Generalísimo Trujillo, el dictador le pidió que le quitaran ese nombre, pero no quiso hacer caso y prefirió irse para Nueva York. Su hijo tenía 11 años y ya tenía la música en las venas.

Pacheco empezó a hacer música a los 7 años tocando armónica e interpretando algunos merengues muy populares, pero lo suyo era la música cubana. La agrupación de su padre hacía arreglos de las agrupaciones cubanas, sobre todo de la Riverside. Ya en los años cincuenta tocaba los tambores en el Chateau Madrid. Alguna vez Pérez Prado lo incorporó para hacer la percusión. También tuvo la oportunidad de tocar con Gilberto Valdez y confesó que con él llegó a la flauta, su gran instrumento. Después conoció a Richard Egues y fue él quien le enseñó el truco de tener un sonido mayor. Le dijo que el tamaño de la embocadura tenía que ser más grande para proyectarse. Pacheco estaba convencido de que Egues tenía el sonido más fuerte de todos los flautistas.

A partir de 1960 se inició el éxito de la pachanga en el Tritons. También recordó cómo Federico Pagani, un empresario, se inventó los duelos. Pacheco contra Charlie Palmieri por diez dólares. Con Charlie Palmieri habían conformado un quinteto, con dos trompetistas eximios, Juancito Torres y Luis Café, Guito en el bajo, Palmieri en el piano y Pacheco en los tambores. Tocaban en el hotel Evans en los Catskill en 1956. Charlie Palmieri creó la Charanga La Duboney, con una sonoridad única, que abrió el camino para lo que se llamaría un nuevo sonido de Nueva York, aunque el ritmo la pachanga hubiera sido inventado en Cuba.

De igual manera, con Charlie Palmieri crearon la Alegre All Stars.

Cuando decidieron crear la Fania con Jerry Masucci no tenían oficina y despachaban desde su MercedesBenz. Así empezaron a distribuir los discos por toda Nueva York. Hasta que al fin alquilaron una oficina en la 850 de la Séptima Avenida. Luego se mudaron al 888, cuando el negocio era imparable.

Fue Pacheco quien convenció a Willie Colón para grabar con Héctor Lavoe. Dijo: Che Che Colé será una bomba y el resto es historia. Después descubrió a Pete el ‘Conde’ Rodríguez.

Con Celia Cruz fue sencillo, no estaba pegada por ese entonces, y la única condición de ella era que se unía a Fania bajo la dirección de Pacheco, quien siempre había confesado su amor por la Sonora Matancera, tanto que posteriormente llegó a decir: “La estructura de la Fania es una Sonora Matancera ampliada”.

Después, todo se fue dando, los grandes conciertos (África, Europa, Suramérica). Celia Cruz, de entrada, era considerada una reina, una diosa, y la Fania llevó a los ritmos latinos, creados en el Caribe, al momento más maravilloso de la música. Todo gracias a Pacheco y Masucci.

Sin Jerry Masucci y sin Johnny Pacheco la música latina no hubiera llegado donde la puso la Fania

Pacheco estuvo en Cali en un diciembre sobre los años noventa, con Celia Cruz. Ya necesitaba de un bastón para caminar. Pero cuando subía al escenario, Cuqui, su mujer, le pasaba aguardiente y le decía: “¡Aceite!”. Al rato, tiraba el bastón al lado y hacía los coros con Celia, su amiga de tantos años.

Pacheco regresó con la Fania All Stars a Cali, el 23 de mayo de 1996. El día siguiente ensayaron en el estadio Pascual Guerrero y fue la oportunidad para hacer fotos con todos sus integrantes. Entre ellos, con Jerry Masucci, que se marcharía para Buenos Aires, donde vivía una hija. Masucci murió al año siguiente.

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Hace algún tiempo pude ver el documental que le hicieron a Pacheco, a propósito de un concierto-homenaje que le hicieron en la República Dominicana. Todos, en sus declaraciones, coinciden en algo que expresó con precisión Rubén Blades: “Sin Pacheco yo no estaría en la música, todo se lo debo a la decisión de publicar mis temas. Estaba a punto de devolverme a Panamá y hubiera podido dedicarme a otra cosa”.

Johnny Pacheco fue el gran visionario. El compositor de Acuyuye, Quítate tú, El rey de la puntualidad, Celia y Tito, La dicha mía y tantos otros.

Sin Jerry Masucci y sin Johnny Pacheco la música latina no hubiera llegado donde la puso la Fania, como empresa disquera y como banda de los grandes maestros.

Pacheco unió a Héctor Lavoe y Willie Colón, aunque se repelían. Pacheco construyó el trono de Celia Cruz como ‘Reina de la Salsa’. La música cubana no hubiera trascendido con semejante alcance si Pacheco, que era un matancerómano de corazón, no la hubiera colocado en ese sitial.

La imagen de Pacheco será venerada con el paso del tiempo. Él hizo posible que la salsa fuera salsa y que Nueva York fuera su plataforma para el mundo. ¡Pita Pacheco!

UMBERTO VALVERDE
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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Fuente: ElTiempo https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/adios-a-johnny-pacheco-el-visionario-de-la-salsa-567193

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