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¿Es la rápida campaña de vacunación en Reino Unido un éxito o un espejismo?

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El liderazgo global en plena pandemia no es algo a lo que el Reino Unido esté acostumbrado. Hasta ahora, había sido más bien el alumno rezagado de clase. Fue el primer país europeo en cruzar el umbral de los 100.000 muertos, su programa de rastreo de contactos fue todo un fracaso y, para el desconcierto del ciudadano, el Gobierno no hacía otra cosa que imponer restricciones que había descartado en público previamente —como, por ejemplo, la cancelación de reuniones en Navidades en gran parte de Inglaterra—. Sin embargo, su campaña de vacunación está siendo un absoluto éxito.

Más de 15 millones de personas han recibido ya la primera dosis. Y, tras ofrecer la vacuna a los cuatro principales grupos de riesgo, este lunes comenzaba la segunda fase para centrarse en los mayores de 65 años y los vulnerables de más de 16 años con problemas clínicos. Solo Israel y Emiratos Árabes Unidos, entre los países más poblados, han suministrado más pinchazos per cápita.

Respecto a la UE, los datos hablan por sí solos: el 19% de la población británica ya ha recibido al menos una primera inyección, en comparación con apenas el 3,1% de los ciudadanos del bloque a fecha del 13 de febrero. Malta, el país de la UE que lleva la delantera, todavía se encuentra solo en el 8%. España está al 3,4%. Ni la mejor estrategia del Brexit ideada por Boris Johnson, asegurando que las cosas le iban a ir bien al Reino Unido tras el divorcio, podría haber salido mejor.

Foto: Un anuncio del National Health Service (NHS) pide a los ciudadanos británicos que se queden en casa. (Foto: EFE)

En cualquier caso, la realidad es siempre más compleja y hay que prestar atención a la letra pequeña. ¿Qué país está llevando a cabo un método más efectivo? ¿El que tiene a más población con solo una dosis? ¿O el que ha vacunado a menos ciudadanos, pero ya ha puesto las dos inyecciones?

Comencemos primero analizando la logística. En el Reino Unido, se aprendió de los errores previos, y con la campaña de vacunación, la planificación comenzó mucho antes de que estuviera claro si alguna de las vacunas que se estaban desarrollando en todo el mundo a una velocidad histórica obtendría la aprobación de los reguladores. En verano, el primer ministro, Boris Johnson, puso al frente del programa a Simon Stevens, director del Sistema Nacional de Salud Pública (NHS) en Inglaterra. Hasta entonces, para el sistema de pruebas y rastreo, se había subcontratado a empresas especializadas, pero el resultado había sido un desastre. Por lo tanto, Stevens eligió un enfoque diferente. En lugar de crear un nuevo sistema, como conducto principal, utilizó los grupos existentes de médicos de cabecera, conocidos como redes de atención primaria. Cada especialista cubre hasta 50.000 pacientes. Los médicos tenían que comprometerse a vacunar durante 12 horas al día, siete días a la semana.

En Inglaterra, existen más de 1.500 centros de vacunación. (Reuters)

En total, se establecieron alrededor de 1.500 centros de vacunación en Inglaterra, incluidos algunos en estadios de fútbol y otros grandes recintos, con 30.000 trabajadores del NHS y hasta 100.000 voluntarios. Asimismo, 50 expertos en logística militar del Ejército se instalaron en la sede del NHS en Skipton House, al sur de Londres, para ayudar a coordinar la distribución y calcular la ubicación óptima de los centros de vacunación.

Cada centro establecido fuera de los consultorios médicos de cabecera u hospitales necesita más de 400 elementos de equipo para funcionar, desde agujas hasta refrigeradores. Para controlar el inventario, pacientes y preparación del personal capacitado, se contrató a Palantir, la empresa estadounidense de análisis de datos, que había trabajado anteriormente con el NHS para suministro de equipo de protección personal. Para cuando la vacuna de Pfizer-BioNTech recibió la aprobación de los reguladores en diciembre, todo estaba ya preparado. Y fue entonces cuando se tomó otra decisión clave: a fin de sacar el mayor beneficio a los suministros, la segunda dosis se pondría a los tres meses, en lugar de a los 21 días recomendados. El método también se decidió emplear luego para la vacuna de Oxford-AstraZeneca, que llegaría en enero.

Pero eso suponía que los suministros de las vacunas representaban solo la mitad del volumen necesario para inmunizar completamente a los más vulnerables para mediados de febrero, lo que amenaza con dejar a millones de personas desprotegidas a medida que se propagan las nuevas “variantes preocupantes” del virus, como la sudafricana o la brasileña.

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson, sostiene una dosis de la vacuna Oxford-AstraZeneca contra el covid-19.

La medida ha provocado críticas internacionales, entre ellas, la de Anthony Fauci, asesor principal de covid-19 del nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Con todo, la Organización Mundial de la Salud ha respaldado la decisión de las autoridades británicas de esperar 12 semanas a suministrar la segunda dosis con la vacuna de Oxford-AstraZeneca.

Pero mientras que nuevos estudios de la vacuna británica han mostrado que la efectividad de una dosis única dura tres meses, el grupo estadounidense de Pfizer insiste en ceñirse al programa aprobado de tres semanas. Por su parte, el director ejecutivo de BioNTech, Ugur Sahin, advierte de que el plazo no debería extenderse más de seis semanas. “Como científico, no me importaría si la segunda dosis se administra tres semanas, cuatro, tal vez cinco, incluso hasta seis semanas más tarde. Pero no lo demoraría más”, matiza.

Reino Unido estrena los hoteles-cuarentena

Una “ilusión”

“Lógicamente, las ventajas de esperar tres meses son muy claras: al inmunizar a más personas, podríamos beneficiar a más gente. Pero debemos ser conscientes de que solo estamos obteniendo un beneficio parcial“, añade. “En definitiva, se trata de una evaluación de riesgo-beneficio que debe tomar cada Gobierno. Hay que valorar si el beneficio de llegar a más personas se sacrifica al brindar menos protección”.

En este sentido, algunos expertos consideran que el ‘éxito’ del Reino Unido es realmente una ilusión, ya que para ser completamente efectiva, la vacuna requiere de dos dosis. Y, a día de hoy, solo el 0,80% de la población británica ha recibido ambos pinchazos, frente al 0,92% de Francia, el 3,2% de Malta o el 2,87% de Dinamarca. En España, el porcentaje de gente totalmente inmunizada con sus dos dosis es del 2,14%.

Foto: La vacuna británica de AstraZeneca. (Reuters)

En cualquier caso, Downing Street defiende que su estrategia está funcionando. Según una investigación de la Universidad de Oxford, la tasa de mortalidad en los mayores de 80 años ha caído un 32% desde el pico de enero, frente a un 14% en los menores de 65 años, lo que, según los expertos, refleja que la campaña de vacunación está dando sus frutos.

Por otra parte, a fin de blindar el país ante las nuevas variantes, el Gobierno ha impuesto nuevas restricciones a los pasajeros que lleguen desde este lunes al Reino Unido procedentes de una lista roja de 33 países considerados de riesgo, entre ellos, Portugal, Brasil y Sudáfrica.

Aparte de la PRC negativa 72 horas antes del viaje, los pasajeros tendrán que realizarse otros dos test más a su llegada y guardar cuarentena en los hoteles designados por las autoridades, con un coste de 2.000 euros. Aquellos que no cumplan las normas o mientan sobre sus destinos se enfrentan a multas de hasta 12.000 euros o penas de cárcel de hasta 10 años. Estas medidas corresponden a Inglaterra (donde Downing Street tiene competencias sanitarias), pero el Gobierno ha indicado que trabaja con Gales, Escocia e Irlanda del Norte para que apliquen reglas similares.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2021-02-15/rapida-campana-vacunacion-reino-unido-exito-espejismo_2952468/

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