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Las Vietnam en punto en Cuba: qué esperar de la transformación más radical en 60 años

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A un tiro de piedra del supermercado en dólares de Tercera y 70, en el otrora aristocrático barrio de Miramar, Richer OIiva ocupa sus tardes en “darle mantenimiento” al convertible clásico con el que un año atrás paseaba turistas por La Habana. Cuando la pandemia cortó en seco la llegada de extranjeros, Richer decidió que no valía la pena dedicar su valioso Ford de 1958 a ‘botear’ (servir como taxi colectivo). “Era maltratarlo por ganarme unos pesos que, en definitiva, no me hubieran alcanzado ni para pagar la tapicería”.

Así que, en marzo de 2020, el cuidado vehículo entró en la cochera de Richer a dormir durante meses “solo para salir a compromisos ocasionales con clientes de toda la vida”. Mientras, él se mantenía gracias a sus ahorros, a las ayudas de familiares en el exterior y a viajes como mula a Panamá y México para traer electrodomésticos y otras mercancías. Hasta que llegó el 20 de enero de 2021.

El día en el que Joe Biden asumió la presidencia de Estados Unidos, Richer decidió que había llegado la hora de alistar de nuevo su Ford. Como este taxista habanero, los inversores y empresarios con intereses en Cuba ven con esperanzas el cambio de la Administración estadounidense y las reformas impulsadas por el Gobierno de la isla como respuesta la crisis desatada por la pandemia, las más radicales tomadas en los últimos 60 años. ¿Está cambiando la marea para el capital extranjero?

Foto:

Cuestión de tiempo

Durante el llamado ‘deshielo‘ entre Washington y La Habana que presidió la era Barack Obama, los autos clásicos de La Habana no daban abasto para atender la avalancha de turistas norteamericanos que, autorizados por las nuevas licencias de viaje, se apresuraban a conocer la hasta entonces vedada isla comunista. Entre 2015 y 2017, su número anual se disparó de 74.000 a 619.000 visitantes. Una tendencia que solo pudo ser revertida por la inesperada llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y el subsiguiente rosario de sanciones a las propias empresas estadounidenses y de terceros países.

Como candidato, Biden defendió un regreso “en gran parte” al acercamiento entre los históricos enemigos ideológicos. Tal posición le ganó el respaldo de los cubanos de la isla que, a diferencia de sus compatriotas del sur de La Florida, nunca vieron con buenos ojos la cruzada anticastrista del magnate neoyorquino. “Apenas pase un poco la crisis del covid, y él [Biden] resuelva algunos de los problemas que tiene por allá, seguro que quita la mayoría de las prohibiciones que pusieron contra Cuba. Es cuestión de tiempo que vuelvan los americanos”, anticipa Richer.

Aunque más cauto en su optimismo, el Gobierno cubano parece compartir esa lectura de la realidad. Con la misma dedicación con que Richer alista el motor de su auto, frente al supermercado del barrio se levantan dos hoteles de lujo. Los trabajos no se detuvieron ni siquiera en el momento más difícil de la pandemia, pero desde noviembre del año pasado cobraron mayor impulso, aseguran vecinos de la zona, jalonada de embajadas y oficinas de compañías extranjeras.

Los ciclotaxis de La Habana esperan la llegada de turistas.

En ese contexto, el supermercado de Tercera y 70 podría considerarse un elemento anacrónico, con su desvencijada arquitectura de parque industrial y las filas de cientos de personas que cada día intentan comprar en él alimentos y otros artículos de consumo vendidos a altos precios y en dólares. Cuando los nuevos alojamientos abran sus puertas, el mercado no estará allí, asegura un parroquiano bien informado. “A lo mejor, hasta terminan construyendo otro hotel”, se aventura a especular.

Nuevas reglas de juego

En apenas dos meses y medio, el Gobierno ha tomado las tres decisiones económicas más radicales de los últimos 60 años en Cuba. En diciembre, dio luz verde a la participación mayoritaria de inversionistas extranjeros en el turismo, el comercio mayorista, la biotecnología y la industria farmacéutica, sectores calificados como “estratégicos” por el ministro para el Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca. Desde hace décadas, los dos primeros cuentan con un protagonismo notable de las empresas españolas.

En 2011, el último con datos oficiales cubanos, España encabezaba la lista de países inversores en la isla. Y aunque en la última década se ha reducido su presencia, el capital español todavía tiene presencia en 47 empresas mixtas —incluyendo 12 en la Zona Especial de Desarrollo Mariel— y 76 contratos de administración hotelera, según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX). En 2017, la inversión española ascendía a 357 millones de euros —el país 57º en el ‘ranking’ de posición inversora—, especialmente en la industria del tabaco, el turismo y los servicios financieros.

Foto: Foto de recurso de Donald Trump y Joe Biden. (Reuters)

Los efectos de esa noticia aún estaban por notarse cuando el primero de enero se decretó el llamado Día Cero. Bajo el genérico título de ‘Tarea ordenamiento’, el presidente Miguel Díaz-Canel lanzó una gigantesca reforma monetaria que contempla la desaparición del peso convertible (CUC), una de las dos monedas de curso legal en la isla, la unificación de los tipos de cambio y la eliminación de buena parte de los subsidios que distribuía el Estado entre sus empresas y la ciudadanía. Eliminar esta distorsión cambiaria, que tenía implicaciones hasta en los espacios más recónditos de la vida económica cubana, suponía de por sí una ‘revolución financiera’ en toda regla. Aún quedaba un paso más.

El pasado 6 de febrero, La Habana anunció una ampliación radical del trabajo por cuenta propia, multiplicando las actividades permitidas de 127 a cerca de 2.000, y abriendo la posibilidad de que se regularicen numerosos negocios relacionados con la economía del conocimiento y los servicios profesionales, como los de los programadores informáticos y los estudios de grabación privados. Aunque 124 actividades seguirán reservadas por el Estado para su ejercicio exclusivo (entre ellas, la salud y la educación), el nuevo escenario supone otra revolución más dentro de la dinámica laboral del país, que en los últimos 10 años cuadruplicó el número de sus ‘cuentapropistas’, trabajadores autónomos en el sector privado (al cierre de 2020, sumaban 600.000 personas, el 13% de la población económicamente activa).

“Era la principal medida que se venía solicitando desde hace tiempo, y en una primera ojeada parece aceptable. Todo dependerá de cómo reaccione el sector privado, y queremos creer que lo va a hacer con energía, aunque de entrada vaya a sufrir los cuellos de botella y otras dificultades habituales”, explica una fuente del servicio de Exteriores vinculada a Cuba a El Confidencial.

El nuevo escenario supone una revolución de la dinámica laboral de Cuba, que en 10 años ha cuadruplicado el número de ‘cuentapropistas’

En España, el Gobierno de Pedro Sánchez está decidio a “profundizar” sus relaciones con La Habana, como parte del esfuerzo diplomático iniciado con el viaje del presidente en 2018 y de Felipe IV en 2019, “buscando equilibrar y profundizar la relación, a partir de la adopción de un marco regular de consultas políticas [‘Memorando de entendimiento’]”, según la estrategia de acción exterior elaborada por Moncloa. “El país se encuentra en un momento de actualización de su modelo político y económico a la Constitución adoptada en 2019 y a una nueva realidad que debemos estimular mediante un acompañamiento crítico pero constructivo”, reza el texto dedicado a Cuba en el informe.

Una convivencia difícil

Solo el tiempo podrá responder si el Gobierno es capaz de convivir con el éxito de los emprendedores isleños. “Ya hemos visto qué difícil se le ha hecho desde las primeras aperturas al ‘cuentapropismo’ y cómo, tras dos pasos adelante, se daba uno atrás. Ante las últimas medidas en este terreno, creemos que cabe por lo menos mantener la esperanza. El hecho de que hayan sido adoptadas en un complicadísimo contexto por necesidad absoluta, a nuestro juicio, no cambia nada: se ha sembrado la semilla de un cambio económico sustancial”, agregó el funcionario, quien pidió no identificarse por no estar autorizado a hablar con la prensa.

En ese punto radica una de las características distintivas del proceso que intentan llevar adelante las autoridades cubanas. Sus paradigmas son los modelos de reforma de China y Vietnam, que combinan la flexibilización económica con un redoblado control ideológico. Entre las actividades expresamente prohibidas, se cuentan las relacionadas con la creación de contenidos culturales o medios de información alternativa, mientras el Gobierno promueve el mayor plan de captación de inversión extranjera de su historia, estimado en unos 10.000 millones de euros. Esta plan es defendido por el ministro Malmierca como una oportunidad particularmente atractiva, a causa de la devaluación experimentada por el peso cubano (CUP).

Foto: Un hombre camina por La Habana con atuendos con la bandera de EEUU. (EFE)

Una decisión que, para los analistas, llevaba demorada demasiado tiempo y puede significar un antes y un después para el capital internacional en la isla. “Para la inversión extranjera, resulta positivo operar en una economía con mejor organización de su sistema monetario, con una sola moneda y una sola tasa de cambio oficial. A partir de ahora, le será más fácil valorar los riesgos financieros y medir los costos y retornos de las inversiones”, considera el doctor Pavel Vidal, profesor de Economía en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, en Colombia. “Como la mayor parte de los inversionistas se concentran en el sector transable de la economía, es un incentivo adicional que se haya devaluado el peso cubano, pues contribuye a la competitividad-precio del sector”, comenta.

Al anuncio reciente sobre el ‘cuentapropismo’ deberá sumarse en el futuro cercano la autorización de las pequeñas y medianas empresas privadas. Tal posibilidad fue puesta sobre la mesa en julio de 2020 y, en teoría, solo espera el aval del Partido Comunista (previsiblemente, durante su octavo congreso, el próximo mes de abril).

“Si se amplían los espacios al sector privado con la constitución de pymes, los proyectos con capital internacional podrían pensar en abaratar costes buscando suministros y servicios en el mercado doméstico”, reflexionó Vidal; “también sería bueno para la economía cubana, porque incrementaría el efecto multiplicador de la inversión extranjera sobre el producto interno bruto (PIB)”.

La Habana mueve ficha

Cualquier apuesta por atraer a capitalistas extranjeros cae, sin embargo, bajo la sombra de la ley Helms-Burton, activada en su totalidad en mayo de 2019 por Trump. “Aunque es probable que no se aplique el título IV [negación de visas a los ejecutivos de empresas que ‘trafiquen’ con bienes confiscados], será más difícil que, a corto plazo, se desactive el título III [las demandas que ya están en los tribunales seguirán su curso y una decisión adversa afectará negativamente el ánimo de los potenciales inversores]”, considera el funcionario consultado a condición de anonimato.

Más allá de la Helms-Burton, hay una diferencia abismal entre la política de Trump y la de Obama, que previsiblemente adoptará Biden, reflexionó el diplomático cubano y doctor en Historia Carlos Alzugaray. “Si se hacen a un lado los usuales giros retóricos sobre derechos humanos, presos políticos y demás (presentes en las declaraciones acerca de Cuba), es obvio que Biden tiene como punto de partida volver a la política tal y como fue diseñada trabajosamente en la Administración de la cual fue vicepresidente”, afirmó. Decisiones como la de volver a incluir la isla en el listado de países patrocinadores del terrorismo, tomada por el equipo de Trump una semana antes de abandonar la Casa Blanca, ponen de manifiesto su conciencia sobre el ‘peligro’ de una normalización negociada bajo cuerda, como sucedió en 2014.

Dos personas caminan frente al Capitolio de La Habana.

Los expertos sobre el tema coinciden en que, aunque cualquier acercamiento resultará mucho más trabajoso esta vez, sí es lógico esperar una “liberalización rápida” en materia de viajes y visitas. Tras una caída del PIB del 11% en 2020, La Habana necesita con urgencia remontar indicadores. Los esfuerzos por sacar adelante sus proyectos de vacuna contra el covid-19 y la reforma radical de su economía son señales de que la apuesta va en serio.

“2020 fue un año perdido, pero este no puede ir por el mismo camino”, sentencia Richer, mientras, herramientas en mano, prepara su automóvil. A poca distancia, van tomando forma los hoteles donde espera que en breve se alojen sus futuros clientes.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-02-15/cuba-biden-coronavirus-economia-turismo-oportunidad_2948348/

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