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Trump, salvado de nuevo

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Desde el principio sabíamos que Donald Trump sería absuelto, y así ha sido. Pero el segundo proceso de ‘impeachment’ al expresidente republicano, acusado de “incitar a la insurrección” el pasado 6 de enero frente al Capitolio, ha tratado de grabar en la retina de Estados Unidos los detalles de un día funesto: la primera vez que una transición de poder no se efectuaba de manera pacífica, sino en medio de las mentiras de un presidente saliente reacio a admitir su derrota. Una serie de bulos e incitaciones que tuvieron en el asalto al Capitolio su perfecta confirmación.

Los 50 senadores demócratas declararon culpable a Donald Trump y también siete de los 50 republicanos, 10 menos de los necesarios para condenar al magnate. Aun así, se trata de lo más parecido al bipartidismo que se ha visto en la breve historia de los ‘impeachment’: una figura parlamentaria maldita que solo se ha invocado cuatro veces desde la fundación de Estados Unidos. La mitad de ellas en el último año.

En esta ocasión no se trataba de una trama compleja, con elementos de electoralismo y geopolítica, como el anterior juicio político a Trump. En esta ocasión la vida de los propios congresistas había sido puesta en peligro por una turba que buscaba castigar a los “traidores”: a los republicanos que, como Mitt Romney y el vicepresidente Mike Pence, se disponían a reconocer ese día la legítima victoria de Joe Biden en las urnas. Para ello rebasaron las débiles defensas del edificio, mataron a un policía a golpes de extintor y estuvieron a pocos minutos de atrapar a los congresistas. Algunos de los atacantes iban preparados con esposas de plástico.

Foto: Cartel contra Donald Trump en Washington. (Reuters)

La mayoría de los republicanos, pese a las duras condenas a Trump en los días siguientes al ataque, se acogieron a la idea de que juzgar a alguien que ya no es presidente es inconstitucional. Un argumento legal que ha sido ampliamente cuestionado por expertos constitucionalistas y que vuelve a evidenciar una realidad electoral: que los conservadores necesitan al expresidente.

Cuando Kevin McCarthy, líder de los republicanos en la Cámara de Representantes, llamó a Trump el 6 de enero para pedirle ayuda durante el asalto, Trump le respondió de la siguiente manera (según el testimonio de la congresista republicana Jaime Herrera Beutler): “Bueno, Kevin, parece que están más molestos que tú por el robo de las elecciones”. Pero McCarthy depende del apoyo de Trump para no hundirse en las legislativas de 2022 y pocas semanas después del ataque fue a visitarlo y a hacerse una foto con él en la mansión de Mar-a-Lago, en Florida. McCarthy habló también con Trump durante el juicio político de estos días.

El otro líder congresista republicano, Mitch McConnell, que tiene dificultades al andar debido a la polio que sufrió de niño y que fue sacado casi en volandas del Senado el día de la invasión, dijo en enero que no volvería a hablar con Trump en su vida. Y después del voto de ayer fue muy duro con el expresidente. “No hay duda, ninguna, de que el presidente Trump es responsable a efectos prácticos y morales de provocar los hechos de aquel día”, dijo McConnell. “No hay dudas al respecto”. Sin embargo, McConnell fue de los 43 republicanos que votaron inocente.

Los asaltantes del Capitolio. (Reuters)

El proceso total ha durado poco más de un mes; y esta segunda fase, el juicio por los cargos articulados en la Cámara de Representantes, apenas cinco días. Los demócratas no querían maniatar el Senado en pleno proceso de confirmación de los cargos del gabinete Biden, y a los republicanos quizás no les interesaba una larga ordalía que pusiera de relieve su dependencia de Trump.

El juicio estuvo a punto de alargarse cuando, el sábado a mediodía, la cámara votó para convocar a testigos. Los demócratas querían incluir a la representante Herrera Beutler, que había desvelado la conversación entre Trump y McCarthy. El giro de guion, según una fuente de ABC News, dejó a Trump “estupefacto” y en “pánico total”. Poco después, sin embargo, los senadores abandonaron esta idea, que podría haber extendido el proceso incluso hasta el mes de marzo.

No se ha tratado, por tanto, de un juicio muy elaborado. Los demócratas sabían que Trump sería absuelto, así que procedieron a montar un relato lo más potente y colorido posible, lleno de imágenes de peligro, amenazas y violencia, algunas de ellas inéditas. Hemos visto a la turba correr por los pasillos como los bárbaros de Odoacro en el asedio de Roma y a Mitt Romney salvado ‘in extremis’ de un encuentro con ellos. Hemos escuchado los alegatos de congresistas y su recuerdo de cómo en aquellas horas muchos de ellos llamaron a sus seres queridos para despedirse.

Foto: El Capitolio de EEUU. (EFE)

Uno de los más afectados fue el demócrata Jamie Raskin. El 6 de enero su hija estaba de visita en el Capitolio y tuvo que ser escoltada a un lugar seguro. El día anterior, los Raskin habían enterrado a su hijo de 25 años, muerto por suicidio tras una larga depresión. Raskin fue precisamente el encargado de estructurar la acusación demócrata, y no escatimó en detalles personales ni en invocaciones a los Padres Fundadores. “Esto es América… La América de Ben Franklin, que dijo: ‘Si te conviertes en una oveja, los lobos te comerán’ (…) Trump debe ser condenado por la seguridad de nuestro pueblo y de nuestra democracia”.

Los abogados del acusado, David Schoen, Bruce L. Castor y Michael van der Veen, iniciaron su defensa de manera plana y taimada. El primer día evocaron el derecho a la libertad de expresión de Trump para explicar su arenga a la multitud, su llamada a “marchar” sobre el Capitolio y a castigar a los “republicanos débiles”. Uno de los letrados, Bruce Castor, llegó incluso a reconocer la derrota electoral de su cliente.

Los siguientes días el juicio aumentó de volumen y los abogados parecieron adoptar fielmente el estilo de Donald Trump: hablaron del “odio” a su cliente, acusaron a los demócratas de haber incitado ellos mismos a sus turbas, desplegaron acusaciones imprecisas y hablaron de “cultura de la cancelación”.

El único momento de unanimidad fue el aplauso al agente de policía que logró distraer a la turba mientras los congresistas eran evacuados

El único momento de unanimidad fue el aplauso al agente de policía Eugene Goodman, que logró distraer a la turba mientras los congresistas eran evacuados. Los momentos más arriesgados de su actuación fueron recordados y completados en los vídeos. Goodman, además de la ovación, recibió la Medalla de Oro del Congreso.

El gran protagonista fue también el gran ausente. Al conocer el veredicto, Trump publicó un comunicado en el que recuperaba una de sus acusaciones clásicas, al hablar de “la mayor caza de brujas de la historia de nuestro país”, y acusaba a los demócratas de “denigrar el imperio de la ley, difamar a las fuerzas de seguridad, animar a las turbas (…) y transformar a la justicia en un instrumento de venganza“.

La transgresión del Capitolio solo fue el extremo visible de una larga campaña destinada a minar la confianza de la población en el sistema electoral y a preparar una rebelión contra el resultado, en caso de perder Trump. Meses antes de las elecciones, a sabiendas de que los demócratas tienden a votar por correo el doble que los republicanos y que este sería un método común durante la pandemia, Trump usó sus múltiples plataformas para ligar los conceptos de fraude y voto a distancia. Por Twitter o en sus mítines y comparecencias, el magnate aseguró que las de 2020 serían las “elecciones más corruptas en la historia”.

Foto: Donald Trump frente a una bandera de Estados Unidos. (Reuters)

Cuando llegó el 3 de noviembre, millones de sus seguidores estaban convencidos de que Joe Biden robaría las elecciones. Cuando Trump se proclamó ganador esa noche, a falta de días de que terminase el recuento, una buena porción del país, la mayoría del electorado republicano, se situó de su parte.

Los 50 estados, 60 tribunales de jueces progresistas y conservadores, el Tribunal Supremo, el fiscal general, otros altos cargos de la Administración Trump y, al final, los liderazgos de ambos partidos confirmaron la evidencia: Biden había ganado. Así que Trump y su cada vez más reducido círculo lanzaron un último órdago. Convocaron una movilización en Washington e incitaron a la multitud a que “detuviese el robo” que, según ellos, se estaba produciendo dentro del Capitolio.

El expresidente sale así indemne del juicio, pero con un futuro político incierto. Donald Trump, como decía una de sus antiguas aliadas, Nikki Haley, en una entrevista (1), ha sido apartado de las cosas que lo estimulan: ya no tiene el poder, su marca empresarial está dañada y ha sido apartado de las grandes redes sociales. Existen además posibilidades de que sea demandado a nivel federal por algunas de sus actuaciones como presidente y por los mismos cargos a los que se ha enfrentado en el Congreso. Pero sigue siendo, a todas luces, el republicano más popular de Estados Unidos (2). Una figura que desde el silencio conserva un aura incandescente y que técnicamente sigue teniendo la posibilidad de volver a presentarse en 2024.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-02-14/trump-absuelto-capitolio-juicio-salvado_2949919/

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