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Sputnik V: del rechazo a la aceptación mundial

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En medio de una carrera geopolítica frenética por lograr primero la vacuna, en agosto del año pasado, en pleno auge de la pandemia del coronavirus, Rusia registraba su Sputnik V para uso interno, lo que despertó una ola de desconfianza en todo el mundo.

Tan solo unos meses después, y tras una publicación en ‘The Lancet’ ratificada por expertos independientes, la vacuna certificó una eficacia contra el coronavirus de casi 92%, lo que la convierte en una de las opciones más efectivas. Asimismo, unos 26 países ya la han aprobado o la están administrando, e incluso Colombia está en conversaciones para que llegue el biológico a partir de marzo.

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Además, autoridades de potencias mundiales como Estados Unidos y la Unión Europea, que hace unos meses la rechazaban, ahora la califican de “una buena noticia para la humanidad”, como dijo el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, y varios líderes internacionales han pedido que se autorice pronto su uso.

Todo esto crea la pregunta: ¿qué es lo que hubo detrás del gran escepticismo de la vacuna rusa que no sufrieron otras como la de Pfizer/BioNTech, Moderna o AstraZeneca?

En primer lugar, los expertos apuntan que pese a que se demostró que la vacuna era efectiva, las dudas acerca del medicamento estaban fundadas. “Hubo mucha desconfianza por el tiempo tan rápido en el que se anunció la vacuna, pues los epidemiólogos opinaron que no había podido pasar todos los ensayos, lo que se mezcló con la presunción de que Vladímir Putin presionó para precipitar su lanzamiento sin los protocolos necesarios”, explica Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario.

Lo mismo opina Jorge Restrepo, profesor de economía de la U. Javeriana y director del Cerac, quien apunta que “la ciencia rusa no se rige por los estándares de transparencia e información en casi ningún área del conocimiento, y es aún más opaca en la salud. La investigación en vacunas se hace como parte de su política de defensa, que hace parte del establecimiento militar, otra fuente de desconfianza por la opacidad”.

No obstante, pese a las dudas, la carrera por la vacuna se convirtió en una pelea geopolítica, y el hecho de que no fuera una economía occidental la primera en descubrirse fue otro factor de escepticismo.

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Andrés Mejía Vergnaud, consultor y conferencista de educación ejecutiva de la U. de los Andes, indica que “una emergencia como la covid-19 se convirtió en una oportunidad para las potencias de anotarse puntos para sus sistemas, y lo mismo ocurrió con la vacuna. Por eso, que un país como Rusia, no occidental, demuestre que tiene la capacidad para diseñar y crear una vacuna, y hacerlo tan rápido, es una victoria clara para Rusia”.

Jassir, por su lado, señala a un “prejuicio de superioridad en Estados Unidos y Europa, que les costó concebir que la química rusa estuviera tan avanzada”, mientras que para Restrepo, “esto es un tema geopolítico. La investigación y el desarrollo de vacunas hacen parte del soft power”.

De momento, se espera que la Sputnik V se empiece a administrar en Europa a partir de mayo.

ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Fuente: Portafolio

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