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El país donde ni hay vacuna… ni la quieren tener

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¿Qué pasa si le haces un test de covid a una cabra o a una papaya? Según el presidente de Tanzania, John Magufuli, cuando él lo hizo, los test se demostraron ‘un timo’ porque tanto la cabra, como dos papayas y unas codornices dieron positivo por covid-19. Estas declaraciones, retransmitidas por la televisión local y en un tono jocoso y conspiranoico, solo fueron el principio del periplo negacionista de Tanzania (África oriental) con el coronavirus: de una primera etapa de negación y risas (hasta que fue imposible ya negar la llegada del virus al país y sus primeras víctimas), se ha pasado a declararse ‘libre de virus’ y directamente rechazar la vacuna contra el covid-19.

Al estilo de Trump y Bolsonaro en su etapa negacionista, el populista John Magufuli, conocido como ‘Tingatinga’ (‘bulldozer’, en suajili), ha llegado a defender que el coronavirus es un “sabotaje imperialista”, se ha burlado de la eficacia de las mascarillas y de los países vecinos que han impuesto restricciones para controlar la expansión del virus. Tanzania es un agujero negro informativo en el mapa del covid africano: en abril, ordenó que se dejara de publicar la cifra de contagios, y en junio declaró el país “libre de covid” gracias a “las plegarias” de los tanzanos.

Desde entonces, se mantiene férreo en 509 casos y 21 muertes. Ahora, Magufuli la ha emprendido con las vacunas: ha insistido en que son “dañinas” y que, en su lugar, los tanzanos deberían utilizar baños de vapores y otras hierbas medicinales —sin probada efectividad contra el virus— como remedios “naturales”.

Foto: Jóvenes disfrutan de un partido de hokey en Minsk. (Reuters)

Varios países, especialmente en las etapas iniciales de la pandemia, negaron los efectos del virus, desde Turkmenistán, donde el Gobierno del autócrata Kurbanguly Berdymukhamedov ‘vetó’ la palabra ‘coronavirus’ en publicaciones oficiales y medios de comunicación, a Bielorrusia, donde Alexandr Lukashenko afirmó que la “psicosis” del covid-19 se curaba con “saunas” y “vodka”, e incluso Corea del Norte, que mantiene unas dudosas cifras de cero casos de coronavirus. Sin embargo, todos estos países han solicitado la vacuna: Pyongyang recibirá vacunas dentro de la iniciativa Covax, y tanto Turkmenistán como Bielorrusia han anunciado sendas campañas de vacunación con el preparado ruso Sputnik V.

No así Tanzania. Magufuli ha afirmado esta semana que Tanzania ni necesita vacunas ni que las vacunas funcionen. “Si el hombre blanco fuera capaz de descubrir unas vacunas, deberían ya haber encontrado una vacuna para el sida, el cáncer y la tuberculosis”, ha declarado, señalando que los tanzanos “no serán conejillos de Indias”. “Las vacunas no funcionan”. El director del CDC Africa, John Nkengasong, ha criticado la posición de Magufuli. “Este es un virus peligroso, un virus que se expande rápidamente y que no conoce fronteras. No sabe si estás en Tanzania o no”. El Ministerio de Sanidad ha contestado señalando que, por el momento, “no tienen ninguna intención” de aprovisionarse de vacunas.

Pero aunque las autoridades tanzanas insistan en que el país está “libre de covid” y se hayan aprobado varias leyes que prohíben a los sanitarios la publicación de información sobre “enfermedades contagiosas” sin permiso oficial, las costuras empiezan a verse. En enero, el Statens Serum Institut de Dinamarca confirmó dos casos de la nueva variante sudafricana, que se calcula más contagiosa, en varios viajeros que habían regresado desde Tanzania. La tercera ola y la variante sudafricana se están cebando especialmente con los países del cono sur del continente, Sudáfrica, Mozambique y Malaui, que están enfrentándose a fuertes picos de contagio y un aumento de la tasa de mortalidad. Malaui hace frontera, precisamente, con Tanzania, y los flujos migratorios en la ruta suroriental de África son especialmente irregulares, a través de porosas fronteras.

Baños de vapor de hierbas

Y las costuras en la narrativa del Gobierno no solo se ven desde fuera, sino también dentro del país. El vicepresidente de la región semiautónoma de Zanzíbar, Seif Sharif Hamad, ha admitido que tuvo que ser hospitalizado por el coronavirus, y la propia Iglesia católica local ha pedido a sus seguidores que tomen precauciones contra el virus. “El covid no se ha acabado, el covid está todavía aquí. Nuestro país no es una isla. Tenemos todas las razones para tomar precauciones y rezar a Dios, para que podamos avanzar indemnes en esta pandemia”, según una carta a sus archidiócesis obtenida por AFP. Aunque las mascarillas siguen siendo muy esporádicas entre la población, desde la encarecida defensa de los “baños de vapor de hierbas” por Magufuli, han aparecido numerosas “cabinas de vapor” donde los tanzanos hacen cola para el “remedio natural”.

Aunque sin mencionar el covid-19, el Ministerio de Sanidad de Zanzíbar publicó la semana pasada un anuncio pidiendo a sus ciudadanos que eviten grandes multitudes y que “se apresuren a un hospital cercano para recibir un test si tienen dificultad para respirar”. La ministra de Sanidad de Tanzania, Dorothy Gwajima, insistió el pasado 1 de febrero en que los tanzanos “mejoren su higiene personal, se laven las manos con agua y jabón, usen pañuelo, vapores de hierbas, ejercicio, comida nutritiva, beban mucha agua y remedios naturales que tiene nuestro propio país”, pero “no por el covid” en Tanzania, sino por el covid “en otros países”.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-02-10/tanzania-covid-vacuna_2940947/

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