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Entrevista a Alekséi Navalni: esta es ‘la bella Rusia’ que propone más allá de Putin

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Las protestas en Moscú por la detención de Alekséi Navalni, opositor ruso, han sido inéditas. Más de 5.500 personas han sido detenidas durante las protestas este domingo en el país, una cifra sin precedentes en la historia rusa desde la caída de la Unión Soviética en 1991. Con la calle caldeada como no lo había estado desde hace tiempo, el país contiene ahora el aliento en el que es el juicio más importante del año para el país. Alekséi Navalni, el más reconocido opositor ruso, se enfrenta a una vista judicial por el caso Yves Rocher, por el que el político ya recibió en 2014 una condena de tres años y medio —declarada “arbitraria y manifiestamente injusta” por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos— que fue posteriormente suspendida.

Convocado ante los tribunales este martes y detenido desde su llegada a Rusia desde Alemania, donde se recuperaba de un envenenamiento con el agente nervioso Novichok, Navalni no tiene permitido conmunicarse con la prensa. El Confidencial publica en español esta entrevista en profundidad con el opositor, concedida a la plataforma ‘Le Grand Continent‘ y en la que comparte su análisis del contexto político y las perspectivas sobre el futuro de Rusia.

Navalni llega a su juicio en Moscú

PREGUNTA. Nos gustaría conversar con usted sobre los principales aspectos relativos a su proyecto político, que ha definido como “la bella Rusia del futuro” [fue el lema de Navalni en las elecciones presidenciales de 2018]. Si de usted dependiese, ¿qué cambiaría?

RESPUESTA. En distintas ocasiones, he mencionado en mi canal de YouTube [6,29 millones de suscriptores] que la educación es un tema clave. Los países desarrollados invierten en educación, en el capital humano. Mientras más educados sean nuestros ciudadanos, serán más competentes y capaces de tener salarios más altos y, por lo tanto, el futuro de Rusia será más prometedor.

De todo esto hay que sacar una conclusión: los medios de comunicación rusos no son solamente un negocio sino la institución más importante, sin la cual no podemos establecer un sistema político competitivo ni luchar contra la corrupción. Por ello, los medios deben disfrutar de una libertad de expresión plena.

La experiencia de los últimos 20 años nos ha mostrado que los oligarcas se llevan bien con el poder muy fácilmente cuando este necesita resolver un problema con la redacción de un periódico: una llamada a un oligarca, unas cuantas instrucciones y la redacción enmudece.

Foto: Alekséi Navalni, esposado en una comisaría de Moscú. (EFE)

Rusia es una federación, no necesitamos inventar otro sistema. En primer lugar, porque un país tan grande no puede ser gobernado desde un solo lugar. Luego, porque lugares como San Petersburgo y Chechenia son muy diferentes: nuestras regiones son diversas, por lo que necesitamos un sistema federal para que las regiones puedan ser gobernadas de manera diferenciada. Para ello, las regiones deben gozar de mayor independencia, el financiamiento y la autoridad deben ser redistribuidos a las ciudades para que el poder se ubique a nivel subnacional, y así protegerse del separatismo. Son las ciudades, y no las regiones, las que deben competir entre sí.

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Navalni plantea aquí la cuestión central del federalismo en Rusia. Bajo Yeltsin, los gobernadores demostraron una gran independencia, poniendo en peligro la coherencia y estructura de Rusia. Vladimir Putin, desde su llegada al poder en 2000, rompió con el legado de Boris Yeltsin, recentralizando el poder en manos del Kremlin. La Segunda Guerra de Chechenia es un ejemplo de ello. La popularidad de Vladimir Putin, así como el aumento del precio del barril de petróleo en la década de dos mil, también contribuyó a la implementación de una recentralización llevada al extremo, erosionando así el federalismo, y los controles y contrapesos en Rusia. Según Navalni, la redistribución del poder a las ciudades evitaría la ruptura característica del periodo Yeltsin, así como la centralización excesiva del régimen de Putin.

El presidente ruso, Vladimir Putin, este 1 de febrero. (EFE)
El presidente ruso, Vladimir Putin, este 1 de febrero. (EFE)

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P. Usted mencionó que no es posible dirigir el país desde un solo lugar. En su opinión, ¿cómo debería ser la separación de poderes entre el presidente, el Parlamento, el Gobierno y el poder judicial?

R. Actualmente, tenemos un sistema hiperpresidencialista —diría incluso que se trata de una cuasi monarquía—: todo el poder reside en las manos de una sola persona y el resto de las instituciones son superficiales. Debemos avanzar hacia una república parlamentaria en la que los partidos que lleguen al poder formen el Gobierno y aprueben las leyes que rigen nuestras vidas.

P. Imagine que usted registra su partido, Rusia del Futuro, y lleva adelante su campaña con el apoyo de ese partido en las elecciones: ¿en base a qué programa y con qué promesas?

R. En primer lugar, la liberación inmediata de todos los presos políticos. Luego, medidas eficaces para combatir la corrupción, tales como el cumplimiento del artículo 20 de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, que se enfoca en el enriquecimiento ilícito.

Foto: Desfile del Día de la Victoria en Moscú. (Reuters)

Además, una reforma del sistema judicial: si no existe una instancia en la que los ciudadanos puedan contradecir al Gobierno, esto no puede funcionar.

Otra medida sería la desregulación de las empresas. En ‘la bella Rusia del futuro’ que imaginamos, podremos crear una sociedad más fácilmente que en Singapur o Georgia. Los gastos por trámites administrativos serán los más bajos a nivel global. Se establecería, además, un salario mínimo. Durante la campaña presidencial, estimamos en nuestro programa que el salario mínimo mensual debería ser de 25.000 rublos [872 euros en paridad de poder adquisitivo, PPA]. Este monto tiene que ser ahora superior. Por último, las pequeñas empresas y los emprendedores deben estar exentos de impuestos.

P. Pero usted aún mantiene la intención de establecer un impuesto a la renta, ¿verdad?

R. Por supuesto, los impuestos a la renta son necesarios.

Foto de archivo de Alekséi Navalni en 2019. (EFE)
Foto de archivo de Alekséi Navalni en 2019. (EFE)

P. Es mejor adoptar las reformas judiciales con rapidez, en lugar de lentamente, pero en este ámbito siempre existe un problema: las reformas establecen un organismo independiente. Los mismos jueces que ordenaron su encarcelamiento, bajo una condena de arresto domiciliario, podrán seguir haciendo lo que ellos quieran.

R. Los tribunales que me condenaron a mí, y que condenaron ilegalmente a otras personas, violaron las disposiciones del Código Penal.

Para reformar el sistema judicial, lo primero que hay que hacer es asegurar la independencia de los jueces frente al presidente del tribunal.

Lo segundo, se refiere al nombramiento de los jueces. Actualmente, la mayoría de los jueces proviene de los tribunales, un pequeño número de ellos proviene de la magistratura, de la policía, pero casi no hay abogados, casi no hay juristas que provengan de la academia y el mundo universitario.

La carrera de todos los jueces es la misma: al comienzo, tienen un salario ridículo [19.457 rublos al mes, o 679 euros en PPA], son secretarios del juzgado. Son esclavos del sistema judicial y hacen cualquier cosa para que el presidente de la corte los designe como juez. La expresión ‘mafia judicial’ es relevante y verídica. Esta es la razón por la cual necesitamos reformar el sistema de nominación de los jueces. Estos, especialmente en las jurisdicciones superiores, deben ser autoridades en materia de derecho.

La expresión ‘mafia judicial’ es relevante y verídica. Esta es la razón por la cual necesitamos reformar el sistema de nominación de los jueces

La cuestión del salario surge a menudo en este ámbito. Por supuesto, siempre existirá la posibilidad de que los jueces sean corruptos. Sin embargo, la buena noticia es que podemos permitirnos pagarles bien, hasta un millón de rublos al mes [10.896 euros]. El objetivo es que el juez sea la persona más respetada de la ciudad, la más inteligente, la más educada. En este caso, tiene sentido pagarle un millón de rublos.

P. Usted mencionó el término ‘mafia judicial’. Esto es lo que sucedió en Ucrania: es necesario operar de manera progresiva; primero, reemplazando a los jueces de la Corte Suprema, luego a los de los tribunales municipales, luego a los presidentes de los tribunales y así sucesivamente. ¿Qué propone entonces para la contratación de los jueces?

R. Totalmente de acuerdo. Por ejemplo, en la situación actual, los jueces de los tribunales constitucionales son totalmente inútiles. Pero de nuevo, repito, la buena noticia es que es fácil contratar jueces. Debemos plantearnos como objetivo contratar a los mejores juristas.

Es cierto que es una decisión difícil de tomar para el Ejecutivo, ya que requiere adoptar reformas que le complicarían la existencia en el futuro: al Ejecutivo le corresponde establecer tribunales que, el día de mañana, podrían decidir sobre su propia caída. Pero no hay salida para este caso.

P. ¿Cree que se trata del tema político de mayor importancia?

R. Sí, absolutamente: un poder judicial independiente asegura el equilibrio. Actualmente, la Justicia sigue una lógica simple: llegas al poder, encarcelas a los que estuvieron antes que tú, pero sabes que, si dejas el poder, será su turno de encarcelarte. ¿Qué hacer? No dejar el poder. Así de simple. Es esto lo que debe cambiar.

Comienza el juicio contra el opositor ruso

P. Volvamos a la política. ¿Con qué partido estaría dispuesto a formar una coalición? En ‘la bella Rusia del futuro’, seguramente habrá otros partidos…

R. Si imaginamos un sistema con elecciones libres, creo que eso provocará cambios importantes y que haya nuevos partidos políticos. Pero haciendo un ejercicio intelectual con los partidos actualmente existentes, es decir, Rusia Unida [el partido asociado al Kremlin], los comunistas, Rusia Justa y LDPR [partido nacionalista dirigido por Vladimir Jirinovski], creo que una coalición solo sería imposible con Rusia Unida. No tendría ningún sentido, dado que somos la oposición a Rusia Unida.

Los demás partidos, los comunistas, LDPR y Rusia Justa, no son partidos ideológicos. Están constituidos por individuos que actúan de formas diferentes en las distintas regiones: en algunos sitios, de manera muy correcta, en otros, de manera muy negativa. En ciertas regiones, apoyan al 100% a Rusia Unida, en otras, son muy críticos con el partido en el poder. Existen incluso diferencias dentro de una misma región: en el Parlamento de la ciudad de Moscú, algunos diputados del Partido Comunista son formidables, mientras que otros están a las órdenes del alcalde, Serguéi Sobianin. Por ello, considero posible trabajar con todos los partidos excepto con Rusia Unida.

Protestas en Moscú en contra de la detención de Navalni. (Reuters)
Protestas en Moscú en contra de la detención de Navalni. (Reuters)

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Esta posición adoptada por Navalni, que consiste en aceptar trabajar con la llamada oposición ‘sistémica’, es decir, con los partidos que aceptan la dominación del Kremlin, le ha valido las críticas de algunos miembros de la oposición ‘no sistémica’, partidarios de una línea más dura contra todos los partidos existentes. Este debate se dio principalmente alrededor del proyecto de Navalni de ‘voto inteligente’, consistente en votar por el candidato mejor posicionado para derrotar al representante de Rusia Unida, dado que esta iniciativa ha permitido en varias localidades la elección de candidatos sistémicos a expensas de candidatos independientes (por ejemplo, el ‘voto inteligente’ ha permitido la elección del candidato del Partido Comunista, Vladislav Zhoukovsky, a expensas del candidato independiente, Roman Yuneman, en las elecciones legislativas del Parlamento de la ciudad de Moscú). La observación de Navalni sobre las divisiones del Partido Comunista ha quedado ilustrada estos últimos días por las diferencias de opinión entre algunos miembros de dicho partido con respecto al arresto del opositor: mientras que el líder del Partido Comunista, Guennadi Ziouganov, se refirió a Navalni como “agente del Departamento de Estado” estadounidense, diputados comunistas acudieron al aeropuerto de Vnukovo para apoyarle a su regreso de Alemania.

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P. Los medios de comunicación son un centro neurálgico, su control es crucial para el control que Rusia Unida ejerce sobre el país. ¿Cómo aborda el problema de la censura, del control del Gobierno o de los oligarcas sobre los medios de comunicación?

R. Sí, esta es una cuestión muy importante. Basta recordar cómo Putin consolidó su poder para darse cuenta de ello: tenía asegurado el control de los medios de comunicación antes de hacerse con el poder judicial y las fuerzas del orden. Este control sobre los medios se logró de manera bastante sutil, si me permite decirlo: una minoría de medios fue disuelta, la mayoría fue comprada. Es el caso de los medios adquiridos por oligarcas, como ‘Vedomosti’. ‘Vedomosti’ era un excelente periódico, pero leerlo se convirtió en una pesadilla. Y el Gobierno declara: “No tenemos nada que ver con esto, es solo la ley del mercado, no es censura”.

Llegas al poder, encarcelas a los que estuvieron antes que tú. Si dejas el poder, será su turno de encarcelarte. ¿Qué hacer? No dejar el poder

El poder tiene dificultades para llevarse bien con la redacción de medios como RBC, pero se las arregla muy bien con el propietario Mikhaíl Prokhorov. Prokhorov, por su parte, ha aceptado despedir a periodistas que habían escrito sobre la existencia de una granja ostrícola frente a la casa de Putin. [Navalni hace referencia aquí al palacio de Putin, tema de un vídeo publicado por el opositor. El vídeo fue subido a YouTube el 19 de enero, después de su arresto, y ha sido visto más de 100 millones de veces en unos pocos días].

P. Ha mencionado usted a los oligarcas y suele decir que hay que revisar los resultados de la privatización que tuvo lugar en los años noventa. Si llega al poder, ¿qué hará al respecto?

R. No asustemos a nuestro público. Siempre utilizamos una expresión como esta: revisar los resultados de la privatización. Algunas personas escuchan esto y dicen: “Dios mío, ¿cómo es posible?, ¿recuperar todos los bienes que fueron privatizados y redistribuirlos de nuevo?”, mientras que otros preguntan: “¿Qué pasa entonces con la privatización de los pisos?”. Por lo tanto, esto suscita inquietudes y se llega a la conclusión de que es mejor no revisar los resultados de la privatización.

Los ‘préstamos por acciones’ [en 1995-1996, el Gobierno de Boris Yeltsin subastó las acciones de los gigantes rusos de la energía y las materias primas a modo de préstamo. El Estado ruso debía devolver los préstamos al cabo de dos años. En realidad, este esquema condujo a la concentración de las mayores empresas en manos de una docena de hombres, los oligarcas] no son más que el símbolo de la injusticia, un ejemplo, de cómo se han robado y adquirido deshonestamente grandes empresas. Esto es un lugar común. Si Khodorkovsky habla de ello, si Fridman también lo menciona, si la gente que participó de este sistema de ‘préstamos por acciones’ lo reconoce, entonces algo habrá que hacer. Este sistema de adquisición ha llevado a que en Rusia ya no se reconozca la propiedad privada. Parece propiedad privada, pero en realidad el proceso por el que fue adquirida fue tan injusto que nadie se quejaría si estos bienes fuesen confiscados.

Protestas en Moscú. (Reuters)
Protestas en Moscú. (Reuters)

Así pues, resulta necesario poner en marcha un sistema simple para corregir los resultados de los ‘préstamos por acciones’ y del conjunto de estas privatizaciones a gran escala: los que se beneficiaron de estas prácticas deben pagar un impuesto importante. En Europa, se han llevado a cabo procesos similares. Es el caso de Reino Unido: tras los acuerdos de privatizaciones bajo el mandato de Margaret Thatcher, el Gobierno y el sistema jurídico entendieron que se habían cometido errores con respecto a la industria del carbón. En consecuencia, estas empresas tuvieron que pagar impuestos adicionales.

Es importante señalar que cuando hablamos de los ‘horrores de la privatización’, nos referimos sobre todo a los ‘préstamos por acciones’ del periodo Yeltsin, mientras que la mayoría de los acuerdos ilegales, de los robos más bien, se produjo en tiempos de Putin. Y aquí no me refiero solamente a las privatizaciones. Pienso, por ejemplo, en la compra por la empresa estatal Gazprom de Sibnet, que permitió a Roman Abramovitch amasar una fortuna inmensa. Este tipo de acuerdos es criminal. Por eso, los que han conseguido ocupar un lugar en la lista ‘Forbes’, no gracias a su inteligencia sino por el juego de la privatización, deben pagar un fuerte impuesto. Sin duda, continuarán en la lista ‘Forbes’, pero ya no con 17.000 millones de dólares, sino quizá con 9.000 millones.

P. Si se observan las valoraciones en el momento de la adjudicación de las empresas, los precios eran dos, tres o hasta 10 veces más bajos: no se trata de una diferencia de 8.000 millones de dólares. Los que están en la lista ‘Forbes’ lo lograron en los dos mil, no en los noventa. Lo que usted dice a este respecto plantea una pregunta: ha dicho que no tocará la mayoría de los acuerdos realizados en el periodo de la privatización, pero ¿quién decidirá cuáles deben ser incluidos en una lista negra de contactos injustos?

R. En primer lugar, esta lista tendrá que ser elaborada, tras una auditoría, por una comisión constituida por parlamentarios y miembros del Gobierno. Esto afectaría primero a los ‘préstamos por acciones’ y a otras grandes empresas soviéticas. Los propietarios podrán acudir a los tribunales y el Gobierno deberá explicar su decisión. Nadie dice que hay que quitarles todo a individuos como Mikhaíl Prokhorov y fusilarlos. Tendrán que pagar un impuesto siguiendo un procedimiento claro y con una explicación de la razón por la que están incluidos en dicha lista. Y cuando hablo de las ventas realizadas bajo el mandato de Putin, no se trata de privatizaciones, sino de auténticos robos.

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Mikhaíl Prokhorov es uno de los hombres más ricos de Rusia, que hizo su fortuna en metales con la empresa rusa Norilsk Nickel. Se postuló a la presidencia en 2012. Su candidatura permitió representar a las voces de la clase media alta de Moscú sin poner en peligro a Vladimir Putin. Así, la oposición no sistémica lo vio como un títere del Kremlin. En 2017, vendió sus acciones en el conglomerado de medios RBC tras una serie de artículos que provocaron la ira del Kremlin contra el empresario Grigory Berezkin, propietario del periódico pro-Kremlin ‘Komsomolskaya Pravda’.

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P. Sin embargo, en algunos casos, ya se han superado los plazos de prescripción. ¿Esto no le preocupa?

R. Eliminaremos la prescripción. Lo importante es que el sistema judicial sea independiente.

Cuando hablo de las ventas realizadas bajo el mandato de Putin, no se trata de privatizaciones, sino de auténticos robos

P. Concretamente, ¿esto significaría que los plazos de prescripción serían suspendidos a través de una reforma del sistema judicial?

R. Sí, porque no es posible considerar que los que están a la cabeza del tribunal de la ciudad de Moscú representan la Justicia. No tenemos un sistema judicial.

P. Tenemos que hacerle una pregunta sobre un tema central en 2021: la protección de las minorías y la igualdad de género. A menudo, ha sido usted acusado de sexismo y de nacionalismo étnico. ¿Qué puede decir al respecto?

R. Estoy muy orgulloso de que nuestra organización, tanto dentro del Fondo Anticorrupción (FBK) como en el equipo dirigente, haya alcanzado la paridad. Tenemos más mujeres que hombres en puestos directivos y, en general, hay más mujeres que hombres trabajando para nosotros.

Es evidente que aún tenemos que avanzar en materia de igualdades, pero no somos los únicos: países como Noruega y Suiza también tienen progresos por hacer en este ámbito. Sin embargo, en cualquier programa de comedia, rusa o estadounidense, la mitad de los chistes están relacionados con las etnias. Es así. Es un tema que hacer reír a la gente. Lo que hay que observar con atención es la actuación de las autoridades: lo que dice un cómico no lo puede decir un político.

El opositor ruso Alekséi Navalni sale esposado de una comisaría en las afueras de Moscú. (EFE)
El opositor ruso Alekséi Navalni sale esposado de una comisaría en las afueras de Moscú. (EFE)

P. ¿Pero es usted un cómico o un político?

R. Soy un político, no hago comedia, no hago ‘stand-up comedy’ diciendo “¿sabéis cuál es la diferencia entre los osetios y los pueblos ruso-ucranianos?”.

P. Como osetio que soy, ¿cómo hacer para sentirme como un ciudadano de primera clase en mi país? En la medida en que a usted no le gusta la palabra ‘rossiyanin’ (ciudadano del Estado ruso) y prefiere la palabra ‘russki’ (que pertenece al grupo étnico ruso), habría por un lado hombres y mujeres de primera categoría y por otro personas como yo, que no tienen un ‘nombre ruso’ ni una ‘cara rusa’ y que tienen un color de pelo ‘no ruso’. Esto me empieza a preocupar. Como osetio, ¿debería temer que alguien como usted se convierta en el líder político de Rusia?

R. No, no hay nada que temer. No veo ningún problema en el hecho de que una parte importante de la población no quiera identificarse como ‘rossiyanin’ y prefiera su identidad de ‘russki’. Los daguestaníes, los rusos étnicos y todos los demás grupos contribuyen a la diversidad de la sociedad. No es necesario tratar de suavizar esa diversidad de ninguna manera. No hay necesidad de ser hipócrita y mentir: dejemos que cada uno se muestre orgulloso públicamente de su identidad. Para el Gobierno, para mí y para cualquier líder hipotético del sistema político, es importante proteger las lenguas nacionales, las escuelas nacionales y a las personas que están orgullosas de ser osetias. En nuestro país, siempre existirá una cuestión nacional, dado que nuestro país es grande y diverso.

P. Boris Yeltsin utilizaba la expresión “queridos rossiyanin” en sus discursos y a usted no le gusta este término. En su opinión, ¿cómo deberíamos referirnos a los ciudadanos de Rusia?

R. No lo sé. El término ‘russki’, desgraciadamente, no sirve para todo el mundo, dado que tiene una connotación étnica. Usted no quiere pertenecer a la categoría de los ‘russki’ y muchos otros tampoco quieren.

En nuestro país, siempre existirá una cuestión nacional, dado que es grande y diverso

P. ¿Cuánto tiempo hará falta para construir ‘la bella Rusia del futuro’ que tanto desea y para que el cambio sea irreversible?

R. Creo que será más rápido de lo que muchos piensan. A menudo, oímos que harán falta 100 años para completarlo. Considero que a partir del momento en que, según el conjunto de la Constitución y de las leyes, tengamos un sistema judicial independiente y en que los derechos electorales estén firmemente garantizados, imposibilitando que se manipulen las elecciones y que se bloquee el acceso a determinados candidatos, como está ocurriendo actualmente, entonces creo que llevará el tiempo equivalente a dos periodos electorales, unos 10 años.

De hecho, me gustaría que volviéramos a tener mandatos de cuatro años para el presidente y la Duma. Esto significa que harán falta 10 años en total para que pasen dos ciclos electorales y que tenga lugar una rotación completa en el poder. En este periodo de 10 años, se puede esperar que todo funcione. Después, diría que, si conseguimos garantizar un sistema legal independiente y los derechos electorales, entonces todo irá bien.

P. Esto significa sin duda que será necesario un periodo de transición de algunos años para redactar nuevas leyes y aplicar reformas judiciales.

R. Muchas leyes ya han sido reescritas. El director de la ONG Agora, especializada en temas jurídicos, Pavel Chikov, ya escribió hace varios años una propuesta de reforma judicial; la propuesta de reforma de las fuerzas del orden también está redactada. El Instituto de San Petersburgo para el Respeto del Estado de Derecho ya ha escrito un gran número de proyectos y son todos ellos bastante buenos.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2021-02-02/entrevista-navalni-le-grand-continent_2931500/

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