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Repolonización: el “patriotismo económico” polaco que lo quiere nacionalizar todo

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Repolonizar es “volver a comprar la plata que nuestros padres empeñaron”. Así define Morawiecki, el premier polaco, la nueva palabra talismán del PiS (partido del gobierno) que intenta conseguir el poder estatal -y en última instancia gubernamental- de grandes empresas privadas instaladas en Polonia. El plan afecta a empresas españolas y que incluye nepotismo e historias dignas de una novela de espías. Es la doctrina económica del populismo.

Al igual que está haciendo con el sistema judicial, el gobierno polaco intenta controlar sectores clave como los medios de comunicación o los bancos. Para ello se sirve de empresas estatales o de cambios a conveniencia en la legislación. Se trata de un proceso inverso pero simétrico al que tuvo lugar desde 1989, cuando Polonia se convirtió, de la noche a la mañana, en una democracia de mercado y privatizó muchas grandes empresas públicas, en muchos casos de manera irregular.

Expresiones como “patriotismo económico” o “restitución del honor” son las etiquetas empleadas para justificar operaciones económicas con un trasfondo político, como el frustrado intento de compra de la aerolínea alemana CONDOR por parte de la polaca LOT, que en su día fue vendido como una muestra del poderío polaco frente a sus vecinos alemanes. Los bancos, la industria de defensa, los medios de comunicación… Todos los sectores son susceptibles de ser afectados por la repolonización, sobre todo bajo un gobierno que tiene sometido al poder judicial y que no duda en usarlo para sus fines. En una encuesta de la Cámara de Comercio polaca, la principal queja de los inversores fue la “impredecible política económica” del gobierno (2,3 sobre 10 y bajando).

Foto: Una paciente polaca es vacunada. (Reuters)

Uno de los ejemplos más inquietantes es el empeño gubernamental por hacerse con los medios de información: Orlen, la mayor empresa polaca de energía y una de las más poderosas del país, ha comprado 20 de los 24 diarios regionales del país, además de 120 semanarios y 500 webs de información, así como la mayoría de las acciones de Ruch, la principal distribuidora editorial de prensa.

El caso de “tele Korea”

La decisión de una compañía energética de titularidad estatal por introducirse en el sector de los medios de comunicación solo se entiende desde un punto de vista de la conveniencia política. La maniobra cobra pleno sentido al comprobar que el gobierno del PiS ha estado inyectando dinero en forma de publicidad institucional en los medios afines (Sieci, Gazeta Polska, Do Rzeczy), marginando a los más críticos. En casos concretos, el incremento llega al 300% en los últimos 4 años. Otro ejemplo llamativo es la inyección de 500 millones de euros a la televisión estatal (apodada como “tele Korea” por su descarada propaganda progubernamental) en plena campaña electoral presidencial.

La presión económica -como retrasar pedidos estatales para asfixiar a sus proveedores y, cuando se ha debilitado a la empresa, comprarla- es otra estrategia “repolonizadora”. Es el caso de la firma PZL, una fábrica de helicópteros militares que llegó a ser una de las más importantes del Bloque del Este durante la Guerra Fría. En 2010 pasó a manos italo-británicas (AugustaWestland, luego Leonardo Helicopters). En 2018, Artur Sobón, ministro de Inversión y Desarrollo, anunció la “re-polonización” de la firma y Morawiecki prometió una lluvia de pedidos si se consumaba la venta.

El gobierno polaco cree que para hacerse respetar en Europa debe tener un gran banco

El sector bancario también está en el punto de mira. El gobierno polaco, que mantiene la idea de que Europa occidental ejerce aún un colonialismo paternalista sobre Europa Oriental, y una de los puntos clave para defender su independencia económica y reivindicar su lugar como potencia financiera regional es contar con un gran banco para hacerse respetar en el contexto europeo. La ocasión llegó en 2017: en junio de ese año se produjo la mayor operación de repolonización hasta ahora: las empresas estatales PZU (equivalente a la Seguridad Social) y PFR (Fondo Polaco de Desarrollo, equivalente a Fomento) compraron a los italianos de UniCredit el 32,8% del Pekao Bank, acercándose de esta manera al control de esa entidad a cambio de 2.500 millones de euros. En espera de una coyuntura favorable, se planea ahora que PKO, el mayor banco polaco, se fusione con Pekao, lo que crearía un gigante regional con 15 millones de clientes en este país. Todo bajo control estatal (lo que equivale a decir gubernamental).

Un año después, en 2019, se produjo otro intento de repolonización bancaria. El objetivo: m-Bank, la marca en Polonia del alemán Commerzbank. Los germanos pusieron a la venta el 69% de mBank, un banco saneado y con gran proyección. Morawiecki dijo explícitamente que el gobierno prefería un comprador polaco, recordando lo que ocurrió en la crisis de 2008, cuando el 70% de los depósitos bancarios polacos estaban en bancos privados extranjeros que adoptaron políticas restrictivas por la crisis y perjudicaron a la economía polaca, que iba mejor que el resto. Un gran banco español estaba bien posicionado para comprar ese 69% de mBank, pero de repente empezaron a aparecer noticias en parte de la prensa económica polaca difundiendo rumores que cuestionaban el papel del banco español en la operación. La confusión y la sospecha de que el gobierno usaría todos sus resortes para frustrar el éxito español provocaron que mBank suspendiese temporalmente la venta.

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki. (EFE)
El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki. (EFE)

Reunir el capital necesario para repolonizar una empresa no siempre es fácil, pues Polonia no tiene muchas empresas estatales capaces de comerse “peces grandes”. Pero en mayo del año pasado, el ministro de Justicia anunció una nueva ley que permitiría expropiar los bienes de empresas o individuos acusados de delitos, aún antes de que se dicte sentencia alguna. La CEOE polaca lo ha calificado de “inaceptable” e “inconstitucional”. Según un extracto del texto de la futura ley filtrado por el diario Gazeta Wyborcza, “es suficiente que un acusado se mantenga en contacto con el autor de un delito para que pueda ser obligada a probar el origen de todos sus bienes, bajo pena de su expropiación por parte el estado, o de cualquiera de sus agencias o autoridades. El estado se apoderará o eventualmente se hará cargo de los bienes de forma legal”. En otras palabras, si tal ley se lleva adelante, cualquier empresa acusada de un delito podría ser expropiada cautelarmente por el Estado.

Los ejemplos de nepotismo dentro del gobierno polaco, con varios casos de familiares y amigos nombrados como altos cargos de las empresas repolonizadas, sugieren un interés que va más allá de lo “patriótico” en el empeño de “volver a comprar la plata de la amilia”. Un tío y una hija del presidente Duda, dos esposas y un hijo de ministros, una prima del primer ministro, todos ellos sin el currículum necesario (la hija de Duda, de 25 años, es “consejera de asuntos sociales”), ostentan cargos públicos. El caso del jefe de Orlen es significativo: Daniel Obajtek era antes el alcalde de un pueblo de 10.000 habitantes y ahora dirige a más de 20.000 empleados.

Foto: Protestas contra el Gobierno polaco. (Reuters)

El último capítulo en esta historia de altas finanzas, política y ambiciones personales incluye la desaparición del enigmático Leszek Czarnecki. Con una larga y sinuosa carrera como empresario de “pelotazos” y “facilitador” para varios gobiernos, Czarnecki es una mezcla de Supermán y Jesús Gil a la polaca. Desde que a los 24 años se hizo con el monopolio del transporte fluvial del Odra, el inefable Czarnecki (“patológicamente criminal”, le llamó el padre de Morawiecki) ha ido levantando y vendiendo negocios por sumas cada vez mayores. Por un lado, construía el rascacielos más alto de Polonia y vendía por 900 millones empresas que le habían costado 4; por otro batía récords mundiales de submarinismo, pilotaba aviones y hacía expediciones al Polo Norte y colaboraba con los servicios de inteligencia con el seudónimo ‘Ernest’.

En la nochevieja de 2020, en una escena digna de una película de espías, Czarnecki supo que Pekao, un banco estatal, iba a adquirir por la fuerza el banco Idea, propiedad de Czarnecki. Idea, que estaba atravesando una situación difícil, pero “estaba a punto de anunciar resultados excepcionalmente buenos” según su dueño, fue víctima de “una nacionalización en toda regla, además de una venganza política”, según dijo indignado Czarnecki antes de abandonar el país precipitadamente (y, según algunas fuentes, escondido en el maletero de un coche).

“Todo medio independiente es un enemigo para el gobierno. Nos sentimos como una rana a la que están cociendo”

Aunque la compra de Idea se hace bajo las directrices del Fondo de Garantía Bancaria, y en base a la delicada situación de Idea, para Dariusz Filar, miembro de la dirección del banco, está claro que “en Polonia hay una fuerte tendencia política que quiere nacionalizar el sector bancario”. El equipo de abogados de Czrnecki ha sugerido que su cliente está dispuesto a no caer solo y que pronto habrá detalles sobre sobornos de cientos de millones a miembros del gobierno, negocios en Rusia y Bielorrusia y otras oscuras conexiones político-financieras.

Marek Tejchman, editor del respetado diario centrista Dziennik Gazeta Prawna, dijo que “repolonizar (los medios) no es hacerlos más polacos, sino más pro gubernamentales; todo medio independiente es un enemigo para el gobierno. Nos sentimos como una rana a la que están cociendo”.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2021-01-30/repolonizacion-patriotismo-economico-polaco-todo_2923200/

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