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Algunas claves para la recuperación económica después de la pandemia

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El 2020 se caracterizó por la recesión más fuerte en la historia económica mundial, jalonada por el covid-19 que se expandió por todos los rincones del planeta. Una grave crisis social, sanitaria, laboral y de hábitos de consumo recorre el mundo, que ha profundizado la desigualdad y pobreza en todos los países. No obstante, surge una esperanza para el futuro con los avances en vacunas y la victoria del demócrata Joe Biden, que podría dar un viraje a la gobernanza global.

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El último informe del Banco Mundial (BM) registra en 2020 una recesión del -4,3 % global, causada por la caída de economías desarrolladas como la de Estados Unidos (-3,6 %), Japón (-5,3 %) y la zona euro (-7,4 %). Por su parte, América Latina (-6,9 %) y África (-3,7 %).

Por el contrario, la región de Asia Oriental y el Pacífico fue la única zona donde no hubo decrecimiento, pese al cierre de actividades económicas durante algunos meses del año. En 2020, creció 0,9 %, liderada por China con la sorprendente alza del 2 % del PIB.

Al tiempo, la proyección del BM indica que en 2021 todas las economías del mundo se recuperarán, aunque de manera desigual. Los países y regiones con sistemas eficaces de seguimiento y aislamiento, con vacunación oportuna tendrían un mejor desempeño, sin ignorar que la demanda mundial será un freno.

A nivel global se estima un crecimiento del 4 %, donde Estados Unidos lo hará al 3,5 %, Japón 2,5 % y la zona euro 3,6 %. Por su parte, América Latina 3,7 % y África 2,7 %. Asia Oriental con el 7,4 %, liderado por China (7,9 %). Significa, según Ning Jizhe (director de Estadísticas), “que en los últimos veinte años nuestro PIB se ha multiplicado por diez y sería el 17 % del total internacional en 2020”.

América Latina, una de las regiones más desiguales en el mundo, ha sido de las más golpeadas por el covid 19. La Ocde señala: “Los más vulnerables seguirán sufriendo de manera desproporcionada. La empresa más pequeña tiene más probabilidades de quebrar. Muchos trabajadores con salarios bajos han perdido sus trabajos y en algunos casos están protegidos por el seguro de desempleo, así como las personas que viven en la pobreza están peor resguardadas por las redes de seguridad social y han visto cómo su situación se deteriora”.

Las cifras que provee el Banco Mundial referentes a 2020 indican una tasa de decrecimiento de -6,9 % para la región: Brasil -4,5 %, Chile -6,3 %, Colombia -7,5 %, México -9 %, Argentina -10,6 % y Perú -12 %.

Para el 2021 se proyecta un crecimiento del PIB de la región del 3,7 %, con Brasil 3,0 %, Chile 4,2 %, Colombia 4,9 %, México 3,7 %, Argentina 4,9 % y Perú 7,6 %. Los incrementos en el PIB no bastarán para retornar a los niveles previos a la pandemia.

Como señala Stiglitz, lo primero “será la recuperación tras la pandemia con varias vacunas a la vista, la tarea inmediata es tender un puente entre el presente y la economía postcrisis. Ya es demasiado tarde para una ‘recuperación en forma de ‘V’ (caída y rápida subida).

Varias empresas han quebrado, hogares y familias agotaron sus ahorros, capas medias se han empobrecido y en el sector más vulnerable se aumentaron los niveles de pobreza e indigencia.

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El Banco Mundial estima que en el 2020 más de 100 millones de personas engrosaron las filas de la población en pobreza extrema, que a nivel global ya era de 700 millones. Las proyecciones indican que de no tomar las medidas adecuadas en los próximos años podrían sumarse millones de personas a los cinturones de miseria.

En efecto, la Cepal señala que, en la región, más de 230 millones de personas quedarán en situación de pobreza, es decir, más del 35 % de la población latinoamericana, y en el caso de Colombia podría, incluso, afectar a más del 45 % de la población, con el agravante de que la tasa de informalidad para 23 ciudades y áreas metropolitanas fue del 48,7 % en el último trimestre del 2020 y la tasa de desempleo es del 15,8 %, según el Dane. El coeficiente Gini para la región es del 46,2 %, el más alto es Brasil 53,9, seguido de Colombia con el 50,4, que reflejan la enorme desigualdad social.

No hay duda de que el covid-19 es un duro golpe para todas las economías. A nivel mundial ya pasamos los 100 millones de casos, con más de 2 millones de fallecidos y una letalidad del 2 % aproximadamente. Colombia ya supera los dos millones de contagios y las 50.000 muertes, una cada nueve minutos, que corresponden en 90 % a los estratos 1, 2 y 3.

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La respuesta a la pandemia, sostiene el exministro Mauricio Cárdenas, “ha profundizado las desigualdades dentro de los pobres y entre los países ricos y pobres. Por ejemplo, un modelo de vacunación donde los ricos reciben el 100 % de cobertura y los pobres, el 20 % es cuestionable por razones tanto éticas como de salud pública”.

La inversión en salud demanda un esfuerzo del Estado y del sector privado, por tratarse de un bien público que no lo regula el mercado, como el caso de la vacuna, que no debería competir por ganancias entre multinacionales farmacéuticas y gobiernos que las compran, algunos de manera tardía. Como Colombia, que llegó último, con toda suerte de improvisaciones. Más de siete países latinoamericanos ya iniciaron la vacunación, como Brasil, México, Argentina, Costa Rica, Chile y Ecuador.

Los países ricos tienen respuestas más rápidas porque han invertido en ciencia y tecnología; mientras, los pobres seguirán más expuestos a la letalidad del virus

Políticas sanitarias y económicas deben ir de la mano para evitar el impacto de rebrotes, lo cual exige a los gobiernos formular políticas económicas que garanticen un apoyo fiscal permanente, priorizando la inversión en bienes y servicios esenciales como educación, salud, infraestructura física y digital e impulsar acciones para revertir la pobreza y la desigualdad, en el entendido de que el problema es estructural y, por ende, precisa de intervenciones integrales.

Como lo recomienda la Ocde, “la resiliencia de los sistemas sanitarios no depende solo de la distribución de la vacuna y del número de camas en UCI, sino también de medidas de prevención y acceso a la atención médica para todos”, incluidos mejores resultados en educación y en el mercado laboral.

Esto muestra claramente que los países ricos tienen respuestas más rápidas porque han invertido en ciencia y tecnología, mientras que los pobres seguirán más expuestos a la letalidad del virus. Lograr una vacunación masiva es una condición necesaria para la recuperación económica.

La diferencia está en el tipo de políticas implementadas durante el periodo de aislamiento y el de recuperación.
Lo esencial es salvar vidas: inversiones prioritarias en los sistemas de salud, lo cual se traduce en sistemas eficaces de rastreo y monitoreo de casos de contagio.

Adicionalmente, la atención máxima debe enfocarse en la adquisición, distribución y aplicación de las vacunas. Ejemplo de ello lo ha dado el presidente Joe Biden, quien comenzó priorizando la vacuna e implementando todas las medidas de bioseguridad recomendadas por la OMS, organismo al que regresa su país, al igual que al acuerdo de París, a la OMC y a rescatar el multilateralismo.

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La apuesta del nuevo mandatario es por un capitalismo progresista, retomar el liderazgo internacional perdido durante el nefasto gobierno de Donald Trump. Como advierte el nobel de economía Joseph Stiglitz, “volver a la normalidad no quiere decir volver al neoliberalismo. En comercio internacional y en otros aspectos del marco económico del siglo XXI es necesario revisar y reformar las agendas políticas…Está claro que el neoliberalismo provocó menos crecimiento, más desigualdad y todas las consecuencias sociales y políticas que hemos visto en años recientes”.

Recomienda intervención del Estado para responder eficazmente a la crisis, “reemplazar una ideología que sirve a unos pocos en detrimento de los muchos, por otra basada en los valores democráticos y en la prosperidad compartida”.

En estas políticas visualizamos dos modelos de desarrollo: el capitalismo salvaje, que favorece a las grandes transnacionales industriales, financieras o tecnológicas, que facturan millones de dólares, mientras millones de personas quedan sin trabajo y en la miseria. Y otro, el progresista, basado en valores democráticos y prosperidad compartida, donde el papel del Estado es crucial en la inversión para investigación, educación e infraestructura.

En el caso de Colombia, hay aspectos nefastos que están presentes, como el narcotráfico. “Es un factor crucial en la región con su influencia económica, con su secuela en crimen, violencia, seguridad pública, corrupción. Hoy, la inseguridad pública y la corrupción son quizás los rasgos de mayor preocupación para cualquier latinoamericano”, dijo el periodista Jon Lee Anderson en este diario.

Este fenómeno sigue ocasionando masacres selectivas de líderes sociales y ambientales que se oponen al mercado de la droga, con poca eficacia del Estado, mientras se incrementa la violencia con muertes y huérfanos que se suman al saldo del covid-19. En efecto, el embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, se muestra insatisfecho con la respuesta del gobierno Duque en relación con las masacres y ataques contra grupos y líderes sociales. “Estamos urgiendo, instando al Gobierno colombiano, como todos los países, a hacer más, porque no está funcionando si hay masacres”, dijo Goldberg.

Regresar al multilateralismo también implica para Colombia entender el nuevo escenario internacional donde el Asia Pacífico juega un papel decisivo en la gobernanza internacional. La estrategia de Trump de ‘América primero’ para aislar a la China ha fracasado, no solo por su evidente recuperación económica y buen manejo de la pandemia, sino por su nueva estrategia de largo plazo de construir “un gran país socialista moderno”, con un oriente en ascenso y un occidente en declive.

Su estrategia de alianzas y apertura le han llevado a consolidar acuerdos comerciales con 11 vecinos del Pacífico y con la Unión Europea recientemente. Han sugerido que China puede unirse a la Asociación Transpacífica Integral y Progresista de 11 miembros, pacto comercial más ambicioso propuesto por Estados Unidos bajo Barack Obama, que Donald Trump rechazó (The Economist 23-1-2021).

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Este cambio podría ayudar en dos sentidos: provisión de vacunas a corto plazo y estimular la economía a mediano plazo, para superar la actual situación de crisis. Los productos colombianos podrían ser competitivos en el mercado chino, fortalecer las exportaciones agropecuarias y beneficiarnos de los avances tecnológicos. El mundo se mueve por bloques que no son los que surgieron después de la guerra fría y la posguerra, pues lo que urge ahora es la recuperación pospandemia, antes de que se presenten nuevos estallidos sociales que quedaron aplazados por los cierres y cuarentenas, no solo por la precarización de la economía, sino por la contracción de la democracia política.

RICARDO MOSQUERA
*Exrector – Profesor Asociado Universidad Nacional

Fuente: El Tiempo https://www.eltiempo.com/economia/sectores/coronavirus-en-colombia-claves-para-la-recuperacion-economica-despues-de-la-pandemia-563597

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