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‘Bajocero’: supervivencia y venganza en el último ‘thriller’ de Netflix

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A pesar de la nocturnidad y la alevosía, resulta difícil importar ciertas convenciones del cine de acción y el thriller estadounidense a, pongamos, una carretera de Cuenca. No es lo mismo una persecución por la Interestatal 17 que por la A-40. O quizás sí, pero cuesta más asumir ciertas presunciones cuando el escenario está pegado a tierra. Por eso una producción como ‘Bajocero’ cuenta de partida con un primer obstáculo en el ejercicio de suspensión de la incredulidad (o de improbabilidad) que demanda el guión escrito por Fernando Navarro (‘Orígenes secretos’ y ‘Cosmética del enemigo’, ambas del 2020) y Lluís Quílez vuelve a probar suerte con el largometraje después de ‘Out of the Dark’ (2014): hay que aceptar la ausencia de móviles, de testigos, de control; hay que aceptar un cúmulo de casualidades que, si se superan, convierten este ‘thriller’ policíaco —a camino entre el género ‘survival’ y el de venganza— en un perfecto estreno de plataforma. Aunque el filme tenía previsto inicialmente un estreno en salas, al final se estrena este viernes directamente en Netflix.

Tráiler de ‘Bajocero’

En el papel más físico de su carrera —corre, nada, encaja puñetazos—, Javier Gutiérrez defiende un protagonista difícil, un hombre corriente del que la historia exige heroicidad y la resolución de un dilema moral común en este tipo de cine: ¿es lo mismo la Ley que la justicia? La propuesta de Quílez es ambiciosa: un tipo normal y corriente, nuestro antihéroe, encerrado en un camión policial y rodeado de enemigos que quieren acabar con él. Y el director consigue mantener la tensión durante todo el metraje, pero sacrifica en el camino la verosimilitud, la misma que consigue salvaguardar John McClane en ‘La jungla de cristal’. ¿Quizás haya cierto provincianismo en la incapacidad de imaginarnos a un policía nacional algo enclenque en ciertas situaciones imposibles (sobre todo a medida que llega el final) y aceptárselo a un detective de Brooklyn? Quizás. Pero también hay un enrevesamiento y artificio contraproducente.

Los reclusos que acompañan a Martín en el camión policial. (Universal/Netflix)
Los reclusos que acompañan a Martín en el camión policial. (Universal/Netflix)

Es el primer día en su nuevo destino como policía nacional para Martín (Javier Gutiérrez) y su primer cometido consiste en el traslado de un grupo de reclusos de un centro penitenciario de Madrid a una cárcel de Cuenca. Su compañero Montesinos (Isak Férriz, ‘Gigantes’) representa el arquetipo de policía pasado de vueltas, desencantado e indisciplinado, pero del que no sabemos ni sabremos casi nada. Porque los personajes, sobre todo los reclusos, apenas son una pincelada basada en estereotipos: el rumano ciclado cabecilla de una peligrosa banda criminal, el colombiano sensible, el ratero gitano apasionado del flamenco, el político corrupto, el veinteañero quinqui y algún otro más que tan solo aparece para rellenar espacio físico y poco más.

El director se adelanta a las preguntas que se hace el espectador, consciente de que no son digestibles de primeras. ¿Por qué se organiza un traslado nocturno? ¿Por qué los agentes no llevan teléfono móvil? ¿Por qué no saben el recorrido hasta poco antes del traslado? ¿Por qué podría perderse, aparte de por un temporal, un enorme camión policial en una carretera nacional? A medio camino, una figura misteriosa ataca el vehículo policial. Y lo que en principio parece un motín para sacar de la cárcel a uno de los prisioneros acaba tornando en una trama sorprendente e inesperada.

Javier Gutiérrez, en otro momento de 'Bajocero'. (Universal/Netflix)
Javier Gutiérrez, en otro momento de ‘Bajocero’. (Universal/Netflix)

‘Bajocero’ tiene los ingredientes ideales como producto de plataforma incluso aunque no se concibiese como tal. Un reparto de caras conocidas —Gutiérrez, Luis Callejo, Patrick Criado—, una trama de acción trepidante y un presupuesto medio. Sin embargo también adolece de sus defectos, como es la homogenización tanto en lo narrativo como en lo audiovisual, sin demasiados sobresaltos, con una estructura clásica bien marcada y con un dilema moral que acaba resuelto no solo físicamente, sino con un largo monólogo —casi soliloquio— en el que tal o cual personaje explica de qué va la película, por si alguien se ha quedado dormido o ha apretado el botón de velocidad x1,5. Y, si Gutiérrez defiende su personaje, Errejalde —adentrarse en su identidad supondría un ‘spoiler’— no encuentra el tono ni la convicción.

Quílez habría podido explotar, ya que decide que la acción transcurra en un espacio reducido, la claustrofobia del punto de vista único del protagonista, seguirlo en la angustia de no conocer todo lo que está sucediendo. Pero el director se traiciona y antepone la inteligibilidad y el confort de la audiencia a los recursos cinematográficos. Y es que una vez que se abre el mundo al otro lado de la puerta del furgón todo empeora: los diálogos, los efectos especiales y las situaciones, que acaban recordando al final de ‘Muñeco de nieve’, pero aún más pasado de vueltas. Y la moraleja, cuando llega, suena populista y anticuada. Volvemos, lamentablemente, a aquello de, “si el Estado no puede protegerme, ¿tengo derecho a tomarme la justicia por mi cuenta, cueste lo que cueste?”.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2021-01-29/bajocero-netflix-javier-gutierrez_2925027/

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