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Este ha sido el golpe definitivo al Gobierno de Conte y esto es lo que teme la Unión Europea

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La primera vez que cayó un Gobierno de Silvio Berlusconi era el 17 de enero de 1995, ocho meses y seis días después de su primera victoria en unas elecciones generales. Fue una agonía rápida y caótica: se abrió con una investigación judicial sobre Fininvest, el grupo entonces eje de su controvertido imperio mediático, y se cerró con la salida de la ultraderechista Liga de la coalición gubernamental. Las imágenes dieron vuelta al mundo. Berlusconi había caído tras entrar en la mira de Antonio di Pietro, en ese momento el más afamado de los magistrados italianos.

El caso y, por supuesto, el momento histórico, son hoy, día en el que primer ministro Giuseppe Conte presenta su dimisión, muy diferentes. Pero sí que existe un común denominador entre ambas crisis de gobierno: en Italia, un país que ha sufrido enormemente por el azote de sus mafias, la justicia es un asunto delicado, un poder que difícilmente se doma y que no infrecuentemente choca con la clase política, por alto que sea el puesto de la persona involucrada. Por eso, como escribía en estos días ‘Il Fatto Quotidiano’, el diario italiano que tal vez posee los mejores contactos en el poder judicial, Giuseppe Conte había entrado estos días en “un terreno minado”, y finalmente eso le obligó a dimitir. Veamos por qué.

Foto: Rocco Casalino. (Reuters)

La situación se precipitó la semana pasada, el día después de que Conte salvara apuradamente a su Ejecutivo en el Senado tras la repentina salida de la coalición de Italia Viva, el partido centrista de Matteo Renzi, cuyos votos sostenían la coalición. Con el calendario en la mano, resultó que disponía de máximo una semana para blindar su Ejecutivo, es decir, hasta este miércoles 27 de enero. La razón es que ese día el Parlamento debía aprobar el informe sobre el año judicial, que leería el ministro de Justicia, Alfonso Bonafede, perteneciente al Movimiento 5 Estrellas (M5S) y uno de los más odiados por Italia Viva. Así, desde el minuto uno, el desenlace más probable era que la coalición gubernamental no iba a pasar esa votación.

El segundo golpe llegó el jueves pasado y también vino (indirectamente) de ambientes judiciales. Se trató de un operativo antimafia que golpeó a 50 personas, salpicando también a Lorenzo Cesa, el dirigente la Unión de Centro (UDC), quien se encontraba en esos días negociando con Conte para firmar una posible alianza. “La justicia es uno de los terrenos más difíciles y resbaladizos”, observó entonces la periodista y analista política Wanda Marra. En el caso de Cesa, el fiscal a cargo del caso fue Nicola Gratteri, una especie de Antonio Di Pietro de nuestros días, o de Baltasar Garzón en sus años de gloria, si se quiere hacer una comparación española.

Justicia y política

Hay más casos que se pueden recordar, claro está, y de los últimos años. El padre de Matteo Renzi fue investigado por presunto tráfico de influencias. El partido de Matteo Salvini, el líder de la ultraderechista Liga, ha sido condenado por fraude y todavía tiene pendientes procedimientos por abuso de poder en sus intentos de impedir el desembarco de migrantes rescatados en alta mar. El padre de Luigi di Maio, exlíder del Movimiento 5 Estrellas, fue señalado por pagar a sus empleados sin registrar los pagos en la contabilidad y construir ilegalmente en su propiedad en los suburbios de Nápoles.

No es de extrañar. Italia es un país en el que desde 1991 hasta 2020 fueron disueltos 351 ayuntamientos por mafia (11, tan solo el año pasado), y la corrupción cuesta 237.000 millones de euros, el equivalente del 13% del PIB, según un reciente estudio del centro de investigación Rand. Pero también es un país que, como los observadores más finos reconocen, tiene una legislación contra el crimen organizado que es una de las más avanzadas en el mundo, y un sistema judicial extremadamente activo, integrado por un Consejo Superior de la Magistratura que, como establece la Constitución italiana, es un órgano de autogobierno para garantizar la autonomía e independencia de los jueces de los otros poderes del Estado, en particular del ejecutivo.

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte. (EFE)
El primer ministro italiano, Giuseppe Conte. (EFE)

Que la historia se complique no es, por tanto, una novedad en Italia. Un país acostumbrado al desorden y a la urgencia, en el que desde 1946 ha habido 66 Gobiernos, casi uno al año, y que, aun así, ha logrado ser uno de los países fundadores de la Unión Europea, ha tenido un increíble ‘boom’ económico y todavía es (a pesar del crecimiento débil de los últimos años) la cuarta economía del Viejo Continente.

¿Cómo se resuelve?

Con ello, como en otros años, la pregunta del millón es de nuevo: ¿va Italia a encontrar una salida a su crisis? Muy probablemente, sí. Salvo accidente mayor —no descartable— uno de los escenarios más probables es que la clase política encuentre alguna solución ‘creativa’ para que evitar los peores desenlaces (que son infinitos) en medio de una pandemia y con una crisis económica en curso.

De momento la cronología más probable es que, tras recibir la dimisión de Conte, el presidente italiano, Sergio Mattarella, abra las consultas, posiblemente ya mañana miércoles. Estas consultas deberían durar aproximadamente dos días, hasta el jueves. Tras ello, se sabrá si Mattarella ha considerado que Conte tiene posibilidades de lograr formar un nuevo Gobierno —que podría ser un “Gobierno de salvación”, como le llaman en Italia—, o encarga la tarea a otra persona, un nuevo líder o un tecnócrata. Esta última es la opción que en estas horas ha cosechado el favor de Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, cuyos votos también son importantes para un eventual nuevo Ejecutivo.

Foto: La oficina del primer ministro italiano, el Palacio de Chigi. (Reuters)

En todo caso, en el supuesto de que la persona encargada sea Conte, además de seguir en búsqueda de una veintena de tránsfugas en el Senado —la cámara en la que el actual Gobierno tiene dificultades para seguir adelante, pues en el Congreso italiano tiene mayoría absoluta—, el abogado de Apulia también podría intentar conquistar nuevamente el apoyo de Renzi, negociando con él un nuevo pacto de legislatura. Pero, si de verdad Conte lo logrará, es imposible de decir en estos momentos.

Y esto porque, de momento, Conte solo ha recibido el insuficiente apoyo de los dos socios sénior de su coalición, el Movimiento 5 Estrellas y el Partido Democrático, así como de la pequeña formación izquierdista Izquierda y Libertad. El objetivo de estos es llegar al llamado semestre blanco, los meses anteriores a la elección del nuevo presidente de la República, en los que no se pueden disolver las cámaras. Pero aun con el respaldo de estos tres partidos, Conte carece de una mayoría suficiente en el Senado.

Temores de una gran sacudida para la UE

También es posible que se decida convocar nuevas elecciones, la eventualidad más improbable, aunque aún sigue en la mesa. En todo caso, las tensiones registradas en estos días en los mercados ya son un veredicto: hay que encontrar una solución rápidamente, para evitar una prolongación de la suspensión de la actividad parlamentaria (en estos días, el Gobierno solo aprobará los actos urgentes), que se retomará solo tras que el nuevo Ejecutivo haya recibido la confianza en ambas cámaras del Parlamento (Cámara de Diputados y Senado).

Desde el inicio de la crisis, la prima de riesgo italiana (el diferencial con el bono alemán) ha subido desde los 100 puntos básicos a los más de 120 actuales. Este martes también la bolsa de Milán abrió en rojo. De ahí también la preocupación de Bruselas, que en estos días no ha sido escondida por los representantes de la Comisión Europea y políticos de distintos países europeos.

Foto: El primer ministro italiano, Giuseppe Conte. (EFE)

Wolfgang Schäuble, presidente del Bundestag alemán, ha sido uno de ellos. Schäuble ha expresado su preocupación por Italia, al poner énfasis que entre las causas de esta crisis están precisamente las diferencias que han manifestado los partidos italianos sobre el plan de recuperación europeo. “Estas dificultades me preocupan”, ha dicho Schäuble, en una entrevista publicada hoy por el diario italiano ‘La Repubblica’. Acto seguido, sugirió el político alemán que una solución para el futuro es que se avance hacia una mejor “unión económica y financiera”. Aunque para hacer esto, “hay que dar mayores poderes a la UE”, consideró.

La razón de la preocupación remite a la importancia de Italia en la UE, en particular en este momento. El ex primer ministro italiano y expresidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, lo ha explicado así en estas horas: “En este momento, Italia da miedo”. El problema es que “si Italia falla, para nosotros será una catástrofe, pero también toda Europa irá hacia atrás, pues hemos recibido la suma más grande (del plan de recuperación Next Generation), y alrededor nuestro está construido todo el proyecto de solidaridad europeo”, ha advertido Prodi, quien descartó que unas elecciones sean una solución a esta crisis.

“En Italia tenemos algo de lío, nos hemos metido en una crisis que no ayuda, necesitaríamos un Gobierno capaz de afrontar una crisis social y financiera, que sepa garantizar la calidad de su propuesta para acceder al Recovery (Next Generation), y que confirme su camino europeísta. En cambio, vivimos en la incertidumbre”, ha coincidido el italiano Paolo Gentiloni, comisario de Economía de la UE.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2021-01-26/golpe-definitivo-gobierno-conte-temor-union-europea_2922763/

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