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Biden, listo para jurar el cargo en una atípica ceremonia sin multitudes ni Trump

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El efecto sanador de las transiciones democráticas —cuando el país respira, como dicen los estadounidenses, un “olor a coche nuevo”— está ausente en los prolegómenos de la investidura de Joe Biden. El asalto al Capitolio evidenció la profundidad de las heridas políticas, empeoradas por la mentira del fraude electoral. Eso, sumado a las medidas de seguridad por la pandemia y por el miedo a un ataque extremista, ha quitado toda la alegría a la que suele ser una ceremonia de renovación.

Poco antes de las 10:30 hora local, el presidente electo Biden ha llegado al Capitolio, junto a su vicepresidenta Kamala Harris, para la atípica ceremonia, en la que está faltando el calor de las multitudes habituales de estas jornadas. Horas antes, el presidente saliente de EEUU, Donald Trump, abandonó ya la Casa Blanca por última vez y, tal y como prometió, no asistirá a la ceremonia de inauguración presidencial de su rival demócrata. Una anomalía en los años de historia democrática del país. Presidentes anteriores como George W. Bush, Bill Clinton y Barack Obama han asistido a la ceremonia, así como el vicepresidente saliente, el republicano Mike Pence.

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“Ha sido un gran honor, un honor de por vida”, ha declarado brevemente antes de subirse al Marine One, que lo llevará hasta Maryland, donde recibirá una despedida militar antes de continuar su trayecto, hasta su mansión en Florida, donde lejos de las cámaras dejará de ser presidente. “Estaremos de vuelta de algún modo“, ha asegurado. Sobre la nueva Administración Biden, ha afirmado que tiene “los cimientos para hacer algo realmente espectacular”, y que piensa que “tendrá un gran éxito”.

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En Washington DC, donde tiene lugar la inauguración de Biden, en cualquier momento y lugar del centro de la capital estadounidense, hay al menos una metralleta a la vista, además de camiones y carros blindados, bloques de hormigón, alambradas y vallas de tres metros rodeando los edificios oficiales y cortando decenas de calles. Los 25.000 efectivos de la Guardia Nacional, más del doble de lo que suele ser habitual en una investidura, patrullan las calles como regueros de hormigas. En Washington, hay ahora mismo un soldado por cada 24 habitantes.

Foto: Imagen: Pablo López Learte.

Normalmente, acuden a Washington cientos de miles de personas, o incluso millones, para dar la bienvenida al nuevo comandante en jefe. Este año, sin embargo, el equipo de Biden pidió a sus conciudadanos que se quedasen en casa por el riesgo de contagio. La ceremonia está siendo retransmitida en directo por internet y por televisión, y tradiciones como los bailes nocturnos o el desfile militar han tenido que ser canceladas. Aun así, Biden ha insistido en mantener el rito al aire libre, en la escalinata de la parte oeste del Capitolio, como suele ser habitual.

La explanada donde se congregan miles de personas cada cuatro años, el National Mall, está cerrada al público. En lugar de votantes, hay casi 200.000 banderitas de Estados Unidos para las cámaras de televisión.

Cientos de miles de banderas estadounidenses adornan el National Mall. (Reuters)
Cientos de miles de banderas estadounidenses adornan el National Mall. (Reuters)

La ‘zona verde’ de Washington, aquella que incluye las sedes y monumentos de referencia, se ha convertido en una fortaleza, como si fuera un gran aviso a quienes atacaron el Congreso: la advertencia de que algo así no volverá a suceder, porque ahora en la capital no ocurre nada que no sea observado por al menos dos docenas de uniformes. Las paradas de autobús lucen las fotografías de quienes participaron en el asalto y conminan a los ciudadanos a dar pistas que lleven a su captura.

Las autoridades también estaban preocupadas por un posible ataque desde dentro. El Pentágono ha sido acusado de no tomarse en serio la presencia de ultraderechistas en sus filas, y junto al FBI está revisando los historiales de los efectivos desplegados en Washington. La mañana del martes, la agencia Associated Press informó de que al menos dos miembros de la Guardia Nacional fueron relevados de sus responsabilidades por tener vínculos con la extrema derecha, aunque no hay pruebas de que planeasen alguna acción.

Foto: Donald Trump en una pantalla del mitin contra la certificación del resultado electoral.

Biden será el primer presidente católico en jurar el cargo desde John F. Kennedy, un factor que el demócrata intenta cargar de simbolismo. La Biblia que usará para jurar el cargo lleva en su familia desde finales del siglo XIX. Es un pesado volumen de 12 centímetros de grosor, cerrado con refuerzos de metal, que Biden utilizará para incidir en la importancia de la continuidad, la familia y la Iglesia. El demócrata ha jurado sus cargos con este ejemplar desde que fue elegido senador en 1972.

Tampoco se quiere quedar corta de simbolismo su número dos, Kamala Harris. La ya antigua senadora de California, a punto de convertirse en la primera vicepresidenta mujer, negra y asiática, jurará su puesto con una Biblia que perteneció a Thurgood Marshall: el primer juez afroamericano del Tribunal Supremo.

Mientras tanto, las ruedas del Gobierno federal continúan girando. El Senado ya ha comenzado a interrogar a los nominados al gabinete de Joe Biden, un proceso que empieza más tarde de lo previsto debido a la segunda vuelta de las elecciones a los escaños senatoriales de Georgia y a la resistencia republicana a reconocer a Biden como ganador de las elecciones. Como consecuencia, es posible que el demócrata empiece su gestión esta tarde sin tener ocupados puestos fundamentales como el de consejero de Seguridad Nacional.

Foto: Seguidores de Trump irrumpen en el Capitolio. (EFE)

La Administración Biden planea inaugurar el mandato con una lluvia de medidas. Solo el primer día, el para entonces presidente espera firmar la vuelta al Acuerdo Climático de París, rescindir la prohibición de viajar desde varios países de mayoría musulmana y ordenar a las agencias del Gobierno que busquen la manera de reunir a los más de 600 niños inmigrantes que fueron separados de sus padres. En el tintero, quedan una reforma migratoria, un relanzamiento de la lucha contra la pandemia, un nuevo paquete de estímulo económico y varios decretos medioambientales.

El presidente Donald Trump, que terminó sus cuatro años de presidencia otorgando decenas de indultos a distintos perfiles, desde un rapero condenado por posesión de armas a un político neoyorquino encarcelado por corrupción, ha dejado ya Washington rumbo a su mansión de Florida. El presidente saliente será despedido en la base de Andrews al estilo militar, por petición suya.

Los ensayos de la toma de posesión de Biden, interrumpidos por un incendio cerca del Capitolio

La ceremonia, sin embargo, no contará con la presencia de los dos líderes republicanos del Congreso, Mitch McConnell y Kevin McCarthy. Estos han preferido acudir a misa a las 8:45 de la mañana con el matrimonio Biden: una señal, según Alayna Treene, de Axios, de unidad política. El asalto al Capitolio agrandó la brecha dentro del Partido Republicano, entre aquellos que quieren iniciar un capítulo nuevo, sin Trump, y los que siguen siendo leales personalmente al magnate.

Al segundo ‘impeachment’ a Trump solo le queda la segunda y más importante fase: el juicio en el Senado. Los respectivos líderes de la Cámara, el demócrata Chuck Schumer y el republicano Mitch McConnell, han estado preparando los detalles. McConnell acusó ayer a Trump de haber incitado el asalto violento al Capitolio: el mismo cargo que imputaron los demócratas en la primera fase del ‘impeachment’. “A la turba la alimentaron con mentiras”, dijo el veterano senador. “Fue provocada por el presidente y por otras personas poderosas”.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-01-20/trump-abandona-la-casa-blanca-inauguracion-biden-lugubre-cambio-era_2913940/

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