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“Si Reino Unido se vuelve un país más cerrado, el Brexit habrá sido un fracaso”

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Shanker Singham es uno de los abogados especializados en comercio más reputados a ambos lados del Atlántico. Desde 2016, es CEO de Competere, su propia consultora de derecho mercantil y política económica. Pero en Reino Unido, se le conoce más como el ‘cerebro económico del Brexity es toda una eminencia en los círculos euroescépticos.

Antes de comenzar a asesorar al Gobierno británico, pasó una larga temporada trabajando en Estados Unidos, haciendo lo propio con la Administración de Barack Obama. Conoce por tanto el círculo demócrata, pero también guarda estrechos vínculos con los republicanos porque estuvo en las campañas presidenciales de Mitt Romney y Marco Rubio. En definitiva, una figura clave para discutir sobre cómo se está reconfigurando el mundo con los británicos fuera de la UE y con Joe Biden dentro de la Casa Blanca.

PREGUNTA. Antes de entrar en materia, ¿cómo es posible que haya acabado siendo el ‘cerebro económico del Brexit’ cuando en realidad hizo campaña por la permanencia en la UE en el histórico referéndum de 2016?

RESPUESTA. Yo creía en la UE. Pero en los últimos años, he comenzado a detectar tendencias muy inquietantes, como el alejamiento de la regulación pro competitiva hacia un marco cada vez más normativo que daña la competencia del mercado y detiene el crecimiento. La Comisión es consciente de los riesgos. Pero en lugar de apostar por una reforma desde dentro, busca cada vez más garantizar que el resto del mundo esté sujeto a sus limitaciones. En última instancia, esto conduciría a una reducción neta de la producción económica mundial y a millones de personas sumidas en la pobreza.

Foto: El ex consejero del Primer Ministro británico Dominic Cummings sale del nº10 de Downing Street. (Reuters)

P. ¿Cómo valora el particular ‘juego de tronos’ que se está viviendo en Downing Street? La salida de Dominic Cummings, el que fuera todopoderoso asesor de Boris Johnson, se interpreta como la pérdida de influencia del núcleo duro euroescéptico.

R. Cummings es una persona muy inteligente y tremendamente efectiva en campaña. Pero una cosa es hacer campaña y otra es gobernar. Para gobernar, tienes que conseguir llegar a consensos. Y Cummings no era precisamente el más diplomático. Se creó muchos enemigos y al final su situación era insostenible. Yo muchas veces he estado en desacuerdo con él, pero lamento que se haya ido porque nos encontramos ahora en un proceso sumamente complejo. Ahora bien, su salida no tiene que ver con un cambio de las políticas internas. Creo que eso se está malinterpretando. El ERG [núcleo duro de los conservadores euroescépticos] nunca ha tenido una relación estrecha con él. Es más, fueron los que con más dureza pidieron su dimisión cuando se saltó el confinamiento. Cummings no permitía que la gente tuviera acceso al primer ministro. Por lo tanto, ahora que se ha ido, el ERG tendrá más poder si cabe. Yo creo que lo que vamos a ver ahora es una relación más normal entre el primer ministro y sus filas.

P. No obstante, tras la salida de Cummings, hay cada vez más rumores que apuntan a que Johnson estaría dispuesto ahora a suavizar su postura para alcanzar un acuerdo comercial con la UE. Se dice incluso que David Frost, actual negociador británico, podría dimitir porque no está de acuerdo con determinadas cesiones.

R. Cummings quería cerrar un acuerdo, Frost quiere cerrar un acuerdo… Todo el mundo quiere cerrar un acuerdo, salvo algunos representantes del ERG. Y claro que se puede lograr. He visto muchas negociaciones a lo largo de mi vida y, créame, entre Reino Unido y la UE no hay obstáculos técnicos como tal que lo imposibiliten. Se trata de una cuestión política. Habrá acuerdo siempre y cuando Bruselas asuma que Reino Unido será un Estado independiente y no un Estado satélite de la UE.

Foto: Boris Johnson en el Parlamento británico (EFE)

P. Pero seguimos hablando eternamente de discrepancias en torno a gobernanza, ‘level playing field’ (reglas de juego justo) y pesca.

R. Respecto a gobernanza, es absurdo que se siga discutiendo el papel del Tribunal de Justicia Europeo. Ninguna parte en ningún acuerdo aceptaría que el arbitro fuera un tribunal de la otra parte. Con el ‘level playing field’, está claro que Reino Unido no quiere poner en peligro una competencia justa. No es su intención crear mecanismos para intentar que las empresas británicas tengan ventaja. Y con la pesca, los Estados miembros necesitan faenar en aguas británicas y Reino Unido necesita que lo hagan porque hay muchas ciudades británicas que dependen de ello.

P. En los últimos días, se ha comenzado a hablar de nuevo de la posibilidad de una extensión de plazos

R. Hay que distinguir entre extensión de plazos y una ampliación del periodo de transición. En las últimas semanas, se habla mucho de fechas límite para poder ratificar el texto. Pero la única fecha que realmente vale es la del 31 de diciembre. Ambas partes van a estar negociando hasta el final. Y si se consigue pacto, nadie del Gobierno, Comisión… o ningún sitio va a venir luego a decir “lamentamos mucho que ahora no se pueda ratificar porque ya se sale del calendario”. Se encontraría una manera de hacer los trámites. Si hubiera extensión por este motivo, sería cuestión de días o semanas. Definitivamente, algo corto. Esa extensión es completamente distinta a una ampliación del periodo de transición. Si Reino Unido sigue sujeto por más tiempo a la normativa comunitaria, eso sería un completo desastre para Johnson, el fin de su Gobierno para 2024 [cuando están previstas las nuevas elecciones], especialmente ahora que la oposición laborista tiene un líder sensato como Keir Starmer.

P. Si hay tanta disposición para intentar cerrar un acuerdo con Bruselas, ¿por qué el Gobierno no ha retirado las polémicas cláusulas del proyecto de Ley de Mercado Interno que se tramita ahora en Westminster? El objetivo de estas cláusulas es que, si finalmente las actuales negociaciones comerciales no llegan a buen puerto, el Gobierno de Johnson pueda violar el Protocolo de Irlanda, recogido en el acuerdo de retirada firmado el año pasado con la UE.

R. Hay una grandísima diferencia entre no implementar el protocolo e implementarlo de tal manera que sea una legitima interpretación de un documento ambiguo. Lo primero sería completamente inaceptable. Sobre todo ahora con la presidencia de Joe Biden. Sería un suicidio político, y ya no solo respecto a las relaciones con Estados Unidos, sino por cómo quedaría de dañada a nivel internacional la imagen de Reino Unido. Lo segundo no sería inaceptable.

Foto: Joe Biden. (Reuters)

P. Hay quienes dicen que tramitar ahora el proyecto de Ley de Mercado Interno de alguna manera vuelve a poner encima de la mesa el acuerdo cerrado el año pasado con la UE, con el que precisamente evitar una frontera dura en Irlanda fue el principal escollo.

R. Hay algo de verdad en eso. Para mí, la postura es sencilla. La manera de implementar el protocolo para que se repete el Acuerdo de Paz de Viernes Santo es enfatizar el hecho de que la UE consensuó con Londres que Irlanda del Norte seguiría siendo parte de la unión aduanera de Reino Unido. El problema es que la UE se está comportando como si hubiera logrado dejar Irlanda del Norte en la unión aduanera comunitaria o en una distinta a la de Reino Unido. O como si fuera en esencia un Estado miembro del bloque. Esas interpretaciones son erróneas.

P. Pero en su día el Gobierno británico aceptó que Irlanda del Norte quedara alineada con determinada normativa comunitaria para evitar frontera dura con la República de Irlanda. La cuestión es ¿cómo puede alcanzarse consenso en la interpretación?

R. Está claro que se tienen que respetar el mercado único y la unión aduanera. Y en este sentido, lo que Reino Unido tiene que demostrar es que puede hacerlo. Ahora bien, tampoco debe ser en un nivel completamente puro. Hay casos en los que la frontera de la UE está muy bien gestionada, como es el caso de Noruega y Suecia, y otros en los que no, como es el caso de Polonia. En este sentido, mientras que Reino Unido cumpla con unos mínimos, estará realizando su trabajo.

Foto: Nigel Farage, en un evento de campaña de Trump este octubre. (EFE)

P. Como parte del Protocolo de Irlanda, el Gobierno británico aceptó que las normas de ayuda estatal de la UE se aplicarían también en Irlanda del Norte.

R. Yo siempre defendí que Irlanda del Norte tenía que tener el mismo sistema en este sentido que la República de Irlanda, para no crear desigualdades entre los negocios del norte y sur. Pero, ciertamente, no se puede utilizar ahora el protocolo para aplicar las normas comunitarias también a Gran Bretaña. Y esa es claramente la postura que está tomando ahora Bruselas. Si no, no tendríamos la febril discusión sobre el ‘level playing field‘.

P. Hablemos de Biden. Usted ya estuvo asesorando en su día a la Administración de Obama, ¿qué retos se plantean ahora para Reino Unido tras la victoria del demócrata para cerrar un acuerdo comercial con los Estados Unidos?

R. La verdad es que nadie sabe lo que va a pasar. Hay una tendencia errónea en pensar que porque Estados Unidos sea el país más poderoso del mundo, su presidente es el más poderoso del mundo. Pero no es así. No deja de ser una especie de mánager. Y tenemos que tener en cuenta que la Cámara de Representantes ha quedado muy igualada y el Senado puede quedar aún con mayoría republicana. Los congresistas son elegidos cada dos años y se deben por completo a sus distritos. Y ahora mismo en el Partido Demócrata hay gran tensión entre el sector más progresista y el moderado. En cualquier caso, lo que interesa al final es que todo debe ser analizado desde la lente de China. Olvídese del Brexit. Al final, lo que importa será el comportamiento respecto a China. En los primeros años, Biden va a concentrarse en política nacional, pero eso no significa que no vaya a hacer nada en comercio exterior. Claramente, priorizará lo que llaman en Estados Unidos “acuerdos inteligentes”, es decir, con países que cumplan con derechos de trabajadores y el compromiso con el medio ambiente. Y en este sentido, Reino Unido está en plena sintonía. No veo razón para que no se vaya a alcanzar un acuerdo.

P. No faltan expertos que señalan que habrá dificultades respecto a regulación agrícola y alimentación. Y luego siempre aflora la polémica de la privatización del Sistema Nacional de Salud Público de Reino Unido (NHS).

R. En cuestión de regulación, será más fácil cerrar un acuerdo entre Reino Unido y EEUU que entre EEUU y la UE. Y respecto al NHS, créame, he estado más de 20 años trabajando en los Estados Unidos y ni una sola vez alguien se ha mostrado interesado en un sistema que es incompetente, ineficiente, que hace aguas… Nadie se quiere hacer cargo del NHS.

Foto: Foto de archivo de Boris Johnson y Donald Trump. (Reuters)

P. ¿Ve posible entonces un acuerdo comercial entre Reino Unido y EEUU para 2021?

R. Un acuerdo hay que cerrarlo, firmarlo, tramitarlo y luego implementarlo. Para 2021, veo difícil su implementación, aunque no imposible. Va a depender mucho de lo que se pueda hacer antes de que se termine este año. El acuerdo con Colombia y Perú, por ejemplo, estaba prácticamente terminado cuando Obama tomó posesión del cargo.

P. Reino Unido ya ha cerrado un acuerdo con Japón, ¿qué otras prioridades comerciales tiene en esa zona?

R. Continúan las negociaciones con Australia y Nueva Zelanda. Están llevando más tiempo porque, a diferencia de Japón, estos países no tienen un acuerdo previo con la UE. Y también están las negociaciones con Canadá y Corea del Sur. Canadá quiere un acuerdo mejor del que alcanzó con la UE y Reino Unido puede ofrecérselo porque puede ir más lejos en la cuestión digital y data de lo que nunca podrá ir Bruselas. Los pactos con estos países son importantes para acelerar la adhesión de Reino Unido al Acuerdo Transpacífico.

P. ¿Cómo ve la adhesión del Reino Unido al Acuerdo Transpacífico?

R. Japón, Australia, Singapur… Los Estados miembros quieren acelerar los trámites. Reino Unido es el que, de hecho, se lo está tomando con más calma. Pero estratégicamente, hay interés en que Reino Unido entre antes que Estados Unidos. Lo que quieren los Estados miembros es la adhesión de Reino Unido en 2021 si fuera posible. Quieren que el Acuerdo Transpacífico se convierta en una plataforma con poder en esta zona que rete a China y la falta de movimiento de la propia Organización Mundial del Comercio. Es una comunidad que comparte valores generales y económicos. Quieren ver a Reino Unido dentro y yo creo que Reino Unido también quiere verse parte de ella. Y Londres no quiere tener que negociar al mismo tiempo con Estados Unido y su adhesión al Acuerdo Transpacífico. Si quedan detalles por limar con Washington, es más fácil resolverlos ya como miembro del Acuerdo Transpacífico.

Foto: Carrie Symonds. (Reuters)

P. Cuando Reino Unido era miembro de la UE, se beneficiaba de alrededor de 40 acuerdos comerciales que la UE tiene con más de 70 países. Hasta la fecha, solo ha cerrado 23 de estos ‘acuerdos de continuidad’. Y el 31 de diciembre ya sale a efectos prácticos del bloque. Es cierto que, en virtud de la Ley de Gobernanza y Reforma Constitucional de 2010, se puede usar una disposición de ‘casos excepcionales’ para permitir que los acuerdos existentes continúen hasta que se implemente un reemplazo. Pero la oposición laborista ha tachado al Gobierno de incompetente.

R. El nivel de éxito no se mide por el número de acuerdos sino por con quién se acuerda. Y el Gobierno está en negociaciones con las grandes potencias. Francamente, no me preocupa que no se haya cerrado aún un pacto con Estados como San Marino.

P. ¿Qué es exactamente el concepto de Global Britain? ¿Cuál es el papel en términos económicos que va a tomar ahora Reino Unido en el tablero internacional una vez salga de la UE?

R. La UE tiene un marco muy proteccionista, restrictivo, cerrado. Por eso es tan complejo negociar con Bruselas. Al salir del bloque, Reino Unido tiene ahora la posibilidad de hacer las cosas de manera diferente. Pero si opta por una política nacional que deje el país con más limitaciones, más cerrado, el Brexit habrá sido un fracaso. Hablo puramente de la cuestión económica, no de la cuestión política y soberanía. Si Reino Unido no utiliza esta oportunidad para crear un marco competitivo, de reconocimiento y equivalencia mutua, no se ejecutará la visión de Global Britain que Boris Johnson describió en el importante discurso de Greenwich de febrero. No veo ninguna razón por la cual Reino Unido a largo plazo no pueda estar dentro del G3 o G4. Pero si toma otro tipo de decisiones, saldrá del G5. Cada decisión lleva implícita una consecuencia. Y mi preocupación es que creo que hay muchos que aún no lo han entendido. Veo con cierto grado de preocupación el debate interno en Reino Unido sobre lo que realmente queremos ser como país porque, por lo general, no es coherente con el discurso que dio Johnson.

P. ¿Le ha defraudado Johnson como primer ministro?

R. Depende de las decisiones que tome. Me defraudará si apuesta por el intervencionismo estatal, por un mercado que no sea competitivo. Pero, de momento, no es el caso. Veremos qué ocurre.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-11-17/entrevista-shanker-singham-cerebro-economico-brexit_2835147/

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