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Los edificios nazis que Nuremberg preserva para no olvidar

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El debate es recurrente en Alemania. ¿Hay que preservar los edificios nazis, símbolos de la ideología hitleriana? La ciudad de Nuremberg ha decidido emprender un proyecto de conservación para que la memoria histórica no caiga en el olvido.

En total, 99 millones de dólares se inyectarán en los próximos años para mantener en pie los edificios deteriorados por el paso del tiempo y contar así su vergonzosa historia. “Aquí se inició todo. La destrucción, la exclusión y en última instancia el Holocausto“, que le costó la vida a 6 millones de judíos, dice Julia Lehner, responsable de cultura de la ciudad bávara, en referencia a la sede del Congreso del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP).

Desde la tribuna del campo Zeppelin, inspirada en el templo griego de Pérgamo, Adolf Hitler pronunciaba sus discursos racistas ante medio millón de miembros del partido reunidos cada septiembre, así como ante otros tantos alemanes entusiastas procedentes de todo el país para asistir a los desfiles.

Cerca, otro coloso con aires de coliseo romano: el Palacio de Congresos. Sin terminar, es el segundo mayor edificio nazi en Alemania, detrás del complejo de ocio de Prora en la isla de Rugen.

Esta “monumentalidad” pretendía “intimidar y fascinar”, así como “demostrar la superioridad de la ideología nazi”, recuerda el historiador Wolfgang Benz. El lugar fue concebido en gran parte por el arquitecto Albert Speer en 11 kilómetros cuadrados en esta ciudad que Hitler eligió como epicentro de su propaganda, recuerda Lehner.

Fue aquí donde se promulgaron las leyes antijudías en 1935. Es por ello también que los aliados optaron por Nuremberg para sentar en el banquillo de los acusados a partir de noviembre de 1945 a los dirigentes del régimen durante el histórico juicio del que este año se conmemora el 75º aniversario.

Manto del olvido
Este legado es, desde hace tiempo, una carga para la ciudad. “Justo después de la guerra, hubiéramos preferido cubrirlo con el manto del olvido”, reconoce Lehner. “El conflicto sigue siendo el mismo: ¿Puede un edificio convertirse en lugar de culto para los neonazis? Si la respuesta es sí, entonces hay que destruirlo”, dice Benz, como ocurrió con el búnker de Hitler en Berlín.

Nuremberg ha atraído en ocasiones a los nostálgicos del Tercer Reich. Hace un año, un puñado de ellos organizó una marcha contra la acogida de migrantes. Pero los incidentes son raros, indican las autoridades. Después de la guerra, solo la inmensa cruz gamada que dominaba la tribuna fue dinamitada por los estadounidenses.

En 1973, el lugar fue clasificado monumento histórico por las autoridades bávaras, lo que implica el deber para la ciudad de preservarlo para informar a las generaciones futuras. Una buena decisión, considera Florian Dierl, director del centro de documentación que presenta la exposición ‘Fascinación y violencia’ instalada en el lugar desde 1984.

Y es que la memoria histórica de la época nazi implica comprender por qué “los alemanes permanecieron fieles al régimen todos esos años”, dice. “Al venir aquí uno puede darse una idea del poder de atracción que ejerció la noción de una comunidad nacionalsocialista para la población”, explica Dierl.

Después de la guerra, la mayoría de los edificios nazis fueron reutilizados, a menudo por necesidad, como ocurrió en Berlín con el aeropuerto de Tempelhof o el ministerio de Aviación del Reich de Hermann Göring, que alberga actualmente al ministerio de Finanzas.

En Nuremberg, el campo Zeppelin y sus gradas rodeadas de 34 torres, frente a la tribuna, fueron durante mucho tiempo utilizadas como terreno deportivo por los soldados estadounidenses, antes de acoger conciertos de música.

En 1978, Bob Dylan dio un concierto en este lugar. Actualmente, los vestigios se han deteriorado y algunos permanecen cerrados por riesgo de derrumbe. El palacio está cerrado al público. La planta baja se ha convertido en almacén para las casillas del mercado de Navidad, un anexo alberga la orquesta filarmónica y el centro de documentación se agregó en 2001 en uno de sus extremos.

“Hacer hablar a las piedras”
Tras dos décadas de debates, en una Alemania enfrentada al resurgimiento del antisemitismo y donde la extrema derecha critica la memoria histórica, la ciudad ha optado finalmente por la rehabilitación, pese a los opositores, que habrían preferido que el dinero se invirtiera en la construcción de viviendas, por ejemplo.

Se trata de “hacer hablar a las piedras”, explica Lehner, “contar su historia e insistir en el hecho de que nunca debe volver a producirse”. Los trabajos serán financiados por la ciudad, el estado de Baviera y el Estado federal. El monto servirá esencialmente para afianzar los edificios.

El campo, que antes de la era nazi era un lugar muy popular de pícnic, será habilitado como espacio de descanso con paneles que informarán sobre el significado de cada edificio. También se ampliará el centro de documentación erigido en 2001, que recibe a 300.000 visitantes anualmente.

La comunidad judía local aprueba el proyecto. Se trata de “una buena base para mostrar a la gente del mundo entero y a los jóvenes (…) la ideología totalitaria que encarnaron estos edificios”, dice su presidente Jo-Achim Hamburger.

Los gigantes de piedra nazi tienen que desempeñar un papel de alerta. “Si destruimos esta historia, quizá perdamos la posibilidad de hacer visibles los peligros del totalitarismo”, advierte.

En 2014, el superviviente del Holocausto Leon Weintraub, de visita en Nuremberg, abogó con insistencia por su conservación. “Siento una satisfacción particular de estar ante esta expresión de megalomanía”, había dicho. “No me siento como una víctima, sino como un vencedor”.

AFP

Fuente: ElTiempo https://www.eltiempo.com/cultura/arte-y-teatro/los-edificios-nazis-que-nuremberg-preserva-para-no-olvidar-547946

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