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El ‘Bon Bon’ que hace medio siglo hizo ‘Bum’

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Jaime González tenía 11 años cuando, gracias a que trabajaba con su abuelo en la plaza de mercado de Manizales, pudo reunir por primera vez 10 centavos de los que destinó una parte a comprar una chupeta con un palito blanco que recién había salido al mercado. El cartagüeño, criado en el seno de una familia muy pobre, no olvida el orgullo que sintió el día que pudo comprar ese dulce, como resultado de su esfuerzo.

Era 1970 y el mundo hablaba todavía de la llegada del hombre a la Luna un año antes, y de la pérdida temprana de Jimi Hendrix. Mientras tanto, en Colombia nacía un producto que generó una revolución y no ha parado de crecer desde entonces.

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Como ninguna otra en esos años 70, esa cabeza de caramelo que compró el niño dejaba los labios y la lengua completamente rojos por su color de fresa y tenía chicle en su corazón. González, hoy de 61 años, que trabaja en Cali como taxista, recuerda que le gustaba inflar una bomba de ese chicle que cubría parte de su rostro hasta que explotaba y se escuchaba: ¡bum!

Era el sonido que hace honor al nombre de uno de los bombones que durante medio siglo ha hecho parte de la vida de los colombianos, muchos desde niños, como Jaime González, pasando de una generación a otra.

“Daba caché chupar un Bon Bon Bum”, insiste el cartagüeño al recordar esa época y los sueños que tuvo de pequeño.

Y fue un homónimo suyo, Jaime Caicedo, quien en 1970 inventó la chupeta que revolucionaría el futuro de Colombina, la empresa de su familia. Caicedo conoció un bombón que lo motivó a buscar una máquina que permitiera integrar el confite y el chicle. La idea llegó luego de 43 años de fundada la empresa y no había sido intentada en el país. Era revolucionaria.

Jaime Caicedo, padre de César Caicedo, actual presidente de Colombina, ya había dado un gran salto en el mercado de las golosinas. Una década atrás, en los 60, había incorporado a su fábrica mermeladas y otras delicias con sabor a fruta, en reemplazo de las esencias artificiales. Siempre como ahora, utilizando el azúcar de los cañaduzales vallecaucanos.

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Buscando de dónde había venido la bola de dulce que conoció con un chicle por dentro, Caicedo viajó a Puerto Rico con Ariosto Manrique, gerente y director de producción de la empresa.

“Fue así que mi papá se impuso ese reto de que el corazón de la bola de su descubrimiento tuviera un sabor agradable y que los consumidores pudieran hacer su propio globo en la boca y luego reventarlo”, cuenta su hijo, el hoy presidente de Colombina. Y agrega que su padre quería crear su propio Big Bang y lo logró.
Caicedo ubicó al fabricante de la máquina especial que podía crear la golosina. Estaba en Holanda y hasta allá llegó el interés del empresario para adaptar el invento a las chupetas que fabricaba en su natal Valle del Cauca.

Juan Pablo Montoya fue imagen de Bon Bon Bum

Juan Pablo Montoya fue imagen de Bon Bon Bum en varios comerciales en el año 2001.

Foto:

Imagen Comercial de Bon Bon Bum

Allegados a Caicedo recuerdan que la fábrica, que hoy sigue utilizando el azúcar que se produce en el corregimiento La Paila, en Zarzal, en el norte vallecaucano, llegó a parecer ‘un gran laboratorio aeroespacial’. Se contrataron ingenieros para buscar la fórmula perfecta que uniera el caramelo y el chicle.

Transcurrieron semanas antes de que se afinara la máquina, como la original de Holanda, hasta que un día hubo júbilo y en lugar de eureka, lo primero que se escuchó en la oficina de don Jaime fue: “¡Este Bon Bon va a ser un Bum!”. Y ese fue también el bautizo de la chupeta que hoy celebra 50 años haciendo historia.

Con la máquina funcionando, se adelantó el proceso de automatización de las planta y se perfeccionaron los detalles para hacer la producción a gran escala.

Al comienzo, 20 trabajadores eran responsables de la producción de cuatro millones de Bon Bon Bum mensuales, dice el presidente de Colombina. En este nuevo siglo, 50 años después, más de 200 trabajadores producen más de 40 veces esa cantidad.

Como lo señala el directivo, actualmente se generan alrededor de 170 millones de unidades de Bon Bon Bum al mes, pero no solo en la original planta La Paila, sino que también se elaboran en la fábrica de la compañía en Guatemala. Ese nivel de producción responde a que cada año se venden unos 2 billones de Bon Bon Bum en todo el mundo.

Los trabajadores de Colombina que hacen posible la chupeta, y su presidente, hacen énfasis en que la planta en La Paila es la más grande de Latinoamérica en la producción de caramelos duros.

Qué lo distingue de otros

Mientras las chupetas de su tipo tienen un solo ‘moño’ que cubre al bombón sobre el palito, Bon Bon Bum tiene uno pero arriba en la cabeza. “Esa característica es única en todo el planeta”, dice César Caicedo. Su sabor original es el rojo fresa, pero durante toda la historia de la marca se han lanzado más de 40 versiones, dentro de las que se destacan cereza y limón, sandía, maracufresa, morazul fresh, lulo, fuego, hielo, entre otros.

Actualmente, Colombina exporta Bon Bon Bum a alrededor de 90 países; entre ellos, China, Nueva Zelanda, Islas Fiji, Madagascar, Sierra Leona, Costa de Marfil y Emiratos Árabes, además de naciones de toda América y algunas de Europa y Asia.

“Así mismo, la marca es líder en Colombia, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Bolivia, Chile, Venezuela, Jamaica, República Democrática del Congo, Angola, Guinea, Gabón y otros”, sostiene el presidente de Colombina.

Las primeras exportaciones del producto se hicieron a Estados Unidos, Ecuador y Venezuela.

Además, en este 2020 se llegó a un acuerdo con la cadena de supermercados Walmart para comercializar el producto en 47 de los 50 estados de Estados Unidos.

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“La fórmula del Bon Bon Bum sigue siendo la original desde su creación y se fabrica con azúcar de caña natural y cosechada en el Valle del Cauca”, dice Caicedo.
Hoy, desde la llegada de la materia prima a la planta hasta la salida del producto terminado, crear un Bon Bon Bum se demora alrededor de tres horas.

Primero se prepara el chicle con una fórmula secreta, y se alista la masa de caramelo a la que se le añaden los aromas. Luego se forma el Bon Bon Bum integrando el chicle, el caramelo y el palito blanco. Posteriormente se envuelve para protegerlo y pasa a la etapa final de empaque, para luego ser enviado a otras ciudades del país y al exterior.

Testigo de miles de historias

“Durante años guardé el empaque de aquel Bon Bon Bum, como símbolo de un dulce beso compartido en un bombón”, dice Ana Milena Londoño, jefa del Centro de Información y Documentación de Bienestar Universitario en la Universidad Autónoma de Occidente. “El Bon Bon Bum me recuerda el olor de la inocencia escondida detrás de una puerta, para que mi mamá no me regañara, porque estaba comiendo dulce el día que a uno lo purgaban. Me recuerda a los amigos de la infancia”, anota.

No importan la edad ni las generaciones, porque el Bon Bon Bum ha estado presente en estos 50 años en la vida de muchos colombianos y también de muchas personas en otros países.

Falcao García

El jugador de la Selección Colombia Falcao García fue imagen de la marca durante las eliminatorias al Mundial de Fútbol del 2014.

Foto:

Imagen Comercial de Bon Bon Bum

“El primer Bon Bon Bum que me comí, creo que fue el primero –voy a cumplir 57 años–, fue cuando tenía 10 u 11 años. Me invitaron unas amigas a una fiesta de cumpleaños. Su papá era el dueño del hotel Aristi y su mamá era de familia dueña de un ingenio en el Valle del Cauca. Ellas nos invitaron al hotel, cerraban el cine Aristi y ponían una película”, dice Fabricio Pérez, egresado del colegio Jefferson de la capital vallecaucana.

“Lo más chic era que cuando uno entraba, le daban a uno un Bon Bon Bum, uno para cada niño. Imagínese lo que significaba, era como ‘el caviar’ de nuestros cumpleaños. Pienso en el Bon Bon Bum y me río, recuerdo esa fiesta. Nunca antes nos habían dado un Bon Bon Bum a cada uno”, anota este colombiano radicado en la actualidad en España.

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“El Bon Bon Bum a mí me recuerda la picardía del bachillerato, mientras desafiábamos las reglas del colegio de no comer chicle y yo, a escondidas, lo vendía a todas mis compañeras”, confiesa entre risas Carolina Trujillo, directora de Relaciones Comunitarias de Essex Media Group y del periódico La Voz, en Massachusetts, en Estados Unidos. “Me iba tan bien que en múltiples ocasiones me financié el pan cacho y la gaseosa del recreo, a punta de las ganancias que me producía este comercio minoritario del Bon Bon Bum”.

“A mí me recuerda un beso robado. Fue la manera de conquistar a una novia en el colegio para tener un beso suyo. Al final, ella se quedó con el Bon Bon Bum y yo con un bello recuerdo de la infancia”, comenta Rafael Martínez, quien hoy vende la golosina en una tienda del tradicional barrio San Antonio, en el oeste de la capital vallecaucana.

“El Bon Bon Bum era toda una tentación, porque no me dejaban comerlo mucho. Entonces había que hacer ‘ochas y panochas’ para conseguir uno y comerlo”, comenta Carlos Alberto Castiblanco, coordinador académico del colegio Nuestra Señora de la Gracia.

“El Bon Bon Bum sabe a la infancia. Recuerdo que yo pedía agua fría y ponía el Bon Bon Bum y le daba vuelticas en el vaso, mientras lo iba saboreando. Quedaba ese saborcito rico en el agua y me la tomaba. Me gustaba el tradicional”, dice el profesor Federico Galvis.

Sofía Vergara

En una entrevista, la estadounidense Ellen DeGeneres le regaló un Bon Bon Bum a Sofía Vergara.

Foto:

Imagen de la entrevista en el programa Ellen

El Bon Bon Bum llegó, inclusive, hasta el escenario del famoso programa de la estadounidense Ellen DeGeneres, quien le dio uno a Sofía Vergara durante una entrevista. “This is Bon Bon Bum!”, dijo emocionada la actriz barranquillera ante la reconocida presentadora hace siete años en el set, recalcando que era una transmisión en todo Estados Unidos y que la veían en todo el mundo, y mostrándoselo a su anfitriona, que la observaba sonriendo.

En los 2000, la marca empezó a darle impulso al producto con la imagen de deportistas y otros famosos. En el 2001, el corredor Juan Pablo Montoya, quien se encontraba en un gran momento de su carrera, hizo parte de sus campañas publicitarias. Y en el 2013, el futbolista Radamel Falcao García fue la imagen del producto.

De hecho, Colombina aprovechó el buen momento de la Selección Colombia en las eliminatorias del Mundial de Fútbol de 2014 para lanzar los sabores de Bon Bon Bum de maracuyá y naranja-piña con el lema ‘Déjate contagiar de la fiebre amarilla’, refiriéndose a la Selección y al bombón.

Por la forma como ha sido manejada la marca dentro y fuera del país, ese dulce, que dura unos 25 minutos en la boca antes de llegar al chicle, se ha convertido en un ícono de Colombia.

La magia del Bon Bon Bum ha permitido que este producto conquiste millones de corazones. La empresa ha innovado, pero conserva su esencia, y mantiene el sabor rojo fresa con chicle en el centro que cautivó a un niño muy pobre en Manizales y que se convirtió en la revolución de un empresario vallecaucano que rastreó hasta Holanda la máquina para crearlo, justo cuando el mundo todavía aplaudía la llegada del hombre a la Luna y lamentaba la muerte de Hendrix.

CAROLINA BOHÓRQUEZ 
Corresponsal en Cali

Fuente: ElTiempo https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/bon-bon-bum-cumple-50-anos-547607

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