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Entrevista | Joaquín Reyes: “Que me dedicara al espectáculo fue un feliz accidente”

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Se dice en Harry Potter que no es la varita la que elige al mago, probablemente porque Harry no se enteraba ni del NODO y le hacía falta ayuda. Pero el caso es que con la comedia pasa igual: es el humor el que elige al cómico y no al revés, o al menos, eso es lo que pasó con Joaquín Reyes. El chanante regresa a los escenarios con Festejen la broma (de gira por toda España, fechas en www.suenosmusicales.es), un espectáculo con material nuevo y un compañero de gomaespuma que le hace sombra.

¿Cómo vive el regreso a las tablas en el mundo Covid? Hay un cambio muy sustancial y es que la gente viene con la mascarilla puesta y el aforo está reducido. Más allá de eso, es raro. Todo es raro. Pero aprovecho para decir que los teatros son lugares seguros, con todas las medidas que se toman. La cultura es segura. A todo se acostumbra uno, nos hemos acostumbrado a cosas que nos parecían una excentricidad hace unos meses.

Si la gente se ríe ahora sólo puede saberlo de oído… Cuando estás en el escenario al público no le ves demasiado, por los focos. La risa se sigue oyendo y además la gente tiene muchas ganas de divertirse.

¿Cómo crea un monólogo como este? Festejen la broma es un espectáculo de stand up que se articula en torno a un monólogo en el que mi intención era escribir material nuevo. Los monólogos antiguos los he jubilado porque ya estaban trilladitos. El espectáculo es un monólogo nuevo y además hay sorpresas, como que sale un muñequete, que presento como Braulio. Es un hombre mayor, amigo de mis padres y me compromete con sus opiniones y las cosas que dice.

¿Ahora también maneja marionetas? Me gustaba mucho el mundo del ventrílocuo. No hablo con otra voz, esa es la pena, pero la gente asume que habla él. Y la verdad es que el jodío muñeco me está eclipsando, tiene mucha chispa y es irresistible.

¿A quién le dice primero un monólogo nuevo, quién es el primero en verlo? Hay que testear las bromas y hay sitios donde se puede ir a probar. Yo probé la mayoría de las bromas en una open night en Picnic, en Malasaña. Luego seguí escribiendo y hay bromas que he probado directamente el teatro e incluso el otro día probé nuevas. Nunca sabes si funcionará o no funcionará. Hay cosas que crees que son la monda y luego se quedan que ni fú ni fá y cosas a las que no le das importancia y resulta que la gente se muere de la risa. Aunque cada vez tienes más oficio, porque llevo 18 años haciendo monólogos, sigue siendo un poco misterioso.

¿Tiene trucos o manías antes de salir al escenario? Antes bebía cerveza (risas). Ahora intento salir más lúcido. No, no tengo manías especiales. No me gusta llevar nada en los bolsillos. No tengo manía de no usar el amarillo, por ejemplo. Tengo manías en mi vida diaria, pero en el escenario, no.

¿Como cuáles? Los ruidicos me ponen malo. Como cuando alguien está apretando una botella de plástico… También me pasa con las combinaciones de colores. El otro día había una persona que había combinado el rosa con el rojo y me tuve que cambiar de vagón.

¿Son tiempos para celebrar el humor? La gente necesita divertirse y evadirse porque la situación es complicada. Suele ser así, también lo fue en la crisis del 2008 a la gente se le notaba que tenía ganas de pensar en otra cosa y de entretenerse.

¿Qué le dice la frase ‘no es momento para risas’? Justamente cuando más falta hacen las bromas es en esos momentos, sin duda. La gente lo pasa mal por la enfermedad, pero también por la situación económica, las restricciones, por sus negocios…

¿Eso modificó el monólogo? Cuando regresé con el monólogo no podía hacerlo con el mismo texto, sin hablar de lo que pasaba, porque habría parecido un extraterrestre. Bromas sobre la enfermedad no iba a hacer, pero sobre la vida doméstica y la rutina, sí. Así que he añadido cosas de lo que nos está pasando y de cómo hemos cambiado.

Es usted de la escuela del humor surrealista, ¿por qué lo surrealista nos hace gracia? Porque el surrealismo tiene que ver con el disparate, con lo imprevisto, con el juego. Lo imprevisible hace reír. Hay gente a la que le produce rechazo, que no lo entiende, pero en general tiene mucho predicamento. Y ahí está José Luis Cuerda, con Amanece que no es poco, donde se mezcla el costumbrismo, que también tiene mucho peso en el humor, y el absurdo. Él lo mezcló y le quedó fenomenal.

¿Somos un país surrealista? Este país tiene una relación muy estrecha con el surrealismo, hemos sido muy permeables a las vanguardias y el surrealismo tiene un recorrido muy largo. Siempre usamos esa expresión: “esto es surrealista”. Y hemos tenido grandes artistas, como Dalí, que aún durante la dictadura se le permitían cosas que no se le permitían a otros. Todo eso arraigó. El surrealismo es una cosa que nos hace especial gracia, nos gusta.

¿Qué es lo más surrealista que le ha pasado últimamente? En general ha sido un año bastante raro, con situaciones bastante absurdas. Pero por ejemplo he estado haciendo bricolaje e hice una estantería para cintas de VHS, porque mi padre tiene como 1.400 películas grabadas en VHS, que son unas 300 cintas. Y me dije voy a hacer unas baldas para estas cintas y las hice del tamaño exacto para que cupieran. Me quedaron bastante bien, pero me dije “voy a comprar unas molduricas para que queden más bonicas” pero pasó que una vez puestas la estantería quedó más bonita… pero las cintas no se podían sacar.

¿Siente la presión del cómico de ser gracioso siempre, la expectación por que haga un chiste? Sí, porque los cómicos provocamos esa reacción en la gente. Nos perciben como a colegas, con mucha cercanía. En general se tiene mucho cariño a los cómicos.

¿Y cómo lo vive? No lo vivo con ansiedad, porque tampoco tengo una fama que sea agobiante, tengo una fama muy llevadera. Pero mi faceta de cómico no se aleja mucho de cómo soy, a mí me gusta bromear, inventarme anécdotas, divertir a la gente… y que me diviertan. Así que no lo vivo con angustia, tampoco es para tanto.

¿De pequeño era el gracioso de la clase? Sí. Y los viernes por la tarde con los profesores que tenía buena relación me sacaban a la pizarra y les imitaba.

¿Siempre quiso ser cómico? Que yo me dedicara al mundo del espectáculo no estaba planeado, fue un feliz accidente. Yo quería trabajar de ilustrador. El mundo del espectáculo suele ser muy vocacional, pero no era mi caso.

Y si siendo niño le hubieran dicho que iba a ser famoso, ¿cómo habría reaccionado el pequeño Joaquín? Nunca lo habría pensado y ni por asomo lo habría creído. Me habría quedado con el culo torcido. Mi sueño era dibujar. Pero tengo mucha suerte porque me dedico a algo que me gusta mucho, escribir, hacer comedia en todos los formatos… pero a mí lo que más me gusta es dibujar. Mi sueño era vivir de mis dibujos.

¿Sus hijos le han preguntado a qué se dedica? ¿Qué les contestó? Bueno, ellos ya son mayorcitos, tienen 13 y 11 años y han vivido con naturalidad verme por la tele haciendo el idiota. Ellos saben que el padre que sale en la tele en la vida real es diferente, aunque el personaje no se diferencia mucho de la persona. Hubo un momento en el que les parecía como un superhéroe por dedicarme a hacer reír a la gente, les parecía la monda. A lo mejor llega el momento en que se avergonzarán, pero ahora les veo contentos con su padre, muy orgullosos.

¿Es una profesión que recomendaría? Sí, porque es la bicoca. Yo animaría a la gente a que probara con la comedia. Si tienes la necesitad de hacer reír por qué no hacerlo. No tengo la imagen de mundo duro, en el que llegue arriba poca gente… no comparto esa visión tan áspera. Intentarlo, hay que intentarlo. Si tienes un buen discurso y bromas buenas, te irá bien.

¿Es más fácil ahora? Ahora hay muchos más cómicos y monologuistas que cuando nosotros empezamos, que era un erial. Había tradición de monologuistas, pero no mucha. Al que más admirábamos era a Gila, que era capaz de escribir monólogos brillantísimos. Pero cuando empezamos lo que más había era cuentachistes. Y gente como Tip y Coll y Faemino y Cansado, que siempre les citamos como influencias, por como hacían un humor absurdo y surrealista.

Y si una broma no es buena, ¿prefiere que se lo digan o que le rían la gracia? Si una broma no funciona lo sabes, porque la gente se ríe poco. La gente viene, ha pagado por verte y quiere divertirse, pero si la broma es mala, la gente se ríe poco y si es buena se ríe mucho. Ahí tienes una forma muy sincera y clara para saber si tu broma es buena. Yo la opinión se la pido a poca gente y no suelo leer nada de lo que escriben sobre mí en las redes, prácticamente nada. Ni los halagos ni lo otro. No lo necesito. Puede parecer arrogante, pero es que vivo así muy feliz.

¿No es de los que necesita reconocimiento? Buscamos el cariño de la gente, para eso nos dedicamos a esto, pero ya lo tengo, de la gente en el teatro, de la gente que se acerca y me lo dice. Eso me parece un aspecto muy bonito de tu trabajo. A un registrador de la propiedad no le dicen “¡Qué bien esos papeles! ¡Qué bien ha hecho mi compraventa, gracias!”. Pero nosotros sí tenemos ese reconocimiento. Que nos digan que pasaron una mala época y que les ayudamos con ese problema.

¿Alguna vez ha tirado de ser Joaquín Reyes para algo? Alguna vez me han dicho “no, no hay mesa” y luego al verme “ah, sí, espera”. Y yo he pensado, esto es la monda. Pero no me gusta, pero es evidente que tiene ciertos privilegios ser conocido. Por eso creo que lo mejor es ser amable y manejar bien las situaciones incómodas. Es una cosa por otra.

Usted hace giras, ¿se ríe igual la gente por toda España? Hay gente más expansiva y más introvertida, pero en general la gente se ríe bastante y de cosas muy parecidas. Nos reímos mucho de nosotros mismos. Yo he tenido mucha suerte con el público que va a verme. Nunca me ha pasado eso de pensar “aquí no vuelvo” y no hay una sola puñetera provincia en la que no haya actuado, salvo en las ciudades autónomas.

Fuente: 20minutos https://www.20minutos.es/noticia/4436256/0/joaquin-reyes-que-me-dedicara-al-espectaculo-fue-un-feliz-accidente/

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