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‘Trumponomics’, ¿con mejores datos de lo que se esperaba?

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Estados Unidos anunció ayer que su PIB en el tercer trimestre creció 7,4%, o 33,1% según la medición anualizada que emite el país, un dato ‘positivo’ con el que el presidente, Donald Trump, hace el corte de cuentas de su gestión económica que le marcarán las elecciones del próximo martes 3 de noviembre, en las que podría lograr un segundo mandato o abandonar la Casa Blanca.

(El fin de las ‘Trumponomics’). 

Y, precisamente, el crecimiento económico que presentó ayer, el cual supone un avance récord y, si bien no permite borrar las pérdidas del 2020, sí coloca al país en la senda hacia una contracción menos mala de lo esperado a inicio de año (-4,3% según el FMI, frente al -5,9% de abril), es reflejo del conjunto de la gestión económica general, calificada por muchos de “no tan negativa como se preveía”.

(‘Trumponomics’, ¿llevarán al Presidente a la reelección?). 

En primer lugar, aunque Trump ha mantenido durante la mayor parte de su mandato una popularidad negativa entre los estadounidenses, no ha ocurrido lo mismo en cuanto a la gestión económica del país. De hecho, a cinco días de las elecciones, el 49,6% de los ciudadanos la ve como favorable, mientras que el 47,7% la desaprueba, según los datos de RealClearPolitics. Es más, en enero de este año, ese dato positivo llegaba hasta el 56%.

Sí que es cierto que el Presidente nunca logró cumplir con una de sus promesas principales de campaña: llevar el crecimiento económico del país a una tasa de alrededor de 4%.

No obstante, al revisar la evolución histórica en el país, el desempeño bajo el gobierno de Trump se encuentra en el promedio de los últimos 30 años.

(‘Trumponomics’ se hunden ante el golpe del coronavirus). 

EE.UU. creció 1,7% en 2016 cuando Trump fue electo, un dato que subió a 2,3% en 2017, 3% en 2018 y 2,2% en el 2019, a lo que se sumaría el desplome de 4,3% por la pandemia.

De esta forma, su promedio de alza en el PIB fue de 2,5% sin contar la pandemia (y 0,8% con esta), dato cercano al 2,64% (2,4% asumiendo la crisis sanitaria) que Estados Unidos ha crecido en promedio desde 1980. Eso sí, está por encima de la cifra de avance después de la Gran Recesión de 2008, en torno al 2%. Entre la Segunda Guerra Mundial y el 2004, el repunte era de entre 3% y 4%.

Más allá del crecimiento económico, uno de los indicadores más positivos durante su presidencia fue el de desempleo. Al cierre de 2016, el indicador estaba en 4,9%, y bajó a 4,3% en 2017, 3,9% en 2018 y 3,7 en 2019. En febrero de este año, solo el 3,5% de estadounidenses no tenía un trabajo.

Con la pandemia, la tasa de desempleo se incrementó hasta 14,7%, aunque a septiembre este dato ya bajó de nuevo a 7,9%, una recuperación mayor a la que se ha visto en otras partes del mundo como Europa -donde nunca subió tanto- o en Latinoamérica.

No obstante, el Fondo Monetario Internacional sigue estimando un desempleo de en torno al 8,9% en el país para el cierre de año.

PROMESAS ECONÓMICAS 

La conocida como ‘Trumponomics’, o la economía bajo Donald Trump, se basaba en ciertos aspectos, los cuales fueron algunas de sus principales promesas en la campaña electoral de 2016: una reducción de impuestos para impulsar la demanda y la industria nacional, lanzar guerras comerciales para reducir los desbalances de intercambios con otros países, entre ellos China, o impulsar la desregulación financiera para enfrentar el incremento de medidas que surgieron tras la crisis de 2008, entre otras propuestas.

Entre estos, lo más llamativo ha sido la guerra comercial que lanzó en 2018, con la imposición de aranceles al acero y al aluminio a una gran cantidad de países del mundo, y gravámenes punitivos contra China.

La situación se agravó en el 2019, llegando casi a un conflicto comercial total con el gigante asiático, e iniciando una contienda contra la Unión Europea.

Pero dejando de lado la tensión política, ¿qué tanto ha resultado su estrategia comercial? Los datos en este sentido presentan luces y sombras. Por un lado, es cierto que en 2019 se logró revertir la tendencia creciente en el déficit comercial a favor de China, logrando una caída en el desbalance frente a 2018.

No obstante, bajo el mandato de Trump se llegó a un máximo histórico en cuanto al déficit comercial: en 2018 ese indicador registró un déficit de US$418.953,9 millones, muy por encima de los US$346.825,2 millones en 2016 cuando ganó las elecciones generales, los US$273.041,6 millones que se vieron en el 2010, o los US$83.833 millones con los que inició el Siglo XXI.

Como curiosidad, se puede mencionar que Estados Unidos no ha tenido superávit comercial con China ningún año desde 1985.

Otro de los aspectos a destacar en cuanto a las promesas de campaña fue la reducción de impuestos en el país, algo que Trump cumplió, pues durante su mandato Estados Unidos se ha reducido de manera importante el recaudo con respecto al PIB.

En el 2016, Estados Unidos tenía un recaudo fiscal, según los datos del FMI, correspondiente al 31,1% del producto interno bruto, el cual bajó a 30,73% en el primer año de su presidencia, y a 29,58% y 29,39% en los dos siguientes. El organismo multilateral estima que este indicador sería de 27,47% al final de 2020.

Relacionado con este, otro de los datos que se puede analizar es el de la deuda pública, la cual se mantuvo relativamente estable hasta la llegada de la pandemia del coronavirus. Con respecto al PIB, esta llegaba al 106,6% en 2016, bajó a 105,7% en el 2017, pero subió a 108,7% en 2019.

WALL STREET

El buen desempeño en Wall Street es otro aspecto a destacar, pues sus principales indicadores estuvieron hasta el primer trimestre de este año registrando máximos históricos.

Y también se podría decir que la industria petrolera ha sido una de las grandes ganadoras con la administración Trump, pues gracias al impulso del ‘fracking’ Estados Unidos se convirtió en el principal productor de crudo del mundo, llegando a bombear más de 12 millones de barriles diarios.

“Su gobierno logró récords en el mercado de acciones y otros indicadores. Supo aprovechar que la inflación no era ya un problema y recalentó la economía sin efectos inmediatos, gracias al recorte de impuestos y las condiciones favorables que heredó. No obstante, los desequilibrios permanecen y el golpe de la pandemia, junto a las erradas políticas de control, harán que los dos próximos gobiernos tengan que abordar un ajuste fiscal. Y, además, preocupará una aparente sobrevaloración de activos y la incertidumbre sobre el valor del dólar”, explica Jorge Restrepo, profesor de la Universidad Javeriana.

Frente a todo esto, no se puede negar que la presidencia ha supuesto un golpe negativo para la economía mundial. Las guerras comerciales han generado afectaciones en las cadenas mundiales de valor y en el dinamismo de los intercambios, al tiempo que sus ataques a los organismos multilaterales han acabado por generar una crisis en organizaciones tan relevantes como la Organización Mundial del Comercio.

Sin embargo, los datos hacia el interior del país no son tan malos como se podía esperar.

Rubén López Pérez

Fuente: Portafolio

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