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Jamie Trinidad: “No descarto que Gibraltar sea un Estado independiente en 100 años”

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29/10/2020 12:53Actualizado: 29/10/2020 17:49

A poco más de dos meses para que el Reino Unido salga ya a efectos prácticos de la UE, los 15.000 trabajadores que cruzan a diario la verja para acudir a su puesto en el Peñón no saben aún qué depara a su futuro. De ellos, más de 10.000 son españoles de una zona como la del Campo de Gibraltar, donde pocas veces se baja de una tasa de paro del 30%. Gibraltar -con localización geográfica clave- fue cedida por la corona de España a la británica en 1713 por el Tratado de Utrecht. El episodio abrió una controversia histórica, aún no resuelta. Pero el Brexit obliga ahora a los vecinos a encontrar una solución pragmática de convivencia que va más allá de la soberanía. Esta es la opinión del reputado académico Jamie Trinidad (Gibraltar, 1978). Profesor en la Universidad de Cambridge y autor del libro “Autodeterminación en territorios coloniales en disputa”, el abogado también asesora al Gobierno de Gibraltar en materia de derecho internacional. En una larga charla con El Confidencial, aborda a título personal todas las claves sobre la excepcionalidad de la Roca.

PREGUNTA. Quedan poco más de dos meses para que termine el periodo de transición y el Reino Unido salga ya a efectos prácticos de la UE el 31 de diciembre. En caso de que finalmente no se cierre acuerdo comercial, ¿cuál será el escenario el 1 de enero en la frontera entre España y Gibraltar?

RESPUESTA. Gibraltar nunca ha tenido una implicación tan estrecha con el mercado único como lo ha tenido el Reino Unido. Estamos fuera, de hecho, de la unión aduanera. En el Peñón siempre ha habido una frontera, unos controles. Si el Reino Unido abandona el bloque sin pacto comercial, tendría que construir infraestructura para realizar controles. Pero nosotros ya la tenemos. Por lo tanto, si se llegara al escenario de no acuerdo, que espero no sea así, el impacto para Gibraltar no sería tan significativo como para el Reino Unido.

P. Actualmente 15.000 trabajadores cruzan la frontera diariamente. Sin acuerdo, ¿sus vidas entonces no van a verse afectadas?

R. Francamente, en caso de que no hubiera pacto comercial, me sorprendería sobremanera si el 1 de enero fuera imposible cruzar la frontera. La cuestión es cómo de fluido será el cruce. Y en este aspecto, creo que hay voluntad política para que la vida de los ciudadanos no se vea afectada. Con el triunfo del Brexit, el miedo en Gibraltar era que España implementara de nuevo restricciones. Ese miedo se acrecentó con el anterior Gobierno del PP. Pero ahora el tono ha cambiado sustancialmente con el actual Ejecutivo. Hay preocupación por el bienestar de los ciudadanos del Campo de Gibraltar que, al fin y al cabo, está íntimamente conectado con el bienestar del pueblo de Gibraltar.

P. De manera independiente a estas negociaciones comerciales entre Londres y Bruselas, lo que sí se ha conseguido cerrar ya [a falta de ratificar por los respectivos parlamentos] es el primer acuerdo fiscal en más de tres siglos entre España y el Reino Unido para garantizar que la jurisdicción del Peñón sea transparente. Es un paso realmente significativo.

R. Por la Convención de Viena sobre el derecho de los tratados, al no ser un estado independiente, Gibraltar no ha podido firmar el acuerdo como tal. El Gobierno del Reino Unido lo ha tenido que hacer en su nombre. Pero, en efecto, se trata de un paso realmente significativo en las relaciones entre España y Gibraltar. El hecho de que ahora haya una cooperación en este campo quizá sea una señal de que la relación pueda ir pareciéndose más a la de dos vecinos, evolucionando así por encima de la obsesión rígida e inflexible que siempre ha existido por parte de España respecto a la reclamación de la soberanía. Lo cierto es que Gibraltar siempre se había mostrado dispuesta a compartir su información fiscal. Hasta ahora, España siempre se había negado a cooperar porque, por la retórica política, era más conveniente decir que Gibraltar es un paraíso fiscal. Pero ahora es importante que tengamos un acuerdo legalmente vinculante.

P. Anejo al Acuerdo de Retirada [con el que el año pasado se formalizó el divorcio con los británicos] está también el Protocolo de Gibraltar, que enmarca cuatro memorandos relativos a derechos de ciudadanos, tabaco y otros productos, cooperación en materia medioambiental, policial y aduanera.

R. También hay avances, pero los memorandos no son tratados vinculantes bajo el derecho internacional, a diferencia del acuerdo fiscal.

P. En lo que hay un completo secretismo es en las negociaciones sobre la relación futura entre Gibraltar y la UE. España logró que Bruselas le garantizara capacidad de veto para cualquier acuerdo que se alcance respecto al Peñón.

No puedo decir nada respecto a negociaciones. Obviamente, cada parte tiene sus propios intereses. Pero está también la proximidad geográfica. Sé que hay frustración por parte de la prensa por no conocer detalles, pero lo normal en este tipo de negociaciones tan complejas es que no se diga nada hasta que se llegue a un consenso.

P. ¿Estaría dispuesta Gibraltar a entrar en el espacio Schengen? El Reino Unido no forma parte de este espacio por lo que se podría crear conflicto de intereses.

R. Lo único que puedo decir es que cualquier acuerdo que garantice la fluidez en la frontera y a la misma vez respete las líneas rojas de las partes será un buen acuerdo. Es cierto que el Reino Unido es responsable de las cuestiones de política exterior del Peñón, pero por la constitución de 2016, Gibraltar sí tiene competencias propias respecto a la UE.

P. ¿Aceptaría Gibraltar una responsabilidad compartida entre España y el Reino Unido?

R. Existe una suposición profundamente errónea que lleva a muchos en España a sobrestimar la probabilidad de que los gibraltareños opten por una forma de soberanía española, una vez que se den cuenta de que esto les interesa desde un punto de vista económico. Pero nada más lejos de la realidad. Los gibraltareños no están dispuestos a perder su identidad política por una cuestión económica. Hay algunos en el Peñón que abogan ahora por la independencia, otros que quieren integración con el Reino Unido y otro abanico de opiniones intermedias. Pero ninguna de estas cuestiones se podrá debatir con sustancia hasta que no se resuelvan ahora determinadas cuestiones con nuestro principal vecino. En este sentido, el Brexit ha creado un momento de turbulencia política. Pero cuando en el Reino Unido hay un gobierno conservador -que suelen ser más protectores-, y en España un gobierno de izquierdas -que muestra más sensibilidad hacia el Campo de Gibraltar-, el dialogo suele ser más fácil.

P. ¿El Brexit abre ese debate sobre la autodeterminación?

R. Creo que puede analizarse justo desde el otro prisma. Creo que el debate siempre ha estado ahí, pero ahora precisamente el foco se pone en otras cuestiones que van más allá de la soberanía porque lo que importa es encontrar una solución pragmática de convivencia que lógicamente no traspase las líneas rojas.

P. Carlos III dejó instrucciones secretas como testamento político que advertían lo siguiente: “se recomienda que no se firmen Tratados con Gran Bretaña pues la Constitución [no escrita] de dicho país hace imposible saber en qué medida los gobiernos de Londres respetarán los compromisos adquiridos por sus plenipotenciarios”. Más de tres siglos después, las palabras cobran de nuevo todo el significado, ya que el Gobierno británico está dispuesto ahora a violar el Acuerdo de Retirada si no consigue pacto comercial con la UE. ¿Puede uno fiarse de los británicos?

R. Para Gibraltar, unirse a la Comunidad Económica Europea (como era entonces) en 1973, bajo el acuerdo de adhesión del Reino Unido, fue motivo de optimismo en un momento difícil, cuando la frontera con España estaba cerrada. La adhesión dio a los gibraltareños un sentido de conexión renovada con Europa en un momento en que se sentían marginados. El 96% de votos en favor de permanecer en la UE con el referéndum de 2016 reflejaba la ansiedad de una comunidad que sabe lo que es vivir en un aislamiento forzado de sus vecinos europeos. Pero sí es cierto que en los últimos años ha habido un cambio de percepción. Ya no se ve a la UE como una comunidad para compartir valores, sino una comunidad que se mueve por intereses. Y, en este sentido, se puede llegar a entender en cierta medida que el Gobierno británico esté endureciendo su postura si ve amenazado sus intereses. Pero a lo largo de la historia, el Reino Unido ha demostrado ser un país que, en general, cumple con sus obligaciones internacionales.

P. ¿Si ahora el Gobierno británico está dispuesto a violar el Protocolo de Irlanda, hasta qué punto puede fiarse España de que vaya a cumplir el Protocolo de Gibraltar?

La cuestión de Gibraltar no es tan complicada como la de Irlanda del Norte. Allí existe ya el Acuerdo de Viernes Santo, lo que legalmente está creando tensiones. Con el Peñón no se está discutiendo nada que sea incompatible con pactos anteriores porque no los hay, aparte obviamente del Tratado de Utrech y, ahora, el acuerdo fiscal. Son escenarios completamente diferentes.

P. No se trata tanto de una cuestión técnica, sino de confianza. ¿Tiene Gibraltar confianza en que el Reino Unido no negocie con España nada respecto a la cuestión de soberanía a sus espaldas? Está el precedente de 2002.

R. En 2002, el gobierno laborista de Tony Blair había tenido algunos éxitos de consolidación de la paz en Irlanda del Norte y Sierra Leona, pero el gran premio para Blair era el Oriente Medio. Tuvo que convencer a Aznar para que apoyara la guerra en Irak cuando el pueblo español se oponía a esto profundamente. Con ese fin, Blair ofreció negociaciones sobre Gibraltar. Pero ahora este escenario no se puede replicar porque la constitución de Gibraltar de 2006 establece que no puede haber si quiera debate sobre soberanía sin su consentimiento.

P. El Gobierno de Boris Johnson repite cual mantra que Gibraltar permanecerá bajo la soberanía británica siempre y cuando los gibraltareños quieran. Pero la posición histórica del Reino Unido resulta un tanto cínica, ya que nunca ha ofrecido la opción de otro estatus a los gibraltareños. Por el Tratado de Utrech, además España tiene prioridad para dar por terminada la cesión del Peñón si el Reino Unido intentara “dar, vender o enajenar de cualquier modo la propiedad de Gibraltar”.

R. No soy ningún ingenuo. En la constitución de 2006, de hecho, hay un anexo donde el Reino Unido especifica que Londres apoya el derecho de autodeterminación de Gibraltar, aunque reconoce a renglón seguido que este apoyo está limitado por el Tratado de Utrecht de 1713 y que, por tanto, la independencia sólo sería una opción con el consentimiento de España. Gibraltar precisó que no comparte esta posición. Pero en la constitución [del Peñón] se reconoce el derecho de autodeterminación. Eso es importante.

P. Se antoja complejo pensar que el Gobierno británico vaya a estar dispuesto en algún momento a renunciar a la base militar.

R. En el caso de Escocia, por ejemplo, sí se dio el consentimiento para celebrar un referéndum de independencia en 2014, cuando allí está la flota de submarinos nucleares del Reino Unido. En caso de que hubiera salido la independencia, se habría llegado a algún acuerdo respecto a la base militar. Y lo mismo podría pasar con Gibraltar.

P. ¿La cuestión sobre la soberanía de Gibraltar sería más fácil sin esa base militar?

R. La base ha sido pieza clave para la economía de Gibraltar durante muchos años. Ahora no tiene el mismo protagonismo. Pero, en efecto, supone un vínculo muy importante del Reino Unido con Gibraltar. Aunque no creo que sea la única razón por la que no ceden la soberanía. Las Malvinas no tenían base y la defensa del territorio llevó a los británicos a una guerra.

P. ¿Ve posibilidades de que Gibraltar sea un estado independiente dentro de 100 años?

R. No lo descarto. Cualquier cosa es posible. No creo que sea algo que se escape a la imaginación. Cuando escribí mi libro, estudié muchos textos que tenían siglos de antigüedad. Y a lo largo de la historia, se ha demostrado que determinadas cuestiones evolucionan luego de una manera que nadie podía esperar en un determinado momento.

P. Pero, al menos a día de hoy, se hace impensable que España ceda. Es más, la postura española se ha ido incluso endureciendo en las últimas décadas. En los años 20 había matrículas españolas y gibraltareñas en el Peñón e incluso se mandaban a los infantes a dar la bienvenida a los reyes británicos, cosas ahora imposibles.

R. En la II Guerra Mundial, las fuerzas británicas, rodeadas por el ejército alemán, se vieron obligados a retirarse al puerto de Dunkerque. En ese momento, había una posibilidad real de que el Reino Unido pudiera perder la guerra y acabar siendo ocupado por Alemania. Por lo tanto, como es habitual en tiempos de crisis, el gobierno español percibió la oportunidad de recuperar la soberanía de Gibraltar. Si el resultado de la segunda guerra mundial hubiera sido diferente, ¿quién sabe lo que pudiera haber sucedido en Gibraltar? Con Franco, la cuestión del Peñón se convirtió en clave. Es más, tras la guerra civil, la única frase que unía a ambos bandos era la de “Gibraltar, español”. Eso ha perpetuado hasta ahora hasta cierto punto, aunque vaya disminuyendo. Para cualquier gobierno español, sea del color que sea, no hay ningún coste político en decir “Gibraltar español”. Pero el Brexit, por naturaleza, es una ruptura política que obliga a cambiar las cosas. Más allá de retórica de soberanía, de tener el mismo debate de siempre, estamos en un momento que la situación requiere hablar de otras cosas. Debe haber un compromiso por ambas partes para garantizar la convivencia.

P. En su libro aborda casos históricos, como Hong Kong y los territorios franceses y portugueses en India, así como el Sahara Occidental y, por supuesto, Gibraltar. ¿Algún elemento en común sobre autodeterminación?

R. Cada caso es complejo y singular. En varios casos, como Hong Kong y Goa, se ha negado la autodeterminación. Pero, sin entrar demasiado en el análisis jurídico que presento en el libro, desde el punto de vista político lo que está claro en el día de hoy es que para encontrar solución a estas disputas no sólo se tiene que consultar a estos pueblos que tienen identidad propia, sino que se les tiene que hacer partícipes activos del debate.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-10-29/entrevista-jamie-trinidad-gibraltar-estado-independiente_2800304/

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