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12 de octubre: ¿choque o encuentro de dos mundos?

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Este fin de semana se conmemora en las tierras americanas y la península ibérica una fecha que sigue siendo motivo de discusión 528 años después de la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, el 12 de octubre.

Cuando conquistadores y conquistados miran hacia atrás ven caras distintas del acontecimiento que partió en dos la historia de la humanidad. Hay dos, tres y aún más visiones de lo que significaron el descubrimiento y la conquista de América.
Su común denominador es el dilema de si fueron un ‘encuentro’ o un ‘choque’ de civilizaciones.

Este debate continúa hoy, como lo muestran las reacciones al reciente derribamiento de la estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar en el morro de Tulcán, en Popayán, por unos indígenas misaks. El columnista Eduardo Escobar escribió una vindicación de Belalcázar en este diario, y el mismo día Aura Lucía Mera felicitó a los indígenas en su columna de El Espectador por “desmontar una de las tantas mentiras de nuestra historia”.

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Son dos ejemplos frescos de la polémica iniciada en los días de la Conquista con las denuncias de los misioneros y catedráticos católicos que juzgaron la aventura americana, como Antonio de Montesinos, Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria. El principal fue el dominico De las Casas, quien se embarcó a ‘las Indias’ en 1502 y se consagró a la defensa de sus habitantes originarios.

La ‘leyenda negra’

Las Casas denunció ante la Corona española los atropellos de los conquistadores, presenciados en sus correrías por La Española, Cuba, Venezuela, Guatemala y Chiapas. Frutos de esa experiencia fueron su Brevísima relación de la destrucción de las Indias y la monumental Historia de las Indias, en las que describió las acciones de los invasores y dio su testimonio desde el punto de vista de los vencidos.

Los excesos de la Conquista originaron la ‘leyenda negra’ hispanoamericana, atribuida por los defensores de España a una campaña de propaganda para desprestigiar al imperio español en su siglo de oro.

Como ocurre ahora con las teorías conspirativas que se acomodan a los intereses de sus inventores, los autores españoles sostuvieron que la ‘leyenda’ se basó en fantasías y exageraciones y fue obra de los enemigos de España en el siglo XVI, comenzando por Inglaterra, que querían difundir la idea de que los españoles fueron crueles, tiránicos, oscurantistas y fanáticos.

Esa narración no fue un monopolio de los ingleses. El pensador francés Michel de Montaigne, quien conoció a tres indígenas americanos presentados en Ruan al rey francés Carlos IX en 1562 y habló con uno de ellos, fue un severo crítico de la Conquista. Dialogó largamente con su interlocutor americano y observó que su lenguaje era suave y de un sonido agradable, “parecido al griego en las terminaciones”. Después escribió en uno de sus célebres Ensayos:

“Nuestro mundo acaba de descubrir otro mundo (¿y quién garantizará que ese no sea el último de sus hermanos, si los demonios, las Sibilas y nosotros mismos hemos ignorado este hasta ahora?), no menos grande, completo y bien dotado que él y, sin embargo, tan nuevo y tan infantil que todavía se le está enseñando su ABC y hace apenas cincuenta años no conocía las letras, ni los pesos, ni las medidas, ni los vestidos, ni el trigo ni los viñedos. Todavía tenía el pecho desnudo y vivía solo con lo que le proveía su madre nutricia (…).

“Me temo mucho que aceleraremos la declinación y la ruina de este nuevo mundo con nuestro contagio y que le venderemos muy caras nuestras opiniones y nuestras artes. ¿Por qué tan noble conquista no le correspondió a Alejandro o a los antiguos griegos y romanos? ¿Por qué semejante cambio y alteración de tantos imperios y pueblos no cayó en unas manos que habrían pulido suavemente y disipado lo que hubiera de bárbaro en ellos y fortalecido y estimulado las buenas semillas que les había proveído la naturaleza, no solo agregando al cultivo de la tierra y al adorno de las ciudades las artes de nuestro lado del océano, en cuanto hubiere sido necesario, sino añadiendo las virtudes griegas y romanas a las originales de ese mundo?

“¡Qué fácil habría sido aprovechar esos espíritus tan frescos, tan necesitados de aprender y poseedores, en su mayor parte, de tan finos elementos naturales! Al contrario, aprovechamos su ignorancia e inexperiencia para inclinarlos más fácilmente hacia la traición, la lascivia, la avaricia y toda suerte de inhumanidad y crueldad, siguiendo el ejemplo de nuestras pautas y nuestras costumbres. ¿Quién hizo útil el comercio y el intercambio a ese precio? ¡Tantas ciudades arrasadas, tantas naciones exterminadas, tantos millones de seres pasados a espada, y la parte más bella y rica del mundo vuelta al revés por el tráfico de perlas y pimienta! ¡Bajas y mecánicas victorias! ¡Nunca la ambición, nunca las enemistades públicas llevaron a los hombres, unos contra otros, a hostilidades tan horribles y calamidades tan miserables!”.

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El derecho natural

Montaigne no estuvo solo en este duro juicio, al que dedicó varias páginas. La primera crítica de la Conquista fue de un español y ocurrió el 21 de diciembre de 1511, cuando fray Antonio de Montesinos advirtió los maltratos a los indígenas taínos en La Española. A sus sermones se atribuye el origen de las Leyes de Burgos de 1512, dictadas por la Corona española para proteger a los indígenas.

Después la célebre Escuela de Salamanca, cuyo principal vocero fue Francisco de Vitoria, desafió la autoridad del papa Alejandro VI, quien decretó en las llamadas bulas alejandrinas de 1493 que los territorios descubiertos por Colón eran de propiedad de los Reyes Católicos y después legitimó el Tratado de Tordesillas de 1494, en el que España y Portugal acordaron repartirse el Nuevo Mundo.

Vitoria esgrimió el derecho natural o de gentes para defender a los nativos, como lo hicieron después otros religiosos. Sus discursos influyeron para que se dictaran las Leyes Nuevas de 1542, encaminadas a revisar el sistema de la encomienda, que no fueron ejecutadas debido a la máxima de “se acata, pero no se cumple”, acuñada por los conquistadores.

Impresiona la osadía de Vitoria y Las Casas porque España, la superpotencia de la época, vivía bajo la Inquisición, establecida contra la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero en 1517 y todo lo que se opusiera a la ortodoxia católica, y además estaba sujeta a una censura que prohibía la publicación y circulación de libros.

El 12 de octubre no era una fecha para celebrar ni una conmemoración exclusivamente española, sino un día para resaltar lo que América le había dado a Europa

La visión heroica

No faltaron predicadores como Juan Ginés de Sepúlveda, contradictor de Las Casas, que llegaron a dudar de que “los salvajes” americanos tuvieran alma y defendieron la guerra contra ellos con el argumento de que practicaban la antropofagia o realizaban sacrificios humanos. Las Casas sostuvo que la bondad era natural en ellos y que los sacrificios obedecían a su devoción religiosa.

También hubo quienes crearon una visión heroica de la Conquista, como Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia general y natural de las Indias. Otros cronistas, escritores y poetas, como Bernal Díaz del Castillo, el Inca Garcilaso de la Vega, Juan de Castellanos, Francisco López de Gómara y Alonso de Ercilla, la idealizaron y exaltaron, contribuyendo a forjar la versión épica que España convirtió en la oficial. Esta versión encontró y seguirá encontrando contradictores.

Muestra de esto fue lo que ocurrió en Colombia con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento, en 1992. Era un secreto a voces que la figura central de la conmemoración sería Germán Arciniegas, nombrada en 1983 por el presidente Belisario Betancur e integrada, además, por Pilar Moreno de Ángel y Ramón de Zubiría. La presidencia de Arciniegas era justificada porque ningún otro colombiano estudió y escribió tanto sobre América como él.

Pero en España no gustaba la tesis sostenida por Arciniegas de que el 12 de octubre no era una fecha para celebrar ni una conmemoración exclusivamente española, sino un día para resaltar lo que América le había dado a Europa. Entonces, para complacer a Madrid, el gobierno de César Gaviria disolvió la comisión y nombró otra encabezada por su esposa, Ana Milena.

La salida de Arciniegas agitó a historiadores, intelectuales y periodistas, y mostró la distancia existente entre los admiradores de Cortés, Pizarro y Jiménez de Quesada y quienes analizan con espíritu crítico el 12 de octubre y sus consecuencias. En un continuo contrapunto entre ellos se han cruzado los relatos que resaltan la diversidad, originalidad y opulencia de las naciones americanas originarias (basta recordar la magnificencia de Cuzco, Tenochtitlán y Chichén Itzá) y los que privilegian el modelo europeo que les fue impuesto. De este último nos queda el rezago de que todavía el 12 de octubre se celebra aquí como el Día de la Raza, denominación rechazada en otros países porque refleja la imposición de una cultura ajena sobre las culturas nativas.

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El 12 de octubre Brasil celebra el Día del Niño en vez de la llegada de Colón. Cuba no lo conmemora y en su lugar celebra, el 10 de octubre, el comienzo de su guerra de independencia contra España. En Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, Perú y Venezuela se emplean nombres que van desde el Día de la Resistencia Indígena hasta los de Encuentro de Dos Mundos y Encuentro de Dos Culturas. En Estados Unidos es el Día de Colón y en España, orgullosa de su hazaña, es el Día de la Hispanidad.

Ninguno de esos nombres refleja la contradicción y a la vez la simbiosis de lo americano y lo europeo encarnadas en el Nuevo Mundo. Como dice el título de uno de los libros de Arciniegas, “América es otra cosa”.

LEOPOLDO VILLAR BORDA
Para EL TIEMPO

Fuente: ElTiempo https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/12-de-octubre-que-paso-en-esa-fecha-en-colombia-542508

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