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Louise Glück, una nobel heredera de Emily Dickinson

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“Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado”.

Así definió la escritora estadounidense Louise Glück el género al que ha decidido apostarle su alma e inspiración a lo largo de sus 77 años. Esta reflexión la hizo en el ensayo Proofs and Theories (Pruebas y Teorías), que también fue premiado hace algunos años con el PEN/Martha Albrand.

Esta mujer, más bien discreta, que combina su amor por la poesía con la investigación y la docencia, y es considerada una de las más grandes voces de la poesía estadounidense, fue reconocida ayer con el máximo galardón de las letras, el Premio Nobel de Literatura.

Desde Estocolmo, la Academia Sueca destacó en la obra de Glück la “inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, torna la existencia individual universal”.
“Es una poetisa del cambio radical y del renacimiento”, agregó el presidente del comité Nobel, Anders Olsson.

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Enderezando el rumbo

En esta elección de la Academia Sueca subyacen varios mensajes, que reflejan su resuelto interés de darle vuelta a la página, de una vez por todas, a los escándalos de acoso sexual que enlodaron su reputada imagen centenaria, y dejar atrás sus desacertadas y cuestionadas decisiones de los últimos años.

Por tradición, aunque no sea una directriz explícita, no es común que la Academia escoja a un galardonado de un mismo país en menos de cinco años. El regreso a las letras estadounidenses podría llevar implícito su primer mensaje.

Hace tan solo cuatro años, la Academia sorprendió al mundo con la elección del cantante Bob Dylan, para entregarle su máximo galardón. Se había tardado más de dos décadas en premiar otra vez a un estadounidense, desde 1993, cuando la escogida fue la escritora Toni Morrison.

Y aunque para muchos estudiosos, parte del encanto de la Academia ha sido el de sorprender, el experimento con Dylan no salió bien. El propio galardonado nunca apareció en los días siguientes al anuncio, lo que para muchos fue una actitud de desprecio y falta de educación. Vino a aceptar el reconocimiento prácticamente cuando ya se vencían los términos. La crítica, en su momento, no entendió esta decisión existiendo clásicos de la talla de Philip Roth, Joyce Carol Oates y Don DeLillo o incluso Paul Auster o Cormac McCarthy, que llevan sonando toda una vida. Pero bueno… igual ocurrió con Jorge Luis Borges.

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La misma escogencia, el año pasado, del novelista y dramaturgo austriaco Peter Handke (1942) tampoco cayó bien en la crítica, por sus posturas políticas. En particular por su actitud proserbia en las guerras de los Balcanes en los años 1990.
Para muchos, con su decisión de ayer la Academia se resarce, reafirmando la tradición de apostarle a una gran poeta, lo que también se interpreta como un distanciamiento de una costumbre machista.

“Me gusta que se lo hayan dado a una poeta. Lo que más valoro es que se le dé importancia a este género literario, que es el ala menos comercial y menos mediática de la literatura. Además, ella tiene una obra voluminosa, inclusive traducida al español”, opina el crítico Jorge Iván Parra.

Y de paso, con el reconocimiento a Glück la Academia envía otro mensaje, al recuperar la histórica senda de apostarles a autores relevantes, metódicos y la mayoría de las veces sorpresivos. Los dos últimos poetas premiados habían sido el sueco Tomas Tranströmer, en 2011, y la polaca Wislawa Szymborska, en 1996.

“Glück está también en esa tendencia tan de los norteamericanos, que es la de reflexionar sobre la poesía. Poeta estadounidense que se respete escribe ensayos sobre la poesía, es decir, cultiva dos géneros. Es muy bueno que haya cada vez más escritoras en el Nobel”, anota.

Nacida en 1943, en Nueva York, Louise Glück creció en una familia que la animó a expresar siempre su creatividad. Su patronímico germánico proviene de sus abuelos húngaro-judíos que emigraron a Estados Unidos a principios del siglo XX.

“Yo era una niña solitaria. Mis interacciones con el mundo como ser social eran poco naturales, forzadas, como representaciones, y yo era más feliz cuando leía. Bueno, no todo fue así de sublime, vi mucha televisión y también comí mucho”, contó en una entrevista.

Una de sus heroínas de la infancia fue Juana de Arco, a la que dedicó un breve poema en 1975. “Y ahora las voces responden que debo convertirme en fuego, según el plan de Dios”.

Su adolescencia fue difícil porque sufrió de anorexia. Y su niñez estuvo marcada por el trauma de perder a una hermana mayor, que murió poco después de nacer.
“Mi hermana pasó toda una vida en la tierra. / Nació, murió. / Mientras tanto, / ni una mirada despierta, ni una frase”, escribió en Lost Love (Amor perdido, 1990).

Tras abandonar los estudios, se casó, pero se divorció pronto. Se casó una vez más. Volvió a la escuela y se convirtió en estudiante universitaria. Tiene un hijo.

Diálogo con el pasado

Se convirtió en la imagen de la mujer vanguardista. “La joven mujer en la poesía de Glück encaja en el discurso feminista sobre ‘lo que significa ser mujer’ ”, comenta la investigadora de literatura Allison Cooke.

“A lo largo de la obra poética de Glück, muchas de las figuras centrales de sus poemas son femeninas (…), ya sea una mujer joven a menudo descrita como la hija de alguien, o una madre”, añade Cooke.

En más de 50 años, Glück ha publicado 13 antologías. La última, en 2014, se titula Faithful and Virtuous Night (Noche fiel y virtuosa).

Siete de sus obras han sido traducidas al español, por la editorial independiente española Pre-Textos, de Manuel Borrás.

Podría decirse que el conjunto de su obra establece un diálogo permanente con los mitos de la antigüedad clásica y con la tradición literaria de Occidente.

Borrás sostiene que su poesía es de apariencia sencilla, pero, en realidad, trascendente y de horizontes complejos. Son referentes en sus obras el paso del tiempo, la relación con la naturaleza y la vida familiar, anota el editor, que destaca lo accesible y a la vez riquísima que es la escritura de la premiada.

“Es magistral la combinación entre tradición e innovación en la poesía de Louise Glück. Entre las alusiones, nunca pedantes, al mundo clásico y su tono conversacional está la presencia de Emily Dickinson y de los grandes nombres de la poesía en inglés”, le comentó a EL TIEMPO el poeta Darío Jaramillo Agudelo, otro de sus ávidos lectores.

Glück debutó con Firstborn, un libro de poesía publicado en 1968, después del cual tuvo un bloqueo creativo que logró superar cuando empezó a enseñar Literatura en el Goddard College de Vermont, en 1971.

Después ha estado compaginando permanentemente la creación literaria con la docencia y con la escritura de textos teóricos, centrados en la creación poética.
Los títulos de algunos de sus libros, como El triunfo de Aquiles (1985), que alude el personaje central de La Iliada de Homero, o Vita Nuova (1999), que remite a la obra lírica de Dante Alighieri, dan testimonio de ese diálogo con el pasado.

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En 1992, publicó The Wild Iris (Iris salvaje), que despliega todo un jardín y le valió el premio Pulitzer, uno de los más prestigiosos del mundo.

Su libro más reciente, A village life (Una vida de pueblo), publicado en mayo pasado, fue traducido por el venezolano Adalber Salas.

Salas lo ha descrito como “un volumen de poesía excepcional e inesperadamente necesario dadas las nuevas circunstancias que nos rodean, este mundo extraño que nos vemos forzados a habitar” debido a la pandemia del covid-19.

“Delicadeza (…) y crudeza tierna son quizás dos de las marcas más memorables del estilo de Louise Glück”, reflexionó Salas, en la presentación del libro en un video difundido por la editorial Pre-Textos en su cuenta de Twitter.

CARLOS RESTREPO*
CULTURA EL TIEMPO
@Restrebooks
*Con información de EFE y AFP

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Fuente: ElTiempo https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/premio-nobel-de-literatura-2020-louise-glueck-una-nobel-heredera-de-emily-dickinson-542323

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