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Gasto, impuestos y nacionalismo: los pilares de la ‘Bidenomics’

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Si se cumple el pronóstico de los sondeos, Joe Biden sería el próximo presidente de Estados Unidos, quien derrotaría a Donald Trump en las elecciones del 3 de noviembre.

A menos ya de un mes de los comicios, todo apunta a esa dirección: un informe del portal FiveThirtyEight con corte al viernes, estima un 80% de probabilidades de victoria por 20% de Trump, dos puntos porcentuales más que al inicio de esa semana, y sus cálculos dicen que lograría 333 colegios electorales, frente a los 205 del republicano.

(Trump y Biden: dos visiones distintas sobre la economía de EE.UU.).

Asimismo, Biden cuenta con una favorabilidad de 48,2%, y Trump de 42,2%, con la diferencia que el demócrata tiene un saldo positivo de 2,9% frente al rechazo, y el del Presidente es negativo con 13 puntos.

El promedio de sondeos de intención de voto ve un triunfo de Biden con 50,1%, por el 43,1% de Trump.

Pero más allá de lo que pase en las elecciones, que los expertos creen que serán reñidas hasta el final, ¿cuáles son las principales diferencias entre la ya denominada ‘Bidenomics’ y la ‘Trumponomics’?.

(Así fue el caótico y decepcionante debate entre Trump y Biden). 

Tras cuatro años, están claras las bases del plan económico de Trump: reducción de impuestos a empresas, desregulación, reducción en el tamaño del Estado y proteccionismo, entre otros, con la idea de que más flexibilidad, menos carga impositiva y los aranceles impulsarían al país.

Sin contar la crisis actual, y reconociendo que el desempleo estuvo bajo el 4%, Trump nunca logró su objetivo de crecimiento de más de 3% (2,4% en 2017, 2,9% en 2018 y 2,3% en el 2019).

En esta ocasión, el Presidente ofrece profundizar la reforma fiscal, más inversiones en infraestructura e impulsar el empleo, además de seguir con la guerra comercial y tecnológica en contra de China.

Por su parte, aunque sus programas coinciden en el impulso al empleo y la reactivación, las recetas de Biden pasan por incrementar el gasto público y la intervención del Estado, subir los impuestos reducidos por Trump, especialmente a empresas y grandes fortunas, y el nacionalismo industrial como mayores banderas de su proyecto.

Por poner algunos ejemplos, plantea ampliar la cobertura del ‘Obamacare’ sanitario y mayores subsidios a la clase media, mientras que con las alzas de impuestos busca US$3,5 billones más de recaudo en 10 años. Además, gastaría US$2,5 billones en energías limpias, US$400.000 millones para impulsar la industria nacional y US$300.000 millones en tecnologías como el 5G.

Algunas de estas propuestas le han valido la etiqueta de ‘comunista’ de parte de Trump, algo que según los expertos no podría estar más equivocado.

De acuerdo con David Schulz, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Hamline, en Minnesota, “no es ningún socialista, de hecho representa el ala más moderada del partido. La pandemia puede empujarlo hacia la izquierda en algunos temas, pero su historial es totalmente de centro”.

Incluso, pese a las críticas, muchos economistas creen que sus políticas podrían llegar a favorecer a la economía y las empresas.

Como apunta asegura Edward Stuart, profesor emérito de economía de la Universidad Northeastern Illinois, “Biden no sería un mal presidente para la economía en general, pues su política fiscal más consistente y coherente favorecería el crecimiento y al mercado. Eso sí, por su plan climático, las energéticas se verían claramente afectadas, y las tecnológicas también por los mayores impuestos, pero la clase media se verá reforzada y con ello las compañías de consumo, de energías limpias, las manufacturas y las del agro, entre muchas otras”.

COMERCIO EXTERIOR

Sin salir del área económica, el comercio exterior, clave en la estrategia de Trump, también tendría un rol relevante con Biden, aunque con otro enfoque.

William Reinsch, asesor sénior del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (Csis), indica que “la mayor diferencia es que Biden es multilateralista y Trump es unilateralista. Él trabajará con otros países para presionar a China para que respete las reglas del mercado. Puede que sus políticas no sean muy diferentes, pero sus métodos lo serán: menos fanfarronadas, amenazas y aranceles, y más cooperación”.

Esto, según los expertos, se traduce en que Estados Unidos buscaría volver a acercarse a socios como la Unión Europea, y retomar un rol clave en las instituciones multilaterales, para recuperar su rol en el mundo y con Latinoamérica.

No obstante, como apunta Robert Gulotty, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Chicago, “aunque Biden participará más en la cooperación comercial regular y en volver a la normalidad, gran parte de la implementación de la agenda económica dependerá de quién tenga el control del Senado del país”.

Esta idea también la comparte Schulz, quien apunta que “si Biden gana, será clave que los demócratas ocupen la Cámara de Representantes (y lo harán) y toman el control del Senado para ejecutar su agenda”.

De momento, todos los sondeos le otorgan el control de las dos cámaras al Partido Demócrata.

RELACIONES EXTERIORES 

Quizá en el área en el que también se verán las mayores diferencias entre Biden y Trump sería en las relaciones internacionales.

En este sentido, de acuerdo con Barry Eidlin, profesor de sociología política de la Universidad McGill, en Montreal, una de las principales campañas de Biden contra Trump es que “no es apto para el cargo y necesita ser derrotado”, lo que se ve reflejado en sus acciones con el resto de países.

“Biden estará más interesado en reafirmar el liderazgo global de EE. UU. en una ‘comunidad de naciones’, lo que reduce la posibilidad de un ataque o una guerra accidental con Irán o China. No obstante, esto no significa necesariamente un papel benevolente y el país podría continuar en guerras interminables como Irak o Afganistán y seguirá apoyando a Israel”, considera Eidlin.

Por último, Nelson Wiseman, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Toronto, señala que “Biden se acercará inmediatamente a sus aliados traducionales (UE) y se comprometerá con las instituciones multilaterales. Por eso, se puede esperar que actuará para estabilizar la OMC. Está menos claro cuál será su relación con China, pero sí se puede esperar un enfoque más crítico con Rusia, y Corea del Norte seguirá siendo un comodín. Obama eligió a Biden por su experiencia en política exterior, la cuál él no tenía”.

Rubén López Pérez

Fuente: Portafolio

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