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Del carbón al ‘streaming’: el rastro histórico de la canasta familiar

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Hubo una época, y no hace tanto tiempo, en la que algo tan básico como el papel higiénico no era parte de la canasta familiar para todos los hogares. Para ese entonces, ya vivía el 8,5 por ciento de los actuales habitantes del país. Es decir, los 4,3 millones de personas que hoy tienen más de 65 años.

En 1954 para medir la inflación, es decir, las alzas de precios, se usaban dos canastas, una para empleados y otra para obreros. Y el papel higiénico era parte de la canasta de los empleados, pero no de la de los obreros. Su peso en el gasto total llegaba a 0,08 por ciento. De la canasta de los obreros tampoco hacían parte las medias para niños. Eso era cosa de hijos de empleados.

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También eran parte del consumo habitual de empleados, pero no de obreros, el estilógrafo, el telegrama, el teléfono, el ferrocarril, el rollo fotográfico y el pago del salario al servicio doméstico. Pasaba lo mismo con el servicio de limpiabotas, los pagos de clínica u hospital y los licores.

Así, si se recorren y miran con atención las canastas usadas para seguirle el pulso al costo de vida –que se van actualizando con el tiempo–, se puede describir con detalle la evolución de hábitos, preferencias y adelantos tecnológicos que ha venido experimentando la vida del país. Pero no solamente eso. También, los cambios en la calidad de vida, generación tras generación, de los que han venido disfrutando los habitantes.

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Desde hace décadas, el Dane viene revelando los cambios de los precios. En la actualidad, el ritual es el día 5 de cada mes. Por ejemplo, hace unas semanas se supo que para los doce meses terminados en agosto los precios de la canasta familiar subieron 1,88 por ciento. Se supo, también, que el ritmo al que vienen subiendo los precios es el menor en casi siete años.

La fuente de ese cálculo es la revisión mensual que hace el Dane en todo el país, observando lo que se cobra por los bienes y servicios que consumen los hogares, y cuánto subieron o bajaron con respecto al mes anterior. ¿Y cómo sabe qué es lo que consumen los hogares? Aproximadamente una vez cada década, el Dane hace una encuesta enorme en hogares de todo el país y de todos los niveles de ingresos para preguntar qué dinero perciben y en qué se lo gastan. De esta manera se sabe cuál es la canasta familiar, y qué peso tiene en el gasto cada uno de los bienes y servicios.

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Teléfono de disco

El teléfono y el pago del servicio doméstico estaban en la canasta de los años 50.

Foto:

Archivo particular

Para medir la inflación, la última actualización se viene utilizando desde el 2018, y la canasta está compuesta por 440 artículos. Desde 1954, en Colombia se han usado seis canastas diferentes para medir las variaciones de precios y la pérdida de poder de compra de los consumidores.

En la lista de 198 artículos de las canastas de la década de los 50, que se utilizaron hasta 1978, se destacan varios gastos que hoy no son parte de las compras habituales. Por ejemplo, ullucos, un tubérculo parte de la dieta obrera. Pero también pañuelos, espermas, envío de cartas, cuchillas de afeitar, mentol, Maizena (con nombre propio), sombrero…

Y este, que merece párrafo aparte: pantalón tropical.

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También estaba el gasto en ferrocarril, un servicio que sencillamente se extinguió en el país. Pesaba 0,04 por ciento en los gastos de los empleados. Hoy, el conjunto de pasajes aéreos nacionales, internacionales y los pagos por exceso de equipaje pesan el 0,23 por ciento de los gastos de las familias. Mientras tanto, el pago de pasajes de transporte por carretera pesa actualmente el 5,29 por ciento en el total de los gastos. En la canasta del 54 no estaban las flotas ni el transporte por carretera.

En materia de alimentos, los ullucos, que se mencionaron antes, hacían parte de la canasta obrera de los cincuenta, pero no eran parte de la canasta de los empleados. Lo mismo pasaba con el hueso de res y la panela de segunda.

En cambio, había algunos alimentos que estaban en la canasta de empleados, pero no hacían parte de la canasta obrera. Es el caso de la harina de trigo. Y pasaba lo mismo con la papaya, el aguacate o los pepinos. También las habichuelas o la ahuyama eran, en cierto sentido, un lujo
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Y ni se diga el pollo. Era de la canasta de empleados, y no de obreros. Algo que se expresaba gráficamente en ese dicho de ‘¿quién comió pollo?’ cuando se quería expresar que algo había resultado muy caro.

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En las casas de los empleados se veían otros gastos y compras que no estaban donde los obreros, como el teléfono, la máquina de coser, el juego de sala o el platón de aluminio. Entre tanto, en los gastos de la canasta obrera figuraban la mesa ordinaria y el asiento ordinario. El carbón vegetal era parte de los gastos tanto de empleados como de obreros, pero el carbón mineral solamente hacía parte del consumo habitual de empleados.

Máquina de coser

La inversión en la máquina de coser hizo parte de los gastos de la canasta familiar.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Otros insumos presentes en los hogares de empleados, pero no de obreros eran la cera y la viruta, para esa actividad que era todo un castigo doméstico, virutear y sacarle el brillo a los pisos de madera.

En cuanto a prendas, gastar en pijamas y en camisas de dormir era parte de la canasta de empleados, pero no de los obreros. Al contrario, eran parte de la canasta obrera, y no de los empleados, el overol, los driles y la camisa sport.

Un signo de esos tiempos: el vestido de paño era parte de la canasta familiar tanto de empleados como de los obreros. Representaba el 1,9 por ciento de los gastos de los empleados y el 1 por ciento para los obreros. Para los empleados, ese peso en los gastos totales es casi el doble de lo que hoy representa todo el conjunto de prendas de vestir para hombre.

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Se podría entender que el vestido para niños solo fuera parte de la canasta de empleados y no de los obreros. Pero desde la perspectiva actual no deja de verse extraño que en la canasta familiar de los obreros no estuvieran las medias para niños.

En 1954, en el grupo de vestuario se incluía, también, la refacción de calzado. En la lista de 1978 se mencionaba como reparación de calzado; en la actualización de 1988, como remonta de calzado en general; en la de 1998, como remonta completa de zapatos, y además estaba el cambio de tapas; en la del 2008 se mantuvieron esos dos gastos. Pero ahora, si bien las remontadoras siguen en el paisaje de los barrios, el uso de sus servicios ya no permite que siga siendo parte de los gastos que clasifican en la canasta.

Para el aseo y cuidado personal, en los cincuenta eran de la canasta de empleados, pero no de la de obreros el expectorante, la crema para la piel, el papel higiénico, las toallas sanitarias y la crema de afeitar.

Mientras tanto, las cuotas sindicales solo estaban en la canasta obrera, en tanto que las cuotas para la caja de previsión eran parte de los gastos de empleados como de los obreros. Para 1978 apareció en la canasta algo que habría de convertirse en todo un miembro de la familia, el impuesto predial. Aunque sin duda son parte del costo de vida, en las siguientes actualizaciones no se volvieron a considerar impuestos como parte de la canasta de consumo.

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Y otro signo de los tiempos: el gasto en cigarrillos pasó de representar, en los años cincuenta, el 1 por ciento del gasto de los empleados y el 1,5 por ciento del gasto de los obreros, a solo el 0,13 por ciento del gasto en la canasta familiar actual. Para la actualización de 1978, fumar era una experiencia tan sofisticada que la canasta familiar incluía cigarrillos nacionales y cigarrillos importados.

Hoy ya ha desaparecido la fabricación nacional de cigarrillos. Los fósforos, un artículo del consumo básico asociado con fumar o con las labores de la cocina estuvo en las canastas hasta 1988. Reaparecieron en 1998, y en la actualización del 2018 volvieron a quedar por fuera, quizás para siempre.

Viviendas

El peso del gasto en vivienda se ha reducido con el paso del tiempo.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

El peso de alimentos y vivienda

Si hay algo en común en las canastas familiares actuales y de hace 66 años, es que los gastos en alimentos son los que más pesan, seguidos por los pagos de arriendo. En los años 50, los alimentos se llevaban el 40 por ciento de los gastos de los empleados, mientras que representaban el 49 por ciento de los pagos de los obreros. En la actual canasta, son el 15 por ciento de los gastos de todos los hogares.

Y si se mira por niveles de ingresos, son el 24 por ciento de los gastos de hogares pobres, el 22 por ciento en hogares vulnerables, el 16 por ciento en clase media, y el 8 por ciento en clase alta.

Estos últimos datos ilustran un gran avance para la vida de la población al cabo de unas tres generaciones. Los colombianos de los años cincuenta contaban con entre el 51 y el 60 por ciento de sus gastos para comprar cosas distintas a comida. En la actualidad, se cuenta con entre el 76 y el 92 por ciento de los gastos para cosas distintas a alimentarse.

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Frente al arriendo, el peso de este gasto parece haberse reducido para el conjunto de la población total, pero parece aumentar para pobres y vulnerables. Los colombianos de los cincuenta que vivían en arriendo destinaban el 18 por ciento de su presupuesto para el alquiler si eran empleados, y el 14,8 por ciento si eran obreros.

Hoy, para ese gasto los pobres destinan el 19,8 por ciento; los vulnerables, el 15,1 por ciento; la clase media, el 10,8 por ciento, y la clase alta, el 6,4 por ciento. Para el conjunto de la población, ese gasto es, en promedio, 10,6 por ciento.

Correo aéreo

En bultos se transportaba lo que ahora se transmite por dispositivos electrónicos.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Las cartas dieron paso al triple ‘play’

Internet, la comunicación global instantánea y la entrega masiva de información al momento es algo que apareció y creció en las últimas tres décadas. Pero había vida antes de internet, y la gente se comunicaba. Claro, con más paciencia.

En la canasta familiar de 1954 estaban las cartas, los telegramas y el teléfono, y esos servicios siguieron, sin cambios, en la canasta de 1978. El único cambio en la canasta de 1988 fue la salida de la lista del telegrama, que desde entonces no volvió a aparecer.

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Para 1998, siguen las cartas, pero con tres rostros distintos: el correo urbano, el correo aéreo normal nacional y el correo aéreo de entrega rápida. Por su parte, el servicio de teléfono tuvo dos rostros, la telefonía local y la larga distancia nacional. La larga distancia internacional existía de mucho tiempo atrás, pero la intensidad de su uso en los hogares no fue suficiente para que llegara a hacer parte de la canasta familiar.

Sin embargo, es en la actualización del 98 cuando aparecen dos gastos que hoy siguen siendo los protagonistas, internet y el celular.

Ya en el 2008 continúan las tres modalidades de correo, la telefonía local, la larga distancia nacional y, ahora sí, la internacional y desde teléfonos públicos. El celular ahora está acompañado de la compra de accesorios y de las llamadas por minuto en la calle. También aparecen en la canasta los datos desde el celular.

El internet, por su parte, se desdobla en el servicio residencial y el café internet. Y se incluye en la lista de consumos básicos de los hogares los combos de televisión, internet y voz.

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Y en la actualización más reciente, del 2018, la principal novedad es la desaparición del correo de la canasta familiar. Entre tanto, sigue la telefonía local, pero no la larga distancia. Continúa, por supuesto, el internet residencial y el café internet.

Igualmente, el celular, la compra de accesorios, la compra de datos y los combos triple play. Pero se incluye, como un artículo aparte, el servicio de solo voz por celular.

Y dos gastos que debutan en esta última versión de la canasta familiar son los minutos a celular o fijo desde un local a destino nacional y a destino internacional.

Discos

Hubo un tiempo en que la música venía prensada.

Foto:

Guillermo González

Cuándo se esfumaron los discos y los rollos fotográficos

Desde las distintas canastas a lo largo del tiempo, ¿cómo ha sido el entretenimiento de los colombianos? En los cincuenta, la canasta registra gastos en deportes, juguetes o rollos fotográficos. También es importante el radio. Había unos que eran todo un mueble. Pero el remplazo de los tubos por transistores permitía también los radios portátiles.

Estos aparatos siguieron figurando en la canasta de 1978 –cuando se incluyeron también los televisores–, pero desaparecieron en la actualización de 1988. Y en este último año ya no estaba el televisor a secas, sino que se especificaba: televisor a color.

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En fin, los aparatos de televisión siguen hasta la canasta actual, asociados a diferentes gastos a lo largo del tiempo. En el 88, asociados al alquiler de videocintas; en el 98, al videodisco compacto, los aparatos de videojuegos y, en consecuencia, al alquiler de videos y de juegos electrónicos. Así mismo, a la parabólica, los servicios de televisión por cable y de televisión satelital.

Para el 2008, el panorama es similar, pero ya no hay parabólicas y no se habla de alquiler, sino de compra de videos y de videojuegos, y compra de contenidos para los servicios de televisión paga.

Y en la actualidad sigue el televisor y el aparato de videojuegos y la compra de videojuegos, pero por internet, así como la televisión por cable y satelital y la compra de contenidos vía ‘streaming’.

Otro gasto clave de la canasta familiar para aprovechar el tiempo libre es el cine, presente en la canasta de 1954, en donde pesaba 1,06 por ciento de los gastos obreros y 0,96 por ciento del gasto de empleados. Para 1978 representaba el 1,12 por ciento del gasto de todos los hogares, y en la actualidad ha perdido peso en el gasto de los hogares de todos los niveles de ingresos y es solo 0,27 por ciento. No quiere decir que se vaya menos a cine, sino que su precio relativo frente a los ingresos ha disminuido.

En ese universo del entretenimiento entraron en la cesta de 1978 los discos y el formulario hípico. Como había pasado con los trenes de pasajeros, las carreras de caballos se extinguirían y, por ende, las apuestas. De hecho, solo estuvieron en esa versión de la canasta.

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Los discos –esas circunferencias rígidas de acetato negro que daban unas 33 vueltas por minuto y dejaban oír seis o siete canciones por cada lado– fueron acompañados por los compact discs en el 98. Para el 2008, ya no hay acetatos, y aparecen la USB y la descarga de música.

En la canasta actual ya no hay discos de ninguna especie, pero tampoco clasifica la descarga de música.

Colegio

Matrículas y pensiones, gastos que han estado en todas las épocas.

Foto:

Juan Carlos Escobar

Las caras de la educación en el bolsillo de los hogares

Con algunos matices durante los años, hay dos gastos de educación que siempre han estado presentes en la canasta familiar, las matrículas y las pensiones.

Estos dos rubros están en la lista de 1954, y en la de 1978 se comenzó a distinguir entre matrículas y pensiones para primaria y para bachillerato. Veinte años después, los gastos para bachillerato se transformaron en matrículas y pensiones para secundaria básica y secundaria media.

Para ese entonces entran también las matrículas de estudios técnicos, tecnológicos y de universidad. También, en el 98 ingresan a la cesta las matrículas para sistemas y para idiomas.

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En la actualización del 2008, a todos los pagos anteriores se les suman las inscripciones y matrículas para especializaciones, maestrías y doctorados. Y en el 2018, se agregan las matrículas a posgrados por la web y los derechos de grado para carreras y posgrados, así como los cursos pre-Icfesy los preuniversitarios.

Pero, además de pagar, hay algo clave en los estudios, escribir. En la canasta de 1954 estaban el lápiz, el estilógrafo y la tinta. Estos dos últimos artículos desaparecieron para siempre en las siguientes cestas.

El lápiz sobrevivió en la canasta de 1978, pero ya no estuvo desde la actualización de 1988. Sin embargo, su rastro se volvió a manifestar: desde la actualización de 1998, y hasta la actualidad, el portaminas es parte de los gastos de los hogares.

En la canasta de 1978, el elegante estilógrafo y su tinta se borraron y, a cambio, apareció el humilde bolígrafo, que sigue hasta hoy.

Una manera diferente de escribir queda registrada en la actualización de los gastos de 1998, cuando se incluyen la cinta y el tóner para impresora, que seguirían en la versión del 2008, pero ya no figuran en la canasta actual.

Los colores ingresaron en la cesta en 1988 y ahí siguen, mientras que las reglas están en 1998 y 2008, pero ya no se incluyen en el 2018.

¿Y sobre qué se escribía o coloreaba? En 1954 estaban el block y los cuadernos. Ya en las siguientes actualizaciones no se sabría más de los blocks, pero en 1998 aparecería algo similar, las hojas para impresora, que continúan hasta hoy. Pero algo curioso pasa en la actualización más reciente, del 2018, cuando en la canasta hay papel para imprimir, pero no hay rastros del tóner ni nada que se le parezca, para poder usar las hojas.

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Entre tanto, los cuadernos, que están desde la primera versión de la canasta familiar, siguen hasta hoy, pero con una transformación histórica a partir de la actualización de 1998. En ese momento se distinguen en los gastos los cuadernos grapados plastificados, por un lado, y, por el otro, los cuadernos argollados.

En épocas anteriores, los cuadernos de marcas como Norma o Ibérica simplemente eran grapados y el cartón de la carátula no estaba plastificado. Había, entonces, ‘un ritual’ de comienzos de año, forrarlos (además de trazar los márgenes hoja por hoja con regla y lápiz rojo). Pese a la importancia de los forros para que el cuaderno lograra sobrevivir al año escolar –y hacer, de vez en cuando, paracaídas de juguete– no figuraron nunca en la canasta familiar.

Los textos aparecieron por primera vez en la canasta de 1978, pero se trató de libros muy específicos, matemáticas de primaria y matemáticas de bachillerato. En 1988 ya se habla simplemente de textos, y desde el 98 se distinguen los textos de primaria y de secundaria.

En la actualización del 2008 se incluyeron en esta gran lista de mercado los libros técnicos, pero en la actualización de diez años después volvieron a salir. En cambio, en esta última lista que está vigente entraron los textos escolares electrónicos para el colegio.

Pero más allá de los textos, una revolucionaria herramienta para multiplicar el conocimiento y las ideas llega a la cesta de gastos de las familias en 1988. Desde la versión de ese año queda constancia de la era de las fotocopias. Este gasto ha reinado en el universo de los estudiantes y ha seguido en la canasta familiar. En la última versión, del 2018, ya no está en la división de educación, sino en la de bienes y servicios diversos
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El bus del colegio no figuró en la primera cesta de 1954. Entra en 1978 y sigue hasta hoy, pero ya no en la división de educación, sino en la de transporte.

Lo mismo pasa con los uniformes. Aparecen en la versión de 1978, continúan hasta la actualidad, pero no en la división de educación sino en la de prendas de vestir y calzado.

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Unos exóticos útiles escolares tuvieron un fugaz paso por la canasta, los disquetes, que entraron en 1998, pero solo estuvieron en esa ocasión. Ya en el 2008 habían desaparecido.

Y en el 2018 clasificó en la lista algo muy cotidiano en las aulas de hoy, el foamy, con el que a veces trabajan más madres y padres que los estudiantes.

Los periódicos, quién lo dijera, fueron parte de los artículos escolares en la canasta de 1954, y en la de 1978 se les sumaron las revistas, en una categoría que para entonces se llamó artículos escolares y culturales. Estos dos artículos siguen en los gastos de los hogares, pero desde 1998 están en los bienes relacionados con recreación y cultura.

MAURICIO GALINDO
Editor de Economía y Negocios
En Twitter: @galmau

Fuente: El Tiempo https://www.eltiempo.com/economia/finanzas-personales/canasta-familiar-en-colombia-asi-han-cambiado-los-productos-que-mas-consumen-los-hogares-541206

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