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¿Dirigir un país intubado en la UCI? Por qué desconfiar de los partes de salud de Trump

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03/10/2020 05:00

El pasado 6 de abril, Boris Johnson apenas podía respirar. Sin embargo, el parte ofrecido por el portavoz del Gobierno a medio día insistía en que “seguía trabajando”. Por la tarde, el responsable de Exteriores, Dominic Raab, afirmó que el primer ministro (entonces tenía 55 años) continuaba al frente del Ejecutivo, aunque confesó que llevaba ya dos días sin hablar con él. A las pocas horas de aquellas declaraciones, el líder ‘tory’ tenía que ser trasladado a la UCI. Desde el Número 10 recalcaban que era “solo como medida de precaución”. Pero por el protocolo marcado, Raab se veía obligado a asumir el control. Su cara en la rueda de prensa era todo un poema.

Downing Street siempre quiso dulcificar la versión de los hechos. Pero durante la hospitalización del excéntrico político, la situación llegó hasta tal punto que se realizaron incluso preparativos para anunciar su posible fallecimiento. Lo reveló posteriormente el propio protagonista en mayo en una entrevista con ‘The Sun’. “Fue el clásico momento difícil, para qué negarlo”, señaló.

Ahora, a tan solo un mes de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, Donald Trump (74 años) ha anunciado que ha dado positivo en coronavirus y este viernes fue trasladado “por precaución” a un hospital militar. Ante la falta de información detallada oficial, las teorías de la conspiración no se han hecho esperar: desde que es mera excusa para no tener que enfrentarse a otro debate con Joe Biden y no tener que dar explicaciones sobre el pago de impuestos, hasta una maldición de sus enemigos para apartarlo de la campaña. Y mientras más se alargue su convalecencia, más rápido correrán los rumores.

Según la sección 3 de la Enmienda 25 de la Constitución de los Estados Unidos, si su salud empeorara, Trump podría declarar por escrito su incapacidad para cumplir con sus deberes. En ese caso, Mike Pence, el vicepresidente, se convertiría en presidente interino. Pero la pregunta es, ¿hasta qué punto la Casa Blanca va a ser transparente si se llega a tal escenario? Este viernes, el médico del presidente, Sean Conley, indicó que tanto Trump como su esposa Melania se encuentran “bien en este momento”, con “síntomas leves”. Más tarde, cuando la Casa Blanca informó de la decisión de trasladar al mandatario al hospital militar Walter Reed donde estará varios días en observación, fuentes cercanas al presidente señalaron que había empezado a tener fiebre, recoge Reuters.

¿Van a conocer los americanos cómo transcurren ahora las cosas? Mirando el espejo británico se puede asegurar que no fue así. Pese a los incesantes rumores, los comunicados oficiales jamás llegaron a mostrar todo lo que realmente llegó a ocurrir. Escudándose en preservar la estabilidad nacional, todo lo que contaron sobre la enfermedad de Johnson era vago, minimizado o, directamente, mentira.

A un mes de las elecciones

La verdad es que nadie se mostró especialmente preocupado cuando, el pasado 27 de marzo, Johnson reveló por primera vez que había dado positivo por covid-19. El ‘premier’ lo comunicó personalmente a través de sus redes sociales con un video en el que mostraba buen aspecto. “Hola, chicos —relató con su habitual carisma—. He desarrollado síntomas leves del coronavirus”.

Desde que comenzó el brote ha habido distintos mandatarios que han dado positivo. Y cada evolución ha sido distinta. El líder bielorruso Alexandr Lukashenko, que recomendaba “sauna, vodka y trabajo duro” para combatir el virus, admitió haber pasado la enfermedad “de pie”. El brasileño Jair Bolsonaro, enemigo del distanciamiento social y las mascarillas, tomó hidroxicloroquina en directo y tuvo una infección en los pulmones. Por su parte, el presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, expulsó a los miembros de la OMS porque no aconsejaban grandes mítines durante la campaña electoral. En junio, dio positivo y murió a los 55 años de un ataque al corazón.

En el Reino Unido, Johnson estuvo prácticamente un mes apartado de la vida pública. Y ese es precisamente ese margen de tiempo con el que cuentan los norteamericanos ahora para acudir a las urnas. Antes de que Johnson acudiera al hospital el pasado 5 de abril, se intentaba dulcificar la situación asegurando que persistía la fiebre, pero no se especificaba nada sobre su preocupante tos. Durante las videoconferencias del Gabinete, los síntomas del primer ministro eran ya dolorosamente evidentes.

El 2 de abril, los médicos ya estaban muy preocupados por la salud de Johnson. Era obvio que el cuadro había empeorado. Se realizó la primera llamada al hospital de St. Thomas, a escasos metros del Número 10, para que fueran preparando un posible ingreso. Y se advirtió a los responsables que la condición era “significativamente peor de lo que había sido admitido públicamente”. Muy mala, de hecho. Se avisó de que el líder conservador necesitaría oxígeno.

Boris Johnson. (EFE)Boris Johnson. (EFE)
Boris Johnson. (EFE)

Dentro del Número 10, Johnson estaba en contacto con su principal secretario privado, Martin Reynolds, y su médico de cabecera. Coincidió que muchos de sus asesores habituales estaban también enfermos. El oscuro estratega Dominic Cummings estaba en casa autoaislado; así como el director de comunicaciones, Lee Cain. A medida que la salud del ‘premier’ se iba deteriorando, se le restringieron las llamadas telefónicas y los documentos oficiales.

Comenzaban a extenderse los rumores entre los periodistas y diputados. La versión oficial insistía en que todo estaba bien. Pero el primer ministro estaba mal. Aquel mismo jueves, a las ocho de la tarde, salió a la puerta de su residencia para aplaudir a los sanitarios. Y su aspecto revelaba ya sin tapujos el impacto de la enfermedad. Al día siguiente, viernes 3 de abril, el ‘premier’ publicó otro vídeo en redes sociales instando a los ciudadanos a quedarse en casa. Contó que aún seguía con fiebre y estaba aislado. Había pasado más de una semana desde que había dado positivo por covid-19 y los síntomas no remitían.

El sábado 4 de abril, la prometida de Johnson, Carrie Symonds, entonces embarazada y autoaislada en otra habitación también con síntomas, llamó llorando por teléfono a sus amigos. El domingo, Matt Hancock, responsable de Sanidad, afirmaba en una entrevista con ‘Sky News’ que el primer ministro llevaba el “timón del Gobierno”. Pero pocas horas después, Johnson era ingresado en la planta 12 del hospital y Downing Street confirmaba que había requerido de oxígeno.

La muerte de Stalin

El lunes 6 de abril, las cosas dieron un giro casi soviético al tener que ingresar en la UCI. Fue entonces cuando los comunicados oficiales comenzaron a ser cada vez más breves. Tras recibir finalmente el alta, su reincorporación al trabajo 27 de abril se aceleró por su propia voluntad. Pero no fue hasta mayo cuando, en una entrevista con ‘The Sun’, confesó toda la verdad.

“Teníamos una estrategia para afrontar esta clase de escenario ‘Muerte de Stalin'”, indicó, en referencia a una reciente película cómica británica sobre la sucesión del líder soviético Josef Stalin tras su muerte. “Yo no estaba precisamente en la mejor de mis facultades, pero era consciente de que había planes de contingencia al respecto. De hecho, los doctores tenían todo un abanico de opciones en el caso de que todo comenzara a ir realmente mal”, señaló.

¿Aumentó la enfermedad su popularidad? No fue el caso. Cuando dio positivo, el líder ‘tory’ apenas llevaba tres meses en Número 10 tras cosechar una aplastante mayoría en las urnas. Durante su ingreso hubo un pacto no escrito de ‘no agresión’ con la prensa. Pero tras su recuperación, fueron precisamente los rotativos conservadores quienes se mostraron más críticos con su gestión ante la pandemia y hoy el liderazgo del ‘premier’ está más cuestionado que nunca tanto fuera como dentro de sus propias filas.

Fuente: El Confidencial https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2020-10-03/trump-boris-johnson-coronavirus_2773640/

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